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UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
enero de 2002 Vol. 26 No. 01

Editorial Pathfinder

'De la Sierra del Escambray al Congo: En la vorágine de la Revolución Cubana'
Introducción a libro con entrevista al revolucionario cubano Víctor Dreke

por Mary-Alice Waters

A continuación publicamos la introducción al nuevo libro de Pathfinder, De la sierra del Escambray al Congo: En la vorágine de la Revolución Cubana, una entrevista con el revolucionario cubano Víctor Dreke. Después de la introducción reproducimos un capítulo del libro titulado "La lucha contra bandidos: combatiendo la contrarrevolución en el Escambray".

Dreke luchó en la guerra revolucionaria cubana dirigida por el Ejército Rebelde bajo la dirección del Fidel Castro. Tras el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, comandó los batallones voluntarios en la sierra del Escambray en la lucha contra bandas contrarrevolucionarias apoyadas por Washington. En 1965 participó, bajo el mando de Ernesto Che Guevara, en una misión internacionalista de combatientes cubanos en la lucha de liberación nacional en el Congo.

Mary-Alice Waters, presidenta de la editorial Pathfinder, y Luis Madrid, redactor de Pathfinder, realizaron la entrevista a Dreke en La Habana el 26 de octubre de 1999.

Este libro saldrá en ediciones en español y en inglés a fines de enero. Reproducido con autorización; derechos reservados © 2002, Pathfinder Press.

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"Cuando era muchacho, mi papá me decía, 'No te metas en nada'", recuerda Víctor Dreke.

"Mi papá no era batistiano, estaba en contra de Batista. Pero no creía en nadie. Me decía, 'No te metas en nada. Esto va a seguir igual que siempre. Ahora gana uno y después gana el otro, y siempre van a ser los que tienen dinero los que están en el poder. Estudia y prepárate y no te metas en huelgas ni en nada de eso, que no vas a llegar a ningún lado. Además, eso no es para los negros'.

"Ese era el criterio que tenía mi papá. Y creo que era el criterio de muchos negros en Cuba. Hasta el triunfo de la revolución.

"Por suerte no le hice caso".

La vorágine de acontecimientos de los primeros años de la Revolución Cubana, junto con hombres y mujeres cuyas acciones cambiaron el curso de la historia, cobran vida en estas páginas a través del lujo de detalles en el relato de Dreke, y ofrecen pruebas de que "sí se puede". Las cosas no tienen por qué "seguir igual que siempre".

Los jóvenes de disposición rebelde en todas partes del mundo se identificarán fácilmente con Víctor Dreke y la forma en que respondió a las condiciones a su alrededor. Narra la forma en que él y miles de hombres y mujeres como él --trabajadores, agricultores, estudiantes, pequeños comerciantes y vendedores ambulantes, quienes aún eran adolescentes o apenas pasaban de los de 20 años de edad-- sencillamente se pusieron a luchar por un mundo más justo tras el golpe militar del 10 de marzo de 1952, el cual instaló a la dictadura de Fulgencio Batista, apoyada por Washington.

El régimen batistiano pronto llegó a ser una de las tiranías más brutales que América Latina había conocido hasta entonces. "Estábamos dispuestos a morir" para tumbar a Batista, dice Dreke, pero "no sabíamos nada de revolución".

En su relato sobre lo fácil que resultó, tras la victoria de la Revolución Cubana en 1959, "quitar la soga" que durante décadas había segregado a los negros de los blancos en los bailes de las plazas centrales de los pueblos, y sin embargo lo enorme que fue la batalla para transformar las relaciones sociales que subyacían esa y las demás "sogas" heredadas del colonialismo, del capitalismo y de la dominación yanqui, Dreke capta el desafío histórico de nuestra época. Lo que sobresale en este libro es la voluntad, la decisión y el gozo creador con los cuales el pueblo trabajador de Cuba, por más de 40 años, ha defendido su trayectoria revolucionaria cuando se le ha enfrentado el imperio del Norte, potencia imperialista cuyos intereses vitales en todo el mundo se ven amenazados por la dinámica expansiva y el ejemplo continuo del nuevo orden de clases en Cuba.

