
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR noviembre de 2001 Vol. 25 No. 10
Especial
Los comunistas y la lucha contra el imperialismo hoy
Mitin en Nueva York aborda cuestiones
políticas planteadas por la guerra de Washington y los
ataques a los derechos a los trabajadores
Por Steve Clark
y Patrick O'Neill
NUEVA YORK--"Estamos presentes aquí el día de
hoy como parte de los esfuerzos para organizar una campaña
obrera de oposición al imperialismo norteamericano y a su
guerra contra los pueblos de Afganistán y la
región", expresó Mary-Alice Waters, al dar apertura
el 30 de septiembre a un mitin público en la Universidad
de Columbia. "Esta guerra, al igual que otras masacres
imperialistas anteriores, es una extensión de la acelerada
ofensiva contra el pueblo trabajador en este país".
Waters, dirigente del Partido Socialista de los Trabajadores y
directora de la revista marxista New International,
presidió el evento, denominado "Los comunistas y la lucha
actual contra el imperialismo". Con la respuesta de más de
350 trabajadores, estudiantes y jóvenes --llegados de
todos los puntos de la costa este, y hasta de Tucson, Arizona;
St. Paul, Minnesota; Omaha, Nebraska; y Vancouver, Columbia
Británica, se hizo constar su empeño en profundizar
esa campaña.
"La lucha de clases no queda suspendida", comentó
Waters, cuando la clase gobernante y su gobierno en Washington
aprovechan los atentados del 11 de septiembre al World Trade
Center y al Pentágono para justificar el uso del enorme
poderío militar norteamericano a fin de mantener su
dominio del mundo y continuar atacando los salarios, las
condiciones de trabajo y los derechos democráticos de los
trabajadores. Al contrario.
Al tiempo que se celebraba el mitin, dijo Waters, decenas de
miles de trabajadores públicos del estado de Minnesota se
disponían a declararse en huelga el 1 de octubre, ante el
intento patronal de reducir las prestaciones médicas y
mantener los aumentos salariales por debajo del aumento del costo
de la vida.
Señaló asimismo la respuesta de los miembros del
sindicato minero UMWA, quienes están exponiendo la
responsabilidad de la empresa por la muerte de 13 mineros del
carbón en dos explosiones de metano ocurridas en la mina
no. 5 de la compañía Jim Walter en Brookwood,
Alabama.
Waters también mencionó las recientes protestas
en Cincinnati en que se condenó la absolución, tras
un juicio sin jurado que duró una semana, del
policía que mató al joven negro Timothy Thomas en
abril.
Los trabajadores comunistas ya participan más de lleno
como parte de la creciente resistencia de una vanguardia
más amplia de trabajadores y agricultores ante las
arremetidas capitalistas contra sus condiciones de vida y de
trabajo, indicó Waters. Por otra parte, los miembros del
PST están uniendo esfuerzos con la Juventud Socialista
para conocer a estudiantes universitarios que se sienten
atraídos a estas crecientes luchas del pueblo trabajador y
que pueden ser reclutados al movimiento revolucionario.
"La decisión de algunos trabajadores de seguir adelante
con sus huelgas y otras luchas, de no acobardarse ante la
creciente demagogia patriotera de que 'ahora no es el momento' ",
expresó Waters, "es fundamental en la lucha contra el
imperialismo y sus guerras".
El mitin público del 30 de septiembre formó
parte de cinco días de reuniones y discusiones de miembros
y partidarios del Partido Socialista de los Trabajadores y de la
Juventud Socialista. Los trabajadores socialistas que son
miembros de los sindicatos de la industria alimenticia UFCW y de
la costura UNITE se reunieron los días 29 y 30 de
septiembre para orientar el trabajo del partido en los sindicatos
industriales. Los miembros del PST que son mineros del
carbón y pertenecen al UMWA, así como los que son
miembros del sindicato automotriz UAW, se reunieron dos semanas
más tarde.
El Comité Nacional del PST se reunió los
días 1 y 2 de octubre, junto con dirigentes del trabajo
sindical del partido, organizadores de las ramas y los
comités organizadores del partido, y dirigentes de
organizaciones comunistas en Australia, Canadá, Islandia,
Nueva Zelanda, Suecia y el Reino Unido. El 3 de octubre un
subcomité de ese organismo continuó
deliberando.
Washington necesita sangre de soldados
Waters explicó que los organizadores del mitin del 30
de septiembre habían decidido iniciarlo con una
presentación sobre la lucha de clases en Estados Unidos.
Invitaron a la minera del carbón Alice Kincaid a ser la
primera oradora e informar sobre su visita, apenas concluida, a
Brookwood, Alabama, donde se produjo la catástrofe minera.
A Kincaid le siguieron varios oradores que comentaron sobre
aspectos de la política en Estados Unidos así como
en la región en que Washington ha lanzado su guerra (ver
artículo sobre estas presentaciones en la página
12).
Jack Barnes, secretario nacional del Partido Socialista de los
Trabajadores, fue el último orador. En esos momentos, una
semana antes de que la administración Bush iniciara los
bombardeos a Afganistán, el patriotismo que intentaban
atizar los gobernantes estadounidenses y sus medios de
comunicación todavía era superficial,
manifestó Barnes.
Señaló varios ejemplos recientes de su propia
experiencia. Cuando Barnes y otro dirigente del PST, Jack Willey,
se dirigían el viernes anterior a una reunión en la
parte central de Manhattan, por ejemplo, observaron a una joven
mexicana que vendía banderas norteamericanas en la calle.
"El ardor patriótico", comentó, "no es la principal
motivación de la mayoría de los que estos
días están vendiendo banderas y listones de colores
en la calle.
En ese momento, dijo Barnes, por la esquina dobló un
camión grande que portaba dos banderas estadounidenses de
tamaño completo. El joven chofer vio a la mujer,
estiró el puño por la ventana y gritó
"¡Viva Zapata!" Esta recibió el saludo con una gran
sonrisa.
