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Quinto capítulo del libro de Pathfinder 'La rebelión de los camioneros'


UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
noviembre de 2002 Vol. 26 No. 10

Editorial Pathfinder

Se lanza campaña de sindicalización
Quinto capítulo del libro de Pathfinder 'La rebelión de los camioneros'

Por Farrell Dobbs

[A continuación publicamos el quinto capítulo de La rebelión de los camioneros, traducción de Teamster Rebellion, por Farrell Dobbs. Perspectiva Mundial está publicando este libro de Pathfinder por entregas.]

[La rebelión de los camioneros es el primero de cuatro tomos que Dobbs escribió sobre las huelgas, campañas de sindicalización y luchas políticas que transformaron al sindicato de los camioneros Teamsters en Minnesota y en gran parte del Medio Oeste en un pujante movimiento social. Dobbs fue protagonista y dirigente de estas batallas, y luego dirigente del Partido Socialista de los Trabajadores por muchos años.]

[Los subtítulos son de Perspectiva Mundial. Copyright (c) 2002 por Pathfinder. Se edita con autorización.]

La vida misma iba corroborando la política sindical de la Liga Comunista. Su estrategia y sus tácticas habían permitido que revolucionarios conscientes se unieran con trabajadores en una acción de masas eficaz. A pesar de las debilidades de la dirección sindical oficial, los trabajadores del carbón habían logrado poner a prueba su fuerza organizada y ganar una contienda con los patrones. Estaban aprendiendo a confiar en sí mismos como clase. También comenzaban a asimilar algunas lecciones elementales sobre la lucha de clases, conforme dichas lecciones se revelaban al fragor de la batalla.

Cuando los trabajadores descubrieron que toda la fuerza policial estaba del lado de la patronal se empezaron a disipar las ilusiones en la policía. Hubo experiencias similares con la Junta Laboral. Cuando se presentaron por primera vez las demandas del sindicato, el papel de la junta había sido sencillamente transmitir la arrogante negativa patronal a negociar. Luego procuró aplazar la huelga hasta después de la temporada fría, en desventaja del sindicato. En las elecciones sobre la negociación colectiva, celebradas después de la huelga, la junta exigió que la votación se realizara en cada empresa por separado, en vez de hacerse a nivel de toda la industria, según lo exigía el sindicato. Evidentemente se pretendía ayudar a los patrones para que al menos unas cuantas compañías, de ser posible, no tuvieran que reconocer el sindicato. Ninguna de las tretas benefició mucho a los patrones; sirvieron, sin embargo, para enseñar a los trabajadores de qué lado se encontraba realmente la Junta Laboral "neutral".

Estos resultados habían sido posibles gracias a un curso estratégico y táctico correcto. Sin embargo, convertir esa posibilidad en realidad había exigido que los militantes de la Liga Comunista se comportaran en la acción como una fuerza de combate disciplinada. Dentro del sindicato, la fracción del partido actuaba como una unidad cohesiva, aplicando en unidad armoniosa la política del partido. Se mantenía un estrecho contacto entre la fracción y la rama local del partido.

Los resultados logrados mediante esa línea de acción disciplinada dieron un nuevo ímpetu a la moral del partido y se redoblaron esfuerzos para reclutar nuevos miembros a la Liga Comunista. Con este fin se celebró un mitin público después de la huelga, para debatir la necesidad de un nuevo partido revolucionario para reemplazar al movimiento estalinista, el cual se encontraba en la bancarrota política. Resultó ser uno de los mítines más grandes de este tipo en muchos años en la ciudad. Lo más notable fue la presencia de un número considerable de trabajadores del carbón, algunos de los cuales se unirían al partido al poco tiempo.

Entretanto, la Liga Comunista trazaba planes para continuar la campaña sindical. El triunfo en la industria del carbón había sido excepcionalmente importante, ya que hizo mucho en el sentido de superar los obstáculos que había para una mayor movilización de masas en la acción siguiente. Muchos trabajadores en otros sectores de la industria del camionaje resentían la manera en que se habían manejado las campañas de sindicalización anteriores, ninguna de las cuales había producido jamás resultados significativos. No era sólo un caso de "gato escaldado, del agua fría huye", sino que tenían poca confianza en los débiles gremios de oficios con su largo historial de huelgas perdidas.

