
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR enero de 2002 Vol. 26 No. 01
Argentina
Rebelión del pueblo trabajador
De la Rúa cae ante protestas contra colapso económico y estado de sitio
Por Martín Koppel
y Róger Calero
Frente a una explosión de protestas populares en todo el país, incluida la capital, el presidente argentino Fernando de la Rúa se vio obligado a renunciar el 20 de diciembre.
Con decenas de miles de manifestantes enardecidos frente a la Casa de Gobierno que desafiaban el estado de sitio y coreaban "¡Que se vaya!", de la Rúa firmó su dimisión, subió al techo y huyó en helicóptero. Miles de trabajadores y jóvenes celebraron su victoria.
"¿Qué siento? Una bronca maravillosa", dijo Carolina, una joven de 25 años que se manifestaba en la Plaza de Mayo ese día. "Este es un triunfo popular. A éste no lo sacó ni la cana [policía], ni los milicos: lo sacamos nosotros".
La celebración se mezcla con indignación por la salvaje represión policiaca. Al cierre de la edición, se informaba que unas 30 personas habían muerto a nivel nacional, muchas baleadas por la policía, y varios miles fueron detenidos. En la Plaza de Mayo de la capital, la policía mató a cinco jóvenes manifestantes, entre ellos dos motoqueros --Gustavo Benedetto y Carlos Almirón, de 23 y 24 años de edad, respectivamente-- miembros del Sindicato Independiente de Mensajeros y Cadetes.
La rebelión fue provocada por niveles de desempleo sin precedentes, el desplome del nivel de vida, y medidas del gobierno destinadas a exprimir aún más al pueblo trabajador para pagar el tributo de la deuda a los bancos norteamericanos y demás acreedores internacionales.
Deuda impagable
Con una deuda externa de 132 mil millones de dólares, el gobierno argentino se encuentra en quiebra, incapaz de mantener los incesantes pagos de intereses a la deuda exigidos por los acreedores imperialistas.
Al rogarle al Fondo Monetario Internacional (FMI) más préstamos para pagar los viejos préstamos, la principal solución del gobierno capitalista ha sido de recortar pensiones y salarios de empleados estatales, aumentar impuestos, imponer un congelamiento parcial de los retiros bancarios, y desatar a la policía antimotines cuando los trabajadores protestan. Afectados por una devaluación del peso en la práctica, los trabajadores argentinos enfrentan una posible "dolarización" que sería desastrosa para la mayoría.
El nuevo presidente interino Adolfo Rodríguez Saá, "cuando se le preguntó si 'la prioridad la tendrá la deuda externa o la gente', respondió que la deuda, pero rápidamente se rectificó y dijo 'la gente' ", informó el diario bonaerense Clarín el 21 de diciembre.
Para tratar de desmovilizar las protestas obreras, Rodríguez inmediatamente anunció la suspensión temporal del pago de la deuda y prometió crear un millón de puestos de trabajo. Sin embargo, muchos de los manifestantes han expresado su desprecio de todos los políticos capitalistas y no confían en sus promesas. Mientras hablaba Rodríguez, decenas de manifestantes hacían un ruidoso "cacerolazo" de protesta afuera.
El 13 de diciembre los sindicatos realizaron una huelga general que paralizó el país: la séptima en los dos años del gobierno de Fernando de la Rúa, quien se había ganado el apodo "de la Ruina". La organizaron las dos alas de la Confederación General del Trabajo (CGT) y la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA). En la huelga participó también un número importante de pequeños comerciantes, estrujados por la deuda y las altas tasas de intereses. Una de las principales demandas del paro era la revocación del decreto reciente que limitaba a 250 dólares la semana los retiros de las cuentas bancarias. El gobierno impuso esta medida para evitar una racha de retiros y la evaporación de las reservas extranjeras a causa del temor de una devaluación.
Cacerolazos
El día antes de la huelga general, miles de trabajadores participaron en marchas y concentraciones. Trabajadores desocupados cortaron rutas que conducen a Buenos Aires. Pequeños comerciantes organizaron "apagones" cerrando tiendas. Los residentes de muchos barrios obreros en la capital hicieron cacerolazos.
