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Prefacio a 'Historia del trotskismo americano' en español

Tercer capítulo de 'La rebelión de los camioneros'

Libro de Cannon 'abrirá nuevos horizontes'

EDITORIAL

Liberen a 5 revolucionarios cubanos presos en EE.UU.


UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
julio-agosto de 2002 Vol. 26 No. 07

Editorial Pathfinder

Tercer capítulo del libro de Pathfinder 'La rebelión de los camioneros'

Por Farrell Dobbs

[A continuación publicamos el tercer capítulo de La rebelión de los camioneros, traducción de Teamster Rebellion, por Farrell Dobbs. Perspectiva Mundial está publicando este libro de Pathfinder por entregas.]

[Este libro es el primero de cuatro tomos que Dobbs escribió sobre las huelgas y campañas de sindicalización, así como las luchas políticas, que transformaron al sindicato de camioneros Teamsters en Minnesota y gran parte del movimiento obrero del Medio Oeste de Estados Unidos en un pujante movimiento social. Dobbs fue protagonista y dirigente de estas batallas, y luego dirigente del Partido Socialista de los Trabajadores por muchos años.]

[Los subtítulos son de Perspectiva Mundial. Copyright ©2002 por Pathfinder. Se publica con autorización.]

El Local General 574 de Conductores, mediante el cual la Liga Comunista lanzó su campaña sindical, llevaba la impronta del sindicalismo pro patronal. Este tipo de concepción se lo había impuesto a la Federación Americana del Trabajo (AFL) Samuel Gompers, su dirigente fundador. Al morir Gompers en 1924, lo reemplazó como presidente de la AFL William Green, quien continuó la política del fundador. El sindicalismo pro patronal tenía por fin captar la aprobación de los círculos gobernantes al practicar la colaboración de clases. Con ese propósito, los funcionarios de la AFL se esforzaban por comportarse como "estadistas del trabajo".

Visión estrecha de la AFL

Dando la espalda a la gran mayoría de los trabajadores de la nación, quienes debían valerse por sí mismos, los magnates de la AFL se concentraban en organizar gremios --estrechos y privilegiados--, de oficios. Estos gremios se basaban en diversas capas de trabajadores calificados. Por ser el sector mejor remunerado de la clase trabajadora, su perspectiva era más susceptible a deformarse acorde con las concepciones del sindicalismo pro patronal. En pos de su objetivo creaban pequeños trusts de empleos, a través de convenios closed-shop con la patronal, según los cuales la empresa sólo contrataba a miembros de un gremio de oficios determinado. A los funcionarios arribistas de la AFL se les enseñaba a atribuir a dichos convenios santidad total. Se imponía un control estricto sobre las huelgas y era común que un gremio sirviera de rompehuelgas contra otro gremio.

La dirección de la AFL se convirtió en una burocracia satisfecha de sí misma, que gozaba de elevados salarios y de jugosas cuentas de gastos. Habitando su propio mundo acomodado, los burócratas mantenían una perspectiva desapasionada del movimiento sindical. A menudo tomaban el bando de los patrones contra los trabajadores. Actuaban sin demora para imponer medidas disciplinarias a los disidentes en los sindicatos. Por su desconfianza y temor de los trabajadores, pretendían reglamentar a las filas usando métodos dictatoriales. Al hacerlo, amañaron la estructura y los procedimientos sindicales a fin de perpetuarse a sí mismos en sus cargos. Con esta orientación, firmemente de cara al pasado, los funcionarios de la AFL presidieron un declive constante de las filas sindicales a nivel nacional a medida que cobraba ímpetu la crisis social de la década de 1930.

Condiciones en Minneapolis en 1933

En 1933, Minneapolis sólo contaba con un pequeño movimiento de la AFL que luchaba por sobrevivir. Estaba compuesto de sindicatos en la construcción, la impresión, los ferrocarriles, los servicios, el camionaje y uno que otro oficio más. En la mayoría de los casos, el nivel organizativo era mínimo. Los sindicatos locales de la AFL estaban afiliados a organismos centrales organizados por oficios y generalmente denominados "sindicatos internacionales". Este término no significaba para nada que tuvieran una perspectiva obrera internacionalista. Sencillamente significaba que estos organismos contaban con unos cuantos locales afiliados en Canadá.