Ahora, sin embargo, los trabajadores veían las primeras señales de un nuevo enfoque. A diferencia de los pequeños ataques dispersos y parciales del pasado, ahora se había golpeado al conjunto de la patronal del carbón, y todos los trabajadores del carbón se habían integrado a la lucha. Los patrones se habían visto forzados a reconocer el sindicato mientras estaba en huelga. Este hecho lo ilustró de forma dramática el número sin precedentes de conductores del carbón que después de la huelga, mientras efectuaban sus entregas de mercancías por toda la ciudad, habían empezado a lucir insignias del Local 574. Era seguro que se avecinaban cambios favorables en la actitud hacia el sindicato por parte de los trabajadores de toda la industria del camionaje.

El primer paso para aprovechar la mejora en las condiciones tenía que ser el desarrollo de la dirección necesaria para llevar a cabo una campaña general de sindicalización. Para ese fin había nuevas fuerzas entre los jóvenes combativos que se habían destacado durante la huelga del carbón. Ellos eran reclutadores hábiles quienes, al hacer campaña, también se mantenían alertas en busca de nuevos sindicalizadores voluntarios. Es más, en la huelga venidera serían la columna vertebral en torno a la cual se podría formar una dirección de combate más amplia. Si estos activistas habían de actuar con eficacia, tenían que disponer de un albedrío razonable.

El vehículo indicado para ese fin, consistía en elevar el comité organizador informal, que se había desarrollado en el curso de las acciones del carbón, a la categoría de organismo oficial del sindicato. Esto se logró con facilidad en una asamblea general del Local 574, porque ahora los trabajadores del carbón predominaban en el sindicato y tendían a considerar el comité de sindicalización como su verdadera dirección.

Comité Organizador Voluntario

Las actas de su primera reunión dan constancia de la composición del nuevo cuerpo: "El Comité Organizador Voluntario se reunió en las oficinas del Local General de Choferes, 614 Primera Ave. Nte., viernes 16 de marzo, a las 8 p.m. El comité consistió en los siguientes miembros voluntarios, junto a todos los integrantes de la junta ejecutiva: Harry DeBoer, Floyd O'Berg, C. Quick, Pete Bove, M. Dunne, C. Skoglund, F. Dobbs, G. Dunne, A. Brace, Chris Moe, S. Fredericks, E. Sunde, W. Thompson, S. Baumgartner, C. Nelson". Los miembros de la junta ejecutiva a quienes se referían las actas eran en aquel momento los siguientes: W.S. Brown, G. Frosig, H. Esler, S. Haskell, W. Gray, J. Nolan y M. Hork. El agente de negociado, C. Hall, asistía a las reuniones del comité en virtud de su cargo, como hacía en las sesiones de la junta ejecutiva.

Según indican las actas, toda la junta ejecutiva asistió a la reunión. Parecía que Hall esperaba supervisar de forma oficial el comité organizador. Pero no es exactamente así como las cosas habían a resultar. En realidad, se estaba desarrollando una nueva etapa de dualidad de control en el liderazgo. La fuerza del comité organizador entre las filas sindicales estaba a punto de contraponerse a la autoridad formal de la junta ejecutiva. En el transcurso de este proceso, los organizadores voluntarios cobrarían más fuerza aún gracias al apoyo que recibían de Brown y Frosig, ambos miembros de la junta ejecutiva. Además, se ofrecían más ventajas por el hecho que los miembros del sindicato habían decidido formalizar al comité organizador. Esta combinación de factores permitió que el comité soslayara a la junta ejecutiva en algunos asuntos, y la metiera en cintura respecto a otros, dependiendo de la situación. O sea, el comité se convirtió en una especie de poder ejecutivo especial que dirigía el trabajo de los organizadores voluntarios, cuyo número llegaría a multiplicarse de forma acelerada.

Gracias a esta forma específica de democracia de las filas se superaron obstáculos burocráticos antepuestos a la campaña de sindicalización; no obstante, quedaba sin resolver otro problema de dirección. Las negociaciones con los patrones seguían fundamentalmente en manos de funcionarios sindicales incompetentes. Esto significaba que conquistas logradas en la línea de piquete aún se podían perder en la mesa de negociaciones. Si bien según estaban las cosas por aquel entonces no se podía hacer mucho al respecto, el problema exigía mucha atención, con miras a tomar acción efectiva al presentarse la primera oportunidad.

