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EDITORIAL PATHFINDER

Octavo capítulo de ‘La rebelión de los camioneros’ de Pathfinder


UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
febrero de 2003 Vol. 27 No. 2

Editorial Pathfinder

Artimañas en las negociaciones
Octavo capítulo de ‘La rebelión de los camioneros’ de Pathfinder

Por Farrell Dobbs

[A continuación publicamos el octavo capítulo de La rebelión de los camioneros, traducción de Teamster Rebellion, por Farrell Dobbs. Perspectiva Mundial está publicando este libro por entregas.

[La rebelión de los camioneros es el primero de cuatro tomos que Dobbs escribió sobre las huelgas, campañas de sindicaliza­ción y luchas políticas que transformaron al sindicato de los camioneros Teamsters en Minnesota y en gran parte del Medio Oeste en un pujante movimiento social. Dobbs fue protagonista y dirigente de estas batallas, y luego dirigente del Partido Socialista de los Trabajadores por muchos años.

[Los subtítulos son de Perspectiva Mundial. Copyright © 2002 por Pathfinder. Se edita con autorización.]

Cuando se desató un fuerte combate en el mercado el lunes 21 de mayo de 1934, la lucha del Local 574 en Minneapolis pasó a ser noticia de primera plana por todo el país. Los servicios de cables enviaron despachos sobre el conflicto a todos los periódicos. Las cadenas radiales transmitieron fragmentos de los relatos realizados por la KSTP desde el lugar de los hechos sobre la desbandada de los policías uniformados y de los asistentes de alguacil del martes. Los noticiarios, que por aquel entonces se destacaban como parte del entretenimiento cinematográfico, mostraron escenas de combate filmadas durante la batalla del martes. Por todos lados los trabajadores reaccionaron de forma entusiasta ante las noticias. En las salas de cine, el público irrumpía con vítores ante las imágenes en que, para variar, eran los piqueteros quienes aporreaban a los policías, ya que en la mayoría de huelgas era completamente a la inversa. A los trabajadores les sentó bien ver que los sindicalistas no cedían terreno ante la policía y que, en realidad, infligían más castigo del que recibían.

Esos informes dieron a los dirigentes centrales de la Liga Comunista en Nueva York sus primeros indicios del verdadero alcance de la huelga de los Teamsters. En particular les preocupaban los informes noticiosos sobre la movilización de la Guardia Nacional por el gobernador [Floyd] Olson, lo que podía convertirse en una amenaza seria contra el sindicato. Rápidamente se tomó la decisión de enviar a Jim Cannon, secretario nacional del partido, para ayudar a los camaradas en los Teamsters. El viaje a Minneapolis lo hizo por avión, una forma de viajar extremadamente costosa por aquellos días. Eso ejerció una enorme presión sobre el ya mísero presupuesto de la pequeña Liga Comunista; pero ya que era la vía más rápida y era decisivo obrar con celeridad, se las arreglaron como pudieron para juntar los fondos para comprar un boleto.

Cannon vuela a Minneapolis

Esa acción se apegaba a las responsabilidades de la dirección nacional. Cuando una sección de un partido revolucionario está involucrada en una acción crítica, a los compañeros locales no se les debe dejar que recurran sólo a sus propios recursos. La dirección nacional debe brindarles toda la ayuda posible y, al final de cuentas, asumir la responsabilidad por el papel que desempeñe el partido en la acción.

Al escribirme años después sobre este aspecto de la situación, Ray Dunne recordaba: “Nosotros, es decir, la fracción local del partido, estábamos tan seguros de cuál sería el desenlace de la lucha de mayo como lo estuvimos con la huelga del carbón. Teníamos buenas razones, porque de los depósitos del carbón habíamos reclutado [al sindicato-FD] cientos de activistas y organizadores, en su mayoría jóvenes, entusiastas y fogueados en combate. Ellos reclutaron y entrenaron a cientos más de nuevos choferes y trabajadores internos. Y lo más importante es que reclutamos de tres en tres y hasta por decenas para nuestro partido. . . . Estoy totalmente convencido -viéndolo de forma retrospectiva- de que cometimos un error lamentable al no haber mantenido informado al centro del partido sobre la situación que rápidamente se estaba desarrollando en Minneapolis. Esto debe registrarse como un grave error de juicio. Carl (Skoglund) y yo lo conversamos, pero estuvimos de acuerdo que de hacerlo estaríamos poniendo sobre Nueva York la carga de problemas locales que sólo se añadirían a los problemas que encaraba el centro, debido a la lucha faccional que ya se venía desarrollando con un grupo pequeñoburgués.