Cuando la dictadura batistiana se derrumbó el primero de enero de 1959, ante la marea creciente de la resistencia popular de masas y los avances militares del pequeño Ejército Rebelde comandado por Fidel Castro, el gobierno norteamericano aceleró sus esfuerzos por defender la propiedad y los privilegios de la clase gobernante de Cuba junto con las vastas haciendas y los monopolios industriales que eran propiedad de empresas y familias acaudaladas norteamericanas. Para asombro de Washington, al joven gobierno revolucionario no se le podía intimidar o comprar. Cada acto de agresión yanqui se topaba con más y más millones de trabajadores resueltos, tanto de la ciudad como del campo, que engrosaban las filas de la revolución y la impulsaban hacia adelante, transformándose así ellos mismos.

Había nacido el primer territorio libre de América.

Décadas más tarde, Washington no puede ni perdonar ni olvidar. Sigue haciendo los mayores esfuerzos para destruir el ejemplo vivo de los trabajadores y agricultores cubanos. Busca cada oportunidad para castigarlos por la audacia de haberse sacudido de encima la bota imperialista, de hacer una revolución a las puertas mismas de Washington, y de no arrodillarse ante el imperio ni aceptar sus reglas y definiciones.

El 26 de julio de 1953, cuando 160 resueltos opositores de la dictadura batistiana, en su mayoría jóvenes, asaltaron simultáneamente el cuartel Moncada en Santiago de Cuba y el cuartel Carlos Manuel de Céspedes en la vecina Bayamo, aún se hallaban, como Víctor Dreke, distantes de ser los comunistas conscientes que llegaron a ser en el transcurso de las luchas por venir. "El marxismo lo hemos aprendido en los libros, pero sobre todo lo hemos aprendido en la vida", dijo el presidente cubano Fidel Castro 12 años más tarde en una concentración de masas en Santa Clara.

Cuando el 26 de julio, ¿qué éramos?, preguntó. "Entre los libros que nos ocuparon cuando el ataque al Moncada estaban los libros de Martí y los libros de Lenin", apuntó Castro, pero él y sus compañeros no eran marxistas o leninistas. "Nos faltaba mucho por aprender, nos faltaba mucho por comprender todavía. Y si éramos capaces de comprender algunos de los principios esenciales del marxismo, la realidad de una sociedad dividida entre explotados y explotadores, si habíamos sido capaces de comprender el papel de las masas en la historia, todavía no habíamos elevado nuestra conciencia y nuestra cultura revolucionaria lo suficiente para comprender, en toda su profundidad y su magnitud, el fenómeno del imperialismo.... Lo aprendimos en nuestras propias carnes".

A través de los ojos y las experiencias de Dreke observamos el desarrollo de las luchas de clases que definen la historia. Al seguir los hilos de su narrativa llegamos a comprender cómo millones de personas como él se vieron transformadas, de jóvenes revolucionarios inexpertos aunque impávidos, en experimentados dirigentes proletarios de un pueblo que, por casi medio siglo, se ha mostrado capaz de desafiar las demandas y las multifacéticas agresiones de los gobernantes yanquis.

Y vemos tanto el perfil como el alcance de las batallas revolucionarias de clases que están por venir en toda América y por todo el mundo.

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De la sierra del Escambray al Congo: En la vorágine de la Revolución Cubana abre una ventana a uno de los capítulos de la lucha revolucionaria en Cuba que, más allá de ese país, no se conocen o entienden bien. Narra parte de la historia de una batalla de más de seis años para eliminar las bandas contrarrevolucionarias apoyadas por la CIA: los "bandidos", según los llegaron a denominar los cubanos por toda la isla. Aunque los bandidos realizaban operaciones desde una punta del país hasta la otra, sus acciones se concentraron en la sierra del Escambray, en la provincia central de Las Villas.

Durante los primeros años de la Revolución Cubana, el gobierno norteamericano armó, entrenó, apoyó y financió a casi 4 mil bandidos, nucleados en 299 grupos. Fueron instrumentos de una política de sabotaje y terror destinada a agotar los recursos y a desmoralizar a los partidarios de la revolución. La primera banda contrarrevolucionaria apareció en 1959 en la provincia de Pinar del Río, en el extremo occidente de la isla. El último grupo de bandidos fue eliminado en 1965 en la provincia central de Camagüey. Sin embargo, más de la mitad de esas fuerzas contrarrevolucionarias realizó sus operaciones en el Escambray, donde más de 2 mil resultaron muertos o capturados, y donde 295 defensores de la revolución --casi el doble de los que cayeron en Playa Girón-- perdieron la vida en la lucha para liquidar a los bandidos.