Los cambios que ya se venían dando en la estructura directiva se reflejaban en el carácter y el alcance de la campaña de sindicalización. El contraste entre lo viejo y lo nuevo se veía ilustrado por las distintas concepciones que se expresaban en las reuniones conjuntas del comité organizador y de la junta ejecutiva. Hall y sus compinches, quienes razonaban según la óptica de las viejas campañas del Local 574, opinaban que lo sucedido en la industria del carbón había sido por pura chiripa. Su idea consistía en pasar unos cuantos volantes, captar algunos nuevos miembros que pagaran sus cuotas, y mantener dos juegos de libros sobre la campaña de modo que [el presidente de los Teamsters] Daniel Tobin no recibiera ningún impuesto per cápita por los que se alejaban al poco tiempo. En realidad, uno de los miembros de la junta ejecutiva ni siquiera quiso gastar plata en volantes. "Ellos saben dónde estamos", dijo, refiriéndose a los trabajadores no sindicalizados. "Si quieren unirse al sindicato, que vengan al local y que se inscriban".

El comité organizador tenía una concepción distinta. Su objetivo era construir una potente fuerza sindical que pudiera batallar con los patrones en toda la industria del camionaje, como ya se había hecho en la industria del carbón. Al ver una lista parcial de los sectores en que, como objetivos de la campaña, se dividió la industria, uno se da una idea de la envergadura del proyecto. Estaban las compañías de transporte; las empresas de materiales de construcción; las casas de mayoreo para frutas, legumbres y abarrotes; agencias de entrega de paquetes; conductores de las flotillas de taxis; el área de distribución de grandes almacenes y tiendas de muebles; compañías de petróleo, incluidas las gasolineras; distribuidoras de oxígeno y acetileno; entre otras. Entre los empleados que el comité se proponía sindicalizar había choferes, ayudantes, empleados de depósitos, trabajadores de andenes, empleados de las oficinas de embarque, empacadores y otros trabajadores de adentro cuyos empleos estaban más o menos relacionados a los servicios de camionaje. El comité organizador no sólo hizo caso omiso de la orden de Tobin, de que se dividiera a los trabajadores en locales diferentes según los productos que manejaban, sino que fue más allá de los estrechos límites de la jurisdicción que él había impuesto para el conjunto del sindicato Teamsters.

Esto tenía un significado más amplio para el futuro de todo el sindicato de los Teamsters. Por primera vez, un local de los Teamsters estaba a punto de encaminarse hacia la forma industrial de sindicalización, incorporando a todos los trabajadores de una empresa en un solo sindicato.

Justo en el momento en que la campaña de sindicalización empezaba a entrar en marcha, los patrones del carbón involuntariamente le dieron un empujón. Al no haber logrado romper la huelga de febrero, emprendieron la tarea de derrotar al sindicato de otra forma. Se acercaba la primavera y pronto se acabaría la temporada del carbón. Los patrones decidieron realizar una purga de los sindicalistas más combativos, convirtiéndolos en los primeros afectados por los cesanteos de temporada que se avecinaban. Pensaban que así se podría amedrentar a los demás trabajadores y que, cuando mejoraran los negocios en el otoño, se podría reimponer la atmósfera del taller abierto (open shop) en la industria.1

Sin embargo, les salió el tiro por la culata. A los trabajadores afectados por las cesantías discriminatorias se les planteaba un problema de vida o muerte. Si no ayudaban a impulsar el sindicato, era obvio que nunca podrían recuperar sus empleos en las compañías del carbón; y en aquellos tiempos de la depresión otros empleos eran muy escasos. Por otro lado, si resultaba exitosa la campaña de sindicalización en el verano, en el otoño sólo se requeriría un operativo de limpieza para consolidar al Local 574 en la industria del carbón y para recuperar los puestos de los trabajadores discriminados. Como resultado, hubo un aumento repentino en el número de sindicalizadores voluntarios.

