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UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
noviembre de 2001 Vol. 25 No. 10

Especial

Los comunistas y la lucha contra el imperialismo hoy
Mitin en Nueva York aborda cuestiones políticas planteadas por la guerra de Washington y los ataques a los derechos a los trabajadores

Por Steve Clark
y Patrick O'Neill

NUEVA YORK--"Estamos presentes aquí el día de hoy como parte de los esfuerzos para organizar una campaña obrera de oposición al imperialismo norteamericano y a su guerra contra los pueblos de Afganistán y la región", expresó Mary-Alice Waters, al dar apertura el 30 de septiembre a un mitin público en la Universidad de Columbia. "Esta guerra, al igual que otras masacres imperialistas anteriores, es una extensión de la acelerada ofensiva contra el pueblo trabajador en este país".

Waters, dirigente del Partido Socialista de los Trabajadores y directora de la revista marxista New International, presidió el evento, denominado "Los comunistas y la lucha actual contra el imperialismo". Con la respuesta de más de 350 trabajadores, estudiantes y jóvenes --llegados de todos los puntos de la costa este, y hasta de Tucson, Arizona; St. Paul, Minnesota; Omaha, Nebraska; y Vancouver, Columbia Británica, se hizo constar su empeño en profundizar esa campaña.

"La lucha de clases no queda suspendida", comentó Waters, cuando la clase gobernante y su gobierno en Washington aprovechan los atentados del 11 de septiembre al World Trade Center y al Pentágono para justificar el uso del enorme poderío militar norteamericano a fin de mantener su dominio del mundo y continuar atacando los salarios, las condiciones de trabajo y los derechos democráticos de los trabajadores. Al contrario.

Al tiempo que se celebraba el mitin, dijo Waters, decenas de miles de trabajadores públicos del estado de Minnesota se disponían a declararse en huelga el 1 de octubre, ante el intento patronal de reducir las prestaciones médicas y mantener los aumentos salariales por debajo del aumento del costo de la vida.

Señaló asimismo la respuesta de los miembros del sindicato minero UMWA, quienes están exponiendo la responsabilidad de la empresa por la muerte de 13 mineros del carbón en dos explosiones de metano ocurridas en la mina no. 5 de la compañía Jim Walter en Brookwood, Alabama.

Waters también mencionó las recientes protestas en Cincinnati en que se condenó la absolución, tras un juicio sin jurado que duró una semana, del policía que mató al joven negro Timothy Thomas en abril.

Los trabajadores comunistas ya participan más de lleno como parte de la creciente resistencia de una vanguardia más amplia de trabajadores y agricultores ante las arremetidas capitalistas contra sus condiciones de vida y de trabajo, indicó Waters. Por otra parte, los miembros del PST están uniendo esfuerzos con la Juventud Socialista para conocer a estudiantes universitarios que se sienten atraídos a estas crecientes luchas del pueblo trabajador y que pueden ser reclutados al movimiento revolucionario.

"La decisión de algunos trabajadores de seguir adelante con sus huelgas y otras luchas, de no acobardarse ante la creciente demagogia patriotera de que 'ahora no es el momento' ", expresó Waters, "es fundamental en la lucha contra el imperialismo y sus guerras".

El mitin público del 30 de septiembre formó parte de cinco días de reuniones y discusiones de miembros y partidarios del Partido Socialista de los Trabajadores y de la Juventud Socialista. Los trabajadores socialistas que son miembros de los sindicatos de la industria alimenticia UFCW y de la costura UNITE se reunieron los días 29 y 30 de septiembre para orientar el trabajo del partido en los sindicatos industriales. Los miembros del PST que son mineros del carbón y pertenecen al UMWA, así como los que son miembros del sindicato automotriz UAW, se reunieron dos semanas más tarde.

El Comité Nacional del PST se reunió los días 1 y 2 de octubre, junto con dirigentes del trabajo sindical del partido, organizadores de las ramas y los comités organizadores del partido, y dirigentes de organizaciones comunistas en Australia, Canadá, Islandia, Nueva Zelanda, Suecia y el Reino Unido. El 3 de octubre un subcomité de ese organismo continuó deliberando.

Washington necesita sangre de soldados

Waters explicó que los organizadores del mitin del 30 de septiembre habían decidido iniciarlo con una presentación sobre la lucha de clases en Estados Unidos. Invitaron a la minera del carbón Alice Kincaid a ser la primera oradora e informar sobre su visita, apenas concluida, a Brookwood, Alabama, donde se produjo la catástrofe minera. A Kincaid le siguieron varios oradores que comentaron sobre aspectos de la política en Estados Unidos así como en la región en que Washington ha lanzado su guerra (ver artículo sobre estas presentaciones en la página 12).

