
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR junio de 2002 Vol. 26 No. 06
Editorial Pathfinder
Simientes de rebelión obrera
Segundo capitúlo del libro de Pathfinder 'La rebelión de los camioneros'
Por Farrell Dobbs
[A continuación publicamos el segundo capítulo de La rebelión de los camioneros, traducción de Teamster Rebellion, por Farrell Dobbs. Perspectiva Mundial está publicando el libro completo por entregas, capítulo por capítulo.
[Este libro es el primero de cuatro tomos que Dobbs escribió sobre las huelgas y las campañas de sindicalización, así como las luchas políticas, que transformaron al sindicato de camioneros --los Teamsters-- en Minnesota y gran parte del movimiento obrero de la región del Medio Oeste de Estados Unidos, en un combativo movimiento social. Dobbs fue protagonista y dirigente de estas batallas, y pasó a ser dirigente del Partido Socialista de los Trabajadores por muchos años.
[Los subtítulos son de Perspectiva Mundial. Copyright © 2002 por Pathfinder. Se publica con autorización.]
Minneapolis yace al borde de una vasta pradera agrícola que, pasando por las Dakotas, se extiende hacia el oeste hasta Montana. En el siglo XIX, los lozanos bosques de pino cubrían desde el norte de la ciudad hasta la frontera canadiense. Después de que la región les fue arrebatada a los indios, se inició el desarrollo económico capitalista basado en el trigo y la madera. Para cuando los magnates de la madera habían devastado los bosques vírgenes, se descubrió mineral de hierro en la sierra Mesabi en el norte de Minnesota. La explotación a cielo abierto de las minas de hierro para suplir las acerías de la región oriental inauguró una nueva esfera de inversión de capital en momentos en que menguaba el comercio maderero.
Al ser el centro económico de la región, Minneapolis conoció el ajetreo de los aserraderos mientras el boom maderero duró, y por muchos años se mantuvo como el centro de la producción harinera del país. Surgieron fundiciones para producir aperos agrícolas. Se establecieron casas de mayoreo, que comerciaban en ferretería, alimentos, ropa y otros productos de consumo para la región. Desde la ciudad se abrió en abanico una red ferroviaria, como sucedió más tarde al crearse una red de líneas de camionaje. Los ferrocarriles dictaban las tarifas del flete que los granjeros debían pagar para el transporte de sus granos al mercado; cuánto se pagaría por los granos, lo decidían los molineros. Esta explotación por los magnates urbanos se complementaba con manipulaciones financieras un poco más sutiles que se realizaban a través de la lonja de granos local y de los bancos. Era una bonanza capitalista que permitía que se enriqueciera todo el mundo menos los trabajadores y los pequeños agricultores.
La fuerza de trabajo para la agricultura, la industria, el transporte y el comercio provino de una combinación de fuerzas nativas e inmigrantes. Dado el carácter estacional de muchos empleos, el sector nativo estaba compuesto en gran parte por trabajadores itinerantes procedentes de otras partes del país. En su mayoría trabajaban como obreros agrícolas, leñadores, mineros y constructores de vías de ferrocarril. El sindicato Obreros Industriales del Mundo [Industrial Workers of the World -- IWW] surgió principalmente como una unión de tales trabajadores itinerantes. En Minneapolis, el IWW estableció el Local 10 en el distrito de la Plaza Bridge, el barrio de mala muerte. Desde allá por 1910 hasta la Primera Guerra Mundial, fue uno de los locales más grandes y más importantes del IWW en la región central del país. Por ahí pasaban decenas de miles de trabajadores itinerantes, en busca de una variedad de empleos en el área.
