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Extracto de nuevo libro sobre crisis 'de los missiles' de octubre de 1962

Quinto capítulo del libro de Pathfinder 'La rebelión de los camioneros'


UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
noviembre de 2002 Vol. 26 No. 10

Editorial Pathfinder

Tras ser derrotado en Playa Girón, Washington planeó invasión a Cuba
Nuevo libro sobre crisis 'de missiles' de octubre de 1962 vistas desde Cuba

Por Tomás Diez Acosta

En octubre de 1962, en lo que se conoce comúnmente como la Crisis de los missiles, Washington llevó al mundo al borde de una guerra nuclear. Publicado en el 40 aniversario de estos sucesos, el nuevo libro de Pathfinder titulado October 1962: The 'Missile' Crisis as Seen from Cuba (Octubre de 1962: La crisis 'de los missiles' vista desde Cuba) por el autor cubano Tomás Diez Acosta relata la historia de lo que realmente sucedió.

Después que los trabajadores y campesinos cubanos derrocaran en 1959 a una dictadura apoyada por Washington y dieran inicio a una profunda revolución, Washington desató acciones cada vez más agresivas para tratar de derrocar al nuevo poder revolucionario. En abril de 1961, las milicias y las fuerzas armadas revolucionarias de Cuba aplastaron una invasión mercenaria organizada por Washington en Playa Girón.

En la primavera y el verano de 1962, ante los crecientes preparativos de Washington para una masiva invasión a Cuba, el gobierno revolucionario firmó un pacto de defensa mutua con la Unión Soviética. En octubre el presidente norteamericano John F. Kennedy recibió un informe de que aviones espías estadounidenses habían descubierto missiles nucleares soviéticos desplegados en la isla. Usando esto como pretexto para impulsar el rumbo de su gobierno hacia un ataque armado, Kennedy exigió la retirada de los missiles. Washington impuso un bloqueo naval de Cuba, aceleró sus preparativos para una invasión, y puso a sus fuerzas armadas en estado de alerta nuclear.

Frente a la movilización de los trabajadores y campesinos cubanos en defensa de su soberanía nacional y sus conquistas revolucionarias, Washington se replegó de sus planes de invasión. Tras un intercambio de comunicaciones entre Washington y Moscú, el primer ministro soviético Nikita Jruschov, sin consultar a Cuba, anunció el 28 de octubre su decisión de retirar los missiles.

A continuación reproducimos un extracto del primer capítulo del libro de Diez Acosta, cuya edición en español, publicada por Editora Política en La Habana, se titula Octubre de 1962: A un paso del holocausto: Una mirada cubana a la crisis de los missiles. Detalla cómo Washington, después de su derrota en Playa Girón, aceleró sus pasos agresivos contra la Revolución Cubana, con intentos de asesinar a Fidel y a Raúl Castro y otros actos de terror contrarrevolucionario. Esto fue parte de la escalada de ataques que se encaminaban a una invasión norteamericana, sucesos que culminaron en octubre de 1962.

Copyright (c) 2002 por Tomás Diez Acosta. Publicado con autorización. Los subtítulos son de Perspectiva Mundial.

La derrota, en abril de 1961, de la invasión mercenaria por Playa Girón no solo constituyó un fracaso militar para Estados Unidos en su guerra encubierta contra Cuba, sino, además, fue un duro revés político para la nueva administración demócrata y, de manera particular, para el propio presidente John F. Kennedy, que tuvo que admitir públicamente su responsabilidad.

Este descalabro significó también el desmontaje de todo el andamiaje creado por la administración republicana de Eisenhower para derrocar a la Revolución. Por lo tanto, se comenzó a preparar un proyecto contra Cuba, acorde con las nuevas orientaciones de la política exterior y con los propósitos de la estrategia político-militar de la "respuesta flexible" que el gobierno demócrata se había propuesto para reforzar el papel de Estados Unidos como líder del mundo capitalista, en su enfrentamiento global con la Unión Soviética y el bloque de los países socialistas durante los años de la guerra fría.

A todo esto hay que agregar que el fiasco de Bahía de Cochinos se convirtió en una preocupación constante, casi una obsesión, para los hermanos Kennedy que aplicaron un principio rector que heredaron de su padre: "No te enfurezcas, desquítate". Por esa razón, cuando aún las fuerzas cubanas no habían capturado los últimos mercenarios, escondidos en los mangles, pantanos y marismas de la Ciénaga de Zapata, el Presidente de Estados Unidos dispuso la creación de una Fuerza de Tarea Interagencias del Consejo de Seguridad Nacional que tuvo la misión de recomendar la política a seguir de inmediato hacia Cuba. Al frente de este grupo estuvo inicialmente Paul H. Nitze, secretario asistente de Defensa para Asuntos de Seguridad Internacional, y lo integraron representantes de los departamentos de Estado, Defensa y Justicia, así como de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y de la Agencia de Información de Estados Unidos (USIA).

