Perspectiva Mundial
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El Militant, un semanario socialista en inglés

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Detienen a ciudadanos de EE.UU. sin cargos

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Cuba: Defenderemos nuestra revolución

Paraguay: denuncian secuestros políticos

Introducción a "Su Trotsky y el nuestro"

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Carpinteros en Florida apoyan lucha por derechos de inmigrantes

Raíces de la crisis de la iglesia católica

Defienden a inmigrante etíope en Pittsburgh abusado por policía bajo cargo de 'terorismo'

Choferes de NY en huelga por plan médico

Huelguistas en la Hershey Foods frenan alza de pagos por seguro mÚdico

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Editorial: Detrás del conflicto India-Pakistán

HAITI

Realizan foro de jóvenes socialistas

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Por qué la independencia es necesaria

PERU

Perú: se movilizan miles de trabajadores, frenan venta de empresas eléctricas

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Mitin en Montreal celebra edición en francés de 'La historia del trotskismo americano'

EDITORIAL PATHFINDER

Prefacio a 'Historia del trotskismo americano' en español

Tercer capítulo de 'La rebelión de los camioneros'

Libro de Cannon 'abrirá nuevos horizontes'

EDITORIAL

Liberen a 5 revolucionarios cubanos presos en EE.UU.


UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
julio-agosto de 2002 Vol. 26 No. 07

Editorial Pathfinder

'Su Trotsky y el nuestro'
Introducción a nuevo libro de Pathfinder sobre la continuidad comunista

Por Jack Barnes

A continuación publicamos la introducción al nuevo libro de Pathfinder Su Trotsky y el nuestro por Jack Barnes. El autor es el secretario nacional del Partido Socialista de los Trabajadores. Copyright ©2002 por Pathfinder. Se reproduce con autorización.

Hasta la fecha guardo un recuerdo vivo de estar mirando a las mil personas congregadas en el auditorio del Instituto Tecnológico de Illinois en Chicago, en la víspera de Año Nuevo de 1982-83. Era la segunda noche de una conferencia educativa socialista realizada conjuntamente con el vigésimo segundo congreso nacional de la Alianza de la Juventud Socialista. La charla que se me había pedido presentar la había titulado "Su Trotsky y el nuestro", pero la reunión de esa noche no era acerca de León Trotsky. Era acerca de los miembros del Partido Socialista de los Trabajadores, jóvenes socialistas, compañeros de trabajo y partidarios del partido: acerca de lo que habían logrado, lo que habían llegado a ser, en medio de trascendentales sucesos mundiales a los que habían respondido durante el lustro anterior. Era acerca de la revolución norteamericana que viene.

Unos cuatro años antes, a comienzos de 1978, el Partido Socialista de los Trabajadores había realizado un viraje político para situar a la mayoría de nuestros cuadros y dirigentes dentro de la clase obrera industrial y los sindicatos industriales. Estábamos deshaciéndonos de formas residuales de lo que Farrell Dobbs llamaba la "existencia semisectaria" que se nos había impuesto desde el repliegue de la clase trabajadora al final de la década de 1940 y la expansión del capital financiero en la posguerra. Habíamos empezado a reconstruir unidades organizadas de miembros del partido en los sindicatos industriales: fracciones sindicales a nivel nacional. La labor política comunista en el movimiento obrero la estaban llevado a cabo mujeres y hombres que en su mayoría habían sido reclutados al partido revolucionario en las dos décadas anteriores como jóvenes socialistas que participaban activamente en las luchas por los derechos de los negros y los chicanos, en el movimiento contra la guerra de Vietnam, en la defensa y difusión de las ideas de Malcolm X, en las luchas por la liberación de la mujer y en la defensa de la Revolución Cubana. Ante todo, estaban resueltos a emular la intransigencia y el esprit de corps de los que hicieron la Revolución Cubana. Estas eran las personas que conformaban la gran mayoría de los presentes en el auditorio. Disfrutaban de la política proletaria; anticipaban con gusto enfrascarse en combate de clases.

El PST y la AJS en esos momentos se dedicaban de lleno a difundir la verdad sobre las revoluciones populares que avanzaban en Granada y Nicaragua, y a defender los gobiernos de trabajadores y agricultores en esos países ante el sabotaje económico, los operativos de la CIA y las agresiones militares perpetrados por Washington. Menos de tres años antes, en 1979, estos regímenes habían llegado al poder mediante luchas revolucionarias y con esas victorias se habían transformado las posibilidades de extender la revolución socialista en las Américas, iniciada dos décadas atrás con el triunfo en Cuba. La lucha de liberación en El Salvador había recibido un impulso poderoso con la victoria nicaragüense. Al otro lado del mundo, el "Trono del Pavo Real" del sha de Irán --el bastión más fuerte del imperialismo norteamericano en el Golfo Arábigo-Pérsico-- también había sido derrocado por una insurrección popular de masas a comienzos de 1979. La histórica victoria del pueblo vietnamita contra la guerra asesina de Washington seguía siendo parte de nuestra experiencia común, y nuestra lucha para que Washington sacara a sus tropas seguía fresca en nuestra mente. Las fuerzas libertadoras en Africa austral, con la ayuda de un poderoso contingente de voluntarios de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, realizaban nuevos avances.