Despedido

Yo fui uno de los despedidos en la industria del carbón. Al contribuir a tiempo completo con la campaña sindical, me tocó trabajar en una tarea de sindicalización junto a Carl Skoglund. Trabajar con él era una oportunidad excelente para que un nuevo militante de la Liga Comunista aprendiera muchísimo. Además de lo que me enseñó acerca de la sindicalización, también tuvimos tiempo de hablar de política revolucionaria. Entre sus mejores atributos estaba su capacidad de enseñar a los jóvenes las lecciones que él mismo había aprendido. Siendo un trabajador marxista con un gran nivel de desarrollo intelectual, entendía la importancia de la teoría y cómo aplicarla como guía para la acción. Hizo que yo emprendiera un curso de lectura sobre las obras clásicas del marxismo; después discutíamos lo que había leído y con mucha paciencia me explicaba las cosas que no entendía. La experiencia fue doblemente rica para mí, porque, además de contar con un maestro capaz, mis lecciones las enriquecía la intensa lucha de clases en la que estaba participando.

En este trabajo sindical, las brigadas sindicalizadoras iban a los garajes, a los muelles, a las bodegas, a los mercados, a todos los rincones de la industria del camionaje. Dondequiera que íbamos encontrábamos que los trabajadores ya nos esperaban, y el reclutamiento al sindicato fue avanzando cada vez con más ímpetu. Se organizó una clase para entrenar a oradores voluntarios que se presentarían a las asambleas de otros sindicatos para explicar la campaña del Local 574 y solicitar su apoyo. Aunque no todos los funcionarios de otros sindicatos se alegraron con estas visitas, por lo general los oradores del Local 574 eran muy bien recibidos por la militancia. También se realizaron esfuerzos para conseguir publicidad sobre la campaña en el Labor Review [Reseña laboral], órgano oficial de la Unión Central del Trabajo de la AFL [Federación Americana del Trabajo]. Gracias a estas actividades combinadas, la campaña del Local 574 no tardó en convertirse en uno de los temas más comentados entre la clase trabajadora de la ciudad y casi todo el mundo se mantenía pendiente para ver qué era lo próximo que iba a acontecer.

En su trabajo de reclutamiento, las brigadas organizadoras no sólo hablaban sobre la afiliación al sindicato; planteaban también la cuestión de las reivindicaciones que había que presentarle a los patrones. No podía hallarse a nadie con más autoridad que los trabajadores en sus locales de trabajo. Colectivamente poseen un rico conocimiento práctico de la industria en la que están empleados; conocen todas las argucias del patrón y quizás el único secreto que éste les puede ocultar es el de cuánta ganancia está acumulando a partir del trabajo que ellos realizan. Se sostenían reuniones con cada grupo de trabajadores para formular reivindicaciones específicas para su sección particular de la industria del camionaje. Ellos tomaban todas las decisiones sobre todos los aspectos relacionados con salarios, horarios y condiciones laborales. El comité organizador simplemente añadía cláusulas especiales sobre puntos como el reconocimiento del sindicato, protección de empleos, procedimientos de quejas y otras cuestiones afines.

Las demandas salariales, según las formulaban los propios trabajadores, oscilaban entre 18 y 35 dólares por semana, según las clasificaciones de empleos. Estos iban desde los trabajadores de tomates en el mercado de verduras hasta los conductores de equipo pesado de carga. Las reivindicaciones sobre horas planteaban una semana laboral de entre 40 y 48 horas, con una prima por horas extras. Las condiciones de trabajo contra las que se rebelaban los trabajadores las describían con elocuencia algunas de las reivindicaciones: no a los turnos divididos; horas [remuneradas] de garaje a garaje; paga de medio día garantizada cada vez que se le pida a alguien que se reporte a trabajar; exámenes regulares de frenos pagados por la compañía; no a la estafa en la paga mediante malabares en las clasificaciones de empleos; los trabajadores no deben ser propensos a pagos por pérdidas o daños de mercancías; salarios completos a pagarse cada semana en un día regular de paga.

Al completarse este paso en la campaña organizativa llegaba la hora de prepararse para el duelo con los patrones. Se estaba concentrando una verdadera fuerza de combate para ese fin. Una dirección con un firme programa de lucha de clases iba asumiendo gradualmente el mando dentro del sindicato. Estaba presionando con vigor para que las filas controlaran todos los asuntos sindicales; se iban estableciendo vínculos entre los miembros y el comité organizador; y al formular las reivindicaciones sindicales, los trabajadores habían escrito su propio programa. Con estos estímulos fuertes, prácticamente cada uno de los miembros del sindicato pasó a ser un reclutador voluntario y un combatiente de primera línea en la campaña del Local 574.

