
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR junio de 2002 Vol. 26 No. 06
Reseña
Libro resalta internacionalismo de los voluntarios cubanos en Angola
Por Mary-Alice Waters
"De archivos viejos, nueva historia sobre papel de EE.UU. en guerra angolana" rezaba el titular de un artículo de noticias por Howard French, corresponsal de alto rango del New York Times, que apareció de manera prominente en la edición del 31 de marzo. El Internacional Herald Tribune destacó el mismo artículo el 2 de abril bajo el titular "Intervención en Angola/Nuevas pruebas: Archivos viejos contradicen versión de EE.UU. sobre guerra".
El tema prácticamente eclipsó la noticia de que el 30 de marzo se había firmado un alto el fuego preliminar entre los principales comandantes militares del gobierno angolano y de la Unión Nacional por la Independencia Total de Angola, o UNITA según se conoce comúnmente. UNITA, apoyada desde hace mucho tiempo por Washington y antes por el régimen del apartheid en Sudáfrica, ha estado librando una guerra civil para derrocar al gobierno angolano desde 1975. Ni las elecciones celebradas en 1992 ni un acuerdo previo suscrito en 1994 puso fin a la guerra destinada a derrocar --o por lo menos debilitar-- al gobierno angolano, en la cual han muerto medio millón de personas, según se calcula. El nuevo alto el fuego se produjo apenas un mes después que Jonas Savimbi, dirigente principal de UNITA por más de tres décadas, muriera en una emboscada por parte de las fuerzas del gobierno.
Al hablar de "nuevas pruebas" el reportero del Times se refiere a la extensa documentación recolectada minuciosamente por el profesor Piero Gleijeses, de la Universidad John Hopkins, que rebate dos mentiras promovidas por Washington y sus apologistas por más de un cuarto de siglo. Una de estas mentiras es la afirmación que Washington intervino en Angola en 1975 sólo después de que Cuba hubiera enviado un gran número de tropas a ese país para apoyar al Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) cuando el país estaba en la víspera de su independencia de Portugal. La otra es el mito de que no hubo colaboración entre Washington y el régimen del apartheid sudafricano, el cual también estaba involucrado en una operación masiva para frustrar la victoria de las fuerzas del MPLA. La obra de Gleijeses aparece en Conflicting Missions: Havana, Washington and Africa, 1959-1976 (Misiones en conflicto: La Habana, Washington y Africa, 1959-1976), publicado hace poco por la editorial University of North Carolina Press.
Intervenciones imperialistas
El 11 de noviembre de 1975 --tras más de una década de crecientes guerras de liberación nacional en todas las colonias portuguesas en Africa, las cuales habían acelerado la caída de la dictadura fascista en decadencia en Portugal mismo-- el derrotado imperialismo portugués concedió la independencia a su antigua posesión africana en Angola. La más potente de las fuerzas de liberación nacional, el MPLA, controlaba la capital, Luanda, y estaba preparada para conformar un nuevo gobierno. El 18 de julio de ese año el presidente estadounidense Gerald Ford, partiendo de la suposición que un gobierno dominado por el MPLA no sería suficientemente servil a los intereses imperialistas norteamericanos en la región, autorizó un programa de operaciones encubiertas para apoyar a las fuerzas antiportuguesas en el país que se habían mostrado más dispuestas a complacer a Washington y sus aliados.
La decisión de Cuba de enviar unos 480 instructores militares en respuesta a la solicitud de ayuda de la dirección del MPLA se tomó más de un mes después. No fue hasta octubre que arribaron los primeros voluntarios.
El Frente Nacional de Liberación de Angola (FNLA), con base en Zaire y encabezado por Holden Roberto, fue el principal beneficiado del programa ampliado de operaciones de Washington, pero también se incluyó a las fuerzas más débiles de la UNITA con las cuales el FNLA estaba aliado en ese entonces.
"Los sobrantes en esta compañía", señala Gleijeses "eran los chinos, quienes tenían cerca de 200 instructores militares que entrenaban al FNLA en Zaire". Maniobrando para contrarrestar la influencia soviética en la región y demostrar sus credenciales a Washington, también suministraron armas tanto al FNLA como a UNITA.