Los jubilados se movilizaron masivamente. Ante las protestas, el gobierno retiró su decisión anterior de aplazar los pagos de pensiones por una semana.
Los maestros que aún no habían recibido sus salarios de noviembre también se manifestaron. El gobierno anunció que se les pagaría todo su salario de diciembre, pero no con pesos sino con bonos de cuestionable valor.
Durante el fin de semana de protestas, el Frente Nacional contra la Pobreza, una coalición encabezada por la CTA, anunció los resultados de una consulta que organizó para hacer campaña por la creación de un "seguro de desempleo y formación" universal, con beneficios de 380 dólares por mes a los jefes de hogar y 60 dólares por cada hijo menor. Los dirigentes de la CTA le pidieron al Congreso que apruebe la medida.
La policía respondió a las protestas callejeras y marchas con represión en muchas ciudades. En algunos casos estallaron batallas callejeras cuando los trabajadores se defendieron. En Neuquén la policía disparó balas de goma y gases lacrimógenos contra una manifestación de 6 mil trabajadores del estado. Los manifestantes destrozaron varios edificios del gobierno y cajeros automáticos.
Unos 800 obreros ferroviarios de la Ferrexpreso Pampeano, en la provincia de Buenos Aires, salieron en huelga el 17 de diciembre exigiendo el pago de salarios atrasados desde noviembre. Al día siguiente los patrones cedieron a los sindicalistas.
La rebelión estalló en una situación en que el gobierno buscaba cumplir las exigencias del FMI y de los acaudalados obligacionistas en los países imperialistas a expensas de los trabajadores y agricultores argentinos.
En un intento de ganarse la confianza de los bancos e inversionistas extranjeros, el entonces ministro de economía Domingo Cavallo anunció el 17 de diciembre una propuesta para recortar 10 mil millones de dólares de gastos sociales como parte del presupuesto nacional del 2002. Amenazó con recortar aún más los salarios y las pensiones de los trabajadores estatales.
El 5 de diciembre el FMI había suspendido el pago de 1 300 millones de dólares de un préstamo anteriormente aprobado de 22 mil millones de dólares. Para aplacar al FMI, Cavallo eliminó una exención de impuestos para los negocios, con la esperanza de poder pagar aún más a los banqueros.
Desempleo sin precedentes
Al tiempo que los inversionistas se quejan de que no están recibiendo sus miles de millones en pagos a la deuda, la situación de millones de trabajadores en Argentina es intolerable.
La tasa oficial de desempleo --cifra que no cuenta todo el desempleo real-- asciende al 18.3 por ciento. En el Gran Buenos Aires, una enorme zona industrial, cuatro de cada 10 personas están sin trabajo o apenas trabajan unas horas a la semana.
A mediados de diciembre, multitudes de trabajadores desempleados y empobrecidos en Rosario, Mendoza y otras ciudades empezaron a congregarse frente a supermercados exigiendo la distribución de alimentos, y en muchos casos irrumpieron en las tiendas para tomar comida y otros artículos.
La situación estalló el 19 de diciembre. Miles de personas saquearon cientos de supermercados y tiendas en decenas de ciudades y pueblos por toda Argentina. "Familias enteras, incluidos niños, treparon los cercos y llenaron carritos de supermercado con aceito de cocina, comida y papel higiénico", informó el corresponsal Clifford Kraus del New York Times. Agregó que grupos de manifestantes contra el gobierno cortaron rutas y calles municipales.
Batallas callejeras en Córdoba
En la ciudad industrial de Córdoba, los empleados públicos que protestaban cortes salariales destruyeron sus oficinas. La policía antimotines tomó por asalto el ayuntamiento y atacó a los manifestantes. El aire de la ciudad se llenó de gases lacrimógenos y balas de goma.
"Las avenidas bordeadas de palmeras se convirtieron en virtuales zonas de batalla, con manifestantes que se burlaban de la policía tirándole piedras", escribió Krauss.
Por primera vez en muchos años, el estallido social finalmente llegó a Buenos Aires, donde está concentrado un tercio de la población argentina.
