
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR octubre de 2002 Vol. 26 No. 09
Editorial
¡No al belicismo imperialista en el Medio oriente!
Los medios noticiosos capitalistas presentan la imagen de un
debate entre demócratas y republicanos sobre si el gobierno norteamericano
lanzará una guerra contra Irak. Pero el aparato bélico de Washington ya está
en marcha. Los recientes bombardeos contra Irak, y el enorme traslado de equipo
bélico al Golfo Pérsico-Arábigo, subrayan la envergadura de las medidas
guerreristas. Los gobernantes dan estos pasos a la vez que siguen haciendo
campaña a favor de una guerra contra Irak.
No hay divisiones fundamentales sobre esta cuestión en la
clase dominante norteamericana. El "debate" gira en torno a tácticas
sobre cómo librar la guerra. Cuando comience la invasión, todos los políticos
burgueses respaldarán a "nuestro comandante en jefe".
Una de las críticas liberales de la administración Bush es
que persigue una guerra "preventiva". Pero todas las guerras
imperialistas han sido "preventivas", no defensivas. Washington se va
a la guerra por el carácter expansionista del imperialismo y su necesidad de
conquistar mercados y elevar sus tasas de ganancia.
El objetivo de Washington no es un "cambio de
régimen" en Irak. Se dirige a un sangriento ataque contra el pueblo de
Irak: una invasión seguida de una ocupación militar. No se trata de Irak, ni
mucho menos del 11 de septiembre. Si bien los primeros objetivos han sido
Afganistán y ahora Irak, lo que se perfila es una serie de guerras
imperialistas. Una invasión de Irak, el segundo país en reservas de petróleo,
es un paso importante hacia su meta de tomar más control del Medio Oriente y
sus recursos.
La lógica de la campaña bélica de Washington es una nueva
redivisión de la región para poner gran parte de las fuentes de petróleo y
gas bajo su control directo, incluso en Arabia Saudita.
Los gobernantes de Estados Unidos no lograron atizar un
fervor patriotero en el aniversario del 11 de septiembre. Apenas están en las
primeras etapas y aún no han desatado la fiebre de guerra. Aún se expresa
mucho sentimiento pacifista entre la población del país. La idea que dicho
sentimiento "antiguerra" va a "frenar la guerra antes de que
comience" es una ilusión liberal.
Los gobernantes imperialistas se ven impulsados hacia guerras
de conquista en un mundo donde se ha desbaratado el equilibrio del sistema
capitalista establecido tras la Segunda Guerra Mundial. El reventar de la enorme
burbuja especulativa y el inicio de una depresión son muestras de ese
desequilibrio.
Este debilitamiento de su sistema también impulsa a los
gobernantes multimillonarios a librar una ofensiva contra los salarios,
condiciones de trabajo y beneficios sociales del pueblo trabajador en Estados
Unidos. Anticipando resistencia obrera más amplia, buscan restringir los
derechos de los trabajadores con detenciones secretas, más deportaciones, el
mayor uso del FBI y el despliegue de soldados sobre suelo estadounidense.
Cuando los gobernantes yanquis usaron los atentados del 11 de
septiembre para acelerar su campaña bélica y su ataque a los derechos obreros,
los trabajadores y jóvenes socialistas salieron a las calles para explicar su
oposición al imperialismo y sus guerras. Integraron más profundamente sus
actividades a las luchas de los trabajadores. Salieron a vender libros que
presentan la perspectiva de forjar un movimiento revolucionario que conduzca a
los trabajadores y agricultores a arrebatarles el poder a los guerreristas y
establecer un gobierno del pueblo trabajador. Y es lo que siguen haciendo hoy.
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