“Nos dimos cuenta del error cuando Jim hizo su viaje a Minneapolis por avión al final de la huelga de mayo. Su actitud y su dominio de la situación local, era algo casi completamente nuevo y extraño. [Aquí Ray parece estar contrastando la visita de Jim con experiencias desagradables del pasado con altos dirigentes del Partido Comunista que habían ido a intervenir en situaciones locales-FD]. Siendo el bolchevique que era, comprendió varias cosas que reforzaron al partido y su papel tanto a nivel local como, más importante aún, nacional . . . A raíz de la visita de Jim [la proyección de] una perspectiva [nacional] a favor de una escalada, a fin de lograr un avance organizativo -que no contrariara nuestro enfoque local, sino que se acoplara a él- en realidad elevó toda la lucha a un plano político y estratégico superior”.

La perspectiva nacional a la que se refería Ray tenía que ver con la relación que la huelga de Minneapolis guardaba con la labor política de la Liga Comunista en su conjunto. Hasta ese momento, muchos sabihondos se habían burlado del movimiento trotskista y desestimaban su importancia porque era pequeño y débil. Ahora, los miembros de la Liga Comunista encabezaban una tremenda lucha sindical, demostrando en la acción que el tamaño no constituye el criterio básico para determinar la valía de un partido revolucionario.

Los acontecimientos estaban demostrando que lo trotskistas poseían los atributos revolucionarios realmente fundamentales: programa, estrategia, tácticas y la capacidad de lucha para dirigir a los trabajadores en la batalla contra la clase capitalista. Jim había logrado ver con prontitud la relación que todas esas consideraciones tenían con la actividad nacional de la Liga Comunista para construir un partido. A la vez, su presencia en Minneapolis demostró ser útil para los camaradas en los Teamsters al negociar un acuerdo para resolver la huelga.

Para dar una imagen clara de las negociaciones es necesario retroceder un poco. En la víspera de la huelga, el Local 574 retiró la demanda referente al taller cerrado [closed shop] en torno a la cual los patrones habían construido su propaganda antisindical. En cambio, el local pedía simplemente que se le reconociera su derecho legal para representar a la membresía del sindicato en las negociaciones colectivas, derecho que supuestamente garantizaba la Sección 7(a) de la NRA [Ley de Recuperación Industrial Nacional]. La Junta Regional del Trabajo no tenía otra alternativa que suscribir la legitimidad de esta modesta demanda de reconocimiento del sindicato. Tomados por sorpresa, los patrones evitaron toda discusión del tema, simplemente ignorando a la Junta del Trabajo mientras intentaban dilucidar una nueva línea de propaganda. Como resultado, ante toda la ciudad quedó patente cuál era el objetivo principal de la huelga. Todo el mundo podía ver que el sindicato sencillamente estaba reivindicando sus derechos legales, y que a la vez era razonable y flexible sobre la forma de reconocimiento, mientras que los patrones rehusaban reconocer al sindicato de la forma que fuera. De esa forma, el cambio en las tácticas del sindicato había flanqueado a los estrategas de la Alianza Ciudadana en el frente propagandístico, y añadido nuevas dimensiones al apoyo de masas de la huelga.

Gobernador actúa como mediador

Tras iniciado el paro, el gobernador Olson intervino como mediador. Desdeñando sus esfuerzos para lograr que se reunieran con el sindicato, los patrones rehusaron hacer la más mínima concesión, diciendo al gobernador que su deber era usar a las milicias para ayudarles a reanudar las operaciones de camionaje. De parte del sindicato, por supuesto, era lógico cooperar con Olson en sus esfuerzos de mediación. Sin embargo, se presentó una complicación debido a las diferencias que existían dentro del liderazgo del Local 574. Cliff Hall y miembros de la junta ejecutiva influenciados por él, así como el grueso de funcionarios de la AFL [Federación Americana del Trabajo], se inclinaban por dar al gobernador libertad absoluta en cualquier negociación. Ese peligro sólo lo contrarrestaba de forma parcial la presencia de Miles Dunne y Bill Brown en el comité negociador del Local 574.

Había que hallar la forma de demostrar al propio Olson que a los miembros del sindicato no se les podía andar con tretas. El sábado 19 de mayo se presentó una oportunidad cuando la policía atacó a nuestros piqueteros en la Bearman Fruit. En ese momento, Olson celebraba una sesión de negociaciones en el Club Atlético, donde iba y venía entre los comités sindical y patronal.

El Local 574 envió un mensaje al gobernador en el que se leía: “En una asamblea general celebrada hoy a las 10 de la mañana, en el Cuartel de la Huelga, nuestros miembros nos encargaron que hiciéramos el siguiente ultimátum: Los miembros del Comité de Huelga hicieron una investigación especial de la situación en el mercado. Después se nos ha informado que los policías golpeaban brutalmente, rompiéndoles el cráneo, a nuestros trabajadores, usando garrotes, cachiporras y tubos de plomo. Tenemos a 12 hombres seriamente y quizás mortalmente heridos en el hospital. Protestamos contra esta violencia y a menos que el Gobernador instruya a los Jefes del Departamento de Policía para que nos quiten a la policía de encima, rehusaremos seguir con esta conferencia. De no hacer cumplir esto, señor Gobernador, vamos a volcar a todas nuestras fuerzas con instrucciones para la batalla y rehusaremos arbitrar o negociar hasta que haya una conclusión decisiva de la situación. Vamos a lanzar un llamado general para que todo trabajador en Minneapolis y sus alrededores nos ayude a proteger nuestros derechos y nuestras vidas. Quedando pendientes su acción y su respuesta, son retirados a partir de este momento nuestros delegados a esta conferencia”.