Víctor Dreke fue jefe en la región del Escambray de los batallones especiales de Lucha Contra Bandidos (LCB), unidades de trabajadores y campesinos creadas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Fue segundo jefe de LCB a nivel nacional.

Situado en el centro de la isla, el Escambray es una extensa zona montañosa donde son difíciles las comunicaciones. Sin embargo, los factores políticos fueron más decisivos que los geográficos cuando Washington escogió el Escambray como base de operaciones contrarrevolucionarias.

Según explica Dreke, la lucha revolucionaria contra la dictadura de Batista llegó tardíamente al Escambray, zona caracterizada por mucho tiempo por la tiranía mezquina, la corrupción y el bandidaje. La columna guerrillera creada por el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, el cual se formó con los estudiantes, comenzó sus operaciones en febrero de 1958, más de un año después de haberse iniciado la guerra revolucionaria contra la dictadura batistiana en la Sierra Maestra oriental. La columna del Ejército Rebelde encabezada por Ernesto Che Guevara llegó a Las Villas a mediados de octubre, apenas 10 semanas antes de la caída de la tiranía, y unificó, bajo el mando de Guevara, a las fuerzas revolucionarias en la zona. En los territorios controlados por los rebeldes, la Orden Militar No. 1, emitida por Guevara el 8 de noviembre, inició la reforma agraria en Las Villas, pero hubo poco tiempo para extenderla o para ampliar el trabajo político revolucionario con los campesinos de la región antes del triunfo del primero de enero.

Un hecho que complicaba los desafíos políticos en el Escambray era la existencia de otro grupo armado que se presentaba como parte de las fuerzas que habían combatido a la dictadura. Establecido inicialmente por el Directorio Revolucionario y conocido como el Segundo Frente Nacional del Escambray, terminó juntando mayormente a toda una variedad de aventureros oportunistas y de ambiciosos en busca de poder que volvieron a los campesinos en su contra al confiscarles animales y cultivos, robarles provisiones a las familias, violar a mujeres y aterrorizar a quienes resistieran. Después de ser expulsado por el Directorio Revolucionario, el Segundo Frente Nacional continuó sus operaciones en la región.

Las revoluciones se desarrollan de manera desigual. Las inequidades entre la ciudad y el campo, así como las desigualdades sociales, económicas y de otra índole, establecidas históricamente de una región a otra --y las combinaciones únicas de todas estas herencias-- son un legado de las relaciones capitalistas y la explotación imperialista.

Una prueba decisiva para todo liderazgo es su capacidad de emplear el poder estatal para comenzar a corregir esa disparidad. Según explicó el presidente cubano Fidel Castro en un discurso que pronunció en Matanzas en el 35 aniversario de la derrota de la invasión organizada por Washington en Bahía de Cochinos en 1961, el enemigo escogió el Escambray porque "era débil políticamente el Escambray".

Las bandas contrarrevolucionarias allí "tenían cierto apoyo campesino", señaló Castro, "minoritario, pero apoyo: sería un 10 por ciento, un 15 por ciento o un 20 por ciento, nadie podría asegurarlo con exactitud. Pero allí la guerra se había desarrollado en forma diferente a la de la Sierra Maestra. No se produjo el intenso trabajo político que se había producido en las provincias orientales. Se habían cometido, incluso, algunos abusos por parte de algunos de los grupos que estaban en esa zona".

En su momento álgido, antes de Playa Girón, señaló Castro, las fuerzas contrarrevolucionarias "llegaron a tener hasta mil hombres armados en el Escambray, que eran expertos en evadir las fuerzas. No los voy a llamar cobardes; puede haber gente equivocada y muy equivocada que incluso disponga de valor personal, no de moral personal; no hay que subestimar al enemigo.

"Pero aquellos eran al revés que nosotros en la Sierra [Maestra]. Nosotros en la Sierra siempre estábamos a la ofensiva, organizando emboscadas, organizando golpes, y aquellos en el Escambray estaban siempre huyendo de las tropas revolucionarias". Estaban "esperando para que viniera la invasión yanqui", dijo Castro.

A fines de 1960, según relata Dreke, el mundo entero sabía que más temprano que tarde llegaría un desembarco de fuerzas entrenadas por Washington. La dirección revolucionaria decidió llevar a cabo lo que se llegó a conocer como la primera "limpia" para eliminar a las bandas contrarrevolucionarias que estaban siendo preparadas como quinta columna.