En el caso de los sindicatos de choferes en Minneapolis, la organización matriz se conocía en 1933 como la Hermandad Internacional de Camioneros, Choferes, Mozos de Cuadra y Ayudantes (International Brotherhood of Teamsters, Chauffeurs, Stablemen and Helpers). En aquella época, la IBT contaba con unos 80 mil miembros a nivel nacional. Daniel J. Tobin había sido presidente general de la organización desde 1907. El representaba la pura esencia del sindicalismo pro patronal. En el boletín Teamster Journal se jactó de que los miembros de la IBT no eran "la basura que ha ingresado a otras organizaciones". Añadió que el sindicato no quería que se uniera gente, "si van a salir en huelga mañana".

Estructura de gremio de oficios

Aparte de los conductores de coche y los mozos de cuadra, quienes para entonces ya eran más bien cosa del pasado, las filas de la IBT se limitaban mayormente a los camioneros, ayudantes y a los trabajadores de las plataformas de carga. Aparte de la ya estrecha estructura general basada en los oficios, había subdivisiones por oficio aún más estrechas dentro de la organización. Los miembros estaban divididos en sindicatos locales separados más o menos según las distintas mercancías con que trabajaban. A su vez, cada sindicato local celosamente protegía su jurisdicción sobre el suboficio en el cual se basaba. Al dividir de esta forma a nivel organizativo a los trabajadores, Tobin podía manejar el sindicato con mano de hierro. Con ese propósito, mantenía también una plantilla de organizadores generales que le rendían cuentas directamente a él. Su tarea principal consistía en hacer cumplir las órdenes de Tobin y mantenerlo al tanto de cualquier señal de disidencia en la organización. El propio Tobin se mantenía apartado de las filas. Dictaba la ley a través del Teamster Journal y a los infractores los convocaba a sus oficinas en Indianapolis, Indiana, para reprenderles.

En las ciudades donde la IBT contaba con unos pocos sindicatos locales, generalmente se formaba un Consejo Unido de los Teamsters. Estaba integrado por miembros de las juntas ejecutivas de los distintos sindicatos locales, lo que lo hacía acogedor para los participantes. El funcionario que era criticado por los trabajadores en un sindicato local, podía contar con la comprensión y el apoyo del consejo. Como regla general, de estos delegados se escogía un organizador para administrar los asuntos del consejo. El consejo gozaba de una libertad considerable para supervisar los locales de la IBT dentro de la ciudad, siempre y cuando siguiera la política oficial de la IBT y llevara a cabo todas las órdenes específicas de Tobin.

En Minneapolis se había formado un Consejo Unido de los Teamsters. Este incorporaba a distintos locales de distribuidores de hielo, de choferes que distribuían leche, vendedores de té y café, choferes de camiones municipales y choferes en general. También había un sindicato local de taxistas cuyo puñado de miembros conducían sus propios taxis particulares. El total combinado de los miembros de estos locales sumaban menos de mil en 1933. Y los Teamsters no habían ganado una sola huelga en los últimos 20 años.

El Local 574 de los Teamsters

El Local 574 se constituyó como local "general" allá por 1915. Si bien dicha denominación significaba que el 574 podía aceptar miembros que no estaban incluidos en la jurisdicción de otro local de la IBT, la idea no era que se convirtiera en un sindicato que abarcara a todo tipo de camioneros. Si llegaba a haber un número suficiente de miembros de un oficio determinado en el Local 574, debían reorganizarse en un local propio. No obstante, esa dificultad no había surgido en la práctica porque el Local 574 no prosperaba. Apenas contaba con 75 miembros antes del otoño de 1933. Los miembros habían elegido a siete funcionarios que constituían la junta ejecutiva del local. Entre éstos estaban el presidente, el vicepresidente y un secretario, quien redactaba las actas de las asambleas. Además estaba el secretario-tesorero, quien debía encargarse de los archivos financieros, ocuparse de la correspondencia y de los asuntos generales del sindicato. Se había elegido a tres síndicos para la auditoría de las cuentas financieras.