Los gobernantes estadounidenses simultáneamente aumentaron su colaboración encubierta con el régimen del apartheid de Sudáfrica, el cual había escogido a UNITA como socio preferido. Desde cargamentos de armas hasta asesores, misiones de entrenamiento y operaciones en pequeña escala en el sur de Angola, la intervención sudafricana creció rápidamente después de mediados de 1975, aparejada a las acciones de Washington.
El 14 de octubre las Fuerzas de Defensa Sudafricanas (SADF), haciéndose pasar de mercenarios, enviaron la columna "Zulú" hacia el norte a través de Angola rumbo a Luanda en un intento de tomar la capital antes de la fecha límite de independencia del 11 de noviembre. Al mismo tiempo, las fuerzas del FNLA, apoyadas por Washington, avanzaban por el sur desde Zaire con el mismo objetivo.
Las tropas del FNLA apoyadas por el imperialismo fueron derrotadas decisivamente por las fuerzas combinadas del brazo militar del MPLA reforzado por centenares de voluntarios cubanos que habían empezado a arribar a Luanda apenas 72 horas antes de la batalla decisiva de Quifangondo. Pararon el avance del FNLA allí el 10 de noviembre a pocas millas de Luanda, en momentos en que se arriaba la bandera portuguesa por última vez en el palacio de gobierno. A la medianoche, Agostinho Neto, principal dirigente del MPLA, proclamó la independencia de Angola.
Ya para fines de diciembre, después de que las fuerzas encabezadas por los voluntarios cubanos les propinaran fuertes derrotas, las tropas sudafricanas se habían visto obligadas a retroceder. El 27 de marzo de 1976, los últimos vehículos militares sudafricanos se retiraron cruzando la frontera hacia Namibia. Fue el mismo día que el Consejo de Seguridad de la ONU, por un voto de 9 contra 0, con la abstención del aliado de Sudáfrica, Washington, condenó el "acto de agresión cometido por Sudáfrica contra la República Popular de Angola" y le exigió indemnificación para Angola por los daños bélicos.
La 'noticia'
La guerra no estaba ni cerca de terminada. Sólo 12 años después Sudáfrica se vio forzada a retirarse definitivamente, tras innumerables batallas y más aplastante de todas las derrotas asestadas a las SADF, en la batalla de Cuito Cuanavale en 1988, a manos de las fuerzas combinadas del gobierno angolano y de voluntarios cubanos. Namibia ganó su independencia y por todo el mundo se escuchó el estertor de la muerte del régimen del apartheid.
La "noticia" presentada por el New York Times es que estos hechos, muchos de los cuales los preeminentes voceros de Washington habían negado por mucho tiempo, ahora se aceptan como verdades establecidas. "Historiadores y ex diplomáticos que han estudiado los documentos dicen que éstos demuestran definitivamente que Estados Unidos intervino en Angola semanas antes de la llegada de cualquier cubano, y no después según alega Washington. Además, aunque ... en aquel entonces se negó rotundamente un vínculo entre Washington y Sudáfrica, los documentos parecen demostrar su amplia colaboración", informa French.
"La intervención cubana se produjo en respuesta a una invasión encubierta financiada por la CIA a través del vecino Zaire, conocido ahora como el Congo, y a la ofensiva simultánea de Sudáfrica hacia la capital usando tropas que se hacían pasar por mercenarios occidentales", señala French. Es más, "la investigación documenta una coordinación significativa entre Estados Unidos y Sudáfrica, desde misiones conjuntas de entrenamiento hasta puentes aéreos, y contradice de llano el testimonio que se presentó ante el Congreso en esa época y las memorias de Henry A. Kissinger", el entonces secretario de estado del presidente Gerald Ford.
En su testimonio ante el Congreso norteamericano en enero 1976, Kissinger afirmó que en "agosto [de 1975] los informes de inteligencia indicaron la presencia de asesores, entrenadores y tropas militares soviéticos y cubanos, incluidas las primeras tropas cubanas de combate". Esto contradecía rotundamente los informes de la CIA y otros informes de inteligencia de esa época que ahora están desclasificados, señala Gleijeses. Kissinger estaba "reescribiendo la historia".
