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Obreros toman fábrica de ropa

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UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
septiembre de 2002 Vol. 26 No. 08

Argentina

Obreros toman fábrica de ropa en su lucha por empleos

Por Romina Green y Martín Koppel

BUENOS AIRES-- "Es bueno saber que en Estados Unidos hay otra gente como nosotras que lucha", dijo Liliana Torale con una sonrisa.

Torale, una de los 50 obreros que desde diciembre han ocupado la fábrica del vestido Brukman en esta ciudad, conversaba con dos trabajadores socialistas de Estados Unidos. Ella y otras compañeras de trabajo contaron la historia de su lucha. También les preguntaron a los visitantes sobre las luchas del pueblo trabajador en Estados Unidos.

Los trabajadores de Brukman ocuparon la fábrica para defender sus empleos y exigir el pago de salarios atrasados. Plantean que, dado que los patrones se declaran en quiebra, el gobierno debe nacionalizar la fábrica y garantizar los empleos y la producción. Mientras tanto, los propios trabajadores administran la planta, continúan la producción de trajes para hombre y los venden a los clientes de los dueños.

La lucha en Brukman se da en momentos cuando la depresión económica en Argentina arrasa con el nivel de vida de los trabajadores y pequeños agricultores. En los últimos meses, los patrones han tratado de reducir sus pérdidas con despidos masivos y cierres de fábricas. Sólo en mayo y junio, 140 trabajadores fueron cesanteados. El nivel oficial de desempleo ha subido al 22 por ciento, y otro 25 por ciento de la fuerza laboral está subempleado. A pesar de la endeble respuesta de la cúpula sindical, la cual apoya al gobierno peronista de Eduardo Duhalde, muchos trabajadores han librado luchas para resistir los despidos y demás ataques a su nivel de vida.

Una de las banderas que cuelgan al frente de la fábrica de seis pisos afirma, "Trabajo para todos: ni un desocupado más". Otras rezan, "Trabajadores de Brukman en lucha por estatización bajo el control obrero" y "Produce y vende".

En la tarde del 18 de julio, la fábrica era una colmena de actividad. Un grupo de obreras hacía guardia en la entrada. Delegaciones de visitantes entraban y salían. Entre los que traían solidaridad figuraban delegaciones de una organización de desocupados y de la fábrica de cerámica Zanón en Neuquén. Algunos clientes llegaban para comprar ropa. Miembros de una asamblea popular se reunían en uno de los pisos de la fábrica.

Torale, quien comenzó trabajando en limpieza hace siete años y ahora trabaja tanto como corredora, vendiendo los productos, como produciendo en el taller de costura. Ella les dio a los corresponsales de Perspectiva Mundial una gira de la fábrica, que incluye departamentos donde se corta, plancha y cose la ropa. La gran mayoría de los obreros son mujeres, entre las edades de 40 y 65 años. Muchos son inmigrantes de Paraguay, Perú, Bolivia y Chile. Los nacidos en Argentina son mayormente oriundos de las deprimidas provincias norteñas tales como Formosa, Misiones y Jujuy.

Los obreros explicaron cómo los patrones habían desatado una creciente ofensiva, sobre todo desde 1998. Recortaron salarios reduciendo los pagos por pieza; intensificaron la producción; y aumentaron el hostigamiento y los abusos por parte de los supervisores. Discriminaban contra los obreros nacidos en otros países, rehusando reconocer a su delegado electo, quien es boliviano.

Nilda Bustamante, una obrera de Jujuy que lleva nueve años en la fábrica, trabaja de pantalonera. En ese departamento, 27 obreros producían 400 pares de pantalones por día. Incluyendo las horas extras, ganaban entre 400 y 500 pesos cada dos semanas (actualmente 3.5 pesos equivale a un dólar). En los últimos años el patrón se quejaba de problemas económicos y comenzó a atrasar el pago de sus salarios.

La noche del 17 de diciembre fue la gota de agua que rebalsó el vaso. Nuevamente los obreros no recibieron los cheques prometidos. "Uno de los patrones se burló de nosotras", dijo Bustamante. "Nos dijo, 'No hay plata. ¿Qué quieren que hagamos: que retiremos dinero de afuera para pagarles?' Me acuerdo y me da rabia". Unas 20 obreras, furiosas, decidieron quedarse en la fábrica esa noche. Al día siguiente, cuando llegaron sus compañeros de trabajo, decidieron tomar la fábrica. En los meses anteriores muchos de ellos habían debatido si tomar ese tipo de acción.

La ocupación coincidió con el colapso económico de Argentina y las enormes manifestaciones que obligaron al presidente Fernando de la Rúa a renunciar.

Las primeras semanas fueron las más duras. Los altos funcionarios del Sindicato de Obreros de la Industria del Vestido y Afines, afiliado a la Confederación General del Trabajo, rehusó apoyar su lucha y les dijo que pusieran fin a la ocupación. Los trabajadores de Brukman al principio no sabían adónde dirigirse para buscar apoyo. Sin embargo, 50 de los 115 trabajadores decidieron continuar la lucha. Comenzaron a recibir ayuda de otros trabajadores en esa zona industrial. Los vecinos les traían comida. Los obreros empezaron a salir a la calle en busca de solidaridad.