Entre los miembros del IWW existía un alto nivel de conciencia de clase, fruto del historial de luchas heroicas que distinguía a la organización. Algunos de ellos pasaron a ser "afiliados dobles", es decir, pertenecían también a uno u otro gremio de la AFL [Federación Norteamericana del Trabajo]. Como consecuencia, el movimiento sindical de Minnesota en general quedó influenciado por su combatividad y su perspectiva de lucha de clases. Además, el movimiento fue influenciado por los obreros ferroviarios que llegaban a Minneapolis y encontraban trabajo en los ferrocarriles y en los talleres ferrocarrileros de refacción. Entre ellos había seguidores de Eugene V. Debs, el gran dirigente socialista y ferrocarrilero, quien los instruyó en los fundamentos de política de clases. La experiencia huelguística que habían adquirido en otras partes del país, así como sus conocimientos políticos, se hicieron sentir dentro de la AFL local.
Olas de trabajadores inmigrantes
A la par de la afluencia de itinerantes nativos, desde fines del siglo XIX empezaron a llegar olas de inmigrantes a la región. Provenían sobre todo de Noruega, Suecia, Alemania, Finlandia y Dinamarca. Atraídos por la posibilidad de comprar tierra barata o de adquirir una parcela de tierra pública al ocuparla y cultivarla, la mayoría llegó con la esperanza de hacerse de una mejor vida como agricultores en este país. Para poder subsistir en la tierra, necesitaban semillas, aperos y ganado. Había que cumplir con los pagos de la hipoteca. Ya que por lo general se los estafaba con precios injustos por sus productos y a veces encaraban el fracaso rotundo de una cosecha, a menudo surgía la necesidad de encontrar la forma de obtener dinero contante y sonante. Eso hacía que con frecuencia los agricultores inmigrantes vinieran a Minneapolis a buscar trabajo. Muchos de ellos habían sido trabajadores de fábrica calificados y mecánicos de construcción en su país de origen y lograban hallar trabajo en su oficio. Otros sencillamente hacían lo que podían para que los emplearan en algún trabajo manual.
Algunos decidieron establecerse en la ciudad, donde con el tiempo se les unieron miles de inmigrantes más que habían sido expulsados de sus pequeñas fincas. Un número considerable de ellos ya eran socialistas cuando llegaron a este país. Solían afiliarse al Partido Socialista de la época de Debs, en el que se les organizaba en federaciones lingüísticas según su país de origen. También habían adquirido bastante experiencia sindical en el país natal. Por consiguiente, como parte de la fuerza laboral de la ciudad, devinieron militantes sindicales y activistas socialistas tanto en la AFL como en el IWW. Esta fusión de la combatividad sindical de los obreros nativos con la de los inmigrantes se ilustra con las carreras de V.R. Dunne y de Carl Skoglund, quienes habían de emerger como dirigentes centrales de las huelgas de los Teamsters en 1934.
Vincent Raymond Dunne nació el 17 de abril de 1889 en Kansas City, Kansas. Cuando Ray era aún una criatura, su padre, un mecánico de tranvías, resultó lesionado tan gravemente que no pudo seguir trabajando, y la familia se mudó a la granja de los abuelos en Little Falls, Minnesota. A los 14 años, tras haber cursado sólo estudios formales limitados, Ray se puso a trabajar de leñador en los bosques de Minnesota.
Vincent Ray Dunne
Al cabo de un año se echó a andar, deteniéndose primero en las cosechas de los campos de Dakota del Norte, donde se afilió al IWW. De ahí se trasladó a Montana, luego a Washington, bajando por la costa del Pacífico y luego cruzando el sudoeste. En el camino trabajó de leñador, en las cosechas o de lo que pudiera conseguir como trabajador itinerante.
Durante sus recorridos, acumuló una rica experiencia en huelgas y en luchas por la libertad de expresión que impulsaba el IWW. En 1908, acusado de vagancia, lo sentenciaron a una cadena de presidiarios en Arkansas, algo que no duró. Un día, al ver la oportunidad de escapar, se largó y no se detuvo sino hasta llegar a Minneapolis.
Ahí se casó en 1914 con Jennie Holm. Tuvieron dos niños: Raymond, el hijo, y Jeannette, la hija. En la ciudad, Ray Dunne primero consiguió trabajo como chofer para una empresa de transporte rápido. Mientras estuvo ahí, trabajó junto a Ray Rainbolt, sobre quien tuvo un fuerte impacto político. El efecto duradero que tuvo se apreció en el destacado papel que Rainbolt jugó después en las huelgas de 1934. Siempre reconoció que fue Dunne quien le señaló la dirección correcta en el camino de la lucha de clases.
