
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR febrero de 2002 Vol. 26 No. 02
Análisis
El reto de construir un liderazgo obrero comunista en Argentina
Por Argiris Malapanis
MIAMI-- "Fuimos a Argentina no sólo como reporteros de Perspectiva Mundial y del Militant sino para ayudar a construir el movimiento comunista", dijo Martín Koppel al iniciar su presentación en el Militant Labor Forum, un mitin público celebrado aquí el 19 de enero.
"Además de Perspectiva Mundial y el Militant, trajimos libros de Pathfinder y ejemplares de Nueva Internacional. Y buscamos a trabajadores y jóvenes que se veían atraídos a la perspectiva de hacer una revolución", apuntó.
Junto con Koppel, director de Perspectiva Mundial, habló Romina Green, obrera de la costura y organizadora de la Juventud Socialista en Nueva York. Los dos acababan de regresar de un viaje de dos semanas a Argentina para hacer cubrir el estallido social que condujo al colapso del gobierno de Fernando de la Rúa en diciembre. También participó en este equipo de reporteros Christian Catalán de Canadá.
El foro, titulado "Detrás de la crisis social y el colapso económico en Argentina", formó parte de un fin de semana de educación socialista, auspiciado por el Partido Socialista de los Trabajadores y la Juventud Socialista en Miami y Tampa. Casi 30 personas participaron en el foro sobre Argentina y en dos clases al día siguiente, "En defensa de los derechos de los trabajadores" y "Bolchevismo y anarquismo". Entre ellos estaban un joven de secundaria y tres trabajadores inmigrantes de Argentina. Los tres --una obrera de la costura, un obrero de la construcción y un soldador-- señalaron que ahora está creciendo rápidamente la población inmigrante de Argentina en Miami.
La actual situación en Argentina, dijo Koppel, es un ejemplo dramático de lo que el capitalismo le ofrece al pueblo trabajador del mundo, desde la crisis de la deuda en Turquía y la creciente intervención militar norteamericana en Filipinas, hasta la crisis económica en los países imperialistas, resaltada hace poco por el derrumbe de la compañía Enron y sus repercusiones.
Hoy día en Argentina, el pueblo trabajador enfrenta un nivel récord de desempleo, recortes sociales brutales y ataques policiacos contra los trabajadores que protestan. La reciente devaluación del peso argentino está propiciando la caída abrupta de los ingresos del pueblo trabajador.
"Hay bastante resistencia obrera a estas condiciones brutales en la actualidad. Y encontramos a muchos trabajadores y jóvenes allí que estaban sedientos de respuestas revolucionarias", afirmó Koppel. «Pero lo que hace falta es un liderazgo de la clase obrera: un partido que pueda dirigir al pueblo trabajador para trazar un rumbo que le quite el poder a las familias gobernantes argentinas, se libere de la dominación imperialista y establezca un gobierno de trabajadores y agricultores que pueda abrir la puerta al socialismo. De eso fuimos a hablar con otras personas en Argentina.
Peronismo: principal obstáculo
No se puede comprender la política actual en Argentina sino examinar el desarrollo de las corrientes históricas en el movimiento obrero a lo largo de los años, señaló Koppel. Hoy, dijo, el principal obstáculo a la posibilidad de que pueblo trabajador en Argentina forje una dirección revolucionaria sigue siendo el peronismo, una corriente burguesa que ha dominado la política en ese país desde la Segunda Guerra Mundial.
"Este obstáculo no era inevitable", dijo. La principal corriente en el movimiento obrero antes de la Segunda Guerra Mundial era el Partido Comunista de Argentina. Este partido estalinista traicionó a la clase obrera en vísperas y durante la Segunda Guerra Mundial. Al aplicar fielmente la política exterior de la casta burocrática gobernante en Moscú, apoyó la campaña bélica del principal opresor imperialista de Argentina --el Reino Unido-- y su aliado en Washington. El PCA se opuso a las huelgas de obreros de la carne y otros sindicalistas a fin de "apoyar el esfuerzo bélico". Dicha traición desprestigió al PCA entre la vanguardia de la clase obrera.
Los estalinistas así le entregaron la bandera de la liberación nacional a la corriente burguesa nacionalista en torno a Juan Domingo Perón, quien pudo desviar las potenciales luchas revolucionarias de los trabajadores y agricultores hacia vía procapitalistas.