Una cuidadosa preparación organizativa había despejado el camino para una muestra pública del crecimiento del sindicato, algo que podría tener varios efectos positivos. Una asamblea masiva le daría a los trabajadores una imagen de su fuerza en desarrollo. Se podía influenciar de manera favorable a quienes expresaran dudas o vacilaciones respecto del sindicato. Se montaría el escenario de manera pública para la presentación de las demandas del sindicato ante los patrones; y el Local 574 demostraría que representaba a los trabajadores. Para dicha ocasión, el comité organizador propuso se alquilara el Teatro Shubert, un lugar de esparcimiento en el centro de la ciudad diseñado para producciones escénicas que a menudo utilizaban otras organizaciones grandes.

Hubo resistencia a la propuesta, como se indicó en las actas del 21 de marzo de la reunión conjunta entre el comité organizador y la junta ejecutiva: "Informe del comité para conseguir teatro y oradores. El hermano Brown informa que el comité recomienda que se consiga el Teatro Shubert que probablemente se puede alquilar por $66, incluyendo dos trabajadores . . . El hermano Hall informa en nombre de la junta ejecutiva que ésta estaba a favor de no gastar mucho dinero en estos momentos y recomendaba que se obtuviera el salón número uno de la Sede del Trabajo para la reunión masiva en vez del Teatro Shubert. El hermano Gray también habló a favor de la posición del hermano Hall. Los hermanos Brown, Skoglund y M. Dunne hablaron de la necesidad de conseguir una sala más grande . . . El hermano M. Dunne propuso que se hiciera una colecta durante la reunión masiva para cubrir los costos. El hermano Brown propuso que otros sindicatos contribuyeran para cubrir los gastos". Se dejaron de lado las objeciones de Hall y se alquiló el Shubert para la reunión masiva.

Gobernador ataca a huelguistas

El comité organizador también comenzó una campaña de presión para alinear al gobernador Olson como uno de los oradores de la reunión. Esto se hizo por dos razones principales: publicidad por adelantado que anunciara al gobernador como orador ayudaría a lograr una buena asistencia a la reunión; y si Olson se dirigía a los trabajadores, tendría que pronunciarse públicamente a favor de la campaña sindical. El gobernador trató de evadir la tarea pero se le hizo sentir tanta presión que finalmente accedió a hablar. Entonces se distribuyó un volante por toda la industria en que se anunció que Olson hablaría a los trabajadores sobre "El derecho a organizar". A los trabajadores también se les informó que los oradores del Local 574 les presentarían para su aprobación un programa definitivo de organización.

Al dar comienzo la reunión la tarde del domingo 15 de abril de 1934, el gran teatro estaba repleto. Grant Dunne dio un informe a nombre del comité organizador. Bill Brown y Miles Dunne dieron discursos combativos que de verdad avivaron el entusiasmo de los trabajadores. También a mí se me había asignado a dar lo que sería mi primer discurso público, y estaba muerto de miedo ante la perspectiva de enfrentar a esa gran multitud. Antes del mitin le había pedido ayuda a Carl Skoglund. "Cuando te pares ahí, simplemente sé quien eres", me aconsejó, "un joven trabajador con responsabilidades de familia pasando tiempos difíciles. La mayoría de los que estén entre el público van a ser trabajadores jóvenes como tú. Sólo describe lo que creas que se debe hacer y ellos van a sentir que hablas en su nombre". Seguí el consejo de Carl lo mejor que pude y logré salir adelante.

El gobernador Olson no llegó a la reunión. En cambio, se manifestó públicamente de una forma que resultó ser mejor incluso para el sindicato. Su secretario privado, Vince Day, llegó a la reunión llevando consigo una carta firmada por el gobernador. Day, quien se autodenominaba anarquista filosófico, dio primero un discurso bastante combativo a nombre propio. Luego leyó el mensaje de Olson, fechado 13 de abril, a los trabajadores ahí reunidos, después de lo cual se lo pasó a Brown para los archivos del sindicato.

En los pasajes claves de la carta del gobernador se planteaba: "La idea del sindicato, y no estoy hablando del sindicato pro patronal, es fundamentalmente sólida . . . Los intereses particulares no han escatimado esfuerzos en su intento de derrotar la idea del sindicato porque sabían que el sindicalismo total significaría el fin de su reino de explotación del trabajador y de la trabajadora. Sin embargo, el movimiento obrero ha capeado los balazos, las órdenes judiciales y las persecuciones de la propaganda vil y ha creado una red de sindicatos que constituye la organización más poderosa de nuestro país . . . Mi consejo, si desean aceptarlo, es que sigan la trayectoria sensata y se unan para su propia protección y su propio bienestar".