Esta experiencia demuestra cómo un revolucionario puede ir forjando hacia el futuro a través de algo que en ese momento pareciera ser sólo una relación ordinaria con sus compañeros de trabajo. Luego, sus caminos se separaron por un tiempo cuando Ray Dunne consiguió trabajo como despachador en una empresa abastecedora de hielo para el consumo doméstico.
Para entonces, él se había desarrollado más allá de la perspectiva sindicalista del IWW, el cual con parcialidad se concentraba en la huelga general como la clave para la transformación de la sociedad. Si bien seguía leal al IWW, Ray lo había superado políticamente en cuanto a su comprensión de la naturaleza del estado capitalista. Comenzaba a percibir la importancia de construir un partido marxista de vanguardia y ya se consideraba un socialista revolucionario. Ese era el carácter de su óptica política cuando conoció por primera vez a Carl Skoglund en un mitin callejero en Minneapolis en 1915.
Skoglund, inmigrante socialista
Carl Skoglund nació el 7 de abril de 1884, en una antigua hacienda feudal en Suecia, en la que sus antepasados habían sido siervos. Su padre falleció al entrar Carl a la adolescencia, lo que lo obligó, como hijo mayor, a dejar la escuela y ganarse el sustento de la familia. Consiguió trabajo en una fábrica de papel, donde con el tiempo pasó a ser un obrero calificado. Los salarios eran bajos y las condiciones laborales en la fábrica eran malas, así que Carl ayudó a sindicalizarla y a dirigir una huelga para que el patrón reconociera el sindicato.
Gracias a estas experiencias en la lucha de clases, políticamente adquirió conciencia de clase, aprendió muchos elementos del marxismo de otros trabajadores avanzados y se afilió al Partido Social Demócrata. Más tarde le tocó cumplir el servicio militar en el ejército sueco. Cuando a los conscriptos los mantuvieron en uniforme más allá del periodo legal del servicio obligatorio, pasó a ser uno de los dirigentes de un movimiento de protesta de soldados, quienes exigieron que se les desmovilizara. La clase gobernante lo calificó de "motín" y al historial de actividades sindicales y políticas que mantenían de Carl, añadieron otro punto en su contra. Al estar prácticamente en todas las listas negras, de modo que rara vez podía conseguir trabajo, en 1911 decidió irse a Estados Unidos. Su prometida se quedó atrás y jamás se volvieron a juntar; salvo por un breve matrimonio hacia el final de su vida, se mantuvo soltero.
Al llegar a Minnesota, Carl trabajó brevemente en una cuadrilla de construcción de vías de tren; luego se fue al bosque a trabajar como leñador. Ahí sufrió una grave lesión en el pie. Como Carl iba a tener que guardar cama durante un buen rato, la compañía maderera decidió desecharlo como algo inútil. El médico de la compañía le dio un tratamiento de emergencia somero y después lo despidieron. Fue a Minneapolis a buscar atención médica, se sostuvo trabajando de portero y encargado de calderas. Al sanar la herida y a medida que recuperaba su movilidad, trabajó de mecánico de construcción, pasando después a trabajar como reparador de vagones en los talleres ferroviarios. Tras afiliarse al Partido Socialista en 1914, Carl había pasado a ser uno de los dirigentes del ala izquierda de la Federación Escandinava del partido cuando conoció a Ray Dunne un año después.