Simultáneamente, Kennedy solicitó al general Maxwell Taylor su concurso para presidir una comisión de trabajo, con la tarea de evaluar las fallas de la invasión y aportar nuevas ideas para la actuación política y militar norteamericana en situaciones similares a las de Cuba. De esta comisión formaron parte: el fiscal general, Robert Kennedy; el director de la CIA, Allan Dulles, y el jefe de operaciones navales, almirante Arleigh Burke.

El resultado del trabajo de ambos grupos marcó el inicio de una nueva escalada de agresiones contra Cuba, destinadas a crear una subversión generalizada en el país que diera como resultado el derrocamiento del Gobierno Revolucionario y, de ser necesaria, la intervención militar directa de Estados Unidos, suficientemente justificada, de acuerdo a los criterios de su modus operandi.

Desarticulan a contrarrevolucionarios

En los momentos en que había tenido lugar el desembarco por Bahía de Cochinos los órganos de la seguridad cubana, con el apoyo popular, habían detenido a cientos de personas sospechosas de estar vinculadas con la contrarrevolución, lo que impidió que los operativos creados por la CIA para esa situación pudieran actuar, desmantelándose así las acciones previstas de quinta columnistas. Las organizaciones contrarrevolucionarias quedaron virtualmente desarticuladas y la CIA perdió la comunicación con gran parte de sus agentes internos.

Los cabecillas de esos grupos, -dentro y fuera del país-, que se habían prestado como marionetas para encubrir la participación directa de Estados Unidos en los planes contra Cuba, se sintieron traicionados y en sus filas cundió la desmoralización. "[...] La oposición ha perdido algo de sus fuerzas más poderosas, su fraccionalismo es grande y la confianza en Estados Unidos se ha estremecido", se afirma en un documento preparado por la CIA, al valorar la situación existente.

A partir de estas realidades, la Agencia Central de Inteligencia elaboró, el 19 de mayo de 1961, un programa de acción contra Cuba que constituyó -según el vicedirector asistente de planes, Tracy C. Barnes-, un anexo encubierto del documento confeccionado el 4 de mayo por la Fuerza de Tarea Interagencias para el Consejo de Seguridad Nacional.

El nuevo programa de la CIA estaba dirigido, según los cálculos de sus autores, a "debilitar el régimen de Castro", lo cual no significaba que había renunciado a su propósito de derrocar a la Revolución. "[...]Este plan se debe ver solo" -indica el documento-, "como una contribución encubierta a todo un programa nacional diseñado para acelerar la desintegración moral y material del gobierno de Castro y apresurar el día en que la combinación de acciones y circunstancias hará posible su sustitución [...]".

El objetivo a lograr en ese período era la reorganización de las fuerzas internas en Cuba -redes de agentes y saboteadores, bandas armadas y otros- creando las condiciones para pasar a acciones decisivas. Por esa razón, el programa se limitaba a actuar sobre las llamadas "[...] vulnerabilidades económicas, políticas y psicológicas [...]" del país, para crear condiciones propicias para nuevos planes de mayor alcance. La Agencia consideraba que la situación interna no cambiaría en un plazo de seis meses.

La primera tarea de los funcionarios de la CIA, -quienes tenían a su cargo la dirección de las operaciones contra Cuba-, era reorganizar la actividad clandestina en el interior del país. Para ello buscaron datos más precisos acerca de la situación que presentaban los grupos contrarrevolucionarios y el estado de sus redes de agentes. A partir de esos conocimientos, los responsables del "Proyecto Cuba" en la Agencia pretendían reiniciar y, si era posible, incrementar las acciones subversivas.

Muchos de estos funcionarios querían desquitarse rápidamente de la derrota sufrida, mediante la ejecución de planes operativos que dieran resultados inmediatos, sobrepasando los límites de los objetivos del programa aprobado. Entre los fines que perseguían estaba demostrar al presidente Kennedy que los estimados elaborados por ellos respecto al apoyo interno que recibirían los invasores eran acertados y, al mismo tiempo, forzarlo a una acción militar directa contra Cuba. Así nació una de las más peligrosas operaciones organizadas por la CIA, denominada con el código Patty.

'Operación Patty'

Este proyecto contemplaba acciones en todo el territorio nacional con el objetivo de estimular un levantamiento generalizado. La fecha escogida para su inicio fue el 26 de julio de 1961, aprovechando los actos conmemorativos que se llevarían a cabo en el país, en especial en la capital y en Santiago de Cuba, donde se atentaría contra la vida de Fidel y Raúl Castro, respectivamente.