Salvo el presidente, William S. Brown, quien trabajaba a tiempo completo como organizador del Consejo Unido de los Teamsters, todos los funcionarios del Local 574 trabajaban en la industria. Por eso se había contratado a Cliff Hall para que trabajara sólo parte de la jornada como agente negociador y atendiera las cuestiones del local. Hall era un lechero "prestado" por su organización. El aceptó el cargo como un paso hacia la realización de su ambición personal: convertirse en un burócrata sindical. El local gozaba de cuatro o cinco convenios de closed-shop con compañías pequeñas, los cuales se habían obtenido a cambio de la promesa de que el sindicato patrocinara a tales firmas. La promesa se cumplía al poner los nombres de estas firmas en una lista de patrones "justos", la cual se fijaba en la sede de la Unión Central del Trabajo de la AFL. Si surgían dificultades con una de estas empresas, amenazaban con retirarla de la lista, dándose a entender de que se perjudicaría su negocio.

El plan no funcionaba muy bien, según explicó Cliff Hall en una carta que mandó a Tobin con fecha del 22 de abril de 1930. "Hace unas dos semanas", escribió Hall, "me llamaron a las oficinas de una compañía de transbordo, y él me dijo que...una empresa no sindicalizada fue a una de sus estaciones más importantes y redujo a casi la mitad el flete de sus productos, y he aquí el resultado: lo primero que me dice es que les pregunte a los empleados si están dispuestos a aceptar una reducción salarial de un dólar por semana.... Corren rumores de que una de las otras empresas de transbordo va a hacer lo mismo, a menos que tomemos medidas para detener la propuesta.... El 21 de abril...los miembros del local convocaron a una asamblea para las dos empresas de transbordo que están involucradas en esta propuesta. Podría decir que hubo un buen número de comentarios en el sentido de que...sólo había una forma de sindicalizar la ciudad de Minneapolis, que sería presentando un convenio a las compañías que actualmente favorecen el Sindicato y, si dichas compañías no quieren firmar este convenio, el sentir de la organización es que el Local General 574 de Conductores considerará seriamente la idea de salir en huelga".

Hall adjuntó una propuesta de acuerdo salarial pidiendo a Tobin que la aprobara, y afirmando que se había "leído en la organización local, en tres ocasiones [según lo estipulado por los reglamentos de la IBT--FD], y había sido aprobada en cada ocasión. También había sido aprobada por el Consejo Unido Número 32 de los Teamsters".

Política colaboracionista de la cúpula

Al aprobar la solicitud, Tobin le escribió a Hall al día siguiente. "Tú, claro está, comprendes que la aprobación de un acuerdo salarial no equivale a aprobar una huelga, y antes de permitir que tus hombres se involucren en algo que semeje un paro laboral, será necesario que te comuniques con esta oficina para explicar en qué consiste el desacuerdo entre tu local y los empleadores, el número de hombres que van a estar envueltos y toda la demás información en torno a la situación, de tal forma que yo, a la vez, pueda presentarla a la Junta Ejecutiva General para que la pueda considerar y aprobar. Confío en que no vas a tener que meterte en líos de ningún tipo y que me comunicarás que se ha llegado a un acuerdo satisfactorio". Este intercambio de cartas ayuda a explicar de forma elocuentemente por qué el sindicato era tan impotente.

El local también se encontraba en una situación paupérrima. Su posesión más importante era una pequeña caja fuerte de hierro que, según uno de los funcionarios, había que vigilar "porque ahí se guardan nuestros libros de contabilidad". Se mantenían dos juegos de libros, uno para mostrárselo al auditor que Tobin mandaba de un lugar a otro, y el otro para un uso más refinado. De vez en cuando, el local realizaba una campaña de sindicalización que captaba unos cuantos miembros más, quienes por lo general no duraban mucho. En estos casos, al principio sólo se dejaba constancia informal del pago de las cuotas de inscripción y de las cuotas mensuales. Así el local podía eludir el tener que pagar a Tobin un impuesto per cápita por los nuevos miembros si éstos dejaban el sindicato al poco tiempo. A veces Tobin se quejaba de que el local no enviaba informes adecuados de su padrón de miembros de modo que el sindicato Internacional supiera cuánto le tocaba de impuestos. Sin embargo, sus quejas no alteraron los métodos empleados por el local, ya que era una forma de echar un poquito más a la caja fuerte.