Los trabajadores socialistas en Estados Unidos participábamos de lleno en las luchas del pueblo trabajador contra las demandas de concesiones por parte de los patrones. Estábamos haciendo campaña dentro y fuera de los sindicatos, y entre trabajadores, agricultores y jóvenes, a fin de promover la solidaridad con el pueblo trabajador y con sus batallas revolucionarias en Centroamérica y el Caribe, y estábamos llevando a compañeros de trabajo a esos países para que vieran con sus propios ojos. El Militant y Perspectiva Mundial se habían convertido en las fuentes más fiables de información exacta sobre estas revoluciones, y el partido estaba haciendo esfuerzos especiales para vender estos periódicos en el trabajo y a las entradas de fábricas y minas. La editorial Pathfinder Press estaba expandiendo la publicación de escritos y discursos de Fidel Castro y Ernesto Che Guevara, así como las palabras de los dirigentes del gobierno de trabajadores y agricultores en Nicaragua y las de Maurice Bishop en Granada (y poco después, con la revolución de Burkina Faso en Africa occidental, las palabras de su destacado dirigente Thomas Sankara).

El Partido Socialista de los Trabajadores se estaba volviendo más proletario tanto en su composición --en la vida cotidiana-- como en su programa. Las revoluciones que se desarrollaban en Centroamérica y el Caribe recalcaban para nosotros nuevamente cómo, con una dirección obrera, el pueblo trabajador puede usar un gobierno de trabajadores y agricultores para avanzar hacia la expropiación de los explotadores y opresores, la instauración de la dictadura del proletariado. Conforme vivíamos estas luchas revolucionarias día a día, nos volvíamos más aptos para extraer claridad y fuerzas de nuestra herencia política comunista. Podíamos ver y entender más a fondo y aplicar con mayor confianza la continuidad de nuestro programa y estrategia, un programa y una estrategia que se remontan a los orígenes del movimiento obrero comunista moderno en 1847-48, cuando Carlos Marx y Federico Engels asumieron por primera vez responsabilidades directivas en una organización obrera revolucionaria. Estábamos sedientos para dotarnos mejor con las conquistas programáticas y estratégicas de la Internacional Comunista, establecida 60 años atrás bajo la dirección de Lenin y del victorioso partido bolchevique.

El PST había iniciado en 1980 una escuela de dirección donde dos veces al año cerca de una docena de miembros del Comité Nacional que dirigían el viraje a la industria se tomaban seis meses, alejados de otras responsabilidades del partido, para estudiar los escritos políticos de Marx y Engels y, como incentivo adicional, estudiar español también. Durante el año que precedió la reunión de Chicago aquella noche de Año Nuevo, todas las ramas del partido habían empezado a organizar escuelas en las que cada miembro, joven socialista y candidato para militante en su localidad participaba en el estudio sistemático de las obras políticas de Lenin, incluidos los informes y las resoluciones de la Comintern a los que, entre 1919 y 1922, él y León Trotsky, más que cualquier otro, habían dado forma. En cierto sentido, la noche era como una graduación para todos aquellos, abarcando todas las generaciones en el partido, que juntos habíamos acometido sistemáticamente nuestro primer ciclo en las escuelas de Lenin.

Estas escuelas nos habían ayudado a comprender los fundamentos gemelos del bolchevismo: un programa comunista mundial y un cuadro proletario. Tras la muerte de Lenin a comienzos de 1924, León Trotsky había dirigido la lucha en el movimiento comunista mundial para continuar el curso bolchevique frente al ataque que una creciente casta burocrática en la Unión Soviética lanzaba contra esta trayectoria.

"En nuestra época, que es la época del imperialismo, es decir, de la economía mundial y de la política mundial", había escrito Trotsky en 1928 en su crítica de la trayectoria de Stalin, que era cada vez más nacionalista y colaboracionista de clases, "ni un solo partido comunista puede elaborar su programa partiendo exclusivamente o principalmente de las condiciones y tendencias de desarrollos en su propio país . . . . Un programa comunista internacional no es jamás la suma total de los programas nacionales o una amalgama de sus rasgos comunes. El programa internacional debe partir directamente de un análisis de las condiciones y tendencias de la economía mundial y del sistema político mundial en su conjunto en todas sus conexiones y contradicciones, es decir, con la interdependencia mutuamente antagónica de sus distintas partes. En la época actual, en mucho mayor medida que en el pasado, la orientación nacional del proletariado debe y puede emanar sólo de una orientación mundial y no viceversa".