Después de que Day había terminado, se organizó un receso a fin de aceptar solicitudes para militar en el sindicato. La respuesta fue buena, y la fuerza del Local 574 superó los 3 mil, en contraste con cerca de 75 miembros un año atrás. Al reanudarse la reunión, Carl Skoglund empezó con una explicación de los siguientes pasos a dar. Los trabajadores ahí reunidos votaron entonces por salir a huelga si los patrones rehusaban cumplir las demandas del sindicato; se eligió un comité de huelga amplio; y se le remitió al comité la fecha tope para salir a huelga.

De forma paralela a la campaña sindical, la Alianza Ciudadana había venido trazando su propio plan de batalla. Inmediatamente después de la huelga del carbón se lanzó una campaña de propaganda a fin de desestimar el significado de la victoria sindical. Se subrayó que no se había firmado un convenio directo -y que tampoco lo había ordenado la Junta Laboral Regional- entre los distribuidores de carbón y el Local 574. Según la versión de la patronal del carbón, ellos simplemente habían sometido una declaración "voluntaria" de escalas salariales uniformes ante la Junta Laboral. Cuando el sindicato había exigido un contrato directo en una audiencia de la Junta Laboral, un vocero de los patrones del carbón lo había rechazado de manera rotunda porque "se trata de uno de nuestros principios más arraigados". En apego a ese "principio" es que se estaba instando a todos los patrones del camionaje a que se concentraran en subscribir acuerdos individuales con sus empleados.

Mayoría no vive bien

Entonces, durante marzo el sindicato supo de un mitin organizativo programado por la Alianza Ciudadana. Como yo no era conocido, se me asignó a que observara el evento, haciéndome pasar como patrón de pacotilla. El tema central de la reunión era el del "complot comunista" para tomarse la ciudad mediante la imposición del control sindical sobre todas las empresas. Se instó a todos los patrones a juntarse en torno a la Alianza Ciudadana para salvar a la ciudad de la amenaza sindical. Se anunció que se estaban tomando medidas para asegurar la cooperación del alcalde y de la policía. A los posibles reclutas de la Alianza Ciudadana se les ofrecieron tres niveles de militancia según el servicio que iban a rendir. A los dirigentes del sindicato no les sorprendió ninguno de esos aspectos, aunque era útil saber qué estaba pasando.

Cuando las reivindicaciones sindicales se les presentaron a los patrones después de la reunión en el Shubert, se dio una trifulca. Los comités de ambos lados se reunieron en las oficinas de la Junta Laboral. Los patrones sostuvieron que habían asistido a las sesiones sólo como una "cortesía con la Junta Laboral". Se concentraron en solicitar pruebas de que el sindicato representaba a sus empleados. Los voceros del sindicato respondieron preguntando a quiénes representaba el comité de patrones y qué proponían hacer acerca de las demandas sindicales. La reunión terminó en un punto muerto. Entonces, el 7 de mayo los patrones remitieron una carta a la Junta Laboral enfocada en la cláusula sobre el reconocimiento sindical incluida entre las demandas del Local 574. La carta sostenía que "la demanda a favor de contratos de taller cerrado se rechaza aquí de forma definitiva".

El 11 de mayo la Alianza Ciudadana emitió un boletín especial a sus miembros, alertándolos sobre una inminente huelga de conductores de camiones destinada a atascar todo el transporte en la ciudad, incluidas las gasolineras. Informaron que en el Hotel West habían establecido un "Comité Asesor" para patrones. Instaron a los patrones a llamar a esas oficinas para obtener información así como para informar sobre cualquier acontecimiento del que supieran. "El tema principal en esta huelga sale ahora a la luz de forma clara y definitiva", se aseguraba en el boletín. "Los funcionarios del Local General de Choferes han planteado de manera franca en su prensa que su objetivo principal es la sindicalización de todos los conductores de camiones en Minnesota y el control sindical mediante talleres cerrados sobre todo el transporte primario".