"El ejército revolucionario movilizó las milicias, cercó todo el Escambray, situó una escuadra de milicianos en cada casa", dijo Castro ante una concentración el 19 de abril de 1965. Los milicianos "fueron con la cartilla para enseñar a leer y escribir a los campesinos, [y] fueron no sólo con la disposición de combatir, sino que muchos de ellos se pusieron allí a trabajar y a ayudar a los campesinos. Y la revolución movilizó a 50 mil hombres.... Y los liquidamos [los centros de la contrarrevolución] antes de la invasión de Girón".

Tras la derrota aplastante de la invasión mercenaria en Bahía de Cochinos en abril de 1961, la administración de Kennedy nuevamente empezó a desarrollar las bandas contrarrevolucionarias en el Escambray. Los bandidos lograron ganar el apoyo de una capa del campesinado porque en esa región, acciones realizadas en nombre de la revolución fueron en realidad contrarias a políticas nacionales que se aplicaban en otras partes del país, reflejo de un desafío político más amplio en el seno de la revolución. Bajo el pretexto de realizar la reforma agraria y de eliminar el apoyo a la contrarrevolución por parte de un sector de agricultores ricos en la región, algunos dirigentes del nuevo gobierno y del Ejército Rebelde en las zonas de Las Villas y de la provincia vecina de Matanzas confiscaron cultivos y expropiaron ilegalmente fincas.

Estas acciones eran "métodos reñidos con la legalidad revolucionaria", dijo Carlos Rafael Rodríguez, entonces director del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), en un informe publicado en el número de mayo de 1963 de Cuba Socialista. Rodríguez explicó que la resistencia de pequeños y medianos productores a estas medidas en 1961 condujo a una "baja sensible en las siembras y la comercialización de productos, que se sintieron a lo largo de todo 1962". Después de Playa Girón, apuntó, "la CIA y sus agentes trataron de fortalecer las bandas contrarrevolucionarias que ya habían recibido un golpe decisivo cuando la batida del Escambray". En respuesta, dijo, el gobierno revolucionario "dispuso que se expropiara a todos los que prestaban ayuda directa a la contrarrevolución y a aquellos terratenientes de 15 a 30 caballerías que les prestaran una ayuda indirecta o de algún modo promovieran actitudes contrarrevolucionarias". Rodríguez agregó:

    Pero Fidel, al normar esa política de la Dirección Nacional, precisó muy bien que todas esas medidas debían tomarse con la participación y consulta de los campesinos pobres y medios, en reuniones de la ANAP [Asociación Nacional de Agricultores Pequeños] y sin lastimar a esa gran parte del campesinado.

Sin embargo, es notorio que se cometieron serios errores, principalmente en la provincia de Matanzas. No se respetó la legalidad revolucionaria. Se golpeó indiscriminadamente a pobres y ricos, sin tomar en cuenta todas las circunstancias de cada caso. En vez de discutir con los campesinos mismos para determinar las medidas que debían tomarse, en muchos lugares se convocó principalmente a los obreros agrícolas, los que, llevados solamente por su sentimiento de clase, impulsaron en todo momento hacia la expropiación.

Hasta que se destituyó a los cuadros dirigentes responsables de esos abusos de política, a principios de 1962, y hasta que fueron restablecidas las políticas del gobierno revolucionario encaminadas a reforzar la alianza entre los trabajadores y los agricultores, el descontento entre importantes capas del campesinado le brindó un espacio político a las bandas contrarrevolucionarias.

"El enemigo aprovecha nuestras debilidades", dijo Castro en un discurso dado en abril de 1962 ante una reunión de la dirección y publicado al mes siguiente en Cuba Socialista. "Pero ninguna radio enemiga, ninguna campaña enemiga prosperará donde no tenga base para prosperar, donde no haya mucha gente agraviada, descontenta, disgustada, no ya con la injusticia que le hayan hecho a él, sino con la injusticia que vio hacer a otro y que piensa que mañana se la pueden hacer a él".

La dirección revolucionaria rectificó el curso y fortaleció el trabajo político en todo el Escambray, según describe Dreke de forma detallada en estas páginas. Sobre el frente militar, dijo Castro en un mitin del 19 de abril de 1965, "adoptamos otra táctica" después de la victoria de Playa Girón. En vez de movilizar a decenas de miles de tropas milicianas de todas partes del país, como se había hecho para la primera limpia --lo cual se tuvo que hacer rápidamente debido a la invasión que se avecinaba-- la revolución organizó batallones de Lucha Contra Bandidos. Integrados por campesinos y trabajadores de la zona, los batallones de LCB a los bandidos "los barrieron prácticamente del mapa, los buscaron en las cuevas donde se metían, en los camouflages, en los huecos, y los pusieron fuera de combate".

