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UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
septiembre de 2002 Vol. 26 No. 08

Medio Oriente

EE.UU. prepara guerra contra Iraq
Tel Aviv, Washington allanan camino para guerra de dos frentes en la región

Por Patrick O'Neill y Jack Willey

Washington está preparando una nueva guerra destinada a derrocar al gobierno de Iraq, capturar el control de importantes reservas de petróleo en el Medio Oriente y reforzar su dominio en esa región. Al mismo tiempo, el gobierno israelí está allanando el camino para lanzar un nuevo ataque en gran escala contra el pueblo palestino en los territorios ocupados de la Margen Occidental y la Franja de Gaza, aprovechando la invasión norteamericana que se aproxima.

La administración de Bush, con apoyo bipartidista en el Congreso, ha justificado su campaña guerrerista proclamando a Iraq, Irán y Corea del norte como un "eje del mal" y como blancos legítimos de ataques militares "preventivos" por parte de Washington. Los tres países tienen la capacidad técnica de construir misiles de largo alcance y rudimentarias armas nucleares o biológicas, y sus gobiernos están en conflicto con Washington; por lo tanto, son obstáculos para los designios del imperialismo norteamericano. El argumento en torno al "eje del mal" demuestra que el gobierno norteamericano ya ha agotado el uso de los atentados del 11 de septiembre como principal justificación para su campaña guerrerista.

Planes para masiva invasión

Para lograr su objetivo contra Iraq, Washington proyecta un masivo ataque por tierra, aire y mar, con una campaña intensa de bombardeos y la movilización de hasta 250 mil tropas, según han dicho funcionarios norteamericanos. Mientras tanto, el gobierno norteamericano está acumulando sus fuerzas militares en la región. Uno de los planes de invasión "filtrados" a la prensa es el plan "entra y sale", que desplazaría a tropas y masivos bombardeos para conquistar a Bagdad cuadra por cuadra, y que significaría elevadas bajas civiles.

A pesar de las críticas que han expresado algunos políticos burgueses sobre la "eficacia" de los planes de invasión a Iraq, los demócratas y republicanos en el Congreso aceptan la posición de la Casa Blanca de que Washington tiene derecho de lanzar un ataque "preventivo" contra ese país.

El objetivo de Washington es de derrocar al gobierno de Iraq e imponer un protectorado, es decir, un gobierno sumiso proyanqui, como el que ha impuesto Afganistán. Al conquistar a Iraq, el gobierno norteamericano pretende reforzar su dominación de las reservas de petróleo en Kuwait --las segundas del mundo-- y advertirle al régimen de Arabia Saudita --principal productor mundial de petróleo-- que sus días están contados si no hace lo que le exige el imperialismo. Dicho ataque también busca reforzar la posición de Washington en el Medio Oriente frente a los gobiernos de Francia, Alemania, Japón y otros rivales imperialistas.

A principios de julio, la Rand Corporation, un grupo de ex altos funcionarios del gobierno, entregó un informe al Pentágono alegando que "Arabia Saudita apoya a nuestros enemigos y ataca a nuestros aliados". Recomendó que Washington le advierta al rey saudita que, si no desiste de su supuesto apoyo a grupos "terroristas", las fuerzas militares norteamericanas atacarán ese país y ocuparán sus campos petrolíferos y activos financieros.

El gobierno saudita --nervioso por la oposición entre el pueblo trabajador en ese país a una agresión norteamericana contra Iraq y al apoyo de Washington al régimen israelí -- ha dicho que no permitirá que las fuerzas estadounidenses usen territorio saudita para lanzar un ataque a Bagdad.

Ofensiva contra los palestinos

El régimen israelí está preparándose para una eventual intervención norteamericana contra Iraq. Durante la guerra dirigida por Washington contra Iraq en 1990-91, el gobierno norteamericano obligó al gobierno en Tel Aviv a mantenerse al margen. Rehusó darle a la fuerza aérea israelí los códigos de "amigo o enemigo" que necesitaría para pilotear aviones militares en el campo de batalla de Iraq. Y obligó a los gobernantes israelíes a que aceptaran bombardeos casi diarios por los misiles scud de Iraq sin que lanzara represalias aéreas directas.

El nuevo enfrentamiento presenta un cuadro diferente. No hay motivos para pensar que Washington se opondrá a una respuesta militar de Israel si éste se ve amenazado por Iraq. La guerra norteamericana le dará al estado israelí la oportunidad de intensificar su ofensiva contra los palestinos, y hasta de perseguir su objetivo histórico de desplazarlos a Jordania. Ante la lucha del pueblo palestino por su autodeterminación nacional, el primer ministro Ariel Sharon ha repetido muchas veces el clásico argumento sionista de que "ya existe una patria palestina: se llama Jordania".

En esta guerra de dos frentes que se vislumbra, una victoria para el imperialismo norteamericano y sus socios menores en Tel Aviv crearía un nuevo eje de poder en el Medio Oriente. El pueblo trabajador en la región enfrentaría las tenazas de un protectorado norteamericano en Bagdad y el estado-cuartel de Israel.

El 12 de agosto, Sharon declaró, según el resumen del diario Jerusalem Post, "Iraq ahora representa el mayor peligro al país.... La coordinación con Estados Unidos ya ha alcanzado su más alto nivel, y el gobierno no debería expresar oposición a un ataque". Según el columnista Robert Novak del Sun-Times de Chicago, Sharon dijo, en una audiencia a puertas cerradas del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, que "una acción militar norteamericana conra Iraq, en vez de exacerbar el problema palestino, pondría fin a ese problema".

El debate en Israel sobre la expulsión de la población palestina de los territorios ocupados ha crecido ante la incapacidad de las fuerzas armadas israelíes de aplastar la resistencia palestina en la Margen Occidental y Gaza.

Habiendo desplazado a la Autoridad Palestina y establecido el control militar de los territorios ocupados, el régimen de Tel Aviv ahora enfrenta una situación desastrosa. En ciudades como Naplusa en la Margen Occidental, la infraestructura --la electricidad, el alcantarillado, la recolección de basura y otros servicios-- está tan dañada por la ofensiva militar israelí que se han creado condiciones gravemente insalubres. La solución de Sharon consiste en "pedir una gran cantidad de ayuda material para mantener vivos a los palestinos mientras los tanques [israelíes] permanecen en sus ciudades", afirmó el Economist.

Uno de los problemas que enfrenta Tel Aviv es que los patrones israelíes dependen de la mano de obra superexplotada de cientos de miles de trabajadores palestinos.


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