"Al principio, a nuestros familiares no les gustaba lo que hacíamos", dijo Bustamante. "Mi mamá, que vive en Jujuy, me llamaba y me decía, 'Que no te metan presa'. Mi esposo no quería saber nada de esto. Ahora sí mi esposo y mis dos hijos me apoyan".

Los patrones, quienes al principio pensaron que los obreros jamás se atreverían a tomar la fábrica, o que no durarían más de unas pocas semanas, se preocuparon más y más. Llamaron a la policía para desalojar a los obreros. En las horas tempranas del 16 de marzo, decenas de policías irrumpieron en la fábrica. Atacaron físicamente a por lo menos una obrera. Los obreros llamaron a sus partidarios en el barrio. Comenzaron a llegar otros trabajadores y vecinos de la asamblea popular. Esa tarde, un juez intervino y ordenó a la policía que desistiera.

'No es tan difícil ser patrón'

"Hemos aprendido mucho en los últimos meses", dijo Torale. "Los patrones siempre se quejaban de que es tan difícil ser patrón. Pero una vez que tomamos la fábrica, resultó que no es tan difícil ser patrón". Ella agregó que "realmente no es necesaria toda esa gente con corbatas, a los cuales les pagaban mucho más que a nosotras".

Los trabajadores comenzaron a revisar algunos de los libros de contabilidad de la compañía y descubrieron que los patrones no habían estado cumpliendo con su obligación financiera hacia la obra social, sino que estaban quedándose con estos fondos.

Torale explicó que los obreros no sólo han logrado continuar la producción sino que han recuperado la mayoría de los antiguos clientes del patrón. Están orgullosos de las altas normas de calidad que han podido mantener gracias a sus esfuerzos colectivos.

Los obreros de Brukman organizan su propio control de calidad, eligen sus jefes de sección y hacen valer su propia disciplina laboral. Se espera que todos lleguen al trabajo puntualmente y avisen si tienen que salir temprano. Los obreros realizan asambleas semanalmente.

Su lucha se ha vuelto un polo de atracción para otros trabajadores en Argentina. "Todos los días nos visitan de otros centros de trabajo", dijo Torale. "Hasta hemos recibido visitas de otros países, como Brasil".

Para ganar apoyo más amplio, los obreros de Brukman editan el periódico Nuestra lucha en colaboración con los trabajadores de Zanón, quienes libran una lucha parecida que también está a la vanguardia de la resistencia obrera actual en Argentina.

Los obreros describieron a sus visitantes de Estados Unidos cómo la situación económica de Argentina se ha ido de mal en peor durante los últimos meses. Desde que el gobierno devaluó la moneda nacional, el peso ha perdido el 70 por ciento de su valor en relación al dólar norteamericano. Los precios del pan y de la leche han aumentado al doble. La carne, antes un alimento básico en esta nación productora de carne, es un lujo para los trabajadores. "Ahora comemos menos", dijo Torale.

Los trabajadores explicaron cómo los inversionistas extranjeros están desangrando a Argentina. Aludiendo a la deuda externa de 140 mil millones de dólares, Torale dijo, "La deuda externa la llamamos la deuda eterna. No hay manera de pagarla. Estados Unidos dicta todo; sólo falta que vengan a plantar la bandera americana". Ella rechazó la solución del gobierno, que consiste en más préstamos. "Si el FMI [Fondo Monetario Internacional] nos da más préstamos, quedaremos más endeudados".

Torale agregó que han aprendido acerca de otros que resisten problemas parecidos. "Aquí tenemos a los piqueteros, a los chicos de la facultad que no pueden estudiar, los jubilados: todos estamos por igual".

Interés en condiciones en EE.UU.

Tras relatar su lucha, un grupo de seis obreras que estaban de guardia a la entrada de la fábrica les preguntaron a los dos trabajadores socialistas de Estados Unidos acerca de la situación en ese país. Se sorprendieron al enterarse de los efectos de la ofensiva patronal en Estados Unidos para reducir salarios, prolongar la jornada laboral, socavar las condiciones de trabajo y recortar el seguro médico y demás beneficios sociales. Se asombraron especialmente por el deterioro de las condiciones que enfrentan los trabajadores del vestido como ellas, al escuchar los ejemplos que daba Romina Green, una obrera de la costura en Nueva York. "Y algunas de nosotras hasta estábamos pensando en la idea de mudarnos a Estados Unidos; ahora no estoy muy segura", dijo una obrera, entre las risas de las demás.

A las obreras les encantó enterarse de las enormes ratas inflables que acompañan a los obreros de la construcción en Nueva York quienes luchan por sindicalizar las obras de construcción en la ciudad. Cuando les mostramos El rostro cambiante de la política en Estados Unidos y Cuba y la revolución norteamericana que viene, dos libros de Jack Barnes, se interesaron mucho en los pliegos de fotos que ilustran las luchas de trabajadores y agricultores en Estados Unidos. Un artículo de Perspectiva Mundial que les llamó la atención relataba la lucha en la fábrica de costura Forever 21 en Los Angeles, donde los obreros despedidos reclaman salarios atrasados.


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