Al concluirse exitosamente la batalla por erradicar las bandas contrarrevolucionarias en Cuba, "el imperialismo recibió una lección no menos importante que la que recibió en Playa Girón", dijo Castro unos meses más tarde ante una multitud entusiasta en Santa Clara, el 26 de julio de 1965, al celebrar la captura de los últimos grupos de bandidos. Washington descubrió que las guerrillas contrarrevolucionarias no podían prevalecer contra los trabajadores y campesinos de Cuba, movilizados para defender una trayectoria revolucionaria que reforzaba la alianza de los trabajadores y agricultores, y contando con un liderazgo comunista que por sus acciones se había ganado la confianza de las masas del pueblo trabajador. No se trataba principalmente de tácticas militares, sino de política revolucionaria de clase en la época imperialista. "Los imperialistas se preguntarán", dijo Castro,

    ¿Cómo es posible, con los millones de pesos que se han gastado, con las miles y miles de armas que lanzaron e introdujeron en el país, cómo es posible que, sin movilizar más combatientes que los propios combatientes de la región montañosa de Las Villas, sus bandas contrarrevolucionarias hayan sido aniquiladas?

La lucha guerrillera es un arma formidable, pero como arma revolucionaria. La lucha guerrillera es un arma formidable para luchar contra la explotación, para luchar contra el colonialismo, para luchar contra el imperialismo, pero la lucha guerrillera jamás será instrumento adecuado ni útil a la contrarrevolución, a los imperialistas, para luchar contra los explotados, para luchar contra el pueblo. Y esperamos que esa lección la hayan aprendido bien....

Y además, si la lección no la han aprendido, ¡mantendremos organizados a nuestros Batallones de Lucha Contra Bandidos!... Pero además, los campesinos están organizados allá en las montañas, constituidos en compañías serranas, igual que los campesinos de la provincia de Oriente, entrenados y armados de manera que nuestras montañas constituyen bastiones impenetrables para el enemigo.

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De la sierra del Escambray al Congo también abre una ventana a otro capítulo de la Revolución Cubana sobre el cual, hasta hace poco, no se había escrito mucho: la misión internacionalista de 1965 realizada por 128 voluntarios cubanos, encabezados por el dirigente revolucionario cubano de origen argentino Ernesto Che Guevara, para ayudar a la lucha de liberación nacional en el Congo.

En abril de 1999 se publicó por primera vez la evaluación que hizo Guevara de esa misión, escrita unos 33 años antes. Al escribir Pasajes de la guerra revolucionaria: Congo, Che se valió del diario de campaña que había mantenido durante toda la misión. El sometió "sus notas de la contienda a un análisis crítico y profundo", escribió Aleida Guevara March en su prólogo de 1998 al libro de su padre. Ella destacó que "Che es crítico, directo y pretendía que este documento permitiera analizar los errores cometidos para no volver a incurrir en ellos".

Al publicarse el texto íntegro tal como lo redactó Che, se cumplió "un gran compromiso con la historia", dijo Aleida Guevara, puesto que en México y en Francia ya habían aparecido extensos fragmentos de otras versiones "que se corresponden con las primeras transcripciones redactadas por el Che".

La columna de voluntarios cubanos fue al Congo en 1965 a solicitud de dirigentes del movimiento de liberación nacional en ese país y con el acuerdo de numerosos gobiernos africanos. Su objetivo era brindar entrenamiento militar y combatir junto con la alianza precaria de fuerzas que formaban parte del movimiento que había apoyado al asesinado líder independentista congolés Patricio Lumumba. Luchaban para impedir la consolidación de un régimen semicolonial apoyado por el sanguinario ex amo colonial de ese país, Bélgica, y por el gobierno imperialista norteamericano. Se había traído a fuerzas mercenarias blancas de Sudáfrica y de Rodesia para efectuar gran parte de los combates.

Víctor Dreke fue el segundo al mando de la columna de Che en el Congo. Como dice en esta entrevista, realizada en La Habana unos meses después de publicarse el libro de Guevara, "tengo esa responsabilidad, ese deber histórico de ayudar a contar esta historia". A diferencia de Che, quien murió en Bolivia menos de dos años después de la misión al Congo, Víctor Dreke puede enmarcar la experiencia en una perspectiva histórica mucho más larga.