El ambiente que se vivía en el local lo ilustra muy bien una anécdota que relató Bill Brown. En una ocasión, el secretario-tesorero, quien contaba con muy poca educación formal, estaba leyendo un informe financiero a la asamblea general. Cada vez que llegaba a un punto clasificado como misceláneo, lo pronunciaba "miss-muláneo". Al final, uno de los miembros, que estaba un poco tomado, interrumpió exclamando: "¿Quién es esa condenada señorita en la que estás gastando todo nuestro dinero?" Balbuceando airadamente, el secretario-tesorero tiró sus libros por el aire y se fue indignado de la reunión.

Posibilidades para una campaña sindical

A fin de cuentas, en el Local 574 no se contaba con mucho más que un registro oficial de la IBT con el cual lanzar una campaña de sindicalización. No obstante, esto de por sí era de suma importancia. Los trabajadores recién sindicalizados tienden a orientarse hacia el movimiento sindical oficial, independientemente de la situación en que éste se encuentre en esos momentos. En Minneapolis, la AFL era la organización sindical predominante y el Local 574 estaba afiliado a ella. Cualquier intento de soslayar a la AFL y establecer un sindicato independiente habría sido contraproducente. La cúpula de la AFL automáticamente se opondría a tal intento, tomando contramedidas a fin de atraer a los trabajadores a las estructuras sindicales existentes. El resultado sería la confusión y división, beneficiando únicamente a los patrones.

Sin embargo, al darle cierto giro a la jurisdicción "general", se podría sacar cierta ventaja del carácter del registro del que gozaba el Local 574. Una exitosa campaña de sindicalización podría inundar el local con nuevos miembros de todas partes de la industria. Antes de que Tobin tuviera tiempo de tasajearlos en suboficios, se podría desarrollar una situación que estuviera más allá de su control. La industria camionera disponía de tal potencial intrínseco ya que era de importancia estratégica para todo el complejo económico de una ciudad comercial como Minneapolis. Este factor convertía a los camioneros en el grupo más poderoso de trabajadores en la ciudad. Además, su fuerza se realzaba más aún por el hecho de que resultaba difícil usar rompehuelgas, ya que los camiones tenían que operar en las calles.

Pare emprender la marchar ante esta situación prometedora, hacían falta dos pasos: primero, había que inducir al Local 574 a que aceptara nuevos miembros más allá del círculo de su trust de empleos; luego se podía lanzar una campaña para sindicalizar a la masa de trabajadores no sindicalizados que trabajaban en esta industria y desatar una lucha por el reconocimiento del sindicato.

Concepción de la Liga Comunista

Los dirigentes de la Liga Comunista en Minneapolis abordaron estas tareas con una concepción muy estudiada de la dinámica de la lucha de clases, basada en un análisis de la relación entre los aspectos positivos y negativos de la situación. Los trabajadores se estaban radicalizando bajo el azote de la depresión económica. Para movilizarlos hacia la acción era necesario partir de su nivel existente de conciencia. En el transcurso de la batalla, se podría convencer a una mayoría de que la política sindical de la Liga Comunista era correcta. Llegarían a comprender que la maldirección de la AFL era la responsable del hecho de que ningún sindicato en la ciudad había ganado una sola huelga en la última década. Para que quedara bien claro, era imprescindible demostrar en el primer enfrentamiento con los patrones que se podía ganar una huelga.

