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El Militant, un semanario socialista en inglés

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Para alimentar al mundo, hace falta una revolución del pueblo trabajador

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UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
noviembre de 2001 Vol. 25 No. 10

Especial

Para alimentar al mundo, hace falta una revolución del pueblo trabajador

por Steve Clark

[A continuación publicamos la cuarta y última parte de un artículo que apareció originalmente en el semanario socialista en inglés The Militant. El artículo, "El comunismo y la transformación de la naturaleza por el trabajo", se publicó en una serie de cuatro partes en las ediciones del 13, 20 y 27 de agosto y del 3 de septiembre. Las tres primeras partes se publicaron en español en las ediciones de septiembre y octubre de Perspectiva Mundial.

[Lo que ocasionó esta serie fue una carta de Karl Butts, un granjero en Florida, quien comentó sobre un artículo en el número del Militant del 2 de julio titulado "Cubanos celebran 40 aniversario de organización de agricultores".

[Este artículo, dijo Butts, ofreció un buen resumen de lo que los agricultores cubanos han logrado en las últimas cuatro décadas gracias a su revolución socialista y la reforma agraria en ese país. Pero le preocupaba que una oración en el última párrafo del artículo se interpretara de manera que implicara que los comunistas le dan crédito al concepto de que la agricultura orgánica es "mejor que otros métodos" y hasta que "Cuba por lo general opta por no utilizar químicos en la producción agropecuaria".

[Las tres primeras partes de esta serie aclararon que los prejuicios contra la ciencia que le preocupan a Butts no tienen nada que ver con las perspectivas del movimiento obrero comunista. Esta serie ha examinado la explicación materialista de Marx y Engels sobre la relación entre el trabajo humano y la naturaleza, así como debates recientes sobre el enfoque comunista hacia la ciencia y el progreso humano, abordados en encuentros nacionales e internacionales del Partido Socialista de los Trabajadores. La última parte analizó la campaña contra los organismos transgénicos (Organismos Modificados Genéticamente) y señaló las formas en que el desenvolvimiento del sistema capitalista profundiza la esclavitud de deudas de los pequeños agricultores y continúa la proletarización de más y más productores rurales.]

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Los gobernantes estadounidenses no sólo son la principal potencia del capitalismo mundial en cuanto a la banca y la manufactura, sino que sobrepasan al mundo imperialista en la producción y exportación agropecuarias.

Los voceros patrióticos de la burguesía norteamericana, desde agricultores capitalistas hasta los principales monopolios de granos y agencias gubernamentales, proclaman el "milagro de la agricultura norteamericana".

"Los agricultores norteamericanos cultivan los alimentos que ayudan a alimentar al mundo", afirma el Departamento de la Agricultura de Estados Unidos (USDA).

"Los agricultores y ganaderos están en condiciones de alimentar al mundo en el siglo XXI", dice el presidente de la Federación del Buró Agrícola (Farm Bureau Federation), la cual es dominada por capitalistas.

"Nuestra misión es alimentar y nutrir a una creciente población mundial", dice el sitio web del gigantesco productor de granos Archer Daniel Midland. Y su principal competidor, Cargill, habla de "ayudar al agricultor a cultivar una variedad de productos para alimentar a un mundo creciente".

La Asociación Norteamericana de la Soya organizó recientemente una campaña de enviar postales al USDA con la consigna "el excedente norteamericano de soya puede alimentar a un mundo hambriento".

'EE.UU.' no alimenta al mundo

Lo primero que hay que observar en estas declaraciones chovinistas es que son simplemente mentiras. "Estados Unidos" --esa ficción sin clases detrás de la cual un puñado de familias norteamericanas ocultan su dominio sobre las fuerzas armadas, la policía, las cortes y demás instituciones del estado capitalista basado en Washington-- no alimenta al mundo.

Por ejemplo, en 1998 los 25 países que, según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, tienen los niveles de desnutrición más altos del mundo recibieron menos del 0.03 por ciento de la soya exportada de Estados Unidos, ¡y en 1996 no recibieron nada! Asimismo, en 1996 recibieron menos del 0.3 por ciento del maíz exportado de Estados Unidos.

