
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR diciembre de 2001 Vol. 25 No. 11
Editorial
La lucha para poner fin al último imperio
Los voceros de la clase billonaria que gobierna a Estados
Unidos se jactan de que su guerra contra Afganistán muestra su poderío
indiscutible en el mundo. Pretenden convencer al pueblo trabajador de que es
imposible enfrentarse a Washington y vencerlo.
Pero la realidad es otra. Las opciones que tiene Washington
para mantener su dominio --el creciente uso de la fuerza militar y sus ataques a
los derechos del pueblo trabajador en Estados Unidos-- no son señal de fuerza
sino de debilidad. Son las tácticas pragmáticas de supervivencia de una clase
poderosa y rica pero en decadencia. El imperialismo norteamericano es el último
imperio, y a diferencia de otras épocas históricas, no existe otro imperio que
lo pueda reemplazar.
La "cruzada" militar de Washington en Asia central
no es una respuesta a los ataques del 11 de septiembre, según alegan sus
apologistas para justificar esta agresión. La política exterior de la
burguesía norteamericana es una extensión de su ofensiva contra los derechos,
salarios y conquistas sociales del pueblo trabajador en Estados Unidos:
arremetida que lleva ya más de dos décadas. Esta guerra interna, así como las
repetidas intervenciones militares norteamericanas de la última década, son un
intento de frenar el declive del imperialismo, afectado por la caída de sus
tasas de ganancias, su creciente competencia con rivales imperialistas, y la
volatilidad de la economía capitalista mundial.
La actual ofensiva contra los derechos de los trabajadores es
una continuación de la arremetida de la administración Clinton. Esto explica
las medidas de la administración Bush, respaldadas por demócratas y
republicanos: el mayor empleo del FBI para espiar y desbaratar actividades
políticas; la detención sin cargos de un millar de inmigrantes, el uso de
tribunales secretos y "pruebas" secretas, registros y allanamientos de
hogares, y leyes de "sedición". Bush acaba de establecer tribunales
militares para procesar a no ciudadanos, donde los acusados tienen aún menos
derechos que en un consejo de guerra, y donde el gobierno puede encarcelar o
ejecutarlos sumariamente.
Estos ataques van dirigidos contra todo el movimiento obrero,
como sucedió tras la Primera Guerra Mundial cuando cientos de inmigrantes
fueron deportados por sus actividades políticas, y durante la Segunda Guerra
Mundial con la detención de residentes de origen japonés en campos de
concentración. Los capitalistas realizan estas medidas porque anticipan la
resistencia de los trabajadores y agricultores en este país que aumentará
frente a la ofensiva patronal.
Al tratar de imponer una "Pax Americana",
Washington, al igual que hicieron los imperios romano y británico, tiene que
recurrir más abiertamente a la fuerza bruta, ya que su sistema social y
económico es incapaz de ofrecer una vía para el progreso de la humanidad.
Washington se ha anotado una victoria inicial en Afganistán al lanzar miles de
bombas, desde el aire, contra uno de los países más pobres del mundo. Pero la
guerra imperialista ha desencadenado fuerzas sociales en la región que el
imperialismo no puede frenar. Su única solución es una guerra más amplia y
sangrienta.
En este mundo, los trabajadores y jóvenes socialistas se
suman a la resistencia del pueblo trabajador en Estados Unidos: desde la batalla
victoriosa de los obreros portuarios en Carolina del Sur contra cargos
fabricados, hasta la campaña contra el despido político de Michael Italie, el
reciente candidato socialista para alcalde de Miami, y las luchas de los mineros
del carbón.
La brutalidad capitalista y la resistencia obrera a estos
ataques hacen que un número creciente de trabajadores y jóvenes esté más
predispuesto a la perspectiva que ofrece el movimiento comunista: de que no
sólo hace falta una revolución socialista aquí, sino que es posible organizar
un movimiento revolucionario para tumbar al último imperio y establecer un
gobierno de trabajadores y agricultores, que abra paso a un futuro socialista
para la humanidad. n
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