La infusión al sindicato de dirigentes que políticamente contaran con conciencia de clase, por medio de los cuadros de la Liga Comunista era clave para todo esto. Claro está, ellos no podían asumir de inmediato la dirección del sindicato. Su papel como dirigentes tendría que desarrollarse y ser constatado en el transcurso de las próximas luchas contras los patrones. Para facilitar ese objetivo, hacía falta que todos los militantes del partido en la ciudad comprendieran y apoyaran la campaña proyectada por los Teamsters. Con tal propósito, la rama del partido debatió a fondo toda la concepción y se llegó a un firme acuerdo sobre los pasos a dar. También era necesario decidir de antemano quién hablaría en público en nombre del partido y dirigiría a los militantes afiliados al sindicato durante la campaña.

En su memorándum mencionado anteriormente [ver el número de junio de PM], Ray Dunne explicó cómo eso se dilucidó: "Skogie propuso que yo, en vez de él, aceptara el papel de vocero público del partido y dirigente de la fracción del partido. La motivación de la propuesta de Carl era la siguiente: ambos sabíamos --y es lo que él arguyó-- que era un asunto delicado. Si lográbamos una victoria, los patrones sacarían a relucir el hecho de que él no era ciudadano. Si él era un vocero público del sindicato, eso podría presentar riesgos adicionales.... Yo era ciudadano, nacido en este país. Además, era bien conocido entre un gran sector de los posibles afiliados. En 1928 yo había sido candidato del Partido Comunista a senador de Estados Unidos, y por lo tanto era ampliamente conocido en varios sectores importantes del estado.... Llegamos a un acuerdo, tras discutir y considerar largamente el ambiente político a nivel local y del estado".

También debe destacarse el hecho positivo de que Ray y Carl siempre obraban como equipo. A ninguno de ellos se le ocurriría pavonearse como si fuera la estrella individual o la fuente de la sabiduría. Ambos eran revolucionarios cabales, hombres de la organización, que sabían enseñar a dirigentes jóvenes con sus principios y su ejemplo.

Se forja equipo de dirección

Bajo su orientación, gradualmente se forjó un equipo de dirección cada vez más amplio. En la primera etapa de la campaña de los Teamsters, se reforzó el equipo con Grant y Miles Dunne, militantes del partido que trabajaban en las empresas del carbón al igual que Ray y Carl. Se destacaban en un papel secundario otros dos miembros del partido que militaban en los sindicatos: Oscar Coover (padre), un electricista calificado que trabajaba en la industria de la construcción; y C.R. Hedlund, maquinista del ferrocarril Northwestern. Pronto se sumarían al equipo trabajadores jóvenes y combativos, quienes comenzaron a desarrollarse como dirigentes durante la lucha en la industria del carbón.

La campaña se inició en esta industria por razones específicas: ahí trabajaban militantes de la Liga Comunista; las empresas del carbón eran el lugar estratégico para lanzar la campaña debido a que durante el invierno Minnesota se mantiene bajo cero. Si se lograba paralizar estas empresas con una huelga, los patrones no podrían prolongar el conflicto con la esperanza de hacer que los huelguistas se rindieran por hambre. Esto quedaba más o menos descartado por el hecho de que la gente necesitaría suministros de carbón durante el frío invernal. Este factor lo acentuaba el hecho que, dadas las condiciones de depresión económica en esa época, mucha gente sólo podía comprar una pequeña cantidad de combustible a la vez. Por lo tanto, existía la posibilidad de que con una huelga oportuna y correctamente dirigida se podría lograr en un plazo relativamente corto un acuerdo a favor del sindicato, aun si fuera sólo una victoria parcial.

Se vislumbra guerra de clases

Esto se tendría que lograr, claro está, ante la resistencia tenaz de los patrones. De tener éxito este esfuerzo, quedaría preparado el camino para poder sindicalizar el resto de la industria del camionaje. En el transcurso de este proceso, se podría superar la parálisis que aquejaba al conjunto de los sindicatos de la AFL y se podría sindicalizar toda la ciudad.