Por otra parte ¿qué significa "alimentar al mundo" cuando según las cifras de ONU casi el 50 por ciento de los niños menores de cinco años en el sur de Asia son de bajo peso? ¿Casi la tercera parte en Africa subsahariana? ¿Más del 15 por ciento en el Medio Oriente, Asia oriental y el Pacifico? Casi el 10 por ciento en América Latina y el Caribe ¿Qué significa cuando aún dentro de Estados Unidos, de acuerdo a las cifras del Departamento de Agricultura norteamericano, se calcula que unas 10 millones de personas están hambrientas, y otras 21 millones de personas se ven privadas durante parte del año de "suficiente comida para vivir una vida activa y salubre"?

A los pequeños productores tampoco les está yendo muy bien bajo el imperio de las leyes de movimiento del capital, ni en Estados Unidos ni en el resto del mundo. De acuerdo a un estudio publicado en junio del 2001, unas 33 mil fincas en Estados Unidos se han ido a la quiebra desde principios de los años 90. Durante esos años, los precios que reciben los productores de maíz en México se redujeron a menos de la mitad del nivel anterior, lo cual obligó a muchos más a perder sus tierras. Al mismo tiempo, los agricultores en Canadá sufrieron una baja del 20 por ciento en sus ingresos netos entre 1989 y 1999.

En cambio, les ha ido mucho mejore a los grandes monopolios de granos que dominan los mercados norteamericano y mundiales. Por ejemplo, entre mediados de los años 70 y el comienzo del nuevo siglo, el precio de los alimentos que pagan los consumidores en Estados Unidos se disparó, aumentando en un 250 por ciento, mientras los precios que los agricultores recibieron en términos reales en ese mismo período se han estancado o han bajado.

Por eso no ha de asombrar que la Archer Daniel Midland haya anunciado ganancias de más de 300 millones de dólares después de impuestos, mientras que Cargill anunció 683 millones de dólares.

El ejemplo de Cuba

Al contrario de las declaraciones del USDA, del Buró Agrícola y las agroempresas, no es la agricultura capitalista norteamericana la que muestra el camino hacia el futuro para los trabajadores y campesinos del mundo, ni la que demuestra cómo la ciencia y la tecnología pueden utilizarse para alimentar al mundo y satisfacer las demás necesidades sociales. Al contrario, el único ejemplo en el mundo de hoy es la revolución socialista de Cuba, según mencionó el artículo de Joel Britton sobre el 40 aniversario de la Asociación Nacional de Pequeños Agricultores (ANAP) de Cuba.

El gobierno revolucionario de trabajadores y campesinos en Cuba expropió a los terratenientes capitalistas, nacionalizó la tierra y así les garantizó a los agricultores el derecho de trabajarla por el tiempo que quisieran sin temor a la ruina y a ventas hipotecarias. El gobierno socialista ofrece créditos baratos a los agricultores y también una valiosa ayuda técnica para facilitar un esfuerzo colectivo en la tierra.

Uno de los logros de los cuales los agricultores y trabajadores de Cuba están muy orgullosos es la mecanización de la zafra azucarera. Nunca antes se había construido semejante maquina en ninguna parte del mundo, ya que en todo el mundo capitalista los salarios de los trabajadores agrícolas para realizar este arduo trabajo eran desesperadamente bajos. A los hacendados y a otros agricultores capitalistas les resultaba más económico contratar a estos trabajadores para la zafra y dejarlos sin trabajo estable durante el "tiempo muerto" que dura hasta nueve meses del año.

En cambio, el gobierno revolucionario de Cuba comenzó a organizar la producción en el campo y en las ciudades de acuerdo a las necesidades del pueblo trabajador, y no para aumentar las ganancias de los terratenientes y capitalistas. Desde el inicio, la mecanización de la zafra fue una de sus metas fundamentales, dijo el presidente cubano Fidel Castro en su informe al primer congreso del Partido Comunista de Cuba en diciembre de 1975.