Para poder intensificar realmente la fiebre bélica,
señaló el dirigente socialista, "los gobernantes de
Estados Unidos necesitan la sangre de soldados norteamericanos
muertos en combate. Necesitan que empiecen a llegar los
cadáveres a las bases aéreas estadounidenses.
"No basta con la muerte de 5 mil civiles en el World Trade
Center", expresó Barnes. Eso es "la matanza de los
inocentes", lo cual es "detestado, de palabra, por los tres
monoteísmos desérticos: el judaísmo, el
cristianismo y el islam. A pesar del espectáculo del
'duelo nacional' fomentado y exprimido al máximo por las
supermillonarias familias gobernantes desde el 11 de septiembre,
comentó, "la verdad es que no les importa
prácticamente nada la vida de civiles.
"Son los trabajadores con conciencia de clase y los luchadores
por la liberación nacional quienes distinguen claramente
entre la matanza de civiles inocentes y la muerte de soldados en
combate".
Para desatar una histeria bélica, los gobernantes
necesitan una de dos cosas, dijo Barnes. O el asesinato de un
personaje burgués de alto nivel, o un gran derramamiento
de la sangre de soldados, como sucedió con el hundimiento
del buque USS Maine en el puerto de La Habana en
1898, que le sirvió al presidente William McKinley de
pretexto para lanzar una guerra contra España, la primera
guerra de la época imperialista; o con el bombardeo a
Pearl Harbor en diciembre de 1941, aprovechado por el gobierno de
Franklin Roosevelt para impulsar el objetivo de los gobernantes
estadounidenses de declarar la guerra a sus rivales imperialistas
en Japón y Alemania.
'Nosotros' contra 'ellos'
Mientras tanto, manifestó Barnes, los gobernantes
norteamericanos han buscado atizar un torbellino
patriótico de emotividad y sentimentalismo para reforzar
la ilusión de que "los norteamericanos tenemos" los mismos
intereses, ya seamos de los cientos de millones de trabajadores y
agricultores explotados por un puñado de familias
capitalistas en este país; o de una de esas familias
explotadoras o de sus sirvientes a sueldo en las altas esferas
del gobierno, de los grandes negocios, de la iglesia, la docencia
y los medios de comunicación.
"Este 'nosotros' sin distinción de clases",
indicó Barnes, abarca, por ejemplo, tanto al preso
condenado a muerte Mumia Abu-Jamal como al gobernador de
Pennsylvania, Thomas Ridge, quien firmó la orden de
ejecución y rehusa concederle un nuevo juicio. Barnes
señaló que el presidente Bush ha nombrado a Ridge
como "zar" de "seguridad de la patria", el nuevo puesto a nivel
de gabinete.
Con los orquestados lamentos públicos de los
gobernantes, dijo Barnes, pretenden desarmar la oposición
a su creciente militarización sobre el frente interno y a
su rumbo hacia la guerra en el extranjero. A tal efecto
mencionó una entrevista con la jueza de la Corte Suprema
norteamericana, Sandra Day O'Connor, que apareció en el
New York Times del 29 de septiembre,
realizada por su corresponsal judicial Linda Greenhouse.
"Calificándose de 'todavía llorosa'
después de ver el sitio del World Trade Center",
escribió Greenhouse, esta aspirante a presidenta de la
Corte Suprema "dijo ayer ante un público de estudiantes de
derecho en Manhattan que, como parte de la respuesta del
país al terrorismo, 'es probable que vivamos más
restricciones a nuestra libertad personal que nunca antes en
nuestro país' ".
Según informó Greenhouse, O'Connor
añadió que "los abogados y académicos
ayudarán a definir cómo mantener una sociedad
justa... en un momento en que muchos se preocupan más por
la seguridad y cierta venganza".
Barnes preguntó: "¿Cuántos de ustedes
quieren entregar las decisiones sobre sus 'derechos' a la merced
de abogados y académicos ?"
"Yo sí que no", agregó.
Los gobernantes norteamericanos, dijo Barnes, quieren que los
trabajadores preguntemos: "¿Cómo es que 'nosotros'
podemos protegernos de los 'fanáticos' del mundo?
¿Qué vamos a hacer 'nosotros' para poner fin al
'terrorismo'?"
Sin embargo, para los trabajadores y agricultores aquí
o en cualquier otro país, expresó Barnes, el
único "nosotros" son los trabajadores de todo el mundo con
quienes compartimos los mismos intereses de clase y un mismo
enemigo de clase: ante todo los gobernantes capitalistas de
Estados Unidos, la potencia militar más fuerte y brutal de
la Tierra, y sus explotadores más despiadados.
"Desde el punto de vista del pueblo trabajador",
subrayó Barnes, "esa clase gobernante, sus dos partidos
políticos gemelos, y su estado y otras instituciones no
tienen nada que ver con 'nosotros' sino que se trata de 'ellos'.
La clase obrera tiene que organizar a nuestros hermanos
trabajadores y agricultores --y a los que podamos captar de las
clases medias--para arrebatarlos de las manos de ellos, de
los guerreristas capitalistas, y llevar a cabo una lucha
revolucionaria por la toma del poder. De otra manera ellos
no dejarán nunca de aterrorizar a la humanidad".