Si el mensaje contenía faltas gramaticales, se debe tener en cuenta que se escribió de prisa y bajo condiciones de gran tensión. Lo cierto es que no había muestras de debilidad ni de ambigüedad en su contenido. Tan pronto como el mensaje fue aprobado por los miembros, se asignó a un par de escuadrones móviles especiales del sindicato para que entregaran el mensaje al gobernador personalmente en el Club Atlético y trajeran a los negociadores del sindicato de vuelta al cuartel de la huelga. Ambas tareas se llevaron a cabo con prontitud y firmeza. Tanto el gobernador como sus amigotes dentro de la cúpula de la AFL habían quedado advertidos, y la experiencia tuvo un efecto saludable en el comité negociador del Local 574. Además, fue una forma muy útil de ayudar a que los trabajadores comprendieran que no podían confiar en Olson como mediador.

El martes 22 de mayo, poco después de declararse la tregua, la Junta del Trabajo presentó una propuesta para resolver la huelga. Olson convocó una conferencia, que tendría lugar esa noche en el Hotel Nicollet, para comenzar negociaciones contando como base la propuesta de la Junta del Trabajo. El comité del sindicato fue escoltado hasta el hotel por una gran fuerza de piquetes móviles. Al llegar, se toparon con que el lugar estaba repleto de policías y se envió otro ultimátum al gobernador, quien estaba dentro: “Rehusamos reunirnos con usted o discutir cualquier acuerdo a menos que nos quite a la policía de encima”. La acción del sindicato impidió que se activara la trampa preparada por la Alianza Ciudadana, como supimos más tarde cuando se filtró la noticia de que la policía tenía órdenes de arresto contra los negociadores del Local 574. Olson hizo que la policía se retirara; las negociaciones comenzaron en forma indirecta, con los comités sindical y patronal reunidos en cuartos separados, y con el gobernador actuando de intermediario.

Patrones reconocen el sindicato

Siguieron tres días de fuertes negociaciones. Al final los patrones accedieron a reconocer el sindicato de forma indirecta mediante una orden de consentimiento de la Junta del Trabajo, que tras ser aceptada por el sindicato la firmaron 166 empleadores de la industria del camionaje en general. Después de tratar infructuosamente de excluir a los piqueteros acusados de supuestos “crímenes” cometidos durante la huelga, los patrones aceptaron de forma incondicional reincorporar a todos los huelguistas en sus trabajos regulares. Prometieron no discriminar a trabajadores por su afiliación al sindicato, y aceptaron tratar con representantes del Local 574 sobre asuntos específicos que afectaran a sus miembros. Se estableció un sistema de antigüedad para impedir que los patrones se deshicieran de los miembros del sindicato. En general, la forma de reconocimiento fue lo suficientemente firme como para dar al sindicato una base sólida desde la cual avanzar en una lucha para lograr mejoras regulares tanto de salarios como de condiciones de trabajo.

En cierto momento las negociaciones estuvieron a punto de atascarse en torno a la cuestión del alcance del reconocimiento del sindicato. Los patrones declararon tajantemente que a los trabajadores internos no se les iba a incluir, en consecuencia de lo cual los negociadores del sindicato abandonaron la conferencia, y regresaron al cuartel de la huelga. Poco después llegó al cuartel el chofer del gobernador, diciendo que Olson quería que regresaran a la conferencia en su limosina para considerar una nueva propuesta sobre dicha cuestión. La nueva fórmula extendía el reconocimiento sindical a los conductores, ayudantes y “aquellas otras personas ordinariamente envueltas en operaciones de camionaje”.

El término clave en esta fórmula era “operaciones” relacionadas al camionaje, porque tales operaciones llegaban hasta dentro de los establecimientos que empleaban conductores y ayudantes. Dado que dentro de estos establecimientos las clasificaciones de empleos variaban considerablemente según el tipo de negocio, había cierta ventaja en tener una definición más o menos abstracta del alcance de la representación sindical. En cada caso en que tal categoría de empleados estuviera sindicalizada, el sindicato automáticamente podía reclamar su derecho a representarlos. Por esa razón el Local 574 usaba el término general de “trabajadores internos”. Substituirlo por una formulación distinta no hacía una gran diferencia, siempre que se entendiera que la cláusula sobre el reconocimiento incluía a todos los miembros del sindicato. Olson aseguró a los negociadores del sindicato que así era, insinuando a la vez que sólo estaba tratando de dar a los patrones una fórmula que guardara las apariencias. En base a la garantía del gobernador, el sindicato aceptó la formulación.

