
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR noviembre de 2002 Vol. 26 No. 10
Colombia
Régimen arrecia contra derechos
Washington apoya medidas represivas de Uribe, aumenta su intervención
Por Róger Calero
Apenas unas semanas de asumir la presidencia de Colombia, el gobierno de
Álvaro Uribe firmó un decreto que le autoriza a las fuerzas armadas realizar
detenciones y registros sin orden judicial, y que amplía los poderes de espiar
e interceptar comunicaciones electrónicas. El mismo día, el 10 de septiembre,
Uribe también obtuvo nuevos poderes para crear "zonas especiales"
bajo control militar.
Estas y otras medidas, presentadas como estrategia para combatir a la
guerrilla, cuentan con el apoyo del gobierno estadounidense. Washington está
vertiendo fondos militares y equipos en el país, así como asesores militares,
bajo el llamado Plan Colombia, aprobado por el Congreso estadounidense en el
2000.
Sin embargo, la popularidad del nuevo presidente no está asegurada entre el
pueblo trabajador. El 16 de septiembre se realizó un paro nacional de 24 horas
en protesta a los efectos de la crisis económica y las medidas de austeridad
del gobierno.
El decreto del 10 de septiembre le permite al alto mando militar imponer
toques de queda en las nuevas zonas de "rehabilitación y
consolidación". También le permite a las autoridades locales incautar
viviendas y vehículos "para resolver una situación que pueda poner en
riesgo a una comunidad." Colombia se encuentra bajo un estado de emergencia
decretado cuatro días después que Uribe asumiera su cargo el 7 de agosto.
Para aumentar el financiamiento de las fuerza armadas, Uribe impuso un
impuesto de 1.2 por ciento a los que tengan efectivos de 60 mil dólares o más.
Los 800 millones de dólares que se recolectarían, dijo el ministro del
interior Fernando Londoño, serían destinados a entrenar y equipar a 40 mil
nuevas tropas para principios del año. Las fuerzas armadas cuentan con 200 mil
soldados.
El gobierno en Bogotá además dice que les dará armas a 15 mil campesinos
para que ayuden al ejército en la guerra civil en el campo.
Las autoridades están empezando a aplicar una propuesta de Uribe de reclutar
un millón de personas a una red de soplones. Su promesa de impulsar con
"puño de hierro" la "lucha contra el terrorismo" dominó su
campaña electoral.
Washington declara su apoyo
La embajadora estadounidense, Anne Patterson declaró la confianza de
Washington en el nuevo gobierno durante un foro en una universidad de Bogotá.
Afirmó que las nuevas medidas no pondrán en peligro los derechos humanos. Dos
días antes, Washington había autorizado 42 millones de dólares en ayuda
militar a Colombia. La ayuda se otorgó después que el Departamento de Estado
norteamericano "certificara" al ejército colombiano, librándolo de
acusaciones de una serie de violaciones de derechos humanos asociadas con las
fuerzas derechistas paramilitares que están vinculadas al régimen.
En los últimos dos años Washington ha utilizado la guerra civil y el
narcotráfico en Colombia como pretexto para un notable aumento en su
intervención militar en la región andina. Bajo los gobiernos de Uribe y de
Andrés Pastrana, Washington le ha entregado a Colombia 2 mil millones de
dólares en ayuda y entrenamiento militar. Colombia es el tercer país en cuanto
a ayuda militar estadounidense, después de Israel y Egipto.
A principios del año el Congreso estadounidense cambió su posición oficial
de exigir que el gobierno colombiano limitara el uso de los fondos
norteamericanos a "combatir el narcotráfico". Ahora le permite usar
helicópteros artillados y de transporte así como otros equipos bélicos
proporcionados por Washington en su lucha contra las fuerzas rebeldes de
oposición.
Uribe pidió más ayuda militar durante su visita a Washington a fines de
septiembre. También le pidió a la Casa Blanca que interviniera ante el Banco
Mundial y el Banco de Desarrollo Interamericano para obtener préstamos a fin de
paliar la crisis presupuestaria en Colombia.
La guerra civil en Colombia ha durado casi 40 años, costando cerca de 34 mil
muertes. Hasta ahora las fuerzas armadas y las unidades paramilitares
derechistas no han podido asestarle golpes mortales a las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC) o al Ejército de Liberación Nacional (ELN),
un grupo guerrillero más pequeño, a pesar de la brutalidad del régimen y el
generoso apoyo que recibe de Washington. Las FARC no han sido expulsadas de las
zonas que mantienen bajo su control.
En los últimos meses, Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), grupos
paramilitares financiados principalmente por ricos terratenientes, han ampliado
sus tácticas de terror, masacrando a miles de líderes campesinos,
sindicalistas y partidarios de las FARC.
El 24 de septiembre el Departamento de Justicia de Estados Unidos pidió la
extradición de tres dirigentes de las AUC, incluido su máximo jefe Carlos
Castaño, bajo cargos de narcotráfico. El ministro del interior colombiano
Londoño aseguró a funcionarios estadounidenses que se le daría prioridad.
Washington tiene una larga historia de usar los pedidos de extradición contra
ciudadanos de otros países como justificación para intervenciones militares,
como sucedió con la invasión de Panamá y el secuestro de Manuel Noriega en
1989 bajo cargos de narcotráfico.
Resistencia obrera
Algunos dirigentes sindicales y campesinos han denunciado los nuevos ataques
contra los derechos del pueblo trabajador. El vicepresidente de la Central
Unitaria de Trabajadores de Colombia, Miguel Caro, dijo que el decreto pretende
promover una "verdadera cacería de brujas".
Unos 700 mil trabajadores estatales, afiliados a las principales centrales
sindicales, realizaron una huelga de 24 horas contra las nuevas medidas de
austeridad del gobierno. La huelga afectó a la industria petrolera, el servicio
telefónico, las escuelas, los aeropuertos y los hospitales.
El gobierno desplegó tropas y la policía por todo el país para impedir que
decenas de miles de campesinos se unieran a las movilizaciones en las
principales ciudades durante el paro nacional.
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