Los gobernantes imperialistas quieren ocultar de los
trabajadores y agricultores la verdad expuesta en el comunicado
emitido el 11 de septiembre por el Partido Socialista de los
Trabajadores a través de su candidato para alcalde de
Nueva York, Martín Koppel. Después de llamar al
pueblo trabajador a que se oponga a la campaña
bélica del gobierno norteamericano y a sus crecientes
arremetidas contra los derechos de los trabajadores, y explicar
que los revolucionarios rechazamos el uso de la violencia contra
civiles inocentes como en Nueva York y Washington, el comunicado
afirmó:
El gobierno norteamericano y sus aliados, por más de un
siglo, han desatado un terror sistemático para defender
sus privilegios e intereses de clase a nivel nacional e
internacional: desde la incineración atómica de
cientos de miles de personas en Hiroshima y Nagasaki, hasta la
matanza librada por 10 años en Indochina, la guerra contra
el pueblo de Iraq en 1990-91, la calcinación fatal de 80
personas en su propio territorio en Waco, Texas, y otros ejemplos
demasiado numerosos para mencionar. En las últimas
semanas, la Casa Blanca y el Congreso han respaldado a Tel Aviv y
a la escalada de su campaña de asesinatos, unos al azar y
otros planeados, en su intento --que está fracasando
históricamente-- de suprimir al desposeído pueblo
palestino que lucha por el retorno de su patria.
Hace medio siglo, el movimiento obrero revolucionario y otros
opositores de toda expresión de indignidades coloniales,
del racismo y del antisemitismo advirtieron que, al librar una
guerra de terror para expulsar a los palestinos de sus fincas,
aldeas y ciudades, los fundadores del estado israelí y sus
partidarios imperialistas en Norteamérica y Europa estaban
oponiendo al pueblo judío contra aquellos que luchaban por
la liberación nacional en el Medio Oriente y a nivel
mundial; estaban creando una trampa mortal para los
judíos, que Israel sigue siendo hasta el día de
hoy. Por su superexplotación sistemática de los
pueblos de Asia, Africa y América Latina; por sus agravios
incesantes a su dignidad nacional y cultural; por sus
múltiples formas de constante violencia asesina, el
imperialismo estadounidense está convirtiendo a
Norteamérica en una trampa mortal para el pueblo
trabajador y todos los que aquí residen.
"Los trabajadores y agricultores en Estados Unidos ahora han
entrado al mundo", manifestó Barnes.
"Durante un siglo los gobernantes de Estados Unidos han
logrado en gran medida convencer al pueblo trabajador
norteamericano de que, al menos en el territorio nacional, nos
encontrábamos exentos de las masacres y miserias masivas
que en todo el mundo provoca el inherente avance del capitalismo
hacia el dominio imperialista, el fascismo y la guerra. De
ahí derivan los peligros que corre la civilización
humana en el mundo actual, no de 'fanáticos' ni
'terroristas'. Nuestra clase ahora se ha sumado al resto de la
humanidad trabajadora".
En este sentido, Barnes citó a un columnista
británico que escribió: "Me recuerda la broma de un
viejo y amargado corresponsal extranjero, de que en
términos noticiosos, un norteamericano muerto equivale a
10 judíos israelíes, equivale a 100 bosnios,
equivale a 50 mil africanos bantúes".
Durante las últimas semanas, dijo Barnes, la clase
patronal de Estados Unidos había organizado momentos de
silencio, campañas de donación de sangre, brigadas
de rescate voluntarias, actos públicos y otras
exhibiciones "cívicas" para manipular la solidaridad
humana y movilizar a la población en apoyo a la
campaña guerrerista de los gobernantes.
"Suben a Oprah a un escenario en el estadio de los Yanquis de
Nueva York, para que haga correr las lágrimas ante
millones de televidentes de todo el país",
señaló Barnes. "Pero los seres humanos no lloramos
por quienes no conocemos. Es una realidad de la sicología
humana; de otra manera ninguno de nosotros podría
mantenerse en pie.
"Muy interesadamente, los gobernantes y sus descarados
propagandistas de los medios de difusión les han robado la
intimidad a miles de personas que sí perdieron a
familiares y amigos el 11 de septiembre. Explotan
cínicamente el luto concreto de individuos, para
convertirlo en un fervor patriótico generalizado".
Pero eso no tiene absolutamente nada que ver con la
solidaridad humana, indicó Barnes. Forma parte de los
preparativos políticos de los capitalistas para preservar
su sistema social inhumano, restringir los derechos y reducir las
condiciones del pueblo trabajador en este país, e infligir
horrores inimaginables a los trabajadores y campesinos de otros
países.
"Forma parte de la 'pornograficación de la
política' que ha acompañado la creciente crisis e
inestabilidad del orden capitalista mundial durante el
último decenio", apuntó Barnes.
"Los gobernantes asedian al pueblo trabajador con relatos
sensacionalistas de la corrupción individual, de la
'decadencia', el sexo, el divorcio y la tragedia, convertido todo
en emoción colectiva. Ya sean la vida sexual del
presidente Clinton o del príncipe Carlos; la muerte en un
accidente automovilístico de la princesa Diana; o el luto
privado por los amigos y seres queridos muertos en el World Trade
Center o el Pentágono, tales espectáculos
públicos orquestados tienen como efecto desviar nuestra
atención de las relaciones explotadoras de clases que
causan los males sociales y la miseria humana bajo el
capitalismo".
Todo esto forma parte de la manipulación por parte de
los gobernantes de la ansiedad, el resentimiento y el temor a la
pérdida, para así menguar lo que Barnes
señaló como la única base segura de la
solidaridad humana: la solidaridad política
de los trabajadores, agricultores y otros trabajadores
explotados. Dicha solidaridad se basa no en el sentimentalismo ni
en el miedo, sino en la creciente conciencia y confianza
políticas de la mayoría trabajadora de la
humanidad, que no tiene absolutamente ningún
interés de clase en la explotación, la
opresión y humillación de otros seres humanos.
"Por eso, en la portada de cada número del
Militant durante la campaña contra la guerra
imperialista", declaró Barnes, "hay que destacar uno o dos
artículos sobre una huelga o un mitin organizado por
trabajadores, una protesta de agricultores, una
manifestación contra la brutalidad policiaca, una
acción en pro de los derechos de los inmigrantes, o una
protesta para reivindicar la acción afirmativa para los
negros, las mujeres y otros sectores oprimidos de la clase
trabajadora.