La "advertencia preliminar" de Guevara a Pasajes de la guerra revolucionaria: Congo (publicado en inglés bajo el título inexacto de The African Dream: The Diaries of the Revolutionary War in the Congo [El sueño africano: los diarios de la guerra revolucionaria en el Congo]), comienza con la afirmación, "Esta es la historia de un fracaso". Si el relato tuviese importancia alguna, escribió Che, "es la de permitir extraer experiencias que sirvan para otros movimientos revolucionarios".

Guevara fue intransigente e inequívoco en su juicio, apunta Dreke. Y no es que Che se haya equivocado en esos momentos. "Todo lo que el Che escribió en el libro, que no se le cambió ni una coma, fue así, se desarrolló como el Che dice". Pero "deja abierto el margen para que después opinen otros sobre esto y que se analice con el tiempo esta situación".

Hoy día "el Che haría otro análisis de eso", insiste Dreke. "Estoy totalmente seguro. Seguiría diciendo que teníamos que haber ganado. Que estábamos peleando para ganar y no ganamos. Hay cosas que ven en el libro de las que el Che se echa la culpa, pero que cuando usted analiza, el Che no tiene culpa ninguna.... Ciento veintiocho hombres no pueden cambiar las características de un país en Africa".

Al mismo tiempo que se realizaba la misión voluntaria dirigida por Guevara, otra columna de internacionalistas cubanos --encabezada por Jorge Risquet y Rolando Kindelán-- se encontraba a cientos de millas al oeste en Congo-Brazzaville, apoyando a unidades milicianas populares en ese país y ayudando a entrenar y equipar a combatientes del Movimiento Popular para la Liberación de Angola. El MPLA, según se le conocía, había iniciado recientemente un nuevo frente contra los colonizadores portugueses, quienes aún gobernaban grandes extensiones de Africa austral. Dreke, al igual que Aleida Guevara en su prólogo a Pasajes de la guerra revolucionaria: Congo, explica que las lecciones derivadas de estas primeras misiones internacionalistas en Africa subsahariana sentaron las bases para los esfuerzos voluntarios que se realizaron exitosamente durante los siguientes 25 años en Guinea-Bissau, Angola, Mozambique, Etiopía y otros países.

La más decisiva de todas fue la misión de Angola, que comenzó 10 años más tarde, en noviembre de 1975, cuando el régimen supremacista blanco en Sudáfrica, con el apoyo de hecho por parte de Washington, invadió ese país en un intento de impedir que el pueblo angolano realizara los frutos de su independencia, arduamente conquistada de Portugal, la última potencia europea que mantuvo colonias en el continente. La operación concluyó unos 13 años más tarde --después de que más de 300 mil voluntarios cubanos hubieran participado en la lucha-- cuando el gobierno sudafricano se vio forzado a retirar sus tropas. Esa retirada se efectuó tras una derrota aplastante de las fuerzas armadas del régimen del apartheid en la ciudad de Cuito Cuanavale, en el sur de Angola, a manos de las fuerzas combinadas de los voluntarios cubanos, del ejército angolano y de la SWAPO (Organización Popular de Africa Sudoccidental) de Namibia. En negociaciones posteriores, Sudáfrica también le concedió la independencia a Namibia, y en febrero de 1990 quedó anunciado el fin del propio apartheid al revocarse la proscripción del Congreso Nacional Africano y al ser excarcelado Nelson Mandela tras 27 años de prisión.

Como dijo Mandela ante una concentración de masas en la provincia cubana de Matanzas en julio de 1991, "¡La derrota del ejército del apartheid sirvió de inspiración al pueblo combatiente de Sudáfrica! ¡Sin la derrota infligida en Cuito Cuanavale nuestras organizaciones no hubieran sido legalizadas! ¡La derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale hizo posible que hoy yo pueda estar aquí con ustedes!... ¡Cuito Cuanavale marca el viraje en la lucha para librar al continente y a nuestro país del azote del apartheid!"

