Perspectiva Mundial
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El Militant, un semanario socialista en inglés

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Urge oponerse al despido político de Michael Italie

Se ahonda guerra en Asia Central

Atacan derechos de trabajadores

Obrero en Miami gana apoyo en lucha

Obreros de la carne en huelga en Texas

Mitin defiende a cinco cubanos presos en EE.UU. bajo cargos falsos

Obreros portuarios derrotan caso fabricado

Tras huelga, funcionarios del UFCW logran aprobación de convenio con concesiones

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Derretimiento financiero, síntoma de crisis mundial

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Historia de brutalidad imperialista

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Trabajadores universitarios cierran recintos para defender pensiones

EDITORIAl

La lucha para poner fin al último imperio

INDICE

Indice para el año 2001


UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
diciembre de 2001 Vol. 25 No. 11

Editorial

La lucha para poner fin al último imperio

Los voceros de la clase billonaria que gobierna a Estados Unidos se jactan de que su guerra contra Afganistán muestra su poderío indiscutible en el mundo. Pretenden convencer al pueblo trabajador de que es imposible enfrentarse a Washington y vencerlo.

Pero la realidad es otra. Las opciones que tiene Washington para mantener su dominio --el creciente uso de la fuerza militar y sus ataques a los derechos del pueblo trabajador en Estados Unidos-- no son señal de fuerza sino de debilidad. Son las tácticas pragmáticas de supervivencia de una clase poderosa y rica pero en decadencia. El imperialismo norteamericano es el último imperio, y a diferencia de otras épocas históricas, no existe otro imperio que lo pueda reemplazar.

La "cruzada" militar de Washington en Asia central no es una respuesta a los ataques del 11 de septiembre, según alegan sus apologistas para justificar esta agresión. La política exterior de la burguesía norteamericana es una extensión de su ofensiva contra los derechos, salarios y conquistas sociales del pueblo trabajador en Estados Unidos: arremetida que lleva ya más de dos décadas. Esta guerra interna, así como las repetidas intervenciones militares norteamericanas de la última década, son un intento de frenar el declive del imperialismo, afectado por la caída de sus tasas de ganancias, su creciente competencia con rivales imperialistas, y la volatilidad de la economía capitalista mundial.

La actual ofensiva contra los derechos de los trabajadores es una continuación de la arremetida de la administración Clinton. Esto explica las medidas de la administración Bush, respaldadas por demócratas y republicanos: el mayor empleo del FBI para espiar y desbaratar actividades políticas; la detención sin cargos de un millar de inmigrantes, el uso de tribunales secretos y "pruebas" secretas, registros y allanamientos de hogares, y leyes de "sedición". Bush acaba de establecer tribunales militares para procesar a no ciudadanos, donde los acusados tienen aún menos derechos que en un consejo de guerra, y donde el gobierno puede encarcelar o ejecutarlos sumariamente.

Estos ataques van dirigidos contra todo el movimiento obrero, como sucedió tras la Primera Guerra Mundial cuando cientos de inmigrantes fueron deportados por sus actividades políticas, y durante la Segunda Guerra Mundial con la detención de residentes de origen japonés en campos de concentración. Los capitalistas realizan estas medidas porque anticipan la resistencia de los trabajadores y agricultores en este país que aumentará frente a la ofensiva patronal.

Al tratar de imponer una "Pax Americana", Washington, al igual que hicieron los imperios romano y británico, tiene que recurrir más abiertamente a la fuerza bruta, ya que su sistema social y económico es incapaz de ofrecer una vía para el progreso de la humanidad. Washington se ha anotado una victoria inicial en Afganistán al lanzar miles de bombas, desde el aire, contra uno de los países más pobres del mundo. Pero la guerra imperialista ha desencadenado fuerzas sociales en la región que el imperialismo no puede frenar. Su única solución es una guerra más amplia y sangrienta.

En este mundo, los trabajadores y jóvenes socialistas se suman a la resistencia del pueblo trabajador en Estados Unidos: desde la batalla victoriosa de los obreros portuarios en Carolina del Sur contra cargos fabricados, hasta la campaña contra el despido político de Michael Italie, el reciente candidato socialista para alcalde de Miami, y las luchas de los mineros del carbón.

La brutalidad capitalista y la resistencia obrera a estos ataques hacen que un número creciente de trabajadores y jóvenes esté más predispuesto a la perspectiva que ofrece el movimiento comunista: de que no sólo hace falta una revolución socialista aquí, sino que es posible organizar un movimiento revolucionario para tumbar al último imperio y establecer un gobierno de trabajadores y agricultores, que abra paso a un futuro socialista para la humanidad. n


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