
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR julio-agosto de 2002 Vol. 26 No. 07
Estados Unidos
Raíces de la crisis en la iglesia católica
Doctrinas chocan con avances en lucha por igualdad de derechos de la mujer
Por Greg McCartan
La crisis que estremece a la iglesia católica, lejos de ser un "escándalo sexual" según lo presentan los medios de difusión capitalistas, tiene profundas raíces sociales, particularmente en relación a los avances logrados por la lucha por la liberación de la mujer.
Desde hace varias décadas, al mantener su doctrina oficial de que la mujer es inferior al hombre, la iglesia se ha puesto más y más en contradicción con los criterios y las actitudes de un creciente número de mujeres y de trabajadores, no sólo en Estados Unidos sino en otros países tales como Irlanda e Italia.
Desde la Segunda Guerra Mundial, a medida que las mujeres se integraron masivamente a la fuerza laboral en Estados Unidos y se abrieron paso en trabajos "no tradicionales", la batalla por la igualdad de la mujer logró victorias importantes, incluida la despenalización del aborto, codificada en una decisión de la Corte Suprema en 1973. El derecho de la mujer de controlar su propio cuerpo, incluido el derecho a los anticonceptivos y el acceso al aborto, ha sido uno de los aspectos fundamentales de la lucha contra su condición de segunda clase y contra la discriminación sistemática que enfrenta como sexo.
Una reciente encuesta de la agencia Gallup sobre los cambios de actitud entre los hombres y las mujeres católicos indica que, entre 1987 y 1993, siguió decayendo el apoyo a las enseñanzas de la iglesia contra el uso de los anticonceptivos y el derecho al aborto. En 1987, más del 60 por ciento de los católicos pensaban que se podía ser "buenos católico" aun sin obedecer las doctrinas sobre el control de la natalidad. Para 1993, la cifra había subido al 70 por ciento. Hoy apenas el 7 por ciento de las mujeres y el 14 por ciento de los hombres opinan que los jerarcas la iglesia deben tener la última palabra sobre el uso del control de la natalidad.
Criterios sobre derecho al aborto
Las mismas tendencias se manifiestan respecto al derecho de la mujer al aborto. En 1987, dos tercios de las mujeres y la mitad de los hombres sondeados opinaban que los "buenos católicos" deben obedecer la prohibición eclesiástica contra el aborto. Una década más tarde, a pesar de la intensa campaña bipartidista de la clase gobernante para socavar el derecho de la mujer al aborto, menos de la mitad de los hombres y mujeres opinaban que era esencial seguir este dictamen de Roma. Y para 1999 la cifra había bajado al 22 por ciento de los hombres y al 18 por ciento de las mujeres.
En un editorial a fines de 1996, el periódico liberal National Catholic Reporter describió el fracaso de la "Campaña Católica por América", apoyada por los cardenales John O'Connor y James Hickey, para oponerse a la reelección del presidente William Clinton movilizando las fuerzas opuestas al derecho al aborto. Señalando que la gran mayoría de los católicos desoyeron esta campaña, el editorial comenta que se trataba del "último capítulo de una lección, que lleva ya 23 años, de cómo la política de la dirigencia católica no ha logrado más que neutralizar y marginar la presencia católica en la sociedad estadounidense".
Este mismo debate abierto y furioso que se refleja en artículos del Reporter se presenta de varia maneras.
'Nos robaron la dignidad'
En el 2000, la hermana Elizabeth Johnson, antigua presidenta de la Sociedad Teológica Católica, dijo ante una reunión de 3 700 personas en Milwaukee que "a las mujeres nos han robado sistemáticamente la plena dignidad como amigas de Dios y profetas" debido a "teorías como la de[l santo católico] Agustín quien declaró que el hombre por sí solo es reflejo de Dios, pero que la mujer es reflejo de Dios únicamente cuando está junto al hombre, el cual es su jefe. O de filosofías tales como la de [Santo Tomás de] Aquino, quien declaraba que las mujeres son hombres deformados con la mente débil y la voluntad defectuosa".
Otro ejemplo de cómo la posición de la jerarquía católica está a contrapelo de los avances de la lucha por los derechos de la mujer se evidenció en los debates recientes sobre las investigaciones del uso de las células madre embrionarias. La Conferencia Nacional de Obispos apoyó una prohibición total "a las investigaciones que destruyen embriones", afirmando falsamente que el embrión es una persona, el mismo argumento que usan para oponerse al derecho de la mujer al aborto.
Un columnista del Wall Street Journal comentó que en julio de 2001 el presidente George Bush "se enredó al maniobrar políticamente con el tema de las investigaciones sobre las células madre embrionarias" porque la Casa Blanca "confunde la jerarquía católica con las filas de los votantes católicos. Ya no existe en Estados Unidos una categoría definida de votantes católico cuando se trata de cuestiones como las investigaciones sobre las células madre y el aborto. El punto de vista del católico no es muy diferente del no católico."
Matrimonio y familia
La doctrina de la iglesia católica sobre el matrimonio, su oposición al divorcio y sus posiciones sobre la familia se encuentran más y más en contradicción con la realidad de la vida del pueblo trabajador en Estados Unidos y otros países.