En noviembre de 1985, en una ceremonia por el vigésimo aniversario de las dos columnas que cumplieron misiones en el Congo y en Congo-Brazzaville, el ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, Raúl Castro, dijo ante una asamblea de los voluntarios que el hecho de que hubieran participado cientos de miles de cubanos en las misiones internacionalistas en Angola durante la década anterior

    resulta altamente revelador, no sólo de la histórica significación de la misión a ustedes encomendada hace 20 años, sino de cuánto ha evolucionado la correlación de fuerzas a escala mundial en favor de las causas de la liberación y el progreso social y cuánto ha madurado nuestra conciencia internacionalista.

Hace dos décadas más de 300 hombres constituyeron las dos columnas a las que rendimos tributo. Ningún estímulo tan enaltecedor de aquella campaña precursora como poder decir que cada uno de ustedes se está multiplicando por mil en el noble empeño de saldar al precio de la propia vida, si fuera necesario, nuestra deuda de gratitud con la humanidad.

Hoy día, respondiendo no como víctimas sufridas sino como una humanidad decidida a resistir los estragos de la dominación imperialista que se van acelerando rápidamente, se están sintiendo nuevos vientos de lucha por toda Africa. Esto se manifestó en Argel en el verano de 2001 en el XV Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, donde jóvenes de una vasta extensión del continente llegaron sedientos en busca de los discursos y escritos de dirigentes marxistas africanos tales como Thomas Sankara de Burkina Faso, internacionalistas proletarios tales como Ernesto Che Guevara y otros dirigentes del movimiento obrero moderno desde su fundación por Carlos Marx y Federico Engels hace 150 años hasta el presente.

Multitudes sorprendentemente grandes, tanto de jóvenes como de viejos, están colmando cines en Estados Unidos y otros países para ver la película Lumumba, tratando de aprender la verdad sobre capítulos como éste en la historia de nuestras luchas comunes que han sido ofuscados conscientemente.

Es un mundo en el cual se estudiará y se aprenderá con creciente interés del internacionalismo de la Revolución Cubana, según lo representan personas como Che Guevara y Víctor Dreke, y en el cual se tomará la verdadera medida histórica de la misión del Congo en la que participaron.

"Nuestro país, solitario bastión socialista a las puertas del imperialismo yanqui, manda sus soldados a pelear y morir en tierra extranjera, en un continente lejano, y asume la plena y pública responsabilidad de sus actos", escribió Che Guevara en la "advertencia preliminar" a su relato sobre la misión del Congo. "En este desafío, en esta clara toma de posición frente al gran problema de nuestra época, que es la lucha sin cuartel contra el imperialismo yanqui, está la significación heroica de nuestra participación en la lucha del Congo".

Por más de 40 años, el pueblo trabajador de Cuba y su dirección han sido una fuente serena e indoblegable de posiciones claras --y de acciones decisivas-- "frente al gran problema de nuestra época, que es la lucha sin cuartel contra el imperialismo yanqui".

En septiembre de 1990, cuando Washington buscaba usar la fachada del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, integrada por 15 miembros, para llevar a cabo el asesino bombardeo e invasión contra Iraq que las potencias imperialistas venían preparando, la delegación cubana --que en esos momentos ocupaba uno de los 10 escaños que se rotan en el Consejo-- votó en contra de la resolución iniciada por Washington. "Cuba votó en contra; ¡fue el único país!" dijo Fidel Castro poco después en un discurso al pueblo cubano. "¡Hemos tenido el honor y la gloria de ser el único país!"

Una década más tarde, en noviembre de 2001, el ministro de relaciones exteriores de Cuba, Felipe Pérez Roque, dio inicio a sus palabras ante la sesión inaugural de la Asamblea General de la ONU afirmando, "Hay que detener la guerra en Afganistán". El gobierno norteamericano debe detener su "injustificable campaña de bombardeos contra ese pueblo", en la cual ha "escogido de enemigo a los niños, la población civil, los hospitales y las instalaciones de la Cruz Roja Internacional. Por sus métodos, no habría voz honesta que se levante en esta sala para defender una matanza interminable --con el armamento más sofisticado-- de un pueblo desposeído, hambriento e indefenso.... Sus responsables serán un día juzgados por la historia". Pérez Roque, en nombre del gobierno cubano, también condenó enérgicamente los ataques terroristas del 11 de septiembre.

Intentando restarle fuerza a la posición inequívoca de Cuba, John Negroponte, principal representante norteamericano ante Naciones Unidas, dijo al New York Times que recibía con beneplácito la condena "casi universal" del terrorismo y el apoyo a la política asesina de Washington manifestados por los representantes de gobiernos que se habían pronunciado desde la tribuna de mármol de la Asamblea General. En cambio, dijo, la declaración cubana fue "estrafalaria" y "completamente injustificada". Hasta la "declaración negativa" de Iraq, proclamó Negroponte, "no fue tan estridente y vitriólica" como la de Cuba.