Como en la situación del carbón, se subrayaba el reconocimiento sindical como tema clave, y una victoria del Local 574 era vital para todos los sindicatos en la ciudad si se había de aplastar el régimen del taller abierto de la Alianza Ciudadana. Sin embargo, cuando Hall informó a Tobin de los acontecimientos, se obtuvo una respuesta indiferente en el sentido que el sindicato debía proceder a negociar a través de la Junta Laboral. Debe añadirse que la práctica de Hall de retener un impuesto porcentual de las cuotas de los nuevos miembros no ayudaba a la situación, cuando Tobin sabía que el local estaba experimentando cierto crecimiento.

En todo caso, era claro que nos encaminábamos hacia lo que podría ser un problema serio con Tobin, quien básicamente se oponía a lo que estábamos haciendo. Al menos cuando irrumpiera tendríamos tropas aguerridas, capaces de hacerle frente. Mientras tanto se podían tomar medidas protectoras involucrando a la cúpula de la AFL en nuestra lucha. Esa última medida se logró haciendo que la Unión Central del Trabajo se pronunciara públicamente a favor de las demandas del Local 574. Esto implicaba que todos los funcionarios de la AFL estaban tomando cierta responsabilidad por la huelga pendiente y, por tanto, estaban obligados a apoyarla.

Los caducos mal dirigentes sindicales expresaron temor de que una huelga general en la industria del camionaje se viera amenazada por los desempleados, quienes ocuparían los empleos de los huelguistas. Sus dudas emanaban de la magnitud de la nómina de desempleados. Por aquella fecha había unos 30 mil desempleados en Miniápolis. Junto con sus familias constituían casi un tercio de la población de la ciudad. Estos miles de parias sociales, de una ciudad de menos de medio millón de personas, intentaban subsistir a partir de un miserable subsidio gubernamental. La imposibilidad de la situación los estaba volviendo furiosamente combativos. Su estado de ánimo se reflejó en una manifestación de protesta realizada el 6 de abril de 1934, contra el programa de "asistencia laboral" que se venía administrando sobre una base de pobreza. Más de 10 mil desempleados marcharon hasta la alcaldía en señal de protesta. Cuando llegaron, la policía los atacó con gases lacrimógenos y cachiporras, pero los manifestantes no se echaron atrás. En la batalla campal que siguió resultaron heridos siete trabajadores, y ocho policías.

Según lo percibió la Liga Comunista, a estos desempleados combativos se les podía convertir en aliados del sindicato, no vérseles como una amenaza. Con miras a lograr ese objetivo, se precisaba de algo más que retórica. Era necesario darles un papel directo en la huelga sindical y demostrar que la alianza no sería un asunto parcializado. Esto se logró mediante los miembros de la Liga Comunista quienes por un buen tiempo habían estado activos en el movimiento de los desempleados. Se corrió la voz de que la estrategia del Local 574 incluía la organización de una sección de desempleados del sindicato una vez éste se hubiera consolidado. Además, el sindicato elaboró arreglos preliminares para luchar a favor de la asistencia pública para los miembros necesitados, como una defensa a fin de evitar que mataran de hambre a los huelguistas. Eso permitió que el sindicato ejerciera un peso directo del lado de los desempleados y ayudó a consolidar la ansiada alianza. A los dirigentes de los desempleados se les consultó en la elaboración de los planes del sindicato para montar piquetes, medida con que se les aseguró que no se les trataría como familiares de provincia.

Ya que el mantenimiento de piquetes en una huelga de camiones extensa equivaldría prácticamente a montar una red sobre las calles de la ciudad, se podían presentar problemas con los agricultores los cuales había que considerar. Los camiones del agro llegaban a la ciudad transportando cosas como frutas y vegetales al mercado de legumbres, leche cruda a las cremerías, y reces a las plantas empacadoras de carne. En general, el sindicato no tenía razones para interferir con ellos. Pero al comienzo de un paro de camiones de gran envergadura, era muy probable que algunos agricultores enfrentarían dificultades que los podrían volver antagónicos. Se debía hallar la forma de resolver rápidamente cualquier problema que surgiera y para ello se necesitaba una consulta por adelantado con los agricultores.

Aquí, una vez más, la Liga Comunista logró establecer los vínculos necesarios. Tenía contactos dentro de la Asociación Holiday de Agricultores de Minnesota, una organización combativa que había actuado para impedir el remate de hipotecas de granjas, realizado huelgas lecheras en pos de mejores precios de las cremerías, y en general era hostil a los señores capitalistas radicados en la ciudad. Se establecieron relaciones de trabajo estrechas con John Bosch, presidente de la asociación, quien le aseguró al sindicato colaboración plena en la huelga que venía.