"Su Trotsky y el nuestro" es una reafirmación de esa verdad. Y dio constancia de lo que los cuadros del Partido Socialista de los Trabajadores estábamos logrando a medida que nuestra vida se veía influida cada vez más por la participación en las luchas del pueblo trabajador en minas, plantas, fábricas y campos por todo Estados Unidos, y nuestra creciente colaboración e intercambio de experiencias e ideas con revolucionarios en otras partes de América y del mundo. Al mismo tiempo, era un tributo a los veteranos combatientes del partido, los que habían sido reclutados al comunismo durante las batallas obreras y los movimientos sociales obreros de los años 30, y quienes nos habían enseñado a actuar, y a vivir, como revolucionarios proletarios.

Unos meses más tarde, en la primavera de 1983, Mary-Alice Waters y yo viajamos en auto con Farrell Dobbs, el secretario nacional del partido desde 1953 hasta 1972, a King City, un pequeño pueblo californiano en el valle de Salinas, para alejarnos de las presiones de las responsabilidades cotidianas y trabajar con él para darle los toques finales al segundo tomo de la serie de libros que estaba escribiendo: Revolutionary Continuity: Marxist Leadership in the U.S. (Continuidad revolucionaria: liderazgo marxista en Estados Unidos). También queríamos obtener sus sugerencias políticas para la redacción de "Su Trotsky y el nuestro" con miras a publicarlo en la nueva revista de política y teoría marxistas, New International. Estos fueron los dos últimos proyectos políticos de envergadura a los que Farrell pudo dedicarse antes de su muerte en octubre de ese año.

Mientras nos paseábamos una noche, Farrell nos dijo que él no habría podido escribir ese segundo tomo de Continuidad revolucionaria con algo que se aproximara a su vivacidad o carácter concreto, si no hubiese estado leyendo simultáneamente las selecciones de Lenin que las ramas del partido por todo el país estaban utilizando en sus escuelas. Volver a leer a Lenin era como una "ducha refrescante", dijo. Ese tomo de Continuidad revolucionaria relata la historia del nacimiento del movimiento comunista en Estados Unidos durante los primeros años de la república soviética de trabajadores y campesinos y de la Internacional Comunista.

Farrell abordaba los cambios que atravesaba nuestro movimiento a comienzos de los años 80, de la misma forma en que abordaba los sucesos históricos sobre los cuales estaba escribiendo, es decir, desde la óptica de forjar el liderazgo de partidos obreros comunistas capaces de dirigir al pueblo trabajador a la victoria. Según escribió en el prefacio a ese segundo tomo de Continuidad revolucionaria, "los esfuerzos del ala marxista del movimiento obrero para juntar los cuadros de un partido revolucionario proletario necesario para dirigir la lucha para poner fin al régimen capitalista, establecer un gobierno de trabajadores y agricultores, y abrir el camino a un orden socialista" son decisivos. Farrell dedicó el libro "A la dirección del Partido Comunista de Cuba", "A los hombres y mujeres del Movimiento de la Nueva Joya de Granada y del Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua", y "A los heroicos combatientes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional" de El Salvador.

Otro aporte irremplazable a "Su Trotsky y el nuestro" lo hizo el veterano dirigente del partido Joseph Hansen. Joe terminó la introducción a su libro, Dynamics of the Cuban Revolution (Dinámica de la Revolución Cubana) en momentos en que generalizábamos el viraje a la industria en la primavera de 1978. Murió en enero de 1979, unos meses antes de las victorias en Granada y Nicaragua. Sin embargo, los aportes que había hecho a través de varias décadas, como parte de la dirección central del partido y del movimiento comunista mundial --sobre la cuestión programática clave que está al centro de "Su Trotsky y el nuestro", la naturaleza del gobierno de trabajadores y agricultores y su relación a la lucha del pueblo trabajador para derrocar las relaciones sociales capitalistas y establecer un estado obrero-- proporcionaron las herramientas políticas que necesitábamos para entender y responder a esas revoluciones y aunar fuerzas con ellas como partidarios comunistas.