Los capitalistas argentinos habían logrado aprovechar la guerra entre los rivales imperialistas al venderles carne y reportar buenas ganancias. Esto les permitió hacer importantes concesiones a la clase obrera. Bajo el gobierno de Perón, nombrado ministro del trabajo por una junta militar y luego elegido a la presidencia en 1946, los trabajadores se incorporaron masivamente a los sindicatos y conquistaron notables aumentos de salarios y prestaciones sociales. Durante el boom de la posguerra, los trabajadores atribuyeron los frutos de sus luchas a Perón y a su esposa Eva, quienes se presentaron como paladines de los desposeídos y defensores de "la nación argentina". La dirección de los poderosos sindicatos industriales, afiliados a la Confederación General del Trabajo (CGT), quedó subordinada y completamente atada a Perón y a su Partido Justicialista.
Desde entonces, el movimiento obrero argentino se ha caracterizado por la contradicción entre la combatividad de las filas y el colaboracionismo de clases de la burocracia sindical que ha atado los sindicatos al partido peronista y al estado capitalista.
Período prerevolucionario
Al acabarse el boom de la posguerra, Perón fue derrocado en un golpe militar. Los trabajadores y sus organizaciones sufrieron golpes pero no fueron derrotados.
En 1969 se produjo un levantamiento obrero en Córdoba, el centro de producción automotriz y aeroespacial, contra el régimen militar. Se dieron levantamientos parecidos en el centro industrial de Rosario y después en varias otras ciudades, menos en Buenos Aires, la capital.
El cordobazo, según se conoce, inició una situación prerrevolucionaria en Argentina, en una época en que se produjeron ascensos de la clase trabajadora en varios países sudamericanos. "Con una dirección adecuada, se podría haber planteado una lucha por el poder por parte de los trabajadores y agricultores", subrayó Koppel.
Para disipar el auge de masas, los militares anunciaron elecciones que se celebraron en 1973. Los peronistas ganaron por un margen decisivo.
Durante esta época, comenzaron a crecer corrientes de tendencia de lucha de clases en el movimiento sindical, buscando impugnar la trayectoria propatronal de la burocracia peronista. Diversas organizaciones que se identificaban como socialistas o comunistas desempeñaron un papel activo en el movimiento sindical. Entre ellos había una pequeña corriente marxista que se ganó respeto e influencia entre muchos trabajadores de vanguardia.
No obstante, frente al obstáculo del peronismo y la traición estalinista, 'miles de jóvenes y trabajadores de disposición revolucionaria viraron hacia un rumbo ultraizquierdista", dijo Koppel. "Se vieron inspirados por la Revolución Cubana pero aplicaron erróneamente sus lecciones. Rechazaron la perspectiva de construir un partido revolucionario de trabajadores arraigado en sus luchas y organizaciones de masas, y elevaron el método de la guerra de guerrillas al nivel de estrategia política, pensando que era posible que un pequeño grupo despertara la acción de las masas mediante actos audaces pero aislados". Entre estos grupos se destacaban el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y los montoneros, un grupo surgido del peronismo que usaba lenguaje socialista.
"Esta trayectoria ultraizquierdista y sectaria condujo a resultados desastrosos", recalcó Koppel. "Los trabajadores y agricultores quedaron marginados más y más por esta estrategia. Y la clase dominante desató una salvaje represión, asesinando a miles de valerosos revolucionarios".
Señaló que las lecciones de esta experiencia se presentan en el libro de Pathfinder The Leninist Strategy of Party Building: The Debate on Guerrilla Warfare in Latin America (La estrategia leninista para la construcción del partido: el debate sobre la guerra de guerrillas en Latinoamérica) por Joseph Hansen, dirigente del Partido Socialista de los Trabajadores en Estados Unidos por muchos años. Fue uno de los libros que se vendieron durante el fin de semana de educación socialista.
Los gobernantes respondieron con un sangriento golpe de estado en 1976. Bajo la dictadura, apoyada por Washington, fueron "desaparecidos" unos 30 mil trabajadores, estudiantes y otros. Miles más se vieron encarcelados o exiliados. A la clase obrera le tardó años recuperarse de estos golpes.