"No se podía seguir contando con un ejército de desempleados en el país, que había ascendido de 600 mil en 1953 a 700 mil en 1958, parte del cual hacía la zafra trabajando cuatro meses al año", dijo Castro. Agregó:

Ese método de producción azucarera era típicamente capitalista y sólo en las condiciones infrahumanas del sistema [bajo la dictadura de Batista, apoyada por Washington] podía funcionar. Pero el país carecía de industria mecánica y la técnica de mecanización de la cosecha en nuestras condiciones estaba absolutamente en pañales. Tales máquinas sencillamente no habían sido diseñadas ni construidas por la industria moderna. El Che [Guevara] fue uno de los mayores inspiradores de este esfuerzo.

El gobierno revolucionario dio alta prioridad al diseño de varias combinadas cada vez más eficaces, y construyó una fábrica en Cuba para su manufactura, promoviendo la industrialización del país. Cuba también otorgó una licencia a una compañía en Alemania occidental para producir combinadas. Ya para 1989 había vendido cientos de equipos a clientes en 44 países. A principios de los años 80, estaba ya mecanizado más de la mitad de la zafra azucarera en Cuba, y casi todo el recogido. También se usan máquinas para la limpia de los cañaverales y otras tareas.

Por las razones que presentó Britton en su artículo, el pueblo trabajador cubano ha tenido que mantener la producción agropecuaria a pesar de recursos reducidos desde la crisis económica que los golpeó tanto a comienzos de los años 90. Pero han aplicado su creatividad usando todo lo que tienen disponible --sea un tractor o una yunta de bueyes, sea el escaso fertilizante importado o un sustituto cubano derivado de la refinación del azúcar-- para organizar a la mano de obra en las ciudades y el campo a fin de proveer de alimentos y ropa a la población y mantener la trayectoria proletaria e internacionalista de la revolución.

Se trata de hacer una revolución

Esto subraya la realidad de que en Cuba, lo más importante que pueden aprender los agricultores, trabajadores y jóvenes visitantes del extranjero no es acerca de técnicas agrícolas, sean orgánicas o de otra clase. La lección más importante es lo que los trabajadores y agricultores podemos lograr en cualquier parte del mundo cuando organizamos una lucha revolucionaria victoriosa por el poder estatal y nos unimos a la lucha internacional por el socialismo.

El dirigente comunista Ernesto Guevara dijo a un grupo de estudiantes de medicina en un encuentro en Cuba que "para ser médico revolucionario, o para ser revolucionario, lo primero que hay que tener es revolución". Esto, dijo Guevara, es la "cosa fundamental" que él, como joven médico, llegó a entender un lustro antes, cuando decidió incorporarse a la guerra revolucionaria para liberar a Cuba de la bota de la opresión imperialista y explotación capitalista. (Che Guevara habla a la juventud, editorial Pathfinder, pág. 47)

Lo mismo puede decirse de las posibilidades de ser un agricultor revolucionario o un trabajador revolucionario. En ambos casos lo «fundamental» es unirse al movimiento proletario para hacer una revolución y ser un militante disciplinado entre sus filas.

Hace casi un siglo, Federico Engels hizo un planteamiento similar en su artículo sobre "El papel del trabajo en la transición del simio al hombre". A cada paso del avance de la sociedad, escribió, "los hechos nos recuerdan que nuestro dominio sobre la naturaleza no se parece en nada al dominio de un conquistador sobre el pueblo conquistado, que no es el dominio de alguien situado fuera de la naturaleza, sino que nosotros, por nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, pertenecemos a la naturaleza, nos encontramos en su seno, y todo nuestro dominio sobre ella consiste en que, a diferencia de los demás seres, somos capaces de conocer sus leyes y de aplicarlas adecuadamente".

Sin embargo, para hacer esto "se requiere algo más que el simple conocimiento", dijo Engels. "Hace falta una revolución que transforme por completo el modo de producción existente hasta hoy día y, con él, el orden social vigente". (Marx y Engels, Obras escogidas, tomo 3, págs. 76-77)

Unicamente por este camino podrán los trabajadores y agricultores alcanzar la meta, presentada en El manifiesto comunista, de una «combinación de la agricultura y la industria» mediante la "desaparición gradual de las diferencias entre la ciudad y el campo".

Será entonces que --parafraseando el Manifiesto-- la humanidad podrá descubrir realmente las inmensas "fuerzas productivas que dormitan en seno del trabajo social". n


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