Patrones se llevan un chasco

Antes de la huelga, los patrones en general habían aumentado el salario de los conductores a cincuenta centavos por hora, y otros trabajadores en puestos claves habían recibido aumentos similares. El objetivo era desactivar la campaña de sindi­calización y evitar un paro, pero les salió el tiro por la culata. En el acuerdo se incluyó una cláusula que estipulaba que esos aumentos, en sí ya significativos, se debían mantener por al menos un año. También se tomaron medidas previsorias con miras a la negociación o arbitraje posteriores a la huelga de ajustes salariales adicionales. Se estableció una junta de arbitraje de siete miembros compuesta de dos representantes del Local 574 y dos de los patrones, un miembro laboral y uno patronal de la Junta Regional del Trabajo, y estos seis debían elegir a una séptima persona “neutral”. Se acordó que por el momento las horas de trabajo permanecerían tal como las estipulaban los códigos de la NRA.

La noche del viernes 25 de mayo, a la membresía del sindicato se le presentó el convenio propuesto, con una recomendación de los dirigentes para aceptarla. A diferencia de la verborrea de merolicos de pócimas ‘milagrosas’ con que los funcionarios de la AFL habían presentado el convenio del carbón el febrero anterior, esta propuesta fue descrita de manera franca como un arreglo con la patronal. En la reunión del 25 de mayo se presentó y se debatió con franqueza y a fondo lo que el acuerdo lograba y lo que no lograba con respecto a las reivindicaciones originales del sindicato. Reconociendo que habían logrado una victoria parcial -primordialmente en lo referente a los cimientos establecidos al lograr el reconocimiento del sindicato-, los huelguistas votaron a favor de aceptar el acuerdo. A la mañana siguiente todos volvieron a sus trabajos, salvo los taxistas.

Taxistas votan afiliarse al Local 574

La patronal más importante de taxis, la Yellow Cab Company, estaba actuando independientemente de los patrones del camionaje. Después del acuerdo del camionaje, la Yellow Cab empezó negociaciones serias con el sindicato y el 4 de junio se firmó un convenio de un año. Se lograron importantes aumentos salariales y los trabajadores se hallaban en vías de establecer control sindical en el trabajo. Poco después, el sindicato abarcaba a otros trabajadores de taxis, entre ellos principiantes, operadores telefónicos, empleados de garajes, maleteros y ayudantes. Los taxistas independientes obtuvieron un acuerdo similar. Después del convenio, una reunión de todos los taxistas de la ciudad votó casi por unanimidad a favor de permanecer afiliados al Local 574. Esta acción resultó en la eliminación del minúsculo sindicato de propietarios de taxis independientes y de sus choferes de relevo, que hasta entonces había existido. Una vez más, se echaban atrás las normas organizativas de [el presidente de los Teamsters Daniel] Tobin.

A medida que los trabajadores victoriosos regresaban a sus trabajos, el Partido Comunista, que no había jugado papel alguno en la lucha, atacó el acuerdo de huelga como una “entrega trotskista” a la Alianza Ciudadana. Los estalinistas se hallaban entonces en una juerga ultraizquierdista. Eso era un cambio respecto de su línea anterior a 1928, que consistía en conciliarse con los burócratas sindicalistas reformistas y colaborar con los políticos capitalistas, curso al que habían de retornar en 1935. Las tácticas estalinistas de 1934 emanaban de su llamada línea del tercer periodo que había sido promulgada en el Sexto Congreso de la Internacional Comunista en 1928. Se basaba en pronósticos de que las crisis económicas en los países capitalistas harían que surgieran situaciones revolucionarias virtualmente de la noche a la mañana. Con tal expectativa los estalinistas trazaron un curso sectario para proveer a las masas de liderazgo “revolucionario”. De entrada se dieron a la tarea de dividir el movimiento obrero a nivel internacional y a reorganizarlo bajo el control del Partido Comunista.

En este país, a los cuadros del Partido Comunista se les instruyó dividir a la AFL a partir de una base totalmente artificial, embaucando a cualquier trabajador que pudieran en su curso aventurero. Su objetivo principal era la formación de una federación del trabajo “roja”, a la que irónicamente llamaron Liga de Unidad Sindical. En la práctica los sindicatos “rojos” no pasaron de ser organizaciones de papel con muy pocos miembros aparte de los propios estalinistas y sus seguidores directos. Estas organizaciones “revolucionarias” no podían lograr ni siquiera el reconocimiento de un solo patrón, ya no se diga liderar una lucha por el poder. Como consecuencia de este ultraizquierdismo y del aventurerismo que le acompañaba, los cuadros del PC estaban aislados de la lucha de clases viva. En Minneapolis no ejercieron la menor influencia en el Local 574. No les quedó otra opción más que buscar la forma de ejercer presión sobre la acción sindical desde afuera, para lo cual utilizaban material de propaganda mimeo­grafiado.