En la década de 1960, Joe había contribuido a abrir un camino para el liderazgo del PST hacia la comprensión de la dinámica política de los gobiernos de trabajadores y agricultores que llegaron al poder durante las revoluciones posteriores a la Segunda Guerra Mundial, especialmente en Yugoslavia, China, Argelia y Cuba. Llegó a la conclusión que estos regímenes de transición son "la primera forma de gobierno que puede anticiparse que surja como resultado de una exitosa revolución anticapitalista". Así había sido con el primer gobierno soviético establecido en octubre de 1917 bajo la dirección bolchevique en Rusia. Tras la Segunda Guerra Mundial, con las revoluciones en Yugoslavia y China, a pesar de sus direcciones estalinistas, habían surgido regímenes similares. (Debido al enorme peso del campesinado en la revolución china, Joe lo consideró el desafío teórico más grande de todos, y le llevó más tiempo --hasta 1969-- hasta quedar satisfecho de que su dinámica coincidía con el análisis de los gobiernos de trabajadores y agricultores.) Los gobiernos revolucionarios populares establecidos en Cuba en 1959 bajo la dirección del Ejército Rebelde y del Movimiento 26 de Julio, y en Argelia en 1962 bajo las fuerzas del Frente de Liberación Nacional dirigidas por Ahmed Ben Bella, confirmaron la pauta.

No obstante las diferencias en la estructura de clases y la capacidad de liderazgo en cada país, todos estos gobiernos fueron "la primera forma de gobierno . . . que surge como resultado de una exitosa revolución anticapitalista". Fueron una antesala de la dictadura del proletariado. Es decir, sirvieron de puente hacia el derrocamiento de las relaciones sociales capitalistas por parte del pueblo trabajador y la consolidación de un estado obrero, un instrumento con el cual avanzar a esa meta. Pero la historia también nos ha enseñado, recalcaba Joe --y como lo demostró el caso argelino-- que el triunfo revolucionario inicial en sí no decide este desenlace. Dista de ser algo automático, dista mucho. La tarea central de la dirección comunista en dicho gobierno consiste en movilizar y elevar la conciencia política de una alianza combativa cada vez más fuerte de los trabajadores y agricultores, respondiendo a las iniciativas de las masas trabajadoras y dirigiéndolas a medida que éstas incursionan más profundamente contra los privilegios y las prerrogativas de la propiedad en manos de los latifundistas y capitalistas.

Al llegar a estas conclusiones --que se incorporaron a los informes y resoluciones aprobados por el Partido Socialista de los Trabajadores-- Joe seguía recurriendo a las lecciones extraídas por la Internacional Comunista en la época de Lenin sobre la lucha por el poder y el ejercicio del poder. Ni Joe ni Farrell tenía la edad suficiente como para haber participado en la política durante los primeros años de la Revolución Rusa. Pero ambos habían sido jóvenes miembros del partido a mediados de la década de 1930, cuando nuestro movimiento llegó a la conclusión, siguiendo la iniciativa de Trotsky, que la falta de oposición al ascenso de Hitler al poder demostraba que ya no era posible reformar la Comintern dirigida por Stalin, y en cambio volcamos nuestros esfuerzos a la construcción de una nueva internacional revolucionaria. El Partido Comunista alemán había dejado que la clase trabajadora fuera derrotada sin dar batalla, negándose a hacer campaña por un frente único con el Partido Socialdemócrata y los sindicatos a fin de enfrentar en combate a las bandas de matones nacional-socialistas. Encima de esto, la Comintern y sus partidos ya estaban tan corrompidos políticamente que no hubo una rebelión entre sus filas contra la trayectoria desastrosa que condujo a la mayor derrota del siglo XX.

Trotsky había entrenado a Joe y a Farrell para comprender que el nuevo movimiento mundial que se debía construir no necesitaba ni programa ni estrategia nuevos. Reúnan los informes y resoluciones forjados en la lucha por la dirección bolchevique de la Comintern, bajo la orientación política de Lenin, instruyó Trotsky a su secretariado en el exilio en 1933. Ese es nuestro programa.

James P. Cannon --uno de los dirigentes fundadores del PST que había sido pionero del comunismo estadounidense y delegado ante congresos de la Internacional Comunista-- comenzó su libro La historia del trotskismo americano: 1928-38 precisamente con ese punto: "No tenemos ninguna revelación nueva: el trotskismo no es un nuevo movimiento, una nueva doctrina, sino la restauración, el renacimiento, del marxismo genuino, tal como se expuso y se practicó en la Revolución Rusa y en los primeros días de la Internacional Comunista".

Hace muchos años que nuestro movimiento dejó de referirse a sí mismo como trotskista. Las razones se explican en este libro. Pero hasta la fecha, aún no tenemos "ninguna revelación nueva". En realidad, ahora menos que nunca. A partir de la década de 1970, al ir ahondado nuestra proletarización, concretando nuestra comprensión de los gobiernos de trabajadores y agricultores, y solidarizándonos con el rumbo internacionalista proletario de la dirección de la Revolución Cubana, nosotros también hemos recurrido al historial político y a las conquistas del bolchevismo y de la Internacional Comunista en los tiempos de Lenin. "Su Trotsky y el nuestro" es fruto de ese curso político.

