
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR junio de 2002 Vol. 26 No. 06
Editorial
El significado de las elecciones en Francia para el pueblo trabajador
Los resultados de las elecciones presidenciales en Francia ofrecen lecciones importantes para el pueblo trabajador en todo el mundo. Destacan la necesidad de construir un liderazgo obrero revolucionario arraigado en las luchas y organizaciones de los trabajadores y agricultores explotados.
De un lado del planeta al otro, el desorden mundial del capitalismo continúa engendrando crisis económicas, sociales y políticas. También está provocando resistencia entre los trabajadores y agricultores en un país tras otro; de esta resistencia están empezando a forjarse liderazgos proletarios. Una evaluación de los acontecimientos tanto en Francia como en Venezuela, Argentina, el Medio Oriente y otros lugares es indispensable para trazar un camino para poner fin a las guerras y a la devastación que caracterizan cada vez más el capitalismo en decadencia.
Los resultados de las dos vueltas de los comicios en Francia han ahondado la crisis de todos los partidos burgueses en ese país, y también del Partido Socialista. Asimismo, las elecciones confirmaron la bancarrota política de los distintos grupos "socialistas", "comunistas" y "de izquierda" que se presentan como opciones para la clase trabajadora. La capitulación total de estos grupos a la política del "mal menor", a la histeria "antifascista" de las clases medias y a la campaña de "derrotar a Le Pen, votar por Chirac" dirigida por las fuerzas socialdemócratas demuestra que hace tiempo perdieron toda vinculación al internacionalismo proletario y a la resistencia viva de los trabajadores y agricultores.
Estas crisis entrelazadas son lo que quedó expuesto de forma aguda en las elecciones y en el posterior torbellino político que estalló. El voto a favor de Le Pen, así como los reducidos resultados electorales para el gobernante Partido Socialista y el partido de derecha del gaullista Jacques Chirac, no indican un peligro inminente de un movimiento fascista en ascenso, sino más bien ilustran la convergencia política de los principales partidos y su desplazamiento bipartidista hacia la derecha durante más de una década.
El número de votos a favor de Le Pen aumentó apenas un poco en comparación con varias elecciones anteriores. En los comicios locales, regionales y nacionales desde 1997, tanto la Agrupación para la República (RPR) --el partido gaullista de Chirac-- como el Partido Socialista de Lionel Jospin recibieron duros golpes, un indicio que cuántos trabajadores están hartos de los ataques constantes de los gobernantes franceses. La primera vuelta de las elecciones presidenciales registró la caída precipitosa del apoyo a los dos partidos cuando grandes números de trabajadores y agricultores decidieron no ir a las urnas o votaron por una de las muchas pequeñas organizaciones centristas o ultraderechistas.
Ante los ojos de los trabajadores y agricultores que resisten los efectos de la crisis económica capitalista y la arremetida de los patrones y su gobierno, la posiciones de los principales partidos están asociadas con estos crecientes ataques y parecen menos distinguibles entre sí.
La capitulación abyecta de los grupos de la "izquierda de la izquierda", al sumarse al grito de pánico de "¡Votemos por Chirac!" para "salvar a Francia" ondeando la bandera imperialista francesa, es la culminación apropiada de una trayectoria, a lo largo de las décadas, de rechazar toda pretensión de integrarse a la clase obrera y a sus luchas y batallas cotidianas. Su actual postura es un paso más en su evolución hacia una posición de actuar en la práctica como ala izquierda de la socialdemocracia.
Peligro del nacionalismo francés
El Primero de Mayo, bajo el pretexto de combatir un creciente "peligro fascista", la cúpula sindical y la dirección del PS, apoyadas por el Partido Comunista y otros partidos obreros, organizaron acciones nacionalistas francesas en todo el país para movilizar los votos a favor de un enemigo de todo el pueblo trabajador, Jacques Chirac del partido gaullista.
El profundo aspecto nacionalista de la traición de estos partidos obreros, que se sumaron a la campaña de "movilizar los votos" contra Le Pen, se destaca en un hecho: jamás se mencionó el papel del estado imperialista francés durante la llamada batalla para derrotar el fascismo.
Estos partidos y direcciones sindicales le dieron la espalda al pueblo trabajador en el Pacífico, Africa, Afganistán y otras partes, al instar a los trabajadores a que votasen por un partido capitalista que es directamente responsable de la política exterior y militar del gobierno francés. Francia es una de las potencias imperialistas más fuertemente armada y mantiene un arsenal de armas nucleares: la force de frappe tan querida por sus gobernantes multimillonarios. París tiene tropas emplazadas en Yugoslavia y en varios países africanos, y desempeña un papel activo en las fuerzas imperialistas de ocupación en Afganistán. ¿Acaso estos trabajadores y campesinos están sufriendo bajo la bota del ultraderechista Le Pen? ¿O es más bien el imperialismo francés, organizado por el PS y el partido de Chirac, el opresor directo de estos pueblos?
