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diciembre de 2002 Vol. 26 No. 11

Brasil

Comicios reflejan radicalización
Elección de Lula eleva expectativas de trabajadores y otras capas golpeadas

Por Róger Calero

Con un aplastante triunfo electoral, fue electo presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, candidato del Partido de los Trabajadores (PT). Según se esperaba, derrotó a su contrincante José Serra del gobernante Partido Social Democrático con el mayor margen en la historia de las elecciones presidenciales de Brasil: el 61 por ciento de los votos. Los dos candidatos se enfrentaron en una segunda vuelta después que el candidato del PT quedara corto por un 3 por ciento, de recibir una mayoría absoluta del voto en la primera ronda el 6 de octubre.

En un mitin para celebrar la victoria, da Silva dijo que su gobierno se proponía "gobernar con toda la sociedad brasileña, para construir un país más unido, más justo y más fraterno". Dijo que el nuevo gobierno representaba un "proyecto alternativo", y repitió su promesa de campaña de crear millones de nuevos trabajos, eliminar el hambre en Brasil, y realizar gastos sociales. A la misma vez, se comprometió a cumplir con el pago de la deuda externa brasileña a los bancos imperialistas, así como las condiciones que éstos exigen.

Radicalización

La elección de Lula indicó una radicalización entre muchos en Brasil: trabajadores, agricultores, y sectores de la clase media que han sido arruinados por los efectos de la depresión mundial y las políticas de austeridad del gobierno saliente.

"Una mayoría votó por un nuevo modelo económico de crecimiento y desarrollo", dijo da Silva, "pero saben que esto no puede ser logrado con magia". Haciendo una descripción de lo que el pueblo trabajador tiene por delante, dijo que el "difícil camino que Brasil confrontará va a exigir austeridad en el uso de fondos públicos y un combate implacable contra la corrupción".

El presidente electo anunció la creación de una nueva agencia para administrar un programa de alimentación. Dijo que si para el fin de su presidencia cada brasileño podía comer tres veces al día habría realizado la "misión de su vida".

Manteniendo la posición conciliatoria que adoptó durante la campaña electoral, él subrayó que la prioridad de la nueva administración será la de establecer un "pacto social" en el cual toda la sociedad pueda participar en un "gobierno de unidad y concertación nacional" para confrontar la crisis.

A pesar de las promesas hechas por da Silva, de que cumplirá con las condiciones exigidas por el Fondo Monetario Internacional sobre un préstamo de emergencia previsto de $30 mil millones de dólares, los inversionistas imperialistas han respondido con escepticismo al nuevo gobierno. Los bancos e inversionistas extranjeros han retirado miles de millones de dólares del país, devaluando la moneda nacional y la bolsa de valores. Comentaristas capitalistas continúan advirtiendo sobre la posibilidad de que Brasil incumpla los pagos de su creciente deuda de 260 mil millones de dólares.

Inversionistas observan con cautela

Los inversionistas estarán observando a Lula muy de cerca para "asegurarse que no está loco y que va a seguir las buenas políticas que crearan estabilidad para la moneda brasileña", dijo el secretario del tesoro estadounidense Paul O'Neill. Este dijo que el pensaba que Lula "seguiría las políticas que [el actual presidente Fernando Henrique] Cardoso ha seguido y todo estará bien".

Rumbo a las elecciones, el candidato del PT ganó el apoyo de sectores de la clase capitalista brasileña y la clase media desilusionada, que culpan la política de la actual administración por la depresión económica que ya lleva cuatro años. Estos sectores critican al gobierno de Cardoso por suscribirse al "consenso de Washington" como política económica, o sea, la venta de compañías estatales, la apertura del mercado a inversiones y productos extranjeros, y fuertes medidas "antiinflacionarias".

Estos apoyaron a da Silva por su demanda de una modesta reforma al sistema bancario brasileño, de limitar sus ganancias y canalizar el capital a inversiones productivas, y también por su oposición al Area de Libre Comercio de las Américas, actualmente propuesto por Washington. Impulsado por los gobernantes en Estados Unidos el bloque comercial busca eliminar barreras comerciales para sus exportaciones, y reforzar los términos desiguales de intercambio con los países de Latinoamérica.

Da Silva también ganó apoyo entre sectores de la clase media y dueños de negocios que están sufriendo por las altas tasas de interés en cuentas y préstamos personales dadas a compañías medianas.

Dando su apoyo al nuevo presidente, Horácio Lafer, presidente de la federación industrial, pidió por la "generosidad de la oposición". Lafer aseguró que "si se usa correctamente", el pacto social ofrecido por da Silva es un instrumento que traerá resultados extraordinarios.

La elección de Lula es considerada una victoria por millones de trabajadores y campesinos en el país, que la ven como una oportunidad para hacer avanzar sus demandas de mejores condiciones de vida.

"Yo siempre voté por él", dijo Perpetua Nogueira, refiriéndose a Cardoso. "Pero la vida es muy cara hoy, y los salarios aquí son muy malos. Esto es lo más importante: aumentar los salarios. Y esto es algo que sí podemos hacer".

Decenas de miles salieron a celebrar la victoria a las calles de Sao Paulo y en otras ciudades del país. "El fue pobre, él pertenece al pueblo", dijo Ivanete Santos Coasta, una vendedora ambulante en Sao Paulo.

El Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra (MST), una organización de campesinos y trabajadores agrícolas que lucha por una reforma agraria profunda, dio apoyo crítico a la candidatura de Lula. El líder del MST Joao Pedro Stedile dijo en una entrevista en septiembre que aunque había pocas diferencias en las propuestas de los candidatos para resolver el problema enfrentado por millones de campesinos sin tierra, "Lula es el único candidato que junta a todas las fuerzas sociales capaces de hacer un cambio en el país", dijo.

A la misma vez, los comentaristas capitalistas han expresado sus dudas de que da Silva pueda mantener su control sobre la estabilidad social en el país. "Si miras la historia a cualquier gobierno de izquierda que toma el poder, siempre hay un gran aumento en las demandas sociales, porque el pueblo tiene muchas expectativas guardadas y uno tiene que bregar con ellos", advirtió la profesora de la Universidad John Hopkins Margaret Keck. "El va a tener que controlar a aquellos que esperan milagros, porque el no puede satisfacerlos", dijo.


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