Otra de las medidas tomadas al prepararse para la huelga la inició Carl Skoglund, quien propuso al comité organizador que se formara una sección auxiliar femenina. El objetivo era involucrar a las esposas, novias, hermanas y madres de los miembros del sindicato. En vez de dejar que las dificultades económicas que enfrentarían en la huelga les corroyera la moral, señaló Skoglund, debía de involucrárseles en lo más reñido de la batalla, donde podrían aprender sobre el sindicalismo a través de su propia participación directa. Su plan fue aprobado por el comité, y a mí se me asignó la tarea de presentarlo en la asamblea general del sindicato. La propuesta se aprobó, aunque no con mucho entusiasmo. Luego, varios la emprendieron conmigo, especialmente los hombres que veían su actividad sindical como una vía para obtener ocasionalmente una noche libre, pero todo eso se acabó repentinamente cuando, después, entraron en acción las mujeres.

La fundación del proyecto auxiliar la emprendió Marvel Scholl, quien estaba casada conmigo, y Clara Dunne, esposa de Grant. Ellas comenzaron a hablar en reuniones de las distintas secciones del sindicato donde se estaban planteando reivindicaciones para los patrones. Al comienzo se las recibía con un aire de tolerancia amable. Luego algunos hombres comenzaron a hacer preguntas sobre el proyecto, queriendo averiguar qué era lo que las mujeres podrían hacer durante una huelga. Clara y Marvel explicaban que despachar en un almacén sindical, atender los teléfonos, ayudar en las estaciones de primeros auxilios, eran sólo algunas de las muchas cosas que las mujeres podían hallar que hacer durante la lucha. Después de un tiempo, los hombres comenzaron a hablar con sus mujeres al respecto, y para sorpresa de algunos, vieron que las mujeres estaban interesadas. Al poco tiempo, varias mujeres llamaron a Marvel y a Clara, pidiéndoles más detalles sobre la sección auxiliar propuesta. También ofrecían información sobre las habilidades particulares que tenían como cocineras, costureras, enfermeras o empleadas de oficina.

Preparativos de huelga

Este desarrollo coincidió con otros preparativos para la huelga. Se alquiló un enorme garaje en el 1900 de la Avenida Chicago para que sirviera como base de operaciones. Aparte de que podría servir para manejar las movilizaciones de piquetes, el edificio era lo suficientemente grande como para montar un almacén, las oficinas necesarias, así como un departamento de refacciones mecánicas. También alojaría el hospital de campaña que se estaba organizando con la ayuda del doctor H.P. McCrimmon, cuyos servicios los había adquirido el sindicato. Este paso en sí demostró que el sindicato estaba resuelto a luchar y que iba a cuidar de sus heridos. Se había alquilado un garaje porque sería una huelga móvil, que recurriría ampliamente al uso de los escuadrones de piquetes móviles que se habían desarrollado durante la huelga del carbón. En ese departamento se hicieron diagramas de la ciudad, se redactaron instrucciones para los piquetes y se seleccionó a los capitanes de piquetes. En general, el sindicato estaba bien preparado para entrar en acción.

El cuidadoso trabajo organizativo había tenido un efecto saludable en los trabajadores como se demostró cuando el sindicato convocó a una reunión en el Salón Eagles la noche del 15 de mayo de 1934. La asistencia de miembros fue masiva; estaban presentes muchas mujeres de la sección auxiliar; y en general reinó un estado de ánimo de combatividad y de seguridad. Aunque probablemente tenía tanto miedo como el que había tenido yo en el Teatro Shubert, Marvel Scholl se paró ante la reunión y prometió el apoyo de la sección auxiliar al Local 574. El comité negociador informó sobre la negativa insolente por parte de los patrones de negociar con el sindicato y Bill Brown dio un estupendo discurso que fue sirvió como clarín de batalla. Cuando se planteó una moción para salir en huelga, los miembros dieron su aprobación unánime con un voto de pie, no apegándose del todo a lo prescrito por Tobin. La reunión se trasladó entonces al 1900 de la Avenida Chicago donde hombres y mujeres se unieron para darle los toques finales a los preparativos de huelga.


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