Cuando se presentó y se publicó por primera vez la charla, los dirigentes de la mayoría de las organizaciones en el mundo que se llamaban trotskistas --varias de las cuales enviaron al encuentro emisarios con grabadoras escondidas-- la trataron como algo sensacional, prácticamente un escándalo. La dirección mayoritaria de la Cuarta Internacional, con la que el Partido Socialista de los Trabajadores mantenía en ese entonces una asociación fraternal, estaba entre ellos. Sin embargo, no resultó ser más que una tormenta en un vaso. Ninguno de los que expresaron la mayor indignación en realidad estaba interesado en las cuestiones políticas y estratégicas abordadas en estas páginas. Hacía mucho que se habían alejado de la lucha por un partido proletario. Habían rechazado la perspectiva de la lucha por gobiernos de trabajadores y agricultores. Ninguno de ellos intentó responder jamás a los argumentos aquí planteados. En los años subsiguientes, las posiciones programáticas y los métodos organizativos de la mayoría de los grupos de la Cuarta Internacional fueron teniendo cada vez menos que ver con los fundamentos marxistas y bolcheviques en los cuales nuestro movimiento mundial se había fundado medio siglo atrás, y sobre los cuales se basaban el PST y sus ligas comunistas hermanas en diversos países. Mucho antes de concluir la década de 1980 habíamos tomado rumbos distintos: ellos, más adentro del pantano centrista de la política radical de clase media, y nosotros, construyendo partidos proletarios e impulsando las perspectivas de una nueva internacional comunista.

Conforme el viraje a la industria amplió la vida y el trabajo cotidianos de los miembros del PST con capas más amplias y geográficamente más diversas del pueblo trabajador por todo Estados Unidos, volvimos a examinar la importancia central de la alianza de los trabajadores y los agricultores para las perspectivas revolucionarias en este país. En 1967 el partido había eliminado la palabra "agricultores" de la consigna del "gobierno de trabajadores y agricultores". Sin embargo, la participación cada vez mayor de los cuadros del partido en las luchas de los trabajadores en el campo y la ciudad durante los años 70 y 80 --nuestras experiencias, como sindicalistas, con agricultores-- nos convenció que eso había sido un error. Reconocimos que los agricultores tendrían un peso político sustancial en la construcción de cualquier movimiento revolucionario de masas en Estados Unidos, y que la alianza política de clases expresada en la consigna del gobierno de trabajadores y agricultores concretaba una trayectoria política necesaria para cualquier revolución proletaria victoriosa aquí. En nuestro congreso de 1984, el PST aprobó modificar el artículo II de la constitución del partido para que afirmara: "El objetivo del partido será el de educar y organizar a la clase trabajadora a fin de establecer un gobierno de trabajadores y agricultores, que abolirá el capitalismo en Estados Unidos y se unirá a la lucha mundial por el socialismo".

Al producirse esta edición por el vigésimo aniversario, junto con sus nuevas traducciones al español y al francés, "Su Trotsky y el nuestro" es una de las obras que se están estudiando y discutiendo en las escuelas de verano socialistas organizadas en diversas ciudades de Estados Unidos y a nivel internacional. Los jóvenes socialistas y otros más participan al lado de comunistas veteranos del viraje a la industria y cuadros del partido de varias generaciones. El objetivo de la escuela, tal como se explica en el programa de estudio, "no es sólo leer o releer un libro o un artículo, sino más bien abordar estas obras a través del prisma de las experiencias que hoy viven el partido y la Juventud Socialista en Estados Unidos y a nivel internacional, así como las oportunidades emergentes que podemos aprovechar".

Son esas experiencias y oportunidades, en realidad, las que parecían empujarnos hacia esta nueva edición de "Su Trotsky y el nuestro".

Cuando una potencia imperialista se va a la guerra, se pone a prueba toda organización que dice hablar en nombre de los intereses de la clase trabajadora. Las que carecen de un programa comunista y una composición proletaria se ven sacudidas por las presiones patrióticas de la opinión pública burguesa, ya sea al sucumbir políticamente ante ellas en menor o mayor grado, o incluso al comenzar a resquebrajarse ante los golpes.

A principios de 1991 el gobierno estadounidense libró una guerra brutal contra el pueblo de Iraq, en la que hasta 200 mil civiles y soldados iraquíes fueron muertos en el transcurso de seis semanas de bombardeos y ataques coheteriles diarios y una invasión de 100 horas. El desenlace de esa guerra asesina fue políticamente desmoralizador para los trabajadores y agricultores del mundo entero, más aún para aquellos en Iraq mismo, ya que el régimen iraquí, tras su indefensible invasión de Kuwait, prácticamente no organizó resistencia alguna contra el ataque final de Washington. Los gobernantes norteamericanos no lograron imponer un protectorado imperialista en Iraq a fin de compensar por la pérdida 12 años antes del régimen del sha en Irán --su objetivo en la guerra--, pero al mismo tiempo pagaron muy poco por su masacre no impugnada.