"Así, más y más trabajadores y
jóvenes llegarán a entender en la práctica
quiénes somos 'nosotros' y quienes son 'ellos' en
realidad... y pensarán y actuarán como
corresponde".
¿Escrita para la 'posteridad'?
Barnes se refirió a una carta de un lector del
Militant en Miami Beach que él recibió poco
después de la declaración del 11 de septiembre
emitida por el Partido Socialista de los Trabajadores.
El autor de la carta dijo que tras haber oído de la
declaración por primera vez de "mis amigos de Nueva York",
quienes se sienten "muy emotivos debido a la situación...
lo cual es comprensible", leyó la declaración en el
sitio web del Militant y estuvo "muy preocupado por el
tono y la presentación del punto de vista del PST". Le
remitió a Barnes la respuesta que había escrito a
estos amigos de Nueva York.
El escritor estaba especialmente decepcionado, explicó,
porque no fue sino hasta el séptimo párrafo que la
declaración del PST dijo: "Quienquiera que haya realizado
los operativos del 11 de septiembre, la destrucción de las
dos torres del World Trade Center y el ataque aéreo al
Pentágono --con el saldo consiguiente de miles de hombres,
mujeres y niños muertos y heridos--, estas acciones no
tienen nada que ver con la lucha contra la explotación
capitalista y la opresión imperialista. Los
revolucionarios y otros trabajadores, agricultores y
jóvenes con conciencia de clase en todo el mundo rechazan
el empleo de dichos métodos."
El PST, dijo el escritor a sus amigos en Nueva York, "parece
haber perdido el sentido del momento. Puede ser que dentro de 20
años esta declaración del candidato para alcalde de
Nueva York parezca haber atinado". Sin embargo, manifestó,
la esencia de una situación no describe con
precisión la realidad de aquel momento".
El "tono y la presentación" de la declaración
del partido, dijo el autor de la carta, "van a impedir que todos
aquellos trabajadores norteamericanos que no estén
emocionalmente muertos lleguen al párrafo número
7.... Creo que esta declaración de la campaña fue
escrita para la posteridad y no desde la perspectiva de
intervenir en esta lucha tal como existe hoy por hoy. ¡Es
la señal de una secta!"
La carta desacierta en ambos aspectos, contestó
Barnes.
"En primer lugar, la declaración no fue redactada para
los 'trabajadores norteamericanos' sino para los trabajadores del
mundo, recordando que el pueblo trabajador en Estados Unidos
forma parte integral de esa clase internacional.
"Los comunistas no formulamos nuestras posiciones y nuestros
principios políticos a partir de la conciencia y las
inquietudes actuales de estos trabajadores", dijo Barnes, "ni
mucho menos de las emociones 'del momento'. Explicamos, con la
mayor claridad posible, los intereses de clase y la marcha
histórica de la clase trabajadora, que para los
trabajadores en Estados Unidos no difieren de los de nuestros
hermanos y hermanas en Egipto, Arabia Saudita, Palestina,
Afganistán o en cualquier otra parte del mundo."
En segundo lugar, dijo Barnes, los comunistas nunca redactamos
nada "para la posteridad". La declaración del 11 de
septiembre del partido fue redactada para la actualidad, para
armar políticamente a los trabajadores, agricultores y
jóvenes con conciencia de clase para que
actúen. Porque los revolucionarios sabemos, dijo
Barnes, que si los trabajadores actuamos, si nos organizamos para
luchar, "transformaremos las posibilidades que se le presentan a
la humanidad".
Señaló que esto es lo que han hecho los
trabajadores y jóvenes comunistas en las semanas
posteriores al 11 de septiembre. Han llevado la campaña
contra el imperialismo y su guerra a las calles de distritos
obreros; al trabajo, a las plantas, las minas y fábricas;
a las universidades; y a las actividades sindicales y protestas
sociales.
Barnes dijo que al igual que en los primeros días y
semanas de campaña guerrerista de Washington contra Iraq
10 años atrás, los trabajadores-bolcheviques en
todo Estados Unidos y el mundo inmediatamente tuvieron que tomar
decisiones sobre qué decir y cómo comportarse en el
trabajo. Se vieron presionados por sus patrones, y en muchos
casos también por algunos compañeros de trabajo,
para que observaran momentos patrióticos de silencio
instigados por el gobierno de Bush, aceptaran banderas americanas
o listones amarillos, asistieran a oficios religiosos,
participaran en campañas para donar sangre o colectas
organizadas por el sindicato, todo esto impulsado bajo la bandera
del luto público para movilizar el apoyo a la
campaña patriotera de militarización promovida por
los gobernantes estadounidenses.
Barnes destacó el ejemplo de los trabajadores
comunistas --ningunos de los cuales está ni
"emocionalmente muerto" ni mentalmente muerto-- que se
mantuvieron firmes, defendieron sus principios y firmemente
rehusaron unirse a esas manifestaciones patrioteras.
Al hacer eso, estos trabajadores definieron su posición
desde el principio, se ganaron el respeto de sus
compañeros de trabajo y sentaron las bases para continuar
las discusiones y el trabajo político a medida que se vaya
desarrollando la guerra estadounidense y sus consecuencias.
Ante todo estos trabajadores ya estaban preparados-- con su
mente, con sus hábitos y con su estómago-- por su
experiencia acumulada como cuadros disciplinados del movimiento
de trabajadores comunistas. Con esa preparación
política, dijo Barnes, el carácter oportuno, el
tono y la claridad comunista de la declaración del 11 de
septiembre del Partido Socialista de los Trabajadores
indudablemente los puso en una buena situación
también.
Dos clases, distintas respuestas
Tras el atentado al World Trade Center, dijo Barnes, el
discurso público en buena parte de la ciudad de Nueva York
ha estado cubierto por "un barniz de histeria y pánico
pequeñoburgués".