"En las últimas horas de la tarde, la cuasi-anarquía llegó al centro de Buenos Aires. La policía, armada con macanas y granadas de gas lacrimógeno, arremetió contra multitudes de saqueadores".
En un centro comercial de San Miguel, en las afueras del Gran Buenos Aires, cientos de personas desafiaron un ataque policiaco e irrumpieron en las tiendas de comida y ropa. Una mujer gritó, "¡No tenemos plata, tenemos hambre y tenemos que comer!" La policía informó que 2 mil personas participaron en la rebelión.
Esa tarde, el gabinete del gobierno, pasmado por las rebeliones, se reunió en sesión de emergencia con oficiales de la policía secreta y altos oficiales militares, para luego anunciar el estado de sitio. La medida le dio al presidente amplios poderes para suspender los derechos constitucionales y sindicales.
Al mismo tiempo, mientras los gases lacrimógenos llenaban el aire de muchas ciudades, de la Rúa anunció que entregaría 7 millones de dólares en alimentos para los barrios obreros más empobrecidos como medida para socavar las protestas.
El Partido Justicialista (peronista) culpó a de la Rúa y a su coalición gobernante por la crisis. En realidad, el gobierno no ha podido llevar a cabo su política sin la cooperación de los peronistas, quienes controlan ambas cámaras del congreso así como varios gobiernos provinciales.
El ex presidente peronista Carlos Menem, quien apenas unas semanas atrás había sido liberado de su arresto domiciliario y quien enfrenta cargos de corrupción, regresó al escenario político. Menem --cuyo gobierno, hace una década, decretó la política de paridad entre el peso y el dólar, vendió casi todas las empresas estatales a capitalistas privados, y lanzó una serie de medidas de austeridad-- ha dicho que piensa postularse para la presidencia dentro de dos años cuando se termine el plazo que no completó de la Rúa.
El 19 de diciembre, de la Rúa sacrificó a Cavallo, obligándolo a renunciar, e intentó llegar a un acuerdo con la oposición peronista, la cual, al ver que se hundía el barco del presidente, rehusó.
Estalla Buenos Aires
En efecto, la declaración de estado de sitio fue la gota que rebalsó el vaso. Al llegar la medianoche, miles de personas de distintos barrios de la capital salieron espontáneamente a las calles y lanzaron cacerolazos y bocinazos rechazando la política económica y el estado de sitio. Una enorme multitud se congregó frente a la Casa Rosada para exigir la renuncia de Fernando de la Rúa.
Al día siguiente continuaron las protestas en abierto desafío al estado de sitio. El gobierno dio órdenes a la policía para que expulsara a los manifestantes de la Plaza de Mayo. Según informó Clarín al día siguiente, "Buenos Aires pareció ayer una ciudad en guerra". Miles de trabajadores, jóvenes, gente de las clases medias entraron repetidamente a la plaza, fueron expulsados y volvieron a entrar. La policía golpeó y baleó a muchos manifestantes, dejando un saldo de siete muertos y decenas de heridos y detenidos en la capital.
Cuando corrió la noticia que de la Rúa había renunciado, estallaron celebraciones entre todos los núcleos de manifestantes por toda la ciudad.
De la Rúa fue reemplazado por el presidente del Senado, y luego por el gobernador provincial Rodríguez Saá, quien anunció que se realizarán elecciones presidenciales en marzo.
Por el momento, el nuevo gobierno está haciendo promesas para apaciguar al pueblo trabajador. Rodríguez ha dicho que no va a devaluar el peso y no va a establecer el dólar como moneda oficial. Pero en la práctica la devaluación y la dolarización ya son una realidad.
"Por un lado, hay alegría, lo vivimos como algo que logramos juntándonos y luchando, el hecho de saber que somos los dueños de la plaza es algo que hace bien," afirmó la manifestante Ana Buligovich después de que renunció de la Rúa.
Ella agregó, "Pero tenemos miedo que nos quieran meter a Menem, [el gobernador de la provincia de Buenos Aires Carlos] Ruckauf o a alguno de esos, que son lo mismo. Por eso tenemos que estar alerta". n
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