En un memorándum personal que me escribió mucho tiempo después, Ray se refirió a su primera asociación: "Skogie, como afectuosamente lo llamaron desde los primeros días sus camaradas y amigos íntimos, fue mi maestro y compañero cercano. No sólo era un mecánico habilidoso; era un intelectual de talla respetable. Poseía una estupenda biblioteca de literatura marxista y en la mayor parte del tiempo libre que compartimos . . . pasé mucho tiempo leyendo libros y folletos entre las breves 'conferencias privadas' de Carl. A veces había con nosotros seis u ocho camaradas más en su habitación, o en la sede del IWW, o en la IOGT [Orden Internacional de los Buenos Templarios] en el distrito maderero del norte, que era la sede del local más grande del Partido Socialista en Minneapolis o St. Paul. El explicaba los puntos fuertes y débiles del IWW. Aun en aquellos días estaba en su elemento tanto con los Wobblies [el IWW] como en el Partido Socialista. Ambos lo reconocían como un dirigente. Pero, por encima de todo, era un hombre del partido; un internacionalista, por supuesto".
El internacionalismo revolucionario se vio sometido a una dura prueba cuando Estados Unidos entró a la Primera Guerra Mundial en 1917. La clase dominante aprovechó para arremeter contra los trabajadores y agricultores combativos. La legislatura de Minnesota creó una Comisión de Seguridad integrada por siete miembros, dotada de poderes dictatoriales y un presupuesto de un millón de dólares. Dirigió un ataque sistemático contra el movimiento de izquierda, los sindicatos y las organizaciones de pequeños agricultores. Para atizar la histeria de guerra se puso en marcha una sostenida campaña propagandística. El objetivo era desatar una furia chauvinista ciega contra cualquiera que acusaran de "antipatriótico". Salpicaban de pintura amarilla las casas de los inmigrantes alemanes. A los izquierdistas cuyos nombres aparecían en la prensa burguesa los hostigaban las turbas y a algunos incluso los cubrían con brea y los emplumaban.
Represión tras Primera Guerra Mundial
Al IWW, en particular, le asestaron golpes demoledores al enjuiciar a sus principales dirigentes bajo cargos fabricados y encarcelarlos. A pesar de todo, los militantes que de forma inquebrantable se opusieron a la guerra imperialista resistieron las presiones, aguardando y en busca de una oportunidad para luchar. Entre ellos estaban Ray y Carl, a quienes la experiencia fortaleció aún más como luchadores revolucionarios.
Tras el armisticio de 1918, el país entró a una nueva fase en la lucha de clases. Se dieron varias huelgas importantes en la industria básica, la mayoría de las cuales se perdió. El movimiento de izquierda había sido estremecido por la Revolución Rusa de 1917, lo que provocó una escisión en el Partido Socialista de Estados Unidos. A través de esa escisión, el ala izquierda del PS proporcionó las principales fuerzas que fundaron el Partido Comunista en 1919, el cual se afilió a la Tercera Internacional, dirigida por Lenin y Trotsky.
Fundación del Partido Comunista
En Minnesota, la Federación Escandinava tomó la iniciativa al optar por el PC y casi toda el ala izquierda del PS en el estado siguió su ejemplo. Así fue que Carl pasó a ser un miembro fundador del nuevo partido, y Ray se le afilió en 1920. Ambos llegaron a ser miembros del comité central del partido en Minneapolis.
En los años subsiguientes, antes de que se estalinizara, el Partido Comunista, jugó en general un papel positivo en los sindicatos y en el movimiento de agricultores. A Carl y a Ray sus actividades les permitieron que sus sindicatos locales los eligieran delegados ante el Sindicato Obrero Central [Central Labor Union--CLU], organismo compuesto de representantes de todos los locales de la AFL en la ciudad. Después de la guerra, Ray había conseguido un puesto de pesador en una empresa de carbón. Su responsabilidad consistía en asignar a los choferes para suplir los pedidos de combustible, y pesar cada carga para verificar que cada pedido se despachara debidamente. Este puesto le permitió tomar la iniciativa para ayudar a organizar un sindicato de oficinistas afiliado a la AFL. Eso a la vez contribuyó a que fuera el delegado ante el CLU.
Dirigido debidamente, el organismo central tenía la capacidad de fomentar la causa de los trabajadores mediante la fuerza combinada de todos los sindicalistas de la ciudad. En la práctica, sin embargo, la cúpula de la AFL frecuentemente la utilizó en cambio para imponer su control dictatorial sobre los sindicatos locales disidentes. Aun así, los revolucionarios supieron cómo aprovechar su labor dentro de ese organismo. Se logró hacer esfuerzos para bloquear actos injustos por parte de funcionarios dictatoriales de la AFL y se logró ejercer influencia para fomentar el desarrollo de un ala izquierda por todo el movimiento sindical local.