No existe una entidad única, socialmente
homogénea, llamada "Nueva York", dijo Barnes, como tampoco
existe un solo "Estados Unidos". Las ciudades, al igual que los
países, están divididos en clases y están
polarizadas políticamente. "Son una suma geográfica
de 'nosotros' y 'ellos'. Y especialmente en la medida que los
gobernantes se dirigen hacia una guerra, ellos quieren
hacer que nosotros pensemos en todos, juntos, como
nosotros".
Barnes leyó un artículo reciente de la
columnista Maureen Dowd en el New York
Times, que reflejaba el pánico entre capas de las
clases profesionales y medias y la crisis social e inseguridad
que le subyace. "Mujeres que conozco en Nueva York y Washington
debaten si ordenar máscaras antigás
israelíes o de los marines norteamericanos, y
máscaras antigás ligeras que duran media hora o
máscaras antigás que duran ocho horas por 400
dólares, máscaras antigás para bebés
y máscaras antigás para sus mascotas, con la misma
atención meticulosa con que piden café con leche
sin espuma/descremada/sin batir en los viejos días
más inocentes.
"Comparten información sobre cuáles farmacias
todavía tienen... antibióticos que se puedan
utilizar contra el ántrax", escribió Dowd. "Andan
cargando zapatos sin tacones y tenis en caso que tengan que
correr, y comprando reservas de latas de atún,
salmón y ostras, baterías y agua embotellada". Y
Dowd sigue así con 16 párrafos más.
"Sin embargo, no se observa máscaras antigás en
los trenes subterráneos utilizados por millones de
trabajadores todos los días, ¿no es así"?
dijo Barnes. De hecho, muchos trabajadores ya se impacientan con
los policías que actúan cada vez más
descaradamente como que fueran dueños de las calles en
algunas partes de la ciudad, además de las interrupciones
en las calles y los túneles que están sumando horas
a la jornada laboral en algunos casos.
"No obstante la histeria que satura los medios de
comunicación capitalistas", dijo Barnes, en realidad
existen dos Nueva York".
Nueva York desde el 11 de septiembre, dijo Barnes,
también ofreció un caso clásico de todos los
elementos del bonapartismo en esta etapa de la crisis capitalista
en Estados Unidos, así como sus limitaciones actuales.
Falla un Bonaparte pretendiente
Aprovechando el pánico y las inseguridades de las capas
medias en momentos de crisis --que en última instancia son
el origen de la base de masas de todo movimiento fascista serio--
ciertas figuras burguesas se presentarán como si
estuvieran por encima de las clases antagónicas y
pretenden restablecer el orden y la estabilidad. Prometen
demagógicamente cortar el nudo gordiano de la burocracia
estatal y la política de rutina para "cumplir la tarea",
en muchos casos prescindiendo de las "legalidades". Al igual que
hizo H. Ross Perot en su campaña presidencial en 1992,
elogian las unidades especiales armadas --tales como los SEALs de
la Marina de Guerra en el caso de Perot-- como la única
fuerza "confiable" e "incorruptible" que puede proteger a la
población.
Barnes comentó que con el inicio de la crisis en Nueva
York, el alcalde Rudolph Giuliani esperaba cambiar su suerte
presentándose como el hombre "hacedor" del momento. Antes
del 11 de septiembre Giuliani aún era objeto de una
campaña de la prensa, por casi un año, que
hacía un escándalo acerca de su vida personal, la
cual se enmarcaba en la pornograficación de la
política burguesa que se había comentado
anteriormente.
Ahora, al celebrar frecuentes conferencias de prensa en el
"Punto Cero", el alcalde buscó proyectar una imagen de
serenidad, control y franqueza: el hombre que está
"tomando las riendas". Repetidas veces le recordó al
público que los "servicios uniformados" son "mi gente":
sobre todo la policía, pero también los bomberos,
centenares de los cuales murieron con la caída de las
torres gemelas. Los integrantes de los "servicios uniformados"
que murieron en la catástrofe han sido elevados por la
prensa y los políticos como héroes por encima de
los más de 4 mil civiles que también murieron
allí.
Como aspirante a Bonaparte, Giuliani empezó a tantear
las posibilidades, primero para ver si el actual límite
legal de dos mandatos podría ser anulado para que
él pudiera postularse nuevamente como candidato para
alcalde en otoño, o para ver si por lo menos su mandato
pudiera prolongarse por unos meses.
"Pero en una situación donde la oportunidad del momento
era lo determinante", indicaba Barnes, "Giuliani apostó
demasiado tarde, unos días después de que el
ambiente de crisis ya había pasado su momento culminante y
empezaba a decaer en Nueva York, al igual que su propio lugar en
la palestra política. Más decisivo aún fue
el hecho que el alcalde había se equivocado en cuanto a la
etapa de la crisis social más amplia, que aún no
estaba madura para un intento abierto de echar a un lado las
formas parlamentarias".
Sin embargo, dijo Barnes, Giuliani estuvo muy acertado en su
intuición de clase de que las tropas de asalto del
bonapartismo en Estados Unidos surgirán de los "servicios
uniformados", como también lo harán los movimientos
fascistas. Los departamentos de policía, las oficinas de
alguaciles y otras agencias de "seguridad pública" ya
están llenos de individuos con simpatías
ultraderechistas. Y ésta será más y
más la realidad en la medida que se profundice la crisis
capitalista y la clase patronal empiece a desatar pandillas
armadas contra líneas de huelga y organizaciones de los
trabajadores y los oprimidos.
En la reunión del Comité Nacional celebrada dos
días después del foro público, Barnes
respondió a varias preguntas de si los policías y
los bomberos responden a los mismos intereses de clase en la
sociedad capitalista. No, contestó Barnes. La
policía es la defensora armada del orden y la propiedad
capitalista. El que se hace policía, independientemente de
su origen de clase, se coloca fuera de la clase trabajadora,
así como del lado de los grandes propietarios, en la lucha
de clase. Es una separación de clases, dijo Barnes.