Para lograr estos objetivos haría falta una guerra de clases; el desenlace dependería de la capacidad de la Liga Comunista para desempeñar un papel clave al orientar e inspirar a todo el movimiento. Además, el hecho de que en la AFL de Minnesota aún se sentían los efectos de una época previa de influencia izquierdista se podía contar como factor favorable. En Minneapolis había muchos sindicalistas que mantenían el recuerdo del sindicalismo radical del pasado. Algunos de ellos se consideraban socialistas en un sentido amplio. Otros de ellos preservaban una chispa de combatividad que se remontaba a sus días de militantes del IWW. Una vez que se desatara una auténtica lucha huelguística en la ciudad, se podía anticipar que muchos de ellos acudirían en apoyo de la causa, como veteranos de guerra que responden al sonido del clarín.

El avance de la lucha requería que se superaran los obstáculos burocráticos en la Unión Central del Trabajo y en el Consejo Unido de los Teamsters. En el Local 574, el problema yacía con Cliff Hall, quien colaboraba estrechamente con los demás burócratas que ocupaban la cúpula de los sindicatos de la ciudad. Estos personajes de alguna manera habían logrado ocupar sus puestos durante años sin ganar una sola huelga. Preciándose a sí mismos, achacaban esa deficiencia a los trabajadores. Por estar tan imbuidos de la colaboración con los patrones "justos", se podía anticipar que se mostrarían hostiles ante la acción huelguística planeada. No obstante, quedaba descartado un ataque frontal contra los burócratas. Hacerlo daría la impresión errónea de que el objetivo central de la campaña era la conquista de puestos sindicales. Como eso podría obstaculizar la campaña de sindicalización, era necesario desarrollar una táctica de flanqueo.

Contradicciones de la burocracia

La clave de esa táctica yacía en una de las contradicciones que enfrentaban los burócratas sindicales. En su perspectiva fundamental, se orientaban hacia la colaboración con los capitalistas, pero de nada le servían a la clase gobernante a menos que contaran con una base desde donde pudieran obrar en el seno de los sindicatos. Para mantener esta base, tenían que materializar ciertos logros para los trabajadores. Sin embargo, en la campaña que estaba por iniciarse, tendrían que encarar responsabilidades de dirección que no podrían cumplir. Por consiguiente, la táctica más indicada consistía en que los trabajadores dirigieran su fuego directamente contra los patrones y de esta manera pescar a los burócratas en el medio. Si no respondían de forma positiva, quedarían desprestigiados.

Partido de Agricultores y Trabajadores

Otro factor a considerarse era el Partido de los Agricultores y Trabajadores [Farmer-Labor Party, FLP] de Minnesota. Basado en una alianza de sindicatos y organizaciones de agricultores, este partido se había fundado después de la Primer Guerra Mundial. Al cobrar ímpetu, atrajo también a unos cuantos simpatizantes entre la clase media urbana. Gracias en gran parte al papel de los sindicalistas de izquierda, la fundación de este movimiento político independiente significó la ruptura con los previos intentos en la región de acaparar un partido burgués. Si bien el FLP postulaba candidatos contra los demócratas y republicanos, su programa se limitaba fundamentalmente a demandas para reformar el sistema capitalista. A raíz de esto, entre los partidarios a nivel de filas del partido se desarrollaban pautas confusas de conciencia política de clase. Sobre el plano organizativo, estas fuerzas se aglutinaban en una federación de clubes locales, los cuales existían en los distritos municipales y en las comunidades rurales. Además, los sindicatos representaban un componente importante de la federación.

Desde un principio, los candidatos del Partido de los Agricultores y Trabajadores para cargos públicos tendieron a asumir control del partido. Su objetivo principal era salir electos, por lo que jugaban con los principios para alcanzar esa meta. El partido obtuvo su primer triunfo importante en 1922 al salir electos un senador y un par de congresistas. Luego, en 1930 conquistó el puesto de gobernador del estado, siendo así el único partido de esta índole que haya ganado un puesto de tanto poder en este país. En 1933, el gobernador por el FLP comenzó su segundo mandato. En la legislatura estatal el FLP formó un bloque con políticos capitalistas liberales para controlar la cámara baja, pero el senado siguió siendo predominantemente conservador.