En la ciudad cabecera de la provincia de Oriente, el plan preveía la ocupación de una de las casas colindantes al estadio deportivo, situada lo más cerca posible a la tribuna donde hablaría el comandante Raúl Castro Ruz. Allí, se instalaría una ametralladora calibre 30 con la cual efectuarían el atentado; cuatro hombres armados con granadas cubrirían la retirada. En caso de fracasar esa acción, los conspiradores presumían que Raúl viajaría inmediatamente a La Habana para informar lo sucedido, por ello, prepararían una emboscada con seis individuos armados con subametralladoras en la carretera que conduce al aeropuerto.

El atentado a Raúl estaría sincronizado con un ataque de morteros a la refinería de petróleo santiaguera "Hermanos Díaz". A la par de esos acontecimientos, se había planificado una autoagresión a la Base Naval de Estados Unidos en Guantánamo. Para ejecutar esa acción situarían un grupo en la finca El Cuero -limítrofe con el enclave norteamericano- donde emplazarían siete morteros; seis de estos dispararían 30 proyectiles contra la base y el otro lo haría hacia un campamento militar cubano, ubicado en la cercanía. Esta acción provocaría el enfrentamiento entre ambas fuerzas al sentirse atacadas.

La CIA prepararía una versión de los acontecimientos, según la cual "los jefes militares cubanos, cegados por el atentado que le costara la vida a Raúl Castro, habían llegado al extremo de atacar la base naval". Esta sería la justificación que Estados Unidos buscaba para una agresión militar directa. Hay que tener presente que dentro de los planes de invasión por Bahía de Cochinos, la Agencia Central de Inteligencia preparó una autoprovocación similar con un grupo de mercenarios comandado por el traidor Higinio Díaz, quien no se atrevió a desembarcar.

Los autores de este plan propusieron también realizar un atentado contra la vida del primer ministro Fidel Castro Ruz en el acto que tendría lugar ese día en la Plaza de la Revolución, en La Habana. Para ejecutar la acción contaban con un mortero de 82 milímetros que esconderían en un área cercana a la tribuna, hacia donde dispararían, tratando también de liquidar a la mayor cantidad de los dirigentes allí reunidos.

Paralelamente, grupos armados en las provincias de Las Villas (hoy Villa Clara) y Camagüey ejecutarían atentados y ataques contra instalaciones públicas, volarían puentes y realizarían otras acciones similares. En esos planes se consideraba, además, la posibilidad de eliminar a dirigentes y funcionarios civiles y militares, de tal forma que, a las pocas horas del comienzo de la operación Patty, el caos reinara en la nación.

La CIA se mantenía informada de la marcha de los preparativos a través de sus agentes en Cuba. En los últimos días del mes de junio, la Agencia dio la aprobación a la operación e impartió indicaciones precisas a los complotados para el abastecimiento con armas y pertrechos militares a todos los grupos que operarían en el país.

Los órganos de la seguridad cubana conocían del desarrollo de esas actividades conspirativas mediante la penetración de sus agentes en las filas enemigas. A mediados del mes de julio, una vez que se tuvieron todos los hilos de la complicada madeja de la peligrosa operación, se decidió abortarla y proceder al arresto de los principales complotados.

Como resultado de ese operativo fue ocupada una gran cantidad de armas, explosivos y pertrechos de guerra. Un mes más tarde, el 12 de agosto de 1961, el gobierno cubano denunció públicamente la nueva conspiración.

A pesar del descalabro sufrido con la operación Patty, los oficiales de la CIA del proyecto cubano prepararon nuevas acciones subversivas. En los últimos días de julio de 1961, en el cuartel central de Langley, Virginia, se esbozaron dos nuevos proyectos: el primero era un programa encubierto contra Cuba y el segundo, un plan de acciones clandestinas internas. Ambos fueron objeto de discusión en la Fuerza de Tarea creada contra Cuba, presidida por Richard Goodwin, y en el Grupo Especial del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

El programa de acciones encubiertas, según el asistente especial del Presidente, Arthur Schlesinger, debía ser clave para la política general estadounidense hacia Cuba y lograr así un apoyo al más alto nivel y la aprobación de un presupuesto millonario. Las actividades incluidas en ese programa eran las siguientes: (a) inteligencia y contrainteligencia; (b) acción política; (c) propaganda y (d) actividades paramilitares.

El plan de acciones clandestinas no se diferenciaba en esencia del programa, pretendía reorientar el trabajo de la Agencia hacia un mayor control y dirección de las organizaciones contrarrevolucionarias dentro de la isla, para prestar más apoyo a aquellas que dieran muestra de mayores potencialidades para acometer operaciones clandestinas. En los primeros días del mes de agosto el presidente Kennedy las aprobó.


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