Sin embargo, el internacionalismo y la intransigencia revolucionaria que Cuba ha manifestado durante décadas no son ni "estridentes" ni "vitriólicos", mucho menos "injustificados". Al contrario, para los trabajadores, agricultores y jóvenes de conciencia política en todo el mundo, la trayectoria de la Revolución Cubana --según la relata Víctor Dreke en estas páginas-- permanece como prueba viviente de que, en las tumultuosas batallas antiimperialistas y las luchas de clases revolucionarias que vendrán en el siglo XXI, hay muy buenos motivos hoy para "meterse en algo" y "tomar un bando". Las cosas no van a seguir igual que siempre.

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La entrevista con Víctor Dreke se realizó en La Habana el 26 de octubre de 1999. Se sostuvo una sesión complementaria el 2 de diciembre de 2001. La entrevista se logró gracias al aliento y respaldo de la dirección de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, en particular del general de división Néstor López Cuba, vicepresidente del Secretariado Ejecutivo de la Asociación al momento de su muerte el 15 de octubre de 1999.

Víctor Dreke, con afán, dedicó personalmente muchas horas a revisar el original, explicar detalles y conseguir mapas, fotos y documentos.

Ana Morales Varela e Iraida Aguirrechu ayudaron a aclarar y ampliar el contenido de la entrevista; su conocimiento e interés entusiasta nos infundieron bríos hasta lograr la meta. Cada una de ellas brindó también una considerable ayuda editorial mediante una lectura cuidadosa del original y en la ubicación de fotos, mapas, datos biográficos y otros materiales que hacen que el libro sea más exacto, accesible y ameno para todos.

Por su ayuda en la preparación del glosario, merecen un agradecimiento especial el comandante Faure Chomón, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, quien en 1958 encabezó las fuerzas del Directorio Revolucionario 13 de Marzo en el Escambray, y el coronel Armando Martínez, combatiente clandestino del Movimiento 26 de Julio, veterano de misiones internacionalistas y ex segundo jefe de la Dirección Política de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba.

Aleida March, directora del Archivo Personal del Che, facilitó la foto de Fidel Castro, Che Guevara y Víctor Dreke, que aparece en la contraportada, tomada en la víspera de la partida de Guevara y Dreke en la misión internacionalista de 1965 al Congo.

La Fundación de la Naturaleza y el Hombre "Antonio Núñez Jiménez" autorizó el uso de fotos históricas de sus archivos. Carmen Ibáñez de Granma, Manuel Martínez de Bohemia y Dixie López de Verde Olivo buscaron en los archivos de esas publicaciones para encontrar muchas de las fotos que aparecen en estas páginas.

Hermes Caballero, veterano del levantamiento del 30 de noviembre de 1956 en Santiago de Cuba, se responsabilizó de innumerables tareas investigativas.

Un numeroso equipo de voluntarios por todo el mundo hizo posible la producción del libro, el cual se edita simultáneamente en inglés y español. La transcripción y traducción de la entrevista se hicieron gracias a la labor de Marty Anderson, Eva Chertov, Paul Coltrin, Carlos Cornejo, Sabás Herrera, Ruth Nebbia, Andrés Pérez, Alejandra Rincón, Aaron Ruby, Mirta Vidal y Matilde Zimmermann.

Mike Taber hizo la redacción final de la traducción al inglés y la preparación de las notas y del glosario. La redacción del texto en español estuvo a cargo de Luis Madrid y Martín Koppel.

Eric Simpson diseñó las páginas de fotos y colaboró con Mike Shur en la elaboración de los mapas. Eva Braiman diseñó la portada y las páginas interiores.

Los voluntarios del Proyecto de Reimpresión de Pathfinder revisaron, armaron digitalmente y corrigieron el texto, asegurando que estuviese listo para su impresión y sustancialmente libre de errores tipográficos.

La labor combinada de todos hizo posible este aporte a nuestro conocimiento y comprensión de la Revolución Cubana y al lugar que ocupa en la historia de los trabajadores y agricultores en todo el mundo que luchan contra la explotación y el racismo y por la liberación nacional y la revolución socialista: el único futuro para la humanidad.

Diciembre de 2001


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