Ofensiva antiobrera de los años 90
En 1989, después de una transición a un régimen democrático burgués, el partido peronista salió electo nuevamente, con Carlos Menem como presidente. Durante la década de 1990 se llevó a cabo la venta de la mayoría de las industrias y los servicios estatales a inversionistas extranjeros y se dio una acelerada penetración del capital financiero imperialista. Los dueños capitalistas de estas industrias efectuaron masivos despidos, provocando un aumento abrupto en el desempleo y la aceleración del ritmo de trabajo. La CGT, que apoyaba a Menem, aceptó estos ataques sin mucha resistencia, dijo Koppel.
"Visitamos la provincia de Neuquén", comentó Koppel, "un centro de la industria petrolera. El nivel de vida de los trabajadores ha quedado devastado por los despidos en la última década. Pero ante todo, quedó devastado por la política de la burocracia sindical de depender del gobierno para los empleos, las pensiones y un futuro seguro".
Incapaz de responder a la ofensiva capitalista, se fragmentó la CGT. Ahora existen dos CGT, así como la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA), una organización más pequeña. Todas cuentan con una dirección colaboracionista de clase. Entre tanto, el nivel de sindicalización se ha desplomado: del 90 por ciento al 20 por ciento de la fuerza de trabajo.
Durante muchos años la clase obrera se vio afectada por el temor, primero por el legado del terror militar, después por la amenaza del desempleo. Sin embargo, comenzaron a estallar rebeliones sociales a mediados de los años 90, especialmente en las provincias más afectadas por la crisis social. Los trabajadores desocupados o que no habían sido pagados en varios meses se rebelaron en Santiago del Estero, Neuquén, Jujuy, Salta y otras provincias.
La deuda externa argentina se ha multiplicado a más de 140 mil millones de dólares. Los capitalistas en Estados Unidos, Gran Bretaña, España y otros países imperialistas usan este sistema de esclavitud de la deuda para succionarle a Argentina su riqueza --miles de millones de dólares-- como hacen también en todo el mundo semicolonial. Para pagar a estos obligacionistas parásitos, los gobernantes de Argentina han recortado los salarios de empleados estatales, reducido pensiones y socavado las condiciones de trabajo.
"Al tiempo que casi el 20 por ciento de la fuerza laboral está desempleada y aún más están subempleados, muchos trabajadores nos dijeron que las jornadas de 12 horas ahora son normales", dijo Koppel. "Las lesiones en el trabajo han aumentado debido a la aceleración del ritmo de trabajo". Mediante las llamadas leyes de flexibilización laboral, a las cuales la cúpula sindical consintió en gran parte, se han socavado muchas conquistas del movimiento obrero. Los corresponsales de Perspectiva Mundial descubrieron que no es infrecuente que los trabajadores nuevos tengan que pasar por un periodo de prueba de uno o hasta dos años, apuntó Koppel.
Caída de régimen de la Rúa
Fernando de la Rúa, un político del Partido Radical que derrotó a los peronistas y ganó las elecciones de 1999 en una alianza con otro partido burgués, Frepaso, cumplió obedientemente las demandas de los inversionistas imperialistas y los capitalistas argentinos para exprimir aún más a los trabajadores y agricultores. Sin embargo, en diciembre el gobierno incumplió sus pagos a la deuda porque simplemente no le alcanzaban los fondos para pagar los intereses. Al mismo tiempo, la política de "convertibilidad" decretada por el gobierno de Menem, que fijaba el peso a un cambio de uno a uno con el dólar estadounidense, llegó a ser insostenible a medida que el peso perdió valor en la práctica frente a la moneda norteamericana.
Los sindicatos, que habían librado varios paros nacionales contra de la Rúa, lanzó una nueva huelga general el 13 de diciembre.
Una ola de protestas obreras estalló por todo el país: cortes de rutas por los trabajadores desocupados, manifestaciones de sindicalistas que reclamaban salarios atrasados y multitudes de trabajadores desempleados que asaltaban supermercados. Pequeños comerciantes y profesionales que se veían amenazados por la ruina se sumaron a las protestas. Esta vez estallaron manifestaciones de masas en Buenos Aires. Cuando de la Rúa anunció un estado de sitio y desató una mortífera violencia policial, estalló aún más ira popular y el presidente se vio obligado a renunciar el 20 de diciembre.
