
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR noviembre de 2002 Vol. 26 No. 10
Editorial
Tumbar al último imperio
La victoria de Cuba en Playa Girón [en abril de 1961] marca la primera
derrota del imperialismo estadounidense en América. No será la ultima. Esta se
dará aquí mismo.
-Jack Barnes, de Cuba y la revolución norteamericana que viene
Esta declaración plantea la perspectiva por la cual los trabajadores y
jóvenes socialistas hacen campaña hoy día.
A medida que Washington se encamina a una invasión de Iraq, su objetivo no
consiste simplemente en aplastar a Iraq e imponerle un protectorado, sino
controlar el petróleo y demás recursos del Medio Oriente y del mundo.
Esto no se debe a las "malas" intenciones de los actuales ocupantes
de la Casa Blanca o del Congreso. El problema es el propio sistema: el
imperialismo, que se basa en la explotación de los trabajadores y agricultores
y la subyugación de pueblos oprimidos a nivel mundial. Las familias
multimillonarias que gobiernan Estados Unidos y otras potencias imperialistas se
ven obligadas a conquistar más mercados, recursos y fuentes de mano de obra
barata en el mundo para la supervivencia de su sistema. Se enfrentan entre sí
en una creciente competencia por estas fuentes de riqueza. La guerra contra Iraq
es parte de una serie de guerras imperialistas que continuarán
desarrollándose.
Lo que alimenta esta campaña belicista es el declive a largo plazo del
sistema capitalista, que ahora se acelera, según se observa en el estallido de
la enorme burbuja especulativa de los años 90, el principio de una depresión
en Estados Unidos y el mundo, y el peligro de un masivo colapso financiero.
Las guerras en el exterior son una extensión de los ataques patronales
contra los salarios, logros sociales y derechos del pueblo trabajador en Estados
Unidos. Ejemplo de esto es la intervención de la Casa Blanca -usando el
argumento de "seguridad nacional" para imponer la ley antisindical
Taft-Hartley- en la lucha de los obreros portuarios de la Costa del Pacifico.
Pero los gobernantes norteamericanos también se preparan para la resistencia
obrera que sus ataques engendrarán. Por eso la administración Clinton creó -y
la administración Bush acaba de activar- el Comando Norte, destinado a realizar
operaciones militares dentro de Estados Unidos por primera vez en más de un
siglo. El objeto de su ataque es el pueblo trabajador en este país.
Toda derrota de los imperialistas refuerza al pueblo trabajador. Los
trabajadores comunistas no son ni "activistas antiguerra" ni
simplemente "internacionalistas", sino más bien internacionalistas
proletarios que están a favor de la derrota del imperialismo, incluso en su
guerra contra Iraq y los pueblos del Medio Oriente.
La marcha hacia la guerra y la depresión son síntomas de un sistema
imperialista que actúa por debilidad y no por fuerza. Este hecho es un factor
de mucho peso para los trabajadores que, al negarse a subordinar sus luchas a
las demandas patronales de sacrificarse por el "interés nacional",
representan el mayor obstáculo a las metas bélicas del imperialismo en otros
países.
Una revolución socialista en Estados Unidos no sólo es necesaria sino que
es inevitable, por el propio funcionamiento del sistema y las condiciones que
engendra. Lo que no es inevitable es su éxito. Eso dependerá de que el pueblo
trabajador haya forjado un movimiento capaz de dirigir a millones a tomar el
poder de manos de los gobernantes capitalistas. De eso se trata la campaña del
Partido Socialista de los Trabajadores: forjar un movimiento revolucionario que
tumbe al último imperio del mundo.
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