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diciembre de 2002 Vol. 26 No. 11

Venezuela

Protestan contra planes golpistas
Se movilizan cientos de miles frente a amenazas proimperialistas

Por Argiris Malapanis

MIAMI--Cientos de miles de trabajadores se tomaron las calles de Caracas el 13 de octubre, una de las mayores movilizaciones en muchos años. La manifestación se dio seis meses después de que el presidente Hugo Chávez fue regresado al poder tras un golpe militar apoyado por Washington que lo había desplazado por dos días en abril pasado. Los manifestantes condenaron el ultimátum de la oposición proimperialista, la cual exigió que Chávez renunciara o convocara a elecciones tempranas.

Las fuerzas opositoras habían organizado su propia concentración tres días antes. A esta movilización, donde predominaron profesionales y otras capas de clase media, asistieron entre 500 mil y un millón de personas, muchas de ellas golpeando cacerolas. Los dirigentes de la asociación patronal Fedecámaras y la cúpula de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), la principal central obrera, amenazó con lanzar un paro general para tratar de tumbar al gobierno si Chávez no renunciaba antes.

Crecieron las tensiones en los días antes del 13 de octubre. El gobierno afirmó el 6 de octubre que había frustrado una intentona cuando oficiales de seguridad invadieron la casa del antiguo canciller Enrique Tejera y confiscaron documentos que según ellos lo implicaban en un complot.

El 9 de octubre, una turba antigobierno de cientos de personas impidió que la policía arrestara a Manuel Rosendo, un general del ejército que había llamado a las fuerzas armadas a desobedecer cualquier orden de suprimir la marcha opositora del día siguiente. Rosendo es uno de los 4300 oficiales militares que están siendo investigados por su participación en el golpe de abril. Hasta ahora ninguno de ellos ha sido declarado culpable. Durante y antes de la protesta opositora del 10 de octubre, el gobierno desplegó a cientos de soldados y tanques en las calles de Caracas. No hubo choques violentos.

Por ejemplo, miles de personas en San Carlos, capital de Cojedes, un estado principalmente agrícola, fueron a Caracas para la marcha del 13 de octubre, dijo Armando Serpa, un agricultor que vive en las afueras de la ciudad. Entre ellos había 300 campesinos. Esa misma tarde Serpa dio una entrevista por teléfono desde su casa. "Yo tuve un accidente, me fracturé la pierna y no pude ir", dijo, "pero la estoy viendo por televisión. Es la marcha más grande que hemos tenido desde 1998".

Aspiraciones de tierra

Los reporteros de Perspectiva Mundial conocieron a Serpa y a otros campesinos de la zona durante una visita a mediados de julio. "Desde entonces, la gente se siente como que tenemos un poquito de ímpetu", dijo. "La mayoría de los campesinos a quienes nos prometieron títulos de tierra, todavía estamos esperando. Pero la oposición no logró "reformar" la ley de reforma agraria. Y los que tenían reclamos como parte de la lucha de los Yauques recibieron sus títulos".

Serpa se refería a la Ley de Tierra y Desarrollo Agrario. Fue firmada por el gobierno en noviembre del año pasado. Junto con la Ley de Pesca y Acuicultura, la nueva ley de reforma agraria es una de las medidas más controvertidas del gobierno de Chávez. Le permite al estado confiscar algunas fincas ociosas de más de 12 mil hectáreas y distribuir la tierra a los campesinos. También establece procedimientos para que los campesinos y pueblos indígenas reclamen tierras que les fueron robadas.

Miembros de los Yauques, una familia de pueblos indígenas, presentaron documentos bajo esta ley haciendo una petición legal de cerca de 153 mil hectáreas de tierra en Cojedes, otorgada a sus tribus en el siglo dieciocho. En la ultima mitad del siglo los grandes latifundistas tomaron las tierras a la fuerza, según explicaron miembros de los Yauques. Según Serpa los Yauques ganaron su demanda juntando fuerzas con organizaciones campesinas. Ellos entregaron las tierras al estado, el cual las distribuyó a campesinos sin tierra de la zona en los últimos dos meses.

"Por primera vez la mayoría de los que marchaban eran jóvenes, yo diría más del 60 por ciento", dijo Claudia Orsini, en una entrevista por teléfono la noche del 13 de octubre, cuando la marcha a favor de Chávez estaba por terminar. "Estudiantes universitarios y de secundaria, artistas, jóvenes profesionales y trabajadores, de todo." Orsini es líder nacional de la Juventud Revolucionaria V República (JVR), un grupo juvenil que apoya a Chávez.

Orsini y otros entrevistados ese día por teléfono dijeron que cerca de 2 millones de personas participaron en la marcha. La prensa capitalista reportó una participación bastante más pequeña.

Orsini señaló que por primera vez casi todas las estaciones de radio y televisión, que en su mayoría son privadas y están en manos de la oposición, tuvieron noticias en vivo sobre la acción a favor del gobierno. Chávez había amenazado con suspender las estaciones después de que sus técnicos supuestamente trataron de interferir con TV Venezuela, el único canal controlado por el estado. Los dueños también anunciaron que harían un boicot contra la acción de 13 de octubre, después de haberle dado amplia cobertura a la marcha de la oposición tres días antes. Estos canales también mostraron repetidamente una entrevista con el oficial de la Marina Alvaro Martín Fossa, un vicealmirante quien pidió la renuncia de Chávez.