"Esto era la clase obrera que se defendía anárquicamente, con poca organización, sin dirección y sin demandas claras salvo medidas inmediatas de alivio," afirmó Koppel. En Buenos Aires, los sindicatos y los partidos que se dicen socialistas o comunistas brillaron por su ausencia en las grandes movilizaciones.
Tras la renuncia de tres presidentes más en menos de dos semanas, la clase dominante argentina nombró como presidente al dirigente peronista Eduardo Duhalde, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires. Duhalde ha usado la tradicional demagogia peronista para tratar de disipar las protestas sociales y ha establecido un gobierno de coalición, dominado por los peronistas con la participación de radicales. Su gobierno devaluó oficialmente el peso, medida que tendrá efectos desastrosos sobre el nivel de vida del pueblo trabajador, y está preparando una nueva serie de ataques económicos para cumplir las exigencias de los acreedores imperialistas.
Liderazgo revolucionario
"El estallido de protestas sociales y la caída del gobierno de Fernando de la Rúa ha abierto una mayor discusión y debates entre el pueblo trabajador en Argentina", dijo Koppel. "Pero hoy día no existe una corriente política que ofrezca dirección en Argentina".
Continúan diariamente por todo el país las manifestaciones callejeras, los "cacerolazos", las huelgas y otras protestas, que exigen una respuesta a la catástrofe económica. Pero estas diversas acciones reflejan diferentes tipos de fuerzas y dinámicas de clase.
Por un lado, las luchas tales como las demandas a favor del pago de salarios atrasados, a favor de empleos o en contra de la violencia policial --que se han estado produciendo desde Neuquén hasta Córdoba y Jujuy-- pueden fortalecer la confianza de los trabajadores en sus propias capacidades.
"Pero las manifestaciones que simplemente corean, '¡Que se vayan los políticos corruptos !' o que denuncian a 'todos los partidos políticos': esas acciones no benefician los intereses del pueblo trabajador", dijo. "Simplemente estar en contra del gobierno no es progresista en sí, y alimentará las corrientes derechistas que denuncian la corrupción de establishment".
Sectores de la clase media se han movilizado en protestas contra el "corralito", la congelación de cuentas bancarias. Pero la mayoría de estos cacerolazos no tienen carácter progresista. Algunos son abiertamente reaccionarios. Un ejemplo fue un mitin callejero en Córdoba contra la subida de precios que se dirigió contra un pequeño comerciante chino en vez de los capitalistas que suben los precios.
"La furia pequeñoburguesa expresada en muchas de estas acciones puede prestarse a la demagogia derechista y fascista", dijo Koppel. Pequeños grupos y figuras fascistas, tales como los seguidores de Mohamed Ali Seineldín --un ex oficial militar que usa retórica nacionalista y anticapitalista--, forman parte de la palestra política argentina. Pero es improbable que los fascistas se conviertan en una fuerza de masas y reciban apoyo decisivo de la clase gobernante, a menos que el movimiento obrero se vuelva suficientemente fuerte como para disputar el poder y pierda oportunidades decisivas para hacerlo", dijo Koppel.
En el actual movimiento obrero, el peronismo sigue como la predominante corriente política. Las dos CGT no tardaron en anunciar su apoyo al gobierno de Duhalde. La posición oficial de la CTA es de no apoyar a ningún partido, pero en la práctica sus dirigentes brindan apoyo crítico a los peronistas.
"Es cierto que la influencia peronista es más débil que hace 35 años, sobre todo entre las generaciones jóvenes que no vivieron los años de la posguerra y Perón. "Pero el peronismo sigue siendo el principal obstáculo político al comunismo y a una clara marcha proletaria en el movimiento obrero argentino.
"No es infrecuente que un trabajador combativo afirme que el partido y los políticos peronistas 'han traicionado los ideales de Perón' y que los peronistas 'no son mejores que los radicales'. Pero dicha expresión no significa una ruptura con el peronismo. Aún refleja una ilusión en el 'ideal' promovido por Perón de que un gobierno burgués puede combatir la dominación imperialista y defender los intereses del pueblo trabajador en Argentina. De hecho, muchos trabajadores que hoy denuncian a los peronistas tienen un retrato de Juan y Evita Perón en su sala o en la sede de su sindicato".