Los bomberos no son una fuerza armada que defienda la
propiedad y el dominio burgués. Muchos bomberos se
consideran empleados públicos y son capaces de
solidarizarse con sindicatos y trabajadores en lucha. Pero la
clase dominante organiza a los departamentos de bomberos de forma
jerárquica y militar, con una cadena de mando partiendo de
tenientes y capitanes hacia abajo. Los oficiales de los
departamentos de policía y bomberos colaboran día
tras día a muchos niveles, con el resultado de que los
cuadros en las estaciones de bomberos son vulnerables a todas las
presiones reaccionarias que emanan desde las filas de la
policía y las corrientes derechistas que son un polo de
atracción para ellos.
Aliados de trabajadores en EE.UU.
Los gobernantes de Estados Unidos afrontan obstáculos
formidables al llevar a cabo su guerra contra Afganistán y
más allá: desde Filipinas e Indonesia hacia el
Este, hasta Iraq y Siria hacia el Oeste.
"Más de medio siglo después del apogeo del
dominio mundial de Washington en los años tras su victoria
en la Segunda Guerra Mundial", dijo Barnes, "las acciones del
imperialismo estadounidense --el último imperio-- parten
hoy de su relativa debilidad y no de una posición
fuerte".
Con sólo Londres fielmente a su lado, Washington no ha
logrado ni logrará juntar el tipo de coalición
amplia que, aún con su inestabilidad y sus conflictos
internos, pudo organizar hace 10 años para desatar la
guerra contra Iraq. Otras potencias europeas han sido más
cautelosas en su apoyo y tienen poco que ofrecer militarmente en
el sentido estratégico. Putin busca ansiosamente
fortalecer lo más posible la influencia de Rusia en
Europa, y al mismo tiempo asestar golpes contra los pueblos
musulmanes oprimidos y descontentos, desde Chechenia hacia el
este, pasando por todos sus territorios actuales y los antiguos
territorios soviéticos que todavía domina. Sin
embargo, las autoridades en Moscú todavía
consideran la escalada militar de Washington en el costado sur de
Asia Central como una bendición a medias.
Hoy día, el mayor obstáculo para la
campaña de guerra, dijo Barnes, es el pueblo trabajador de
Paquistán, que se ha movilizado con protestas de decenas
de miles de personas contra los preparativos de guerra de
Washington y para condenar el apoyo del gobierno de Islamabad a
dicha agresión.
Por esta razón, dijo, representan objetivamente el
aliado internacional más importante del pueblo trabajador
en Estados Unidos, como también lo son los trabajadores,
los campesinos y los jóvenes en Egipto, Palestina,
Indonesia, Filipinas y otros países, quienes ya
están entrando en acción en respuesta a las
maniobras de guerra de Washington.
Festival Mundial de la Juventud
Barnes señaló a aquellos que estaban sentados en
la tarima que habían participado en el 15 Festival Mundial
de la Juventud y los Estudiantes, celebrado en agosto en Argelia,
y al cual asistieron unos seis mil delegados de todo el mundo,
sobre todo del Medio Oriente, Africa, América Latina y
Asia.
Estos jóvenes --que estaban entre los 25 Jóvenes
Socialistas de siete países que asistieron al festival--
"tuvieron un impacto en un suceso histórico", dijo Barnes.
"Creo que es difícil que ellos u otros comprendan
plenamente lo que se logró en ese encuentro".
El éxito del festival en Argelia, dijo Barnes,
marcó otro paso en la construcción de un nuevo
movimiento juvenil antiimperialista a nivel mundial.
Esto representa un notable cambio en la política obrera
internacional, dijo Barnes. Durante los primeros 13 Festivales
Mundiales de la Juventud entre 1946 y 1989, el movimiento
estalinista que tenía acceso a los inmensos recursos del
régimen en Moscú había mantenido un control
férreo de los festivales. Ellos pretendían usar
estos encuentros para impulsar la meta diplomática de
Moscú --una meta colaboracionista de clase-- de lograr un
acomodamiento a largo plazo con el imperialismo, un objetivo en
última instancia tan utópico como
contrarrevolucionario.
Con el derrumbe de los regímenes estalinistas en toda
Europa Oriental y la propia Unión Soviética entre
1989 y 1991, dijo, pareció por un tiempo que nunca
habría otro festival mundial de la juventud. Pero en 1997
el gobierno cubano se ofreció como anfitrión para
un festival en La Habana, atrayendo a unos 12 mil jóvenes.
Dio la bienvenida a una amplia variedad de fuerzas
revolucionarias y antiimperialistas de todo el mundo, sin excluir
a nadie y sin prohibir las conversaciones o las mesas de
libros.
El festival de Argelia, el primero en llevarse a cabo en
territorio africano, fue un segundo avance para esa nueva
tradición antiimperialista, dijo Barnes.
Barnes observó que en 1965 también se
había proyectado en Argelia un Festival Mundial de la
Juventud. Ofrecía la posibilidad de ser más abierto
que los festivales anteriores para los intercambios entre
jóvenes revolucionarios, ante el impacto de los avances en
la lucha antiimperialista: la ola de exitosas luchas
independentistas en toda Africa y el Medio Oriente, la
revolución cubana y la lucha victoriosa contra el dominio
colonial francés en Argelia, que había culminado
con el establecimiento de un gobierno de trabajadores y
campesinos con estrechos vínculos a Cuba
revolucionaria.
Barnes dijo que él mismo había estado planeando
participar en el festival de Argelia en 1965 como miembro de una
delegación de la Alianza de la Juventud Socialista. Pocos
meses antes, dijo, él y otro dirigente de la AJS
habían llevado a cabo una entrevista con Malcolm X para la
revista Young Socialist (Juventud Socialista); la
entrevista aún está disponible en un folleto y
libro publicado por Pathfinder, ambos bajo el título,
Malcolm X Talks to Young
People (Malcolm X habla a la juventud).