Jack Barnes, secretario nacional del Partido Socialista de los Trabajadores, fue el último orador. En esos momentos, una semana antes de que la administración Bush iniciara los bombardeos a Afganistán, el patriotismo que intentaban atizar los gobernantes estadounidenses y sus medios de comunicación todavía era superficial, manifestó Barnes.

Señaló varios ejemplos recientes de su propia experiencia. Cuando Barnes y otro dirigente del PST, Jack Willey, se dirigían el viernes anterior a una reunión en la parte central de Manhattan, por ejemplo, observaron a una joven mexicana que vendía banderas norteamericanas en la calle. "El ardor patriótico", comentó, "no es la principal motivación de la mayoría de los que estos días están vendiendo banderas y listones de colores en la calle.

En ese momento, dijo Barnes, por la esquina dobló un camión grande que portaba dos banderas estadounidenses de tamaño completo. El joven chofer vio a la mujer, estiró el puño por la ventana y gritó "¡Viva Zapata!" Esta recibió el saludo con una gran sonrisa.

Para poder intensificar realmente la fiebre bélica, señaló el dirigente socialista, "los gobernantes de Estados Unidos necesitan la sangre de soldados norteamericanos muertos en combate. Necesitan que empiecen a llegar los cadáveres a las bases aéreas estadounidenses.

"No basta con la muerte de 5 mil civiles en el World Trade Center", expresó Barnes. Eso es "la matanza de los inocentes", lo cual es "detestado, de palabra, por los tres monoteísmos desérticos: el judaísmo, el cristianismo y el islam. A pesar del espectáculo del 'duelo nacional' fomentado y exprimido al máximo por las supermillonarias familias gobernantes desde el 11 de septiembre, comentó, "la verdad es que no les importa prácticamente nada la vida de civiles.

"Son los trabajadores con conciencia de clase y los luchadores por la liberación nacional quienes distinguen claramente entre la matanza de civiles inocentes y la muerte de soldados en combate".

Para desatar una histeria bélica, los gobernantes necesitan una de dos cosas, dijo Barnes. O el asesinato de un personaje burgués de alto nivel, o un gran derramamiento de la sangre de soldados, como sucedió con el hundimiento del buque USS Maine en el puerto de La Habana en 1898, que le sirvió al presidente William McKinley de pretexto para lanzar una guerra contra España, la primera guerra de la época imperialista; o con el bombardeo a Pearl Harbor en diciembre de 1941, aprovechado por el gobierno de Franklin Roosevelt para impulsar el objetivo de los gobernantes estadounidenses de declarar la guerra a sus rivales imperialistas en Japón y Alemania.

'Nosotros' contra 'ellos'

Mientras tanto, manifestó Barnes, los gobernantes norteamericanos han buscado atizar un torbellino patriótico de emotividad y sentimentalismo para reforzar la ilusión de que "los norteamericanos tenemos" los mismos intereses, ya seamos de los cientos de millones de trabajadores y agricultores explotados por un puñado de familias capitalistas en este país; o de una de esas familias explotadoras o de sus sirvientes a sueldo en las altas esferas del gobierno, de los grandes negocios, de la iglesia, la docencia y los medios de comunicación.

"Este 'nosotros' sin distinción de clases", indicó Barnes, abarca, por ejemplo, tanto al preso condenado a muerte Mumia Abu-Jamal como al gobernador de Pennsylvania, Thomas Ridge, quien firmó la orden de ejecución y rehusa concederle un nuevo juicio. Barnes señaló que el presidente Bush ha nombrado a Ridge como "zar" de "seguridad de la patria", el nuevo puesto a nivel de gabinete.

Con los orquestados lamentos públicos de los gobernantes, dijo Barnes, pretenden desarmar la oposición a su creciente militarización sobre el frente interno y a su rumbo hacia la guerra en el extranjero. A tal efecto mencionó una entrevista con la jueza de la Corte Suprema norteamericana, Sandra Day O'Connor, que apareció en el New York Times del 29 de septiembre, realizada por su corresponsal judicial Linda Greenhouse.

"Calificándose de 'todavía llorosa' después de ver el sitio del World Trade Center", escribió Greenhouse, esta aspirante a presidenta de la Corte Suprema "dijo ayer ante un público de estudiantes de derecho en Manhattan que, como parte de la respuesta del país al terrorismo, 'es probable que vivamos más restricciones a nuestra libertad personal que nunca antes en nuestro país' ".