Otras corrientes políticas
Todas las principales corrientes de "izquierda" en el actual movimiento obrero desempeñaron un papel en la época prerrevolucionaria de principios de los años 70. Pero ninguna ha sacado o verdadero balance de las lecciones de estos acontecimientos, dijo Koppel, porque su trayectoria política contribuyó a la derrota o porque su política ha cambiado. Y ninguna ofrece liderazgo revolucionario.
El Partido Comunista de Argentina es una sombra de lo que era. Quedó muy desprestigiado por haber apoyado a la junta militar a cambio de la esperanza de evitar la represión. Persigue una línea de colaboracionismo de clases parecida a la de los partidos estalinistas en todo el mundo, y quedó debilitado aún más por el derrumbe de sus patrocinadores y pagadores en la Unión Soviética.
Entre las demás corrientes, los diversos grupos autoproclamados trotskistas mantienen una presencia visible en los sindicatos, como lo han hecho históricamente, pero están más y más fragmentados, observó Koppel. El Movimiento al Socialismo (MAS), dirigido por Nahuel Moreno hasta su muerte en 1987, se ha escindido en varios grupos, incluido el Movimiento de Trabajadores Socialistas (MST) y el Partido de Trabajadores por el Socialismo (PST). Estos grupos mantienen una política ultraizquierdista, ilustrada por la consigna perenne de "Por una asamblea constituyente" de uno de ellos, el Partido Obrero. El MST ha formado una alianza electoral con el PCA, lo cual es su enfoque principal.
Hay otras corrientes desde los peronistas de izquierda, algunos de los cuales se concentran en "trabajo barrial", hasta los anarquistas, que atraen a algunos jóvenes radicalizados por su postura de "rechazo a todos los partidos políticos".
Reconstruir movimiento comunista
Esta falta de liderazgo proletario no cambiará del día a la noche, dijo Koppel. Pero a medida que se desarrolla la crisis capitalista y que la clase gobernante trata de resolver sus problemas a expensas del pueblo trabajador, continúan las luchas defensivas y los trabajadores y jóvenes de disposición revolucionaria siguen buscando respuestas.
En su presentación, Romina Green describió la sed de ideas revolucionarias que el equipo internacional constató en Argentina, desde miembros del sindicato metalúrgico que ocupaban una fábrica en las afueras de Buenos Aires hasta un grupo de estudiantes universitarios en Córdoba.
"Muchas de las personas que conocimos estaban especialmente interesadas en hablar con comunistas de Norteamérica sobre la política obrera en Estados Unidos y Canadá", dijo Green. Compraron libros tales como El rostro cambiante de la política en Estados Unidos y El desorden mundial del capitalismo. "Mucha gente quería saber qué pensábamos de la campaña bélica de Washington en Asia central y sus repercusiones dentro de Estados Unidos, incluyendo los ataques del gobierno norteamericano contra los derechos de los trabajadores en este país bajo el pretexto de 'combatir el terrorismo'."
Otros se interesaron en Che Guevara habla a la juventud y otros libros sobre la Revolución Cubana. Estos libros son esenciales, dijo Green, para rebatir interpretaciones erróneas de que Ernesto Che Guevara era simplemente un guerrillero heroico en vez de un dirigente político de trabajadores, tanto en la lucha de masas para derrocar a la dictadura de Batista como en los esfuerzos posteriores de los trabajadores y campesinos por reorganizar la sociedad.
El cordobazo y otros levantamientos obreros en Argentina y otros países del Cono Sur no son simplemente hechos de interés histórico, apuntó Green. Ella destacó la afirmación de Jack Barnes, autor de El desorden mundial del capitalismo, "Para los trabajadores de disposición revolucionaria, tales sucesos no sólo confirman de lo que nuestra clase es capaz, sino lo que sabemos que tarde o temprano va a suceder en cada país del mundo."
"El trabajo que hicimos en Argentina tuvo el mismo objetivo que los Jóvenes Socialistas que participaron en el festival mundial de la juventud el verano pasado y en los recientes encuentros antiimperialistas, buscando a jóvenes de disposición revolucionaria," concluyó Green. "Es a través de este tipo de trabajo que se comenzará a reconstruir el movimiento comunista, incluso en Argentina."n
Argiris Malapanis es un empacador de carne en Ft. Lauderdale, Florida. n
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