Durante el último medio siglo se ha producido un cambio histórico en la estructura de la familia. Hoy día el porcentaje de niños nacidos de madres no casadas asciende al 31 por ciento en Estados Unidos. La proporción de los hogares encabezados por un matrimonio ha bajado: del 80 por ciento en 1990 a poco más del 50 por ciento en la actualidad. Y desde 1960 ha crecido rápidamente la tasa de divorcios.
Entre 1950 y 1998 el porcentaje de las mujeres en edad de trabajo que ocupan empleos fuera del hogar aumentó a casi el doble: del 33.9 por ciento al 59.8 por ciento. En la segunda mitad del siglo 20 creció notablemente el número de mujeres que se incorporaron a la producción industrial, sobre todo las mujeres que se abrieron paso en empleos de los cuales tradicionalmente se habían visto excluidas. Las mujeres que crían niños son la mayor proporción de este aumento a partir de 1994. La proporción de trabajadoras que tienen niños menores de un año subió del 49.5 por ciento en 1990 al 55 por ciento en 1996.
Vidas burguesas
La columnista conservadora Peggy Noonan escribió en el Wall Street Journal que la jerarquía de la iglesia usó su poder y su dinero para encubrir casos de abuso sexual por parte de curas y actuó por encima de la ley. "La iglesia por mucho tiempo ha intentado callar los casos de abuso por los curas, pagando sobornos --que hasta la fecha se calcula en mil millón de dólares-- a familias que deben firmar acuerdos de mantener el asunto confidencial".
Otro problema que enfrenta la jerarquía de la iglesia, al ir creciendo la brecha entre su postura y las verdaderas opiniones, prácticas y dudas de los "creyentes" es el de la riquezas acumulada por la iglesia y el estilo de vida de los obispos, arzobispos y cardenales, por no mencionar al Papa y su séquito.
En vísperas de la cumbre entre el Papa y los cardenales norteamericanos, Noonan escribió que el Papa debe saber "que muchos de los cardenales con los cuales hablará se han distanciado de la vida que sufre el pueblo común", un hecho que no es novedoso. "Los príncipes de la iglesia viven como príncipes del mundo", escribió. "Viven en grandiosas mansiones en el centro de grandes ciudades, cenan con senadores y directores de periódicos.... Están rodeados de empleados que les sirven, les hacen de chofer y acuden a sus llamados". En breve, viven una vida de burgueses.
Protege grandes propiedades
Ante el número creciente de demandas judiciales, la iglesia ha tomados medidas para proteger sus grandes propiedades contra demandantes que buscan indemnización por las acciones de los funcionarios de la iglesia. Un artículo reciente en el Wall Street Journal se titulaba: "Iglesia asediada busca proteger grandes propiedades de bienes raíces". En Rhode Island, donde hay 38 casos de abuso sexual pendientes en la corte estatal, la diócesis de Providence ha declarado que su Mansión Aldrich y el terreno contiguo de 85 acres son propiedad de una corporación sin fines de lucro creada hace más de 100 años. La corporación de la iglesia tiene bienes raíces por un valor calculado en más de 44 millones de dólares.
El cardenal Bernard Law de Boston se vio presionado a vender el terreno de 15 acres de la diócesis, incluida su residencia, para cubrir los crecientes gastos judiciales. El desprestigio de Law, anteriormente uno de los dirigentes de la iglesia en Estados Unidos y estridente opositor del derecho de la mujer al aborto, refleja las raíces sociales de esta crisis.
Críticas derechistas
Algunos derechistas están usando la crisis para impulsar la "guerra cultural" y propugnar el regreso a la "moral católica tradicional".
En una columna titulada "Anticatolicismo en el New York Times", el ultraderechista Patrick Buchanan criticó un artículo escrito por Bill Keller, a quien denominó "apóstata católico" por decir que la iglesia tenía dificultad en "reconciliarse con un movimiento que apoya la igualdad de la mujer, el aborto, las relaciones sexuales fuera del matrimonio y los derechos de los homosexuales". La iglesia está en crisis, replicó Buchanan, "no porque no adaptó sus enseñanzas y prácticas a la revolución sexual, sino porque trató de ser fiel a sus enseñanzas y a la misma vez llevar el paso de una época inmoral, lo cual es una imposibilidad. Para que la iglesia recupere su autoridad, tiene que volver sobre sus pasos, aunque signifique abandonar a almas perdidas como Bill Keller que aúllan en el desierto".
Aunque ya hace mucho que la iglesia y su jerarquía han dejado de ser una fuerza social independiente, sigue siendo una institución burguesa de la cual depende la clase gobernante multimillonaria para perpetuar su poder estatal y sus justificaciones para la continuación del orden capitalista.
En un editorial los directores del Wall Street Journal, al tiempo que reconocieron algunas las fallas en la iglesia, defendió la institución. "Cuando observamos la extensa gama de la vida moderna norteamericana, consideramos la institución de la iglesia católica como una de nuestras grandes ventajas. El actual escándalo habrá cumplido un fin si obliga a algunos obispos a tomar en serio las acusaciones contra los curas que se portan mal. Pero no vamos a unirnos a aquellos cuyo verdadero objetivo es dejar la iglesia aplastada y humillada".
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