Gracias a las raíces que el Partido Socialista de los Trabajadores y otras Ligas Comunistas habían echado mediante el viraje a la clase obrera industrial y los sindicatos industriales durante más de una década, los cuadros de nuestras organizaciones pasaron la prueba de la Guerra del Golfo; en medio del conflicto se fueron adentrando con confianza en nuestra clase para llevar a cabo una campaña obrera contra el imperialismo y su guerra.

Desde finales de la década de 1990 ha venido aumentando la resistencia entre los trabajadores y agricultores de vanguardia en Estados Unidos. En otros países imperialistas, a excepción de Japón, se ha producido un cambio similar. Tardamos un poco en reconocer los pequeños conatos de estos cambios, ajustarnos a ellos, y comenzar a actuar en base a las nuevas oportunidades. La necesidad urgente de hacerlo fue la cuestión central que se le planteó a una conferencia conjunta del partido y de la Juventud Socialista celebrada en Los Angeles en diciembre de 1998. En la presentación sumaria que di en nombre de la dirección del PST en esa reunión, señalé la importancia política que para la construcción de nuestro movimiento tenían esas oportunidades inicialmente inconexas entre trabajadores de vanguardia de diversas industrias y regiones. Esa charla se publicó varios meses después, con el título "Un cambio marino en la política obrera", como el primer capítulo del libro El desorden mundial del capitalismo.

Se había vuelto evidente, subrayamos, que "sin importar el legado --en una industria, en un sindicato, en una región, entre cualquier sector de trabajadores--, sin importar cuán limitados hayan sido los resultados de luchas anteriores, lo que sucede ahora en cualquier lucha está cada vez menos conectado con derrotas anteriores. Para encontrar a los luchadores dentro de la clase trabajadora y entre sus aliados se le hace a uno cada vez más valioso recurrir a su visión periférica. Ellos a menudo están allí. Es como si te convirtieras en un buen pasador. Tienes que desarrollar tu visión periférica. ¡Tus compañeros de equipo están allí!"

En su prefacio de 1999 a la traducción al español de El rostro cambiante de la política en Estados Unidos, que documenta el viraje del partido a la clase obrera y los sindicatos industriales desde 1978 hasta principios de la década de 1990, Mary-Alice Waters ahondó más en este tema. Junto con "Un cambio marino en la política obrera", ese prefacio fue debatido en las ramas del partido y posteriormente aprobado como guía de acción en el congreso del PST de abril de 1999. El prefacio ya está incorporado a la nueva edición en inglés de 2002 de El rostro cambiante de la política en Estados Unidos, y aparece en la nueva edición de 2002 de la traducción al francés.

Las corrientes y los individuos de vanguardia que seguimos encontrándonos entre capas de trabajadores y agricultores, dice Waters, se van juntando

    en el transcurso de esta resistencia . . . sedientos de solidaridad y de unidad en la lucha, sedientos de marchar hombro a hombro, a medida que reforzamos y aprendemos mutuamente de nuestras luchas contra los efectos de la esclavitud asalariada y la esclavitud de las deudas. A través de las acciones en las que estamos envueltos, aprendemos a conocernos y a confiar unos en otros. Encontramos formas de comunicarnos, aunque aún no conozcamos bien nuestras respectivas lenguas. Leemos y debatimos explicaciones y opciones frente al futuro que --según lo anticipa cada vez más el pueblo trabajador-- nos depara a todos el sistema capitalista.

Conforme hemos seguido estas líneas de resistencia entre el pueblo trabajador en la ciudad y el campo, también hemos demostrado el coraje de nuestras convicciones, modificando las formas organizativas del partido para responder a las necesidades políticas. Hemos establecido unidades nuevas y más pequeñas del partido en regiones del país donde hemos pasado a formar parte de capas de vanguardia de mineros del carbón, trabajadores de la costura y textiles, empacadores de carne y otros más que están enfrascados en luchas. Hemos reubicado librerías de modo que podamos organizar nuestra labor política desde distritos obreros en ciudades por todo el país. Donde hemos tenido ramas por muchos años, hemos usado estas unidades más pequeñas como modelo. Todas estas medidas nos están conduciendo cada vez más de lleno a las escaramuzas sindicales y a los brotes iniciales de movimientos sociales de nuestra clase y sus aliados que anuncian la resistencia obrera que va a surgir ante ataques capitalistas cada vez más violentos.