Según informó Greenhouse, O'Connor añadió que "los abogados y académicos ayudarán a definir cómo mantener una sociedad justa... en un momento en que muchos se preocupan más por la seguridad y cierta venganza".

Barnes preguntó: "¿Cuántos de ustedes quieren entregar las decisiones sobre sus 'derechos' a la merced de abogados y académicos ?"

"Yo sí que no", agregó.

Los gobernantes norteamericanos, dijo Barnes, quieren que los trabajadores preguntemos: "¿Cómo es que 'nosotros' podemos protegernos de los 'fanáticos' del mundo? ¿Qué vamos a hacer 'nosotros' para poner fin al 'terrorismo'?"

Sin embargo, para los trabajadores y agricultores aquí o en cualquier otro país, expresó Barnes, el único "nosotros" son los trabajadores de todo el mundo con quienes compartimos los mismos intereses de clase y un mismo enemigo de clase: ante todo los gobernantes capitalistas de Estados Unidos, la potencia militar más fuerte y brutal de la Tierra, y sus explotadores más despiadados.

"Desde el punto de vista del pueblo trabajador", subrayó Barnes, "esa clase gobernante, sus dos partidos políticos gemelos, y su estado y otras instituciones no tienen nada que ver con 'nosotros' sino que se trata de 'ellos'. La clase obrera tiene que organizar a nuestros hermanos trabajadores y agricultores --y a los que podamos captar de las clases medias--para arrebatarlos de las manos de ellos, de los guerreristas capitalistas, y llevar a cabo una lucha revolucionaria por la toma del poder. De otra manera ellos no dejarán nunca de aterrorizar a la humanidad".

Los gobernantes imperialistas quieren ocultar de los trabajadores y agricultores la verdad expuesta en el comunicado emitido el 11 de septiembre por el Partido Socialista de los Trabajadores a través de su candidato para alcalde de Nueva York, Martín Koppel. Después de llamar al pueblo trabajador a que se oponga a la campaña bélica del gobierno norteamericano y a sus crecientes arremetidas contra los derechos de los trabajadores, y explicar que los revolucionarios rechazamos el uso de la violencia contra civiles inocentes como en Nueva York y Washington, el comunicado afirmó:

El gobierno norteamericano y sus aliados, por más de un siglo, han desatado un terror sistemático para defender sus privilegios e intereses de clase a nivel nacional e internacional: desde la incineración atómica de cientos de miles de personas en Hiroshima y Nagasaki, hasta la matanza librada por 10 años en Indochina, la guerra contra el pueblo de Iraq en 1990-91, la calcinación fatal de 80 personas en su propio territorio en Waco, Texas, y otros ejemplos demasiado numerosos para mencionar. En las últimas semanas, la Casa Blanca y el Congreso han respaldado a Tel Aviv y a la escalada de su campaña de asesinatos, unos al azar y otros planeados, en su intento --que está fracasando históricamente-- de suprimir al desposeído pueblo palestino que lucha por el retorno de su patria.

Hace medio siglo, el movimiento obrero revolucionario y otros opositores de toda expresión de indignidades coloniales, del racismo y del antisemitismo advirtieron que, al librar una guerra de terror para expulsar a los palestinos de sus fincas, aldeas y ciudades, los fundadores del estado israelí y sus partidarios imperialistas en Norteamérica y Europa estaban oponiendo al pueblo judío contra aquellos que luchaban por la liberación nacional en el Medio Oriente y a nivel mundial; estaban creando una trampa mortal para los judíos, que Israel sigue siendo hasta el día de hoy. Por su superexplotación sistemática de los pueblos de Asia, Africa y América Latina; por sus agravios incesantes a su dignidad nacional y cultural; por sus múltiples formas de constante violencia asesina, el imperialismo estadounidense está convirtiendo a Norteamérica en una trampa mortal para el pueblo trabajador y todos los que aquí residen.

"Los trabajadores y agricultores en Estados Unidos ahora han entrado al mundo", manifestó Barnes.

"Durante un siglo los gobernantes de Estados Unidos han logrado en gran medida convencer al pueblo trabajador norteamericano de que, al menos en el territorio nacional, nos encontrábamos exentos de las masacres y miserias masivas que en todo el mundo provoca el inherente avance del capitalismo hacia el dominio imperialista, el fascismo y la guerra. De ahí derivan los peligros que corre la civilización humana en el mundo actual, no de 'fanáticos' ni 'terroristas'. Nuestra clase ahora se ha sumado al resto de la humanidad trabajadora".