PC ataca a líderes del Local 574

En la reunión del 15 de mayo donde el Local 574 votó a favor de la huelga, los estalinistas se aparecieron con volantes donde denunciaban a Carl Skoglund y a los hermanos Dunne de “traidores” y de “agentes de los patrones”. Durante el paro demandaron, como el precio de su apoyo al sindicato, que en el comité de huelga se incluyera a agentes de sus organizaciones de papel. Cuando se rechazó su demanda, sacaron más volantes donde denunciaban que la dirección sindical era “antidemocrática”. Los huelguistas estaban tan furiosos por ese ataque que de no haber intervenido los dirigentes sindicales, habrían atacado a los repartidores de volantes del PC. Bill Brown, quien era hábil para acuñar frases concisas, dijo: “El Partido Comunista ha desprestigiado al mimeógrafo”.

Tras concluir la huelga, Earl Browder, quien era entonces el secretario general del PC, fue a Minneapolis y lanzó un ataque público contra el acuerdo. El ataque principal, sin embargo, le correspondería realizarlo a William F. Dunne, hermano mayor de Ray, Miles y Grant. En la escisión de 1928, Bill Dunne, quien antes había pertenecido al grupo de Cannon dentro del Partido Comunista, eligió quedarse con los estalinistas. Ahora, los mercenarios del PC exigían que les diera pruebas de lealtad ocupándose del trabajo sucio de atacar a sus hermanos en el Local 574. Él aceptó el encargo. Al escribir en el periódico del PC, Daily Worker, Bill Dunne aseveró: “El objetivo político central de la huelga de Minneapolis debió haber sido desenmascarar y derrotar a Olson”. Atacó a la dirección sindical por haber llegado a un arreglo con los patrones en vez de aguantar hasta conseguir una “victoria arrolladora”. Se debió haber declarado una huelga general, insistió, “sobre las cabezas de los funcionarios de la AFL”. Sobre esa base, declaró que la huelga había sido “derrotada “ y “traicionada”.

Al responder a estos ataques en las columnas del Militant, Jim Cannon señaló que, a diferencia de los despistados estalinistas, los trabajadores correctamente habían comprendido que el “objetivo central” de la huelga era el reconocimiento del sindicato. Consecuentemente, un intento de convocar a la huelga general para “desenmascarar y derrotar a Olson” también habría pasado “sobre las cabezas” de los trabajadores. El hecho es que los trabajadores habían visto cómo opera el gobierno y habían aprendido algunas lecciones prácticas. Como en la huelga del carbón, vieron cómo la policía se alinea sólidamente al lado de los patrones. La movilización de las milicias por parte de Olson se había entendido como una amenaza contra la huelga: entendimiento que más tarde había de serle útil al sindicato. El verdadero objetivo central de la huelga lo explicó Jim Cannon en el Militant del 16 de junio de 1934.

“Se sobrentiende que la lucha por reivindicaciones económicas está unida de forma indisoluble a la lucha por un sindicato”, escribió, “pero es el sindicato el instrumento de lucha y el guardián de las concesiones económicas. Cada trabajador que se une al sindicato comprende esto de forma instintiva. El trabajador quiere mejoras en sus condiciones, pero también quiere seguridad en su trabajo mientras lucha por esas mejoras. Ese es el significado concreto de la formula ‘reconocimiento del sindicato’.... Cada acuerdo de huelga es un acomodo en el sentido que deja a los patrones en control de la industria y en libertad de explotar a los trabajadores. El mejor de los acuerdos sólo limita y controla esta explotación hasta cierto grado. Los dirigentes realistas no esperan justicia de parte de los capitalistas, solamente se esfuerzan por extraer lo más posible en provecho del sindicato en una situación dada y fortalecer sus fuerzas para otra batalla”.

En cuanto a lo estipulado para el arbitraje de tarifas salariales, añadió: “Esta es una concesión seria que los funcionarios del sindicato creyeron necesaria hacer dadas las circunstancias para asegurar el reconocimiento del sindicato y consolidarlo en el periodo siguiente . . . Un dictamen adverso del consejo de arbitraje sin duda galvanizaría a la membresía del sindicato para entrar de nuevo en acción. El consejo se va a reunir bajo la impresión directa de la huelga de 10 días, consciente de que el sindicato es fuerte y combativo. Esa, en nuestra opinión, es la característica fundamentalmente decisiva de los resultados de la huelga de Minneapolis: el establecimiento incuestionable de un nuevo sindicato donde no había existido uno antes. Todos los planes de los dirigentes y de los organizadores iban encaminados hacia este fin, como el primer objetivo de una larga campaña. La lucha giró en tornó a ese asunto y se coronó con éxito. Sobre esa base se pueden dar más pasos hacia adelante. Decir que dicho desenlace fue una ‘derrota’ es sencillamente absurdo”.