Al mismo tiempo, los jóvenes socialistas han estado conociendo a jóvenes en Estados Unidos y en otros países imperialistas que se ven atraídos a estas luchas proletarias, así como otros jóvenes envueltos en luchas contra la opresión y explotación imperialistas desde Haití hasta las islas de Kanaky (Nueva Caledonia) del sur del Pacífico, desde países en todo el Medio Oriente y Africa hasta Venezuela y demás países de América. Las oportunidades para reclutar a camadas de estos jóvenes de disposición revolucionaria al comunismo han aumentado con la desintegración --a comienzos de la década de 1990-- del movimiento estalinista mundial, el cual por más de seis décadas, bajo la bandera secuestrada del marxismo, había organizado desde un continente a otro derrotas de revoluciones, asesinatos de dirigentes proletarios y la desmoralización y despolitización de militantes profundamente implicados en luchas de liberación nacional y por el socialismo.

Es sobre todo por estas razones que existe una necesidad y una demanda para una nueva edición de "Su Trotsky y el nuestro", la cual también va a aparecer casi simultáneamente en inglés y francés. Por estas razones se está estudiando en escuelas de verano socialistas a nivel nacional, junto con El rostro cambiante de la política en Estados Unidos y La historia del trotskismo americano: 1928-38--Informe de un partícipe por James P. Cannon, que también se está produciendo simultáneamente en una nueva edición y, por primera vez, en español y francés.

El texto y las notas de "Su Trotsky y el nuestro" se han hecho concordar con traducciones e impresiones posteriores y mejoradas de algunos de los materiales citados. Al convertirse más y más en la norma el hecho que muchos de los títulos de Pathfinder se editan simultáneamente en inglés, español y francés --para que los usen trabajadores que realizan su trabajo político en estos idiomas-- el esfuerzo colectivo en torno a las traducciones también ayuda a aclarar y afinar políticamente ciertos elementos del original. A través de una labor editorial adicional se han incorporado los frutos de dicha labor y eliminado obstáculos innecesarios para leer y comprender "Su Trotsky y el nuestro" en la actualidad.

Desde las traducciones, pasando por la composición y las correcciones, hasta la impresión final del texto y las cubiertas, la publicación de libros como éste no sería posible sin los esfuerzos de cientos de voluntarios por el mundo quienes son miembros o partidarios organizados del movimiento comunista. Sin la proletarización del partido en el último cuarto de siglo, no podríamos haber mantenido y ampliado un programa editorial comunista y un taller de impresión que nos permite poner las lecciones inestimables de 150 años de lucha obrera en manos de combatientes de vanguardia que reconocen la necesidad de tener perspectivas políticas más amplias, no sólo para luchar con éxito sino para vencer.

Tampoco habríamos podido forjar una organización auxiliar de partidarios del movimiento comunista a nivel mundial que ha acometido la preparación digital, las correcciones, la labor gráfica y otras tareas que se deben cumplir a fin de mantener disponibles libros y folletos revolucionarios y producir otros nuevos como éste de forma oportuna para responder a necesidades y oportunidades políticas urgentes.

Mucho ha sucedido en la política mundial desde que se editó por primera vez "Su Trotsky y el nuestro". Los sucesos de las dos últimas décadas --sucesos destructores de moldes-- han acentuado tanto el carácter oportuno como la urgencia política de los puntos fundamentales que se tratan en estas páginas.

El gobierno de trabajadores y agricultores no avanzó ni en Granada ni en Nicaragua hacia la expropiación de los capitalistas y latifundistas y el establecimieno de un estado obrero. En octubre de 1983, el gobierno de trabajadores y agricultores en Granada fue derrocado en un golpe organizado por una facción estalinista en el Movimiento de la Nueva Joya. Fueron asesinados el dirigente central de la revolución, Maurice Bishop, junto a decenas de dirigentes revolucionarios y ciudadanos granadinos. Ya para 1988, la dirección del Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua se había unido en torno a un curso que invertía rotundamente la trayectoria proletaria de los primeros años de la revolución. Con la derrota en Nicaragua, los avances revolucionarios en el vecino El Salvador pronto se erosionaran más y fueran echados atrás.

Nuestro movimiento ha producido, y ha hecho campaña enérgicamente para difundir, las obras que documentan estas luchas revolucionarias y las explicaciones marxistas de las lecciones de sus derrotas. Estos materiales se pueden encontrar en los libros de Pathfinder Maurice Bishop Speaks (Habla Maurice Bishop) y Sandinistas Speak (Hablan los sandinistas), así como en varios números de la revista New International: "El segundo asesinato de Maurice Bishop" por Steve Clark; "El ascenso y el ocaso de la revolución nicaragüense", una colección de informes y resoluciones aprobados por el Partido Socialista de los Trabajadores; y "El imperialismo norteamericano ha perdido la Guerra Fría" por Jack Barnes.