En este sentido, Barnes citó a un columnista británico que escribió: "Me recuerda la broma de un viejo y amargado corresponsal extranjero, de que en términos noticiosos, un norteamericano muerto equivale a 10 judíos israelíes, equivale a 100 bosnios, equivale a 50 mil africanos bantúes".

Durante las últimas semanas, dijo Barnes, la clase patronal de Estados Unidos había organizado momentos de silencio, campañas de donación de sangre, brigadas de rescate voluntarias, actos públicos y otras exhibiciones "cívicas" para manipular la solidaridad humana y movilizar a la población en apoyo a la campaña guerrerista de los gobernantes.

"Suben a Oprah a un escenario en el estadio de los Yanquis de Nueva York, para que haga correr las lágrimas ante millones de televidentes de todo el país", señaló Barnes. "Pero los seres humanos no lloramos por quienes no conocemos. Es una realidad de la sicología humana; de otra manera ninguno de nosotros podría mantenerse en pie.

"Muy interesadamente, los gobernantes y sus descarados propagandistas de los medios de difusión les han robado la intimidad a miles de personas que sí perdieron a familiares y amigos el 11 de septiembre. Explotan cínicamente el luto concreto de individuos, para convertirlo en un fervor patriótico generalizado".

Pero eso no tiene absolutamente nada que ver con la solidaridad humana, indicó Barnes. Forma parte de los preparativos políticos de los capitalistas para preservar su sistema social inhumano, restringir los derechos y reducir las condiciones del pueblo trabajador en este país, e infligir horrores inimaginables a los trabajadores y campesinos de otros países.

"Forma parte de la 'pornograficación de la política' que ha acompañado la creciente crisis e inestabilidad del orden capitalista mundial durante el último decenio", apuntó Barnes.

"Los gobernantes asedian al pueblo trabajador con relatos sensacionalistas de la corrupción individual, de la 'decadencia', el sexo, el divorcio y la tragedia, convertido todo en emoción colectiva. Ya sean la vida sexual del presidente Clinton o del príncipe Carlos; la muerte en un accidente automovilístico de la princesa Diana; o el luto privado por los amigos y seres queridos muertos en el World Trade Center o el Pentágono, tales espectáculos públicos orquestados tienen como efecto desviar nuestra atención de las relaciones explotadoras de clases que causan los males sociales y la miseria humana bajo el capitalismo".

Todo esto forma parte de la manipulación por parte de los gobernantes de la ansiedad, el resentimiento y el temor a la pérdida, para así menguar lo que Barnes señaló como la única base segura de la solidaridad humana: la solidaridad política de los trabajadores, agricultores y otros trabajadores explotados. Dicha solidaridad se basa no en el sentimentalismo ni en el miedo, sino en la creciente conciencia y confianza políticas de la mayoría trabajadora de la humanidad, que no tiene absolutamente ningún interés de clase en la explotación, la opresión y humillación de otros seres humanos.

"Por eso, en la portada de cada número del Militant durante la campaña contra la guerra imperialista", declaró Barnes, "hay que destacar uno o dos artículos sobre una huelga o un mitin organizado por trabajadores, una protesta de agricultores, una manifestación contra la brutalidad policiaca, una acción en pro de los derechos de los inmigrantes, o una protesta para reivindicar la acción afirmativa para los negros, las mujeres y otros sectores oprimidos de la clase trabajadora.

"Así, más y más trabajadores y jóvenes llegarán a entender en la práctica quiénes somos 'nosotros' y quienes son 'ellos' en realidad... y pensarán y actuarán como corresponde".

¿Escrita para la 'posteridad'?

Barnes se refirió a una carta de un lector del Militant en Miami Beach que él recibió poco después de la declaración del 11 de septiembre emitida por el Partido Socialista de los Trabajadores.

El autor de la carta dijo que tras haber oído de la declaración por primera vez de "mis amigos de Nueva York", quienes se sienten "muy emotivos debido a la situación... lo cual es comprensible", leyó la declaración en el sitio web del Militant y estuvo "muy preocupado por el tono y la presentación del punto de vista del PST". Le remitió a Barnes la respuesta que había escrito a estos amigos de Nueva York.