Cuando Barnes le llevó a Malcolm la entrevista completa
para que la revisara, a Malcolm le dio gusto conocer los planes
de la AJS para ir al festival en Argelia. Dijo que había
conocido a unos cuantos jóvenes revolucionarios durante
sus visitas a Africa el año anterior --incluyendo a
Argelia-- y Europa. Dijo que prepararía una lista de
contactos para que la AJS les enviara copias de la entrevista del
Young Socialist y se reuniera con ellos para sostener
conversaciones durante el festival juvenil en Argelia.
Así, añadió Malcolm, "ambos lados pueden
ampliar su visión".
"Le dije a Malcolm que esperábamos con entusiasmo la
oportunidad de hacerlo", dijo Barnes.
Hubo dos sucesos que cambiaron estos planes.
Primero, en febrero de 1965 Malcolm X fue asesinado, antes que
se imprimiera la entrevista en el Young Socialist y antes
que los dirigentes de la AJS hubieran recibido de Malcolm la
lista de los jóvenes revolucionarios. "Sin embargo, no
desistíamos de nuestra intención de cumplir nuestra
promesa a Malcolm", dijo Barnes. "Estábamos seguros que si
íbamos al festival en Argelia, íbamos a conocer a
los jóvenes revolucionarios de los cuales hablaba Malcolm,
y conocer a muchos más".
En segundo lugar, en la primavera de ese año, unos
días antes de la inauguración del festival, el
gobierno de trabajadores y agricultores en Argelia fue derrocado
en un golpe de estado contrarrevolucionario y se canceló
el festival. Barnes se encontraba en un tren que bajaba por la
península italiana rumbo a Argelia, cuando se
enteró de la noticia.
"Así que nunca pensé que se había
cancelado: entre los revolucionarios las promesas nunca se
cancelan. Siempre me había parecido que el cumplimiento de
esa meta sería aplazado, pero, por supuesto, no
había forma de saber por cuánto tiempo o bajo
qué circunstancias se lograría.
"Ahora sabemos", dijo Barnes. "La cumplió el mes pasado
la delegación de la Juventud Socialista en el 15 Festival
Mundial de la Juventud en Argelia".
Esa delegación, dijo, tuvo conversaciones y
estableció relaciones con jóvenes revolucionarios y
militantes antiimperialistas del Medio Oriente, Africa, Asia y
América Latina, y puso en sus manos cientos de ejemplares
de libros y folletos comunistas y revolucionarios.
En contraste, este año un buen número de los
Partidos Comunistas oficiales y sus organizaciones juveniles con
vínculos históricos al régimen estalinista
en Moscú boicotearon el festival de Argelia (incluidos los
PC de Francia, Italia, Canadá y Japón) o enviaron
sólo una delegación simbólica (por ejemplo,
dos dirigentes de la Liga Juvenil Comunista de Estados Unidos,
YCLUSA).
El pretexto de lo que era en efecto un boicot era que el
gobierno argelino había reprimido las protestas de los
oprimidos beréberes contra los ataques a sus derechos
nacionales y al uso de su idioma, y que las condiciones
políticas eran muy explosivas y peligrosas en esos
momentos. En realidad, tras bastidores, el gobierno imperialista
de Francia y la social democracia internacional --que
había proyectado un festival juvenil en Panamá unas
semanas antes para competir con el evento de Argel-- lanzaron el
llamamiento a no ir al festival.
En la reunión del Comité Nacional del PST
después del evento público del 30 de septiembre,
Barnes apuntó que el artículo que apareció
en la edición del 8 de septiembre del People's
Weekly World, periódico del Partido
Comunista de Estados Unidos, falsificó tanto el
carácter político del festival de Argelia como su
composición. El autor fue Noel Rabinowitz, uno de los dos
dirigentes de la YCL que asistieron al festival.
"Aunque no éramos una delegación numerosa",
escribió Rabinowitz, "la participación de
jóvenes antiimperialistas de Estados Unidos fue una
victoria política para el festival. La Liga Juvenil
Comunista de Estados Unidos (YCLUSA) tomó en serio nuestra
responsabilidad internacionalista y desempeñamos un papel
directivo en el esfuerzo. La YCLUSA convocó al
Comité Preparatorio Nacional de Estados Unidos (USNPC)
asegurando la representación de una amplia gama de grupos
nacionales juveniles y estudiantiles como la Asociación de
Estudiantes de Estados Unidos y Estudiantes Unidos contra los
Talleres de Explotación. La YCLUSA representó al
USNPC en el Comité Organizador Internacional,
dirigió la delegación de Estados Unidos y
participó en las plenarias de varias sesiones claves".
El artículo encubre completamente la verdad: que en fin
de cuentas la YCL intentó disuadir a los jóvenes de
participar en el encuentro y sólo organizó la
participación de dos de sus propios miembros.
Desde los años 30, dijo Barnes, el movimiento
estalinista mundial se había acostumbrado no sólo a
poder difundir mentiras sino a "hacerlas verdad",
valiéndose sencillamente de la corrupción, la
matonería y asesinatos por su máquina asesina
mundial.
"Los vestigios muy debilitados de este antiguo movimiento
internacional ya no pueden hacer esto", dijo Barnes. "Eso
representa un gran adelanto para la clase obrera
internacional.
"No obstante, según lo demuestra el artículo del
People's Weekly World", agregó
Barnes, "no quiere decir que aún no lo vayan a
intentar".
El dirigente del PST señaló durante la
reunión del Comité Nacional que desde el 11 de
septiembre tanto la YCL como el Partido Comunista de Estados
Unidos se encontraban entre aquellos en el movimiento obrero que
más habían aceptado el marco patriótico de
los gobernantes estadounidenses: el de "nosotros" y la lucha de
"nuestro país" contra el "terrorismo".