Cabe destacar de paso, que el Partido Comunista había sido un factor para el surgimiento del Partido de los Agricultores y Trabajadores. Más tarde, en 1928, el PC decidió postular su propio candidato contra el candidato del FLP para el Senado norteamericano. Ray Dunne, quien por años había sido secretario del FLP en el Club del Distrito 12 en Minneapolis, fue escogido por el PC como su candidato. Esto provocó su expus slsión del FLP; poco después lo echaron del Partido Comunista, acusándosele de "trotskismo".

Doble carácter del FLP

Por el hecho de basarse en los trabajadores y agricultores, el FLP manifestaba una doble naturaleza. En contraste con las maniobras políticas inescrupulosas de sus candidatos en la esfera electoral, el partido era también un movimiento de masas, cuyos miembros participaban en luchas de agricultores y en actividades sindicales. Por un lado, esto significaba que sus representantes en cargos públicos tenían que mostrarse favorables hacia los sindicatos cuando éstos estaban en conflictos con los patrones. Ya que muchos trabajadores no sindicalizados apoyaban el partido en las elecciones, estos funcionarios públicos también tenían que pronunciarse a favor de la sindicalización de estos trabajadores como un derecho y una necesidad.

Floyd B. Olson era el candidato del FLP que había sido electo como gobernador del estado en 1930 y reelegido en 1932. Olson, un abogado que contaba con cierta experiencia sindical previa, antes había sido procurador del Condado de Hennepin, donde se sitúa Minneapolis. Olson se consideraba más importante que el movimiento al que representaba. Esto lo llevó a actuar con cierto grado de libertad en el campo político, pactando componendas interesadas con políticos de los partidos capitalistas.

Con respecto a los objetivos de la Liga Comunista, el hecho que Olson ocupaba la silla de gobernador era bueno y malo a la vez. La ventaja era que el gobernador, quien había basado su carrera política en el FLP, no podía darse el lujo de actuar abiertamente como rompehuelgas. En cambio, tendría que brindar cierto apoyo abierto a una campaña de sindicalización. La desventaja era que, ante un enfrentamiento con los patrones, Olson y los burócratas sindicales intentarían tomar control de la dirección de las fuerzas sindicales.

Esto representaba un verdadero peligro porque el gobernador era una persona persuasiva, que obraba de forma inteligente. Gozaba de respeto entre las filas sindicales y ningún funcionario sindical se había atrevido jamás a contradecirlo. Para los dirigentes de la Liga Comunista esto significaba que toda discusión acerca de huelgas de otros sindicatos en solidaridad con una huelga del Local 574 tendría que tratarse con mucho cuidado. De lo contrario, se podría dar pie para que Olson interviniera, tomando control por medio de los funcionarios de otros sindicatos. Por tanto era necesario fortalecer al Local 574 a fin de que, aun en las condiciones más duras, pudiera oponer por cuenta propia una fuerte resistencia a la clase enemiga.

Prepotencia de asociación patronal

Al hacer frente a los patrones, el Local 574 tendría que enfrentar a la Alianza Ciudadana (Citizens Alliance). Esta era una organización patronal que se inspiraba en la derrota de una huelga de los tranvías en 1918, para la cual se usó guardias locales en los tiempos de la guerra. La dominaban los capitalistas más ricos y poderosos de la ciudad. Cuando se trataba de relaciones laborales, éstos dominaban completamente a los pequeños empresarios, unos 800 de los cuales pertenecían a la organización. La Alianza Ciudadana no toleraba que nadie abandonara su política, y tomaba represalias contra cualquier patrón que violara su código laboral. Mantenía una oficina con personal a tiempo completo, tenía soplones en los sindicatos, recibía la plena colaboración de la alcaldía, y la policía estaba a su disposición. La clase enemiga estaban muy bien organizada para romper huelgas y se mostraba sumamente arrogante.

En general, la campaña sindical que se proyectaba representaba una gran empresa con muchos escollos y peligros. Sin embargo, existían razones bien fundadas para acometerla. Había también buenos motivos para comenzar con una nota de optimismo. En los depósitos de carbón, donde habrían de darse los primeros pasos, para echar a andar el proyecto se podía contar con la ayuda de trabajadores que habían tenido experiencias en el movimiento de izquierda.


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