Robert Hultslander, jefe de la estación de la CIA en Luanda entre agosto y noviembre de 1975, después de leer el capítulo que escribió Gleijeses sobre estos acontecimientos, le envió una carta --citada por el autor en las páginas de Conflicting Missions-- diciendo: "Estoy de acuerdo con la historia según usted la presenta, y con su conclusión sobre la ayuda proporcionada por las fuerzas cubanas, las cuales, según creo, no llegaron en números importantes hasta que nosotros partimos [el 3 de noviembre].... Aunque desesperadamente deseábamos hallar a cubanos debajo de cada arbusto, su presencia durante mi ejercicio fue invisible, e indudablemente se limitó a unos cuantos asesores". Hultslander había obtenido aprobación de la CIA para esta carta antes de enviarla, dice Gleijeses.
Cuba decidió por su propia cuenta
Conflicting Missions también impugna el argumento promovido por los apologistas de Washington de que las tropas cubanas en Africa actuaban como sustitutos de la Unión Soviética, señala French. Gleijeses documenta el hecho que la dirección cubana tomó la decisión de enviar tropas para ayudar a las fuerzas del MPLA en la víspera de la independencia sin consultar al gobierno soviético, y que le informó sobre esta decisión sólo unas horas antes de que despegara primer avión con voluntarios. "Ansiosos de no descarrilar una distensión con Washington", escribe French, "los soviéticos se limitaron a ofrecer 10 vuelos chárter para transportar a los cubanos a Angola en enero de 1976. El año siguiente, La Habana y Moscú apoyaron bandos opuestos en un intento de golpe de estado en Angola", cuando fuerzas del MPLA que buscaban relaciones más estrechas con la Unión Soviética intentaron derrocar al gobierno de Agostinho Neto. "Los cubanos desempeñaron un papel decisivo en derrotar la rebelión", escribe Gleijeses.
En la preparación de Conflicting Missions, Gleijeses fue el primer académico no cubano que obtuvo acceso a los archivos cerrados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba. Obtuvo una extensa cantidad de documentos norteamericanos a través de la Ley de Libertad de Información, y trabajó en los archivos de los gobiernos de Bélgica, Gran Bretaña y Alemania Oriental y Occidental. Realizó innumerables entrevistas con los principales protagonistas en Estados Unidos, Angola, Cuba y otros países tales como Jorge Risquet; un miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba que ha ocupado un papel central en la política africana de Cuba desde 1965 hasta el presente; Lucio Lara, dirigente del MPLA; y Joseph Sisco, subsecretario de estado norteamericano para asuntos políticos entre 1974 y 1976.
Congo
Uno de los dirigentes cubanos con los que habló Gleijeses en varias ocasiones y llegó a respetar profundamente fue Víctor Dreke. En 1975 Dreke fue el segundo jefe bajo el mando de Ernesto Che Guevara en el Congo durante la primera misión internacionalista de Cuba en Africa subsahariana. En 1966 y 1967 fue jefe de la misión militar cubana en Guinea-Bissau y la República de Guinea, luchando junto a las fuerzas de liberación nacional de Guinea-Bissau y Cabo Verde antes de su independencia de Portugal. Conflicting Missions documenta el aporte de Cuba a ambas luchas.
El titulo nuevo de Pathfinder De la sierra del Escambray al Congo cubre gran parte de esta misma historia, hasta la misión internacionalista con Che Guevara, en un relato testimonial del propio Víctor Dreke. El libro de Dreke es un buen punto de partida para los lectores de Perspectiva Mundial que deseen una introducción sólida no sólo sobre la Revolución Cubana y los hombres y mujeres que la hicieron, sino sobre la amplitud y envergadura del compromiso de Cuba con las fuerzas de liberación nacional en Africa. Para los que quieren aprender más, Conflicting Missions es lectura provechosa. No sólo es una documentación demoledora, redactada con claridad excepcional, sino que se lee como si fuera una historia de aventura.
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