En el sitio web de la YCL figura un emblema que dice, "I love
New York, Honor their memory... Unite in Peace" (Amo a Nueva
York, honremos su memoria.... Unidos en la paz). La YCL
instó a sus capítulos a "apoyar las vigilias y los
mítines por la paz que están ocurriendo
espontáneamente por todo el país", siguiendo como
eje político central el lema: "¡No más
víctimas! Alto al ciclo de violencia".
En un comunicado fechado el 21 de septiembre, el presidente
nacional del PC en Estados Unidos, Sam Webb, afirmó lo
siguiente: "La muerte de más de 5 mil personas es una
tragedia americana. Otros países han experimentado
tragedias iguales o peores, pero ésta tuvo lugar en
nuestro territorio nacional y fue muy cruel e inesperada....
"De hecho, la gente está cuestionando ciertas
presuposiciones, existentes por mucho tiempo, que influyen en
cómo pensamos acerca de nuestras vidas, nuestras familias
y el futuro de nuestra nación. Todos nos preguntamos,
'¿Cómo pudo suceder aquí y qué se
puede hacer para impedir que vuelva a suceder?"
Soldados, no guerreros
Al concluir su presentación en el mitin del 30 de
septiembre, Barnes dijo que, si bien los sucesos de las dos
semanas anteriores no habían "rehecho al mundo"
--según lo había proclamado ese día un
titular en el Resumen Semanal del New York
Times-- las fuerzas políticas que ya estaban en
marcha habían empezado a acelerarse.
Este hecho, dijo, le presenta responsabilidades especiales al
movimiento comunista, así como más oportunidades,
para profundizar su trayectoria de seguir las líneas de
resistencia en la clase obrera y entre los agricultores, de
reforzar sus fracciones industriales en los sindicatos, y de
captar fuerzas jóvenes para la Juventud Socialista y el
Partido Socialista de los Trabajadores.
"Estamos construyendo un movimiento de soldados disciplinados,
no de guerreros individuales", dijo.
"Los guerreros tienen muchas cualidades dignas de ser
emuladas", dijo Barnes, "ante todo su valentía".
Ninguna organización revolucionaria puede hacer mucho
sin tener cuadros que demuestren valentía, tanto
política como física, apuntó Barnes. "Pero
valentía y disciplina no son la misma cosa. Y
valentía sin disciplina se convierte en otra forma
de individualismo pequeñoburgués. Puede conducir a
un daño innecesario; a trabajadores individuales, al
movimiento comunista y a espectadores inocentes.
"Hemos dicho a menudo que la disciplina no se puede
imponer", dijo el dirigente del PST. "Es algo que los
miembros de un partido proletario interiorizan a lo largo
del tiempo, mediante la experiencia colectiva en la lucha de
clases y la formación política marxista. Cuando
más necesitemos la disciplina de partido, en muchos casos
no habrá tiempo para consultar con un organismo superior;
simplemente actuaremos a partir de lo que hemos llegado a
ser gracias a ese proceso de preparación
política".
Al mismo tiempo, dijo Barnes, el 11 de septiembre fue el
momento, más que nunca, cuando todas las unidades del
movimiento comunista --las ramas y los comités
organizadores del partido, las fracciones sindicales, los
capítulos de la Juventud Socialista-- necesitaban
reunirse, discutir la situación política y decidir
qué iban a hacer.
"La estructura, las normas y las instituciones organizativas
del movimiento comunista se hacen más importantes en
momentos como éstos", dijo. "Es cuando todo se somete a la
prueba, en el crisol de la guerra imperialista y campaña
de militarización".
Estas cuestiones fueron temas centrales de los dos días
de discusiones y decisiones por la dirección del Partido
Socialista de los Trabajadores después del mitin
público del 30 de septiembre, y también de la
reunión directiva internacional que culminó los
cinco días de deliberaciones.
Volviendo a los temas que Mary-Alice Waters había
planteado al inicio del mitin público en Nueva York, Jack
Barnes destacó en sus palabras finales que durante una
guerra imperialista, las huelgas obreras y otras acciones en la
que el pueblo trabajador resiste la opresión y a las
brutalidades del capitalismo son los núcleos de la
oposición más fundamental a la trayectoria
patriótica de los gobernantes.
"Los comunistas no estamos organizando una campaña
antiguerra", dijo Barnes. "Según lo expresaron los
bolcheviques durante la Primera Guerra Mundial, no tenemos una
política revolucionaria en tiempos de paz y una
política de paz en tiempos de guerra.
"Más bien, en medio de la guerra de Washington,
organizamos una campaña incrementada contra el
imperialismo, contra lo que, según nos
enseñó Lenin, es la última fase del
capitalismo, la fase en la que aún nos encontramos.
Mantenemos la vista enfocada en la lucha de clases".
En el transcurso de las batallas de clases, dijo Barnes, es la
propia experiencia de números crecientes de personas lo
que impugna la ilusión de que "nosotros" --la clase
gobernante y los trabajadores juntos-- necesitamos sacrificarnos
"por igual" para la guerra. Los trabajadores que hoy salen en
huelga o se mantienen firmes en alguna lucha social o
política, a pesar de las presiones de la guerra
imperialista, están rehusando sacrificar sus derechos,
salarios, sindicatos, vidas y bienestar físico a las
exigencias de los explotadores capitalistas, dijo Barnes.
Para los trabajadores comunistas, concluyó Barnes, es
posible y necesario orientarse más profundamente a la
resistencia del pueblo trabajador en Estados Unidos en respuesta
a la guerra imperialista contra Afganistán. Al mismo
tiempo, es posible ganar a una nueva generación a la
Juventud Socialista y al movimiento comunista si los trabajadores
revolucionarios colaboran con los miembros de la Juventud
Socialista para ir a las universidades y a otros lugares para
conocer a jóvenes que sienten repugnancia por la
trayectoria de los imperialistas y que podrán verse
atraídos a la clase obrera y a la lucha revolucionaria.
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