Los trabajadores pagarán un precio por las repercusiones de las movilizaciones nacionalistas en Francia. Esas protestas ayudaron a los gobernantes capitalistas en los intentos de promover sus medidas de austeridad, política comercial, campañas represivas de "seguridad" y guerras en el exterior como algo bueno para "nosotros los franceses". Reforzaron la ofensiva ideológica de los gobernantes, la cual pretende impedir que los trabajadores y agricultores identifiquen a "nosotros" con los explotados y oprimidos del mundo y a "ellos" con los gobernantes capitalistas y sus patrones y agentes bien remunerados.
Cabe recordar las consecuencias lógicas de la política burguesa del mal menor. Un ejemplo de esto se vio en 1932, cuando so pretexto de frenar el peligro fascista en Alemania, el Partido Socialdemócrata instó a los trabajadores a votar por el presidente Paul von Hindenburg, un militarista conservador. Después de su triunfo electoral, Hindenburg le entregó el poder a Adolf Hitler.
Causas de la crisis
La crisis que enfrentan los partidos burgueses y socialdemócratas se desprende de la incapacidad de la acaudalada clase dominante francesa de aplastar la resistencia de los trabajadores contra los efectos de la crisis de la economía capitalista mundial. Esta crisis se manifiesta en peores condiciones de trabajo, ataques contra los derechos de los inmigrantes, niveles persistentemente altos de desempleo, intentos de recortar las pensiones de jubilación y medidas de austeridad contra la educación y la salud.
Al igual que en otros países imperialistas, los principales partidos se han desplazado hacia la derecha en las últimas dos décadas conforme actúan a nombre de la burguesía. Tratan de sembrar divisiones entre la clase obrera, recortar el salario social y los derechos de los trabajadores e imponer medidas de "ley y orden" poniendo a más policías en la calle y a más trabajadores en la cárcel. El único curso que han tomado --y que seguirán tomando-- es de impulsar esta ofensiva, de la forma que sea, aunque más tarde resulten humillados en las elecciones.
Los partidos capitalistas y socialdemócratas, junto con los centristas que se agarran de su faldón, han hecho todo lo posible --sobre todo desde que el ultraderechista Jean-Marie Le Pen obtuvo el segundo lugar en los comicios-- para disimular hecho que los principales temas de la campaña de Le Pen --la delincuencia, la Unión Europea y la inmigración-- han sido la piedra de toque de la política burguesa durante bastante tiempo en Francia. Por ejemplo, la campaña lepenista a favor de detener la inmigración a Francia por muchos años es una política que la clase gobernante norteamericana adoptó entre la primera y la segunda guerra mundial. El hace una distinción entre los inmigrantes "ilegales" y los que se han hecho ciudadanos de Francia, afirmando que los primeros deben ser arrestados y deportados.
Le Pen, al igual que otros ultraderechistas que actúan en el marco de la política burguesa en Estados Unidos y otros países, promueve sus propuestas reaccionarias abordando estas cuestiones francamente, sin la edulcoración que aplican los políticos capitalistas tradicionales. Al mismo tiempo, le da un toque demagógico al presentarse como portavoz de "los marginados por el establishment".
Para situarse mejor en su competencia con el imperialismo norteamericano, los gobernantes franceses libran su ofensiva contra los trabajadores y agricultores bajo la bandera de una Unión Europea y moneda común fuertes. Justifican los recortes presupuestarios y demás ataques contra el pueblo trabajador afirmando que los dicta una burocracia "supranacional" sin nombre ni rostro que se encarga de supervisar las medidas que llevan a la unidad europea. Les dicen a los trabajadores que el creciente uso patronal de empleos temporales, el deterioro de las condiciones de trabajo y los cierres de fábrica son males necesarios al construir un mercado común y permanecer "competitivos" en el mercado capitalista mundial.
Por otra parte, a medida que se extiende la Unión Europea (UE) hacia el este, va creciendo el peso de Alemania, y obtiene más apoyo la campaña anti-euro de la derecha radical en Francia y en algunos de los países europeos más pequeños. Y los efectos de la recesión mundial impactan de manera diferenciada los distintos países y las distintas capas de los trabajadores y agricultores en Europa.