A pesar de esos golpes en Centroamérica y el Caribe, y a pesar de las enormes presiones políticas y económicas que se han ejercido sobre la Revolución Cubana en los últimos 12 años, millones de trabajadores y su dirección en Cuba siguen actuando como internacionalistas proletarios. Su valor, conciencia política, solidaridad de clase y determinación implacable continúan sentando un ejemplo revolucionario para los trabajadores y agricultores en todo el mundo, incluso aquí en Estados Unidos. "Ellos son comunistas. Y es lo que nosotros somos también": esa simple frase sigue tan vigente hoy como cuando se le aseguró a los jóvenes socialistas y a otros en Chicago hace 20 años.

En momentos en que este libro se lleva a la imprenta, a comienzos del verano de 2002, la administración del presidente George W. Bush, con amplio respaldo bipartidista, ha anunciado planes para tomar "acción preventiva" contra aquellos, dentro y fuera del país, a quienes los gobernantes norteamericanos califiquen de "terroristas" o vinculados a un "eje del mal" a nivel mundial. Después de detener sin cargos en cárceles norteamericanas a centenares de no ciudadanos, muchos por casi un año, Washington ahora ha empezado a poner también a ciudadanos estadounidenses en prisiones militares. Les niegan hasta los derechos constitucionales más elementales de conocer qué cargos se les imputan, el acceso a asesoramiento legal o la presunción de la inocencia. Washington está preparando el terreno político y militar para tomar "acción preventiva" contra Iraq y otros gobiernos y pueblos que los gobernantes norteamericanos consideren lo suficientemente fuertes como para desarrollar defensas considerables contra los ataques de Washington.

La historia ha demostrado que organizaciones revolucionarias pequeñas van a enfrentar no sólo la prueba severa de guerras y represión, sino las oportunidades potencialmente devastadoras que pueden surgir de forma inesperada --y explosiva-- al estallar huelgas y luchas sociales. Al suceder esto, los partidos comunistas no sólo reclutan a muchos nuevos miembros. También se fusionan con otras organizaciones obreras que avanzan por el mismo rumbo y crecen hasta convertirse en partidos proletarios de masas que contienden por dirigir a los trabajadores y agricultores al poder. Esto presupone que desde mucho antes sus cuadros han asimilado y se sienten cómodos con un programa y estrategia comunistas mundiales, son proletarios en su vida y trabajo, derivan una satisfacción profunda --disfrutanù de la actividad política, y han forjado una dirección con un agudo sentido de lo próximo que toca hacer. Estos cuadros ya deben estar funcionando como parte de un partido proletario disciplinado, a tono con los trabajadores y agricultores que son blanco de los ataques de los patrones y su gobierno. De lo contrario, estas organizaciones se verán desorientadas y se resquebrajarán, tanto ante crisis demoledoras como ante oportunidades enormes.

Farrell Dobbs, Joe Hansen, Jim Cannon y otros dirigentes del Partido Socialista de los Trabajadores han sido todos firmes creyentes en el hecho de que jamás vamos a poder construir un partido de combate proletario en Estados Unidos si, para fraguar tácticas concretas y una línea política en la lucha de clases, empezamos a buscar a alguien que no sean las filas de nuestra propia organización. O, a la inversa, si empezamos a tratar de dictarles el programa y las tácticas a trabajadores y jóvenes de disposición revolucionaria en otros países. Joe explicó este curso de conducta en su charla de 1975, James P. Cannon the Internationalist (James P. Cannon el internacionalista), un complemento inapreciable a "Su Trotsky y el nuestro".

El internacionalismo proletario entendido y llevado a cabo de esa forma --integrando a los cuadros del movimiento comunista a la creciente resistencia de los trabajadores y agricultores de vanguardia en Estados Unidos y el resto del mundo-- es la esencia de lo que trata "Su Trotsky y el nuestro". Trata sobre la construcción de partidos proletarios y un nuevo movimiento comunista mundial en los que todas las contribuciones políticas de Marx, Engels, Lenin, Trotsky y demás dirigentes revolucionarios contemporáneos puedan ser estudiadas y aplicadas por militantes que proceden de orígenes políticos distintos y que se juzgan unos a otros, no a partir de ideas preconcebidas o prejuicios, sino a partir de hechos.

Ante todo, trata sobre la preparación diaria, junto a otros militantes, para las titánicas batallas de clases que tenemos por delante y sobre la transformación constante tanto de nosotros mismos como de nuestras organizaciones a medida que lo hacemos.

Junio de 2002


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