Chávez se dirigió a la multitud, rechazando los llamados a que abandone el gobierno, clasificándolos de antidemocráticos y anticonstitucionales. El mantuvo su oferta previa de organizar un referendo en agosto del 2003 para decidir si continuará en la presidencia o si se adelantaran las elecciones antes de que venza su plazo en 2007.

"Todavía tenemos que evaluar los resultados", dijo Orsini, "pero muchos nos sentimos más fuertes después de esta marcha". Ella dijo que la movilización ayudó a los que están luchando "para que la propiedad de la tierra, de las fábricas y de los servicios sea entregada al pueblo. No basta haber elegido un gobierno al que apoyemos, o por lo menos un gobierno al cual nos oponemos a que sea derrocado a la fuerza por la minoría rica que controla la economía. También necesitamos el poder económico. Eso es lo que a nuestro criterio fue el mensaje más importante del presidente hoy en la manifestación".

Ismael Hernández no compartía la opinión de Orsini de que Chávez haya enviado este mensaje en su discurso del 13 de octubre. "Lo que yo le escuché decir es que si algunos patrones boicotean la economía, él no se opondrá a los esfuerzos de ocupar esos negocios", dijo Hernández en una entrevista telefónica esa noche. Hernández es miembro del sindicato textil, afiliado a la CTV. El acababa de participar en la marcha en Caracas y había regresado a Valencia, la tercera ciudad del país y el centro industrial más grande. Cerca de 40 mil personas de Valencia --la mayoría trabajadores textiles, automotrices, de salud y otros-- se unieron a la manifestación en Caracas, dijo Hernández.

"El problema para la cúpula de la CTV y los patrones es que más y más gente cree que deben de hacer lo que dijo Claudia. En las fabricas, más trabajadores están en contra del llamamiento de la CTV a una huelga general. Ellos [los funcionarios de la CTV] lo hicieron sin consultar a los trabajadores, contradiciendo sus pretensiones democráticas. Los trabajadores textiles y otros sindicatos han planeado asambleas. Estas asambleas supuestamente autorizaran la toma de compañías si la CTV logra darle apoyo al cierre patronal y cierren fabricas a pesar de los deseos de la mayoría de los trabajadores".

Estas opiniones van más allá de Valencia, dijo Hernández. Son parte de la razón de la división en el seno de la cúpula sindical y de la oposición burguesa en torno al llamamiento de la CTV y Fedecámaras por una huelga para derrocar a Chávez.

Un articulo en el Washington Post del 10 de octubre, bajo el titular "Débil economía aprieta a la oposición venezolana", señaló otros factores. Venezuela está sufriendo una profunda crisis económica, principalmente como resultado del funcionamiento del sistema capitalista y los efectos del dominio imperialista. De acuerdo a las estadísticas del gobierno, el producto bruto nacional se encogió en un 7 por ciento en la primera mitad de este año, informó el Post.

En el mismo periodo cerca de medio millón de personas perdieron sus trabajos, elevando el desempleo al 20 por ciento. Las inversiones extranjeras prácticamente han desaparecido, mientras que el bolívar, la moneda nacional, ha perdido este año más de la mitad de su valor a la par del dólar. La inflación ronda cerca del 25 por ciento. La compra de alimentos ha bajado un 10 por ciento en comparación al mismo periodo el año pasado.

Las fuerzas burguesas de la oposición que se oponen virulentamente a Chávez por respaldar medidas que amenazan las prerrogativas del gran capital --tales como las leyes agraria y de pesca-- y por relaciones más cercanas al gobierno revolucionario de Cuba, "también están preocupados por una huelga nacional con muchas pérdidas, la tercera en menos de un año", dijo el Post. "Una encuesta realizada esta semana por la firma independiente Consultores 21 mostró que el 60 por ciento de la población se opone a la huelga... [Henrique] Salas Romer, un posible contrincante de Chávez en las próximas elecciones, está entre el creciente número de líderes de la oposición que se han separado de la fórmula Fedecámaras-CTV para sacar a Chávez de la presidencia".

Bajo estas condiciones, Washington ha disimulado su anterior apoyo no tan oculto a los esfuerzos por quitar al presidente venezolano. Después de la marcha de la oposición del 10 de octubre, el vocero del departamento de estado estadounidense Richard Boucher dijo, "Es importante que los dos lados usen la oportunidad de resolver estos asuntos democráticamente y a través del diálogo."

Un artículo en el St. Petersburg Times dijo que funcionarios del gobierno de Estados Unidos han de cierta forma mejorado sus relaciones con Chávez para garantizar los envíos de petróleo de Venezuela, de donde Estados Unidos importa el 30 por ciento de su petróleo. El articulo citó a Michael Shifter de la Inter-American Dialogue en Washington quien dijo, "Esto no es un abrazo a Chávez, sino que claramente hay un distanciamiento con la oposición".

Los gobernantes estadounidenses están preocupados que la resistencia a las "reformas de mercado" y las expectativas de mejores niveles de vida por parte del pueblo trabajador en Venezuela, elevadas por la llegada al poder de Chávez, se extiendan a otras partes de Latinoamérica.

Después de la victoria del candidato del Partido de los Trabajadores Inacio Lula da Silva en las elecciones presidenciales de Brasil, un editorial del New York Times dijo que para que "se mantengan las reformas de libre mercado en Latinoamérica, más esfuerzos deben hacerse para extender sus beneficios más allá de una élite estrecha a las decenas de millones que atrajo el señor da Silva. Tal empobrecida mayoría puso en el poder a Hugo Chávez en Venezuela y parece ser la probable fuerza mayoritaria en las elecciones presidenciales en Argentina el próximo año".


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