El escritor estaba especialmente decepcionado, explicó, porque no fue sino hasta el séptimo párrafo que la declaración del PST dijo: "Quienquiera que haya realizado los operativos del 11 de septiembre, la destrucción de las dos torres del World Trade Center y el ataque aéreo al Pentágono --con el saldo consiguiente de miles de hombres, mujeres y niños muertos y heridos--, estas acciones no tienen nada que ver con la lucha contra la explotación capitalista y la opresión imperialista. Los revolucionarios y otros trabajadores, agricultores y jóvenes con conciencia de clase en todo el mundo rechazan el empleo de dichos métodos."

El PST, dijo el escritor a sus amigos en Nueva York, "parece haber perdido el sentido del momento. Puede ser que dentro de 20 años esta declaración del candidato para alcalde de Nueva York parezca haber atinado". Sin embargo, manifestó, la esencia de una situación no describe con precisión la realidad de aquel momento".

El "tono y la presentación" de la declaración del partido, dijo el autor de la carta, "van a impedir que todos aquellos trabajadores norteamericanos que no estén emocionalmente muertos lleguen al párrafo número 7.... Creo que esta declaración de la campaña fue escrita para la posteridad y no desde la perspectiva de intervenir en esta lucha tal como existe hoy por hoy. ¡Es la señal de una secta!"

La carta desacierta en ambos aspectos, contestó Barnes.

"En primer lugar, la declaración no fue redactada para los 'trabajadores norteamericanos' sino para los trabajadores del mundo, recordando que el pueblo trabajador en Estados Unidos forma parte integral de esa clase internacional.

"Los comunistas no formulamos nuestras posiciones y nuestros principios políticos a partir de la conciencia y las inquietudes actuales de estos trabajadores", dijo Barnes, "ni mucho menos de las emociones 'del momento'. Explicamos, con la mayor claridad posible, los intereses de clase y la marcha histórica de la clase trabajadora, que para los trabajadores en Estados Unidos no difieren de los de nuestros hermanos y hermanas en Egipto, Arabia Saudita, Palestina, Afganistán o en cualquier otra parte del mundo."

En segundo lugar, dijo Barnes, los comunistas nunca redactamos nada "para la posteridad". La declaración del 11 de septiembre del partido fue redactada para la actualidad, para armar políticamente a los trabajadores, agricultores y jóvenes con conciencia de clase para que actúen. Porque los revolucionarios sabemos, dijo Barnes, que si los trabajadores actuamos, si nos organizamos para luchar, "transformaremos las posibilidades que se le presentan a la humanidad".

Señaló que esto es lo que han hecho los trabajadores y jóvenes comunistas en las semanas posteriores al 11 de septiembre. Han llevado la campaña contra el imperialismo y su guerra a las calles de distritos obreros; al trabajo, a las plantas, las minas y fábricas; a las universidades; y a las actividades sindicales y protestas sociales.

Barnes dijo que al igual que en los primeros días y semanas de campaña guerrerista de Washington contra Iraq 10 años atrás, los trabajadores-bolcheviques en todo Estados Unidos y el mundo inmediatamente tuvieron que tomar decisiones sobre qué decir y cómo comportarse en el trabajo. Se vieron presionados por sus patrones, y en muchos casos también por algunos compañeros de trabajo, para que observaran momentos patrióticos de silencio instigados por el gobierno de Bush, aceptaran banderas americanas o listones amarillos, asistieran a oficios religiosos, participaran en campañas para donar sangre o colectas organizadas por el sindicato, todo esto impulsado bajo la bandera del luto público para movilizar el apoyo a la campaña patriotera de militarización promovida por los gobernantes estadounidenses.

Barnes destacó el ejemplo de los trabajadores comunistas --ningunos de los cuales está ni "emocionalmente muerto" ni mentalmente muerto-- que se mantuvieron firmes, defendieron sus principios y firmemente rehusaron unirse a esas manifestaciones patrioteras.

Al hacer eso, estos trabajadores definieron su posición desde el principio, se ganaron el respeto de sus compañeros de trabajo y sentaron las bases para continuar las discusiones y el trabajo político a medida que se vaya desarrollando la guerra estadounidense y sus consecuencias.

Ante todo estos trabajadores ya estaban preparados-- con su mente, con sus hábitos y con su estómago-- por su experiencia acumulada como cuadros disciplinados del movimiento de trabajadores comunistas. Con esa preparación política, dijo Barnes, el carácter oportuno, el tono y la claridad comunista de la declaración del 11 de septiembre del Partido Socialista de los Trabajadores indudablemente los puso en una buena situación también.