La elección de Carl como delegado ante el CLU resultó del papel que jugó en el sindicato de trabajadores de vagones, un gremio afiliado a la AFL. Los distintos oficios de talleres ferroviarios estaban bastante sindicalizados en Minneapolis, que era un gran centro ferrocarrilero. Se había granjeado prestigio como dirigente en todo el ala izquierda de los gremios de refacciones. Fue electo presidente de distrito del comité de huelga durante las huelgas nacionales de talleres de refacciones en 1919 y 1922. En ambas luchas, los trabajadores fueron derrotados debido a los esfuerzos rompehuelgas de las compañías, que contaron con la ayuda del gobierno, y a la maldirección de la cúpula sindical. Después de la huelga de 1922, Carl pasó a integrar las listas negras de los ferrocarriles, como le había sucedido en Suecia, y se dedicó a conducir un camión carbonero para ganarse la vida.
Tras la Primera Guerra Mundial se desató una cacería de brujas, en la que se destacaron las Redadas de Palmer, que llevaban el nombre del procurador general de Estados Unidos, quien apaleó al movimiento obrero con ese ataque. Encarcelaron izquierdistas al por mayor y entre ellos deportaron a muchos que no eran ciudadanos. Carl apenas logró escapar cuando fue como delegado a un congreso clandestino del Partido Comunista en Michigan. Estaban congregados en un área rural boscosa, cuando se supo que el gobierno preparaba una redada. A Carl y a otro delegado les encargaron que enterraran algunos documentos, pero resultó que el "camarada" que lo ayudaba era un agente del gobierno. Para entonces Carl ya no era ningún novato, logró eludir la redada y se ocultó hasta que las cosas se calmaron un poco. En su cúspide, la cacería de brujas gubernamental había provocado para 1926 una purga de "rojos" en el seno de la AFL. A Carl y a Ray los expulsaron de sus sindicatos y de forma oficial les cortaron todos sus vínculos sindicales.
Pronto se daría una experiencia más desgarradora aún, a raíz de un conflicto al interior del Partido Comunista de la Unión Soviética. Tras la muerte de V.I. Lenin en 1924, José Stalin encabezó una burocracia privilegiada en la Unión Soviética que fue creciendo de forma gradual. Con el tiempo logró llevar a cabo una contrarrevolución política, la cual despojó a las masas de sus derechos democráticos en el primer estado obrero. La burocracia estalinista también orientó a los partidos de la Tercera Internacional hacia la colaboración reformista con las clases dominantes en otros países.
León Trotsky organizó una oposición a la pandilla estalinista, pero fue aplastada despiadadamente, y sus miembros fueron perseguidos y encarcelados. El propio Trotsky fue exiliado a Alma Ata en Asia central. Sin embargo, algunos delegados en el Sexto Congreso de la Internacional Comunista en 1928 oyeron un eco de esta lucha trascendental, a pesar de que allí Stalin disponía de una mayoría incuestionable.
Uno de los delegados del Partido Comunista de Estados Unidos al congreso en Moscú era James P. Cannon, quien por accidente se topó con un documento de Trotsky que criticaba el proyecto de programa estalinista. El documento fue suprimido en el congreso bajo el pretexto de que Trotsky había sido expulsado del PC ruso en 1927. Cannon y Maurice Spector, un dirigente del PC canadiense, de forma clandestina sacaron de Rusia una copia del documento. Luego, con la ayuda de Max Shachtman y Martin Abern, Cannon trató de divulgar en este país los puntos de vista de Trotsky. El 27 de octubre de 1928, Cannon, Shachtman y Abern fueron expulsados del Partido Comunista bajo cargos de "trotskismo".