Los dirigentes de los partidos socialista y gaullista han presentado su antiamericanismo en el marco de apoyar una moneda común para crear un bloque comercial que pueda hacerle frente al imperialismo norteamericano y para tratar de ampliar el comercio con los estados obreros de Europa oriental.
Al tiempo que se suma al coro chovinista antiamericano, Le Pen dirige su fuego contra Bruselas, sede de la UE. Arremete contra los principales partidos, presentando su demanda de retirarse de la unión monetaria como la única salida para proteger "empleos franceses" y la soberanía de ese país.
Evolución del Frente Nacional
Por otra parte, los resultados electorales también significan una crisis para el Frente Nacional, un partido burgués de ultraderecha. Por unos cuantos años, Le Pen se ha ido alejando de los elementos más abiertamente fascistas en su partido, proceso que provocó una escisión de los que se oponían a sus gestiones para hacerse más "respetable" en política burguesa.
Dirigentes de mentalidad fascista como Le Pen en Francia y Patrick Buchanan en Estados Unidos entienden que la única manera en que los gobernantes capitalistas podrán en última instancia aplastar la resistencia obrera es por combates violentos. Su perspectiva consiste en organizar a cuadros en las calles que puedan hacerle frente y derrotar a la clase obrera; pero estos momentos resulta históricamente prematuro construir y sostener movimiento con esta perspectiva. Estas fuerzas o bien pueden permanecer como grupos ideológicos aislados o bien integrarse a la política electoral burguesa, el otro principal terreno donde pueden obtener un público.
Buchanan alcanzó su punto culminante en las elecciones primarias de New Hampshire en 1996, cuando su triunfo estremeció al establishment republicano. Pero este tipo de éxitos electorales no le permiten un avance importante a las fuerzas fascistas en la actualidad porque aún no pueden construir un movimiento ultraderechista callejero. Sus resultados electorales a veces pueden tomar de sorpresa a los sectores burguesas "respetables" pero, a la larga, el hecho que no pueden mantener estos resultados lleva a la desilusión entre los cuadros ultraderechistas.
La votación en Francia representará la cima para Le Pen. Al mismo tiempo, las medidas nacionalistas ideológicas, "contra la delincuencia" y contra los inmigrantes, que son piedra de toque de la política burguesa actual, seguirán engendrando corrientes ultraderechistas en todos los países imperialistas.
Forjar partidos proletarios
La clase obrera en Francia ha demostrado repetidamente su capacidad para luchar y movilizarse contra la ofensiva de los capitalistas. A través de Europa, continúan estallando batallas similares contra la ofensiva antiobrera de los patrones y sus gobiernos. El día después de la segunda vuelta electoral en Francia, decenas de miles de trabajadores en Alemania lanzaron una serie de paros exigiendo un aumento salarial decoroso en las grandes compañías automotrices, siderúrgicas y otras grandes industrias. En Italia, con paros de un día los trabajadores han advertido al gobierno de Berlusconi que debe cuidarse de llevar a cabo una nueva serie de ataques contra el salario social en ese país.
Los trabajadores que están enfrascados en estas batallas votan de diversas maneras en las elecciones burguesas cuando no se ha presentado una clara perspectiva obrera. Lo decisivo no es cómo voten sino el hecho que los trabajadores estén en las líneas de piquetes o en las calles para defender sus intereses de clase.
Los trabajadores y los jóvenes de disposición revolucionaria pueden aprovechar una abundancia de materiales en español, inglés y francés como parte de sus luchas. Entre éstos están: El desorden mundial del capitalismo, Cuba y la revolución norteamericana que viene, El rostro cambiante de la política en Estados Unidos y el número 1 de Nueva Internacional, "Los cañonazos iniciales de la tercera guerra mundial". Estos títulos de Pathfinder, basados en décadas de lecciones de las luchas obreras, explican los orígenes de la crisis capitalista y de la derechización de los principales partidos capitalistas, y señalan la posibilidad y la necesidad de construir partidos proletarios que dirijan a decenas de millones en la lucha para quitarle el poder a la burguesía y reemplazarlo con un gobierno de trabajadores y agricultores.
Frente a los efectos del dominio capitalista, un mayor número de trabajadores, agricultores y jóvenes están dispuestos a contemplar una alternativa revolucionaria a medida que continúan sus luchas cotidianas. Pequeños partidos proletarios, que estén arraigados en esta resistencia y que hagan trabajo político dentro de las fábricas y las minas, pueden extender su alcance político y obtener una respuesta positiva con cada ola sucesiva de ascensos y crisis.
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