Otros trabajadores se unen a sindicato

La evaluación de los resultados de la huelga que hiciera Jim Cannon la compartían en general los trabajadores involucrados en ella. Cuando retornaron a sus trabajos, se exhibían con orgullo distintivos del Local 574 por toda la industria del camionaje. Los asistentes de gasolineras, con quienes se tuvo problemas considerables durante la huelga, comenzaron a afiliarse al sindicato. También hubo un ingreso regular de conductores de mensajerías, algunos de quienes inicialmente habían intentado romper la huelga.

Al poco tiempo, el Local 574 contaba con más de 7 mil miembros, y seguía reclutando nuevos miembros cada día. Se crearon comisiones de trabajo para atender reclamos y para recolectar las cuotas sindicales. Además, el tamaño del sindicato y el alcance de sus actividades ahora hacía necesario un plantel de organizadores a tiempo completo. El primero de junio, el consejo ejecutivo aprobó la moción propuesta por Moe Hork de asignar esta función a Ray, Miles y Grant Dunne, a Carl Skoglund y a mí, con sueldos 25 dólares semanales, que era el sueldo medio de los choferes de camiones. La acción era otro paso a fin de otorgar condición oficial a lo que había pasado a ser la dirección real del sindicato.

Nuestra primera tarea como organizadores fue atender los reclamos posteriores a la huelga que no podían resolver las comisiones sindicales en los lugares de trabajo. Estos incluían sorprendentemente pocos casos en que rehusaban restituir huelguistas a sus trabajos. En la mayoría de casos los patrones individuales mostraban disposición de reunirse con los representantes del sindicado y resolver la disputa.

Ray Dunne y yo, que trabajábamos juntos en el plantel sindical, tuvimos en un caso una experiencia de lo más extraña. Una firma del mercado había acordado dividir una carga de naranjas con un competidor, la cual se tenía que descargar a la hora regular de inicio de trabajo de cierto día de labores. Entonces, uno de los patrones ordenó a su chofer que llegara más temprano y cargara poco más de la mitad de la carga. El chofer se negó, diciendo que ahora pertenecía al sindicato y que ya no tenía que hacer ese tipo de cosas. Lo despidieron por “insubordinación”. Al patrón le dimos la alternativa de restituir a aquel hombre o encarar una huelga. Se recostó en su silla y nos miró por un rato, y uno podía ver en sus ojos que estaba repasando la escena de la pelea en el mercado. Entonces decidió que el chofer retornara a su trabajo.

Crecen reclamos contra patrones

A mediados de junio la situación de los reclamos cambió abruptamente. Era resultado de la presión que la Alianza Ciudadana estaba ejerciendo sobre los patrones para que discriminaran a los miembros del sindicato, ya sea por medio de estafas en la escala salarial o despidiéndolos en violación de su antigüedad. En un lapso corto se acumularon más de 700 casos de ese tipo de discriminación. En la mayoría de casos el sindicato se topó con rechazos obstinados de atender los reclamos de los trabajadores. Claramente la Alianza Ciudadana buscaba una nueva oportunidad de desafiar al sindicato.

Tal intención quedó doblemente clara con la actitud del comité patronal cuando el sindicato intentó negociar o arbitrar mediante la Junta del Trabajo incrementos salariales adicionales según las cláusulas del arreglo de huelga. Los representantes patronales vacilaban y no decían ni sí ni no, y no pasó nada. Ya que la Junta del Trabajo no lograba hacer valer los términos del acuerdo, el sindicato intentó negociar directamente con los patrones a nivel individual. Ellos nos referían a su comité, diciendo que no podían actuar por cuenta propia. Entretanto, estaban dando unos cuantos aumentos salariales individuales a fin de crear disensión entre las filas sindicales.

Sólo una sola cosa planteaban los representantes patronales de forma clara. Rehusaban negociar con el sindicato asuntos relacionados a los trabajadores internos, diciendo que estaban autorizados a tratar con el Local 574 sencillamente cuestiones concernientes a los choferes de camiones y a los ayudantes. Su objetivo era dividir a los miembros del sindicato induciendo a los choferes y a los ayudantes a que les volvieran la espalda a los trabajadores internos. Tal resultado reduciría a un mínimo el verdadero logro en cuanto a fuerza sindical y limitaría el alcance de cualquier concesión que tuvieran que hacerle a sus empleados. Muy diligentes en sus tareas, los patrones estaban plenamente conscientes de los conceptos organizativos de Tobin y sabían que él se mostraría favorable a su postura de limitar el alcance del reconocimiento del sindicato. Se echaría atrás el curso de sindicato-industrial del Local 574 y el sindicato se vería restringido a una estrecha estructura de oficios. Esto facilitaría eliminar a la dirección radical a fin de poner el local bajo el control de los “estadistas sindicales”.