Ray Dunne y Carl Skoglund habían conocido a Jim Cannon en 1924 cuando visitó Minneapolis como dirigente nacional del PC. Luego, Ray se unió a la fracción de Cannon en el partido. Hasta 1928, Carl había estado más cercano al sindicalista William Z. Foster, otro dirigente nacional del PC, que a Cannon. Cuando Foster respaldó la línea de Stalin, Carl se unió a Ray en apoyo del grupo de Cannon. Ellos exigieron que los funcionarios locales del PC explicaran por qué se había expulsado a Cannon, Shachtman y Abern. Por hacerlo, a ellos mismos los echaron sumariamente del partido, junto a algunos camaradas más que compartían su opinión. A ese trato escandaloso siguió contra ellos una campaña estalinista de difamación, ostracismo y gansterismo.
Posteriormente, Ray describió la situación de aquellos momentos: "Para Carl y para mí --y sin duda no fuimos los únicos-- nuestra expulsión del PC fue algo así como el 'golpe más cruel' . . . . Después de noviembre de 1928, éramos verdaderamente parias desde el punto de vista de los 'dirigentes' del movimiento sindical, del Partido de Trabajadores y Agricultores [Farmer-Labor Party--FLP] y de los numerosos miembros del Distrito 9, el tercer distrito del PC en cuanto al número de militantes en aquella época. Quizás sea un poco difícil de creer, pero sería completamente incorrecto decir o indicar que nos sentíamos desalentados, agobiados, inseguros o sin planes para las tareas necesarias que tan abruptamente se nos imponían. Estoy más que seguro de que los hechos posteriores dan constancia de lo que digo, al menos en cuanto a esta cuestión".
Liga Comunista de América
Las tareas a las que se refería se centraban en los esfuerzos por apoyar el pequeño y paupérrimo movimiento trotskista que surgió de la escisión. Como un primer paso para el desarrollo del nuevo movimiento, buscaron influenciar a los miembros vacilantes del Partido Comunista que se sentían perturbados por las políticas estalinistas. Para cumplir sus nuevas tareas, se pasaron un buen tiempo estudiando los clásicos del marxismo y debatiendo cómo trazar su curso revolucionario. Los trotskistas se organizaron a nivel nacional en la Liga Comunista de América (Oposición de Izquierda). La parte del nombre entre paréntesis significaba que estaban luchando por ser readmitidos al PC con los derechos democráticos normales de una minoría para expresar sus puntos de vista de manera disciplinada durante los periodos de debate interno, que, como según había enseñado Lenin, era el método correcto. Esperaban que con el transcurso del tiempo y de los acontecimientos al PC se le podría captar de nuevo a una línea política correcta. La herramienta clave de la Liga Comunista en este esfuerzo fue su semanario, The Militant. Al reconocer lo mucho que podría fomentar su labor política, los camaradas de Minneapolis hicieron esfuerzos extraordinarios para brindar al periódico el apoyo económico que tanto necesitaba y para incrementar su difusión.
En 1933, la Liga Comunista realizó un viraje hacia la construcción de un nuevo partido revolucionario. El fracaso del Partido Comunista alemán ese año en oponerse a la toma del poder por Hitler en Alemania había comprobado la bancarrota política del movimiento estalinista mundial. Era evidente que ya no era posible la reanimación revolucionaria de la Tercera Internacional. Esto imponía la tarea de construir nuevos partidos en todo el mundo y aglutinarlos en una nueva internacional revolucionaria.
Para entonces, la rama de la Liga Comunista en Minneapolis había crecido a unos 40 militantes y simpatizantes cercanos. Entre ellos había camaradas con una larga y nutrida experiencia en los movimientos sindical y de izquierda. Al disponer de estas fuerzas, la rama se encontraba en una situación propicia para orientarse al trabajo de masas como la piedra angular de la construcción del nuevo partido.
Las condiciones objetivas se tornaban cada vez más favorables para esta perspectiva, conforme se agudizaba la radicalización de masas de la época bajo las presiones de la depresión económica. Era el momento propicio, pensaron Carl y Ray, para apretar el paso de la campaña de los Teamsters, algo que ya habían venido contemplando antes de que los expulsaran del Partido Comunista en 1928.
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