Invertir el curso del sindicato también habría sido algo compatible con las necesidades del gobernador Olson, ya que la lucha militante del Local 574 lo había puesto en aprietos políticamente. Por ser un manipulador hábil, Olson bien pudo haber anticipado que se daría una disputa sobre el alcance de la representación cuando aseguró a los negociadores sindicales que en el acuerdo de la huelga se reconocía de forma plena al sindicato, incluidos los trabajadores internos. Dicha probabilidad se deduce del hecho obvio de que su principal objetivo en aquel entonces era hacer que los trabajadores regresaran a sus puestos de trabajo a toda costa. En todo caso, ahora que la Junta del Trabajo solicitaba su interpretación de la cláusula de representación sindical en el acuerdo, él procuraba evadir el tema. En una carta fechada 21 de junio de 1934, sugirió que la cláusula debería de entenderse de manera que se incluyeran categorías como los empleados de expedición y recepción, estibadores y operadores de ascensores de carga. Después negó al sindicato hasta esa limitada concesión, abogando por que la decisión final se dejara al arbitraje.

La carta de Olson recibió una respuesta áspera de los patrones, quienes publicaron un campo pagado en la prensa donde aseguraron que el sindicato tenía derecho de negociar sólo en nombre de los choferes y los ayudantes. Emulando a los patrones que hacían a un lado la declaración del gobernador, la Junta del Trabajo emitió su interpretación de la cláusula sobre el reconocimiento del sindicato en el acuerdo de huelga. Dictaminó que el sindicato tenía derecho de representar sólo a los choferes, ayudantes y a los trabajadores de andenes que estaban “directamente involucrados en la carga y descarga de camiones”. Los patrones rápidamente aceptaron esta decisión antisindical que negaba al sindicato su derecho legal de representar a miembros empleados como trabajadores internos. En una declaración en que rechazaba el dictamen por la estafa que era, el sindicato afirmó con un toque de ironía: “La Junta del Trabajo ‘generosamente’ ha dictaminado que el Local 574 tendrá derecho de representar a casi la mitad de sus miembros”.

Entretanto, el día que se dio la carta del gobernador a la prensa, el Local 574 sostuvo una reunión de la membresía para evaluar la situación en deterioro. En la reunión se votó a favor de reivindicar el reconocimiento del derecho del sindicato de representar a todos sus miembros y un aumento salarial inmediato. A fin de respaldar estas demandas se decidió que se comenzaran los preparativos para otro paro. Al mismo tiempo, Cliff Hall envió una carta informando de la situación a Thomas L. Hughes, secretario-tesorero general de la IBT [Hermandad Internacional de Teamsters], escrita en esta ocasión la carta en consulta con el resto de la dirección del sindicato. Como gesto diplomático se explicó que a la junta ejecutiva internacional no se le había pedido que sancionara la huelga de mayo porque la mayoría de los miembros del local eran nuevos y según los estatutos de la IBT no les correspondían beneficios de huelga. La nueva disputa sobre la representación sindical para los trabajadores internos no se mencionó, ya que tanto Tobin como Hughes se mostrarían fríos ante ese asunto. En cambio, la carta subrayaba el rechazo de los patrones para arbitrar la cuestión salarial como se estipulaba en el acuerdo de huelga.

Debido a los fuertes gastos incurridos durante la huelga, se solicitó a Hughes que el local quedara exento del pago del impuesto sobre la cuota de admisión de sus 3 mil nuevos miembros recibida durante de mayo. Esta era una solicitud razonable, escribió Hall, “ya que sentimos que no obtuvimos beneficios del sindicato Internacional durante la huelga de 11 días”. Se les aseguró a cambio de que al Sindicato Internacional se le pagaría regularmente el impuesto per cápita de 30 centavos de la cuota mensual de membresía.

En su respuesta Hughes afirmó: “Los estatutos de la organización son muy claros en este asunto y debemos recibir $1.00 por cada hombre que pagó su cuota de admisión a su local”. No hizo mención alguna de las dificultades que el local estaba teniendo con los patrones. Como más tarde habían de demostrar los hechos, cuando se emitió una declaración respecto a este asunto, la hizo el propio Tobin y asumió la forma de un golpe contra el Local 574.

Se consolida comité de mujeres

Acudiendo a un sector del que se podía esperar ayuda en una nueva batalla con los patrones, el sindicato se propuso consolidar el comité auxiliar de mujeres. Desde finales de mayo el comité auxiliar había estado prestando ayuda a las familias de los huelguistas que habían resultado heridos durante la lucha o que aún estaban cumpliendo sentencias en la correccional. Ahora se requería una labor mucho más amplia aun para asegurar ayuda financiera a los numerosos trabajadores victimizados por la nueva ofensiva antisindical de la Alianza Ciudadana. Además de procurar que lograran asistencia pública, las mujeres organizaron un día de contribuciones para asegurar donaciones públicas a nombre de las víctimas de la guerra de clases. También fueron a otros sindicatos a solicitar contribuciones. Ante la amenaza de otra huelga que acechaba, pronto habría mucho más que hacer y se necesitaría de más manos, por lo que el comité auxiliar lanzó una campaña de reclutamiento. La respuesta fue buena, e incluso se recibieron solicitudes de ingreso desde fuera de los círculos del Local 574. Una vez más se movilizaba para la batalla por venir un importante destacamento de mujeres combativas, formado en torno a las experimentadas veteranas de la lucha de mayo.

Paralelamente a los preparativos del sindicato para la renovación del conflicto, la Liga Comunista se empezó a preparar como organización nacional para dar todo el apoyo posible a los camioneros de Minneapolis. Para financiar el esfuerzo se lanzó una campaña a nivel del partido para recaudar fondos. También se condujo una campaña para expandir la difusión del Militant, especialmente para tratar de captar subscriptores entre trabajadores a nivel nacional a quienes había inspirado la huelga de mayo.

Una vez más llegó Jim Cannon a Minneapolis y, en consulta con los camaradas locales, se decidió traer algunos miembros más del partido que estaban especialmente calificados para jugar papeles de apoyo decisivos. Entre ellos estaban dos periodistas de primera: Max Shachtman y Herbert Solow, quien más tarde pasó a ser un director de la revista Fortune. Albert Goldman, un prominente abogado laboral de Chicago, llegó para prestar servicios como asesor general del sindicato. Hugo Oehler, un talentoso dirigente de acciones de masas, llegó al poco tiempo para ayudar a movilizar apoyo para el Local 574 entre los desempleados.

Hubo varios factores que sirvieron para fomentar buenas relaciones de trabajo entre estos camaradas que la organización nacional envió a Minneapolis y los miembros locales del partido, quienes dirigían la lucha sindical. Como consecuencia de la visita de Jim en mayo, la dirección nacional del partido ahora podía actuar contando con una comprensión mucha más segura de la situación local de la que había tenido anteriormente. Al mismo tiempo, la fracción del partido en el sindicato estaba plenamente consciente de que se podía obtener valiosa ayuda de los camaradas que habían llegado para ofrecer asistencia especial. Estábamos involucrados en una lucha altamente compleja, cargada de muchos riesgos de índole política.

Como es el caso en todas las huelgas modernas, pudimos sacar provecho de consultas políticas competentes y de la ayuda de periodistas con conciencia de clase política. También fue inapreciable contar con los servicios de un experimentado organizador de los trabajadores desempleados y de un hábil abogado que era revolucionario. Estas fueron precisamente las principales formas de asistencia que recibimos de los camaradas que el partido envió para ayudarnos. De esa forma se añadió una nueva dimensión al estado mayor del sindicato, un logro que había de producir importantes ganancias.

Como había sido el caso desde que comenzó la acción en la industria del carbón, miembros de la rama local de la Liga Comunista jugaron un importante papel de apoyo. Sus esfuerzos se concentraron en torno a la labor en otros sindicatos aparte del Local 574, entre los desempleados y en el comité auxiliar de mujeres. También se esforzaron por incrementar el conjunto de lectores del Militant, ayudando así a promover conciencia de clase entre los trabajadores mediante el análisis político de la lucha sindical que hacía el periódico. Entre quienes se destacaron al realizar esas actividades estuvieron: Fannie Barach, Si Barach, Goldie Cooper, Oscar Coover, Sr., William Curran, C.R. y P.G. Hedlund, Chester Johnson, Louis Roseland y Joe Ross. Tomada en conjunto, la rama local del partido había venido creciendo gradualmente desde que se iniciara la campaña de organización en el carbón. Un aumento consecuente de su eficacia en el movimiento obrero se percibía en el hecho de que la mayoría de los nuevos miembros se habían reclutado dentro del Local 574, y ahora había una fracción significativa del partido en ese sindicato.

Se hizo un esfuerzo extraordinario para fortalecer al Local 574 en la vital esfera de la publicidad y la propaganda. El 25 de junio el local lanzó su propio periódico, The Organizer [El Organizador]. Por este medio, el sindicato podía refutar las mentiras de la prensa pro patronal, presentar los verdaderos hechos sobre sus propios objetivos y políticas, y desenmascarar las tretas antiobreras de los patrones y del gobierno. El periódico lo recibieron con mucho entusiasmo los trabajadores, quienes lo leían detenidamente y ayudaban a distribuirlo de manera amplia. Al principio The Organizer apareció como un modesto periódico de cuatro páginas con una tirada de 5 mil ejemplares. Salía semanalmente, pero se hizo planes para iniciar su publicación diaria si el sindicato, como se anticipaba, de nuevo se veía obligado a irse en huelga.

Yo aparecía como director, a pesar de que estaba demasiado ocupado con otras tareas como para sacar un periódico y además no sabía cómo hacerlo en aquel entonces. Se hizo así porque era útil nombrar formalmente para ese puesto a un dirigente sindical. Los verdaderos directores eran Max Shachtman y Herbert Solow, con la asistencia de Carlos Hudson, un camarada local con habilidades periodísticas. Jim Cannon también contribuía con la redacción de editoriales. La política editorial se decidía mediante consultas conjuntas entre los dirigentes sindicales y los periodistas del partido. Con el tipo de trabajo de equipo que logramos establecer, el sindicato contaba con un arma nueva y poderosa en su arsenal.


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