Dos clases, distintas respuestas

Tras el atentado al World Trade Center, dijo Barnes, el discurso público en buena parte de la ciudad de Nueva York ha estado cubierto por "un barniz de histeria y pánico pequeñoburgués".

No existe una entidad única, socialmente homogénea, llamada "Nueva York", dijo Barnes, como tampoco existe un solo "Estados Unidos". Las ciudades, al igual que los países, están divididos en clases y están polarizadas políticamente. "Son una suma geográfica de 'nosotros' y 'ellos'. Y especialmente en la medida que los gobernantes se dirigen hacia una guerra, ellos quieren hacer que nosotros pensemos en todos, juntos, como nosotros".

Barnes leyó un artículo reciente de la columnista Maureen Dowd en el New York Times, que reflejaba el pánico entre capas de las clases profesionales y medias y la crisis social e inseguridad que le subyace. "Mujeres que conozco en Nueva York y Washington debaten si ordenar máscaras antigás israelíes o de los marines norteamericanos, y máscaras antigás ligeras que duran media hora o máscaras antigás que duran ocho horas por 400 dólares, máscaras antigás para bebés y máscaras antigás para sus mascotas, con la misma atención meticulosa con que piden café con leche sin espuma/descremada/sin batir en los viejos días más inocentes.

"Comparten información sobre cuáles farmacias todavía tienen... antibióticos que se puedan utilizar contra el ántrax", escribió Dowd. "Andan cargando zapatos sin tacones y tenis en caso que tengan que correr, y comprando reservas de latas de atún, salmón y ostras, baterías y agua embotellada". Y Dowd sigue así con 16 párrafos más.

"Sin embargo, no se observa máscaras antigás en los trenes subterráneos utilizados por millones de trabajadores todos los días, ¿no es así"? dijo Barnes. De hecho, muchos trabajadores ya se impacientan con los policías que actúan cada vez más descaradamente como que fueran dueños de las calles en algunas partes de la ciudad, además de las interrupciones en las calles y los túneles que están sumando horas a la jornada laboral en algunos casos.

"No obstante la histeria que satura los medios de comunicación capitalistas", dijo Barnes, en realidad existen dos Nueva York".

Nueva York desde el 11 de septiembre, dijo Barnes, también ofreció un caso clásico de todos los elementos del bonapartismo en esta etapa de la crisis capitalista en Estados Unidos, así como sus limitaciones actuales.

Falla un Bonaparte pretendiente

Aprovechando el pánico y las inseguridades de las capas medias en momentos de crisis --que en última instancia son el origen de la base de masas de todo movimiento fascista serio-- ciertas figuras burguesas se presentarán como si estuvieran por encima de las clases antagónicas y pretenden restablecer el orden y la estabilidad. Prometen demagógicamente cortar el nudo gordiano de la burocracia estatal y la política de rutina para "cumplir la tarea", en muchos casos prescindiendo de las "legalidades". Al igual que hizo H. Ross Perot en su campaña presidencial en 1992, elogian las unidades especiales armadas --tales como los SEALs de la Marina de Guerra en el caso de Perot-- como la única fuerza "confiable" e "incorruptible" que puede proteger a la población.

Barnes comentó que con el inicio de la crisis en Nueva York, el alcalde Rudolph Giuliani esperaba cambiar su suerte presentándose como el hombre "hacedor" del momento. Antes del 11 de septiembre Giuliani aún era objeto de una campaña de la prensa, por casi un año, que hacía un escándalo acerca de su vida personal, la cual se enmarcaba en la pornograficación de la política burguesa que se había comentado anteriormente.

Ahora, al celebrar frecuentes conferencias de prensa en el "Punto Cero", el alcalde buscó proyectar una imagen de serenidad, control y franqueza: el hombre que está "tomando las riendas". Repetidas veces le recordó al público que los "servicios uniformados" son "mi gente": sobre todo la policía, pero también los bomberos, centenares de los cuales murieron con la caída de las torres gemelas. Los integrantes de los "servicios uniformados" que murieron en la catástrofe han sido elevados por la prensa y los políticos como héroes por encima de los más de 4 mil civiles que también murieron allí.

Como aspirante a Bonaparte, Giuliani empezó a tantear las posibilidades, primero para ver si el actual límite legal de dos mandatos podría ser anulado para que él pudiera postularse nuevamente como candidato para alcalde en otoño, o para ver si por lo menos su mandato pudiera prolongarse por unos meses.

"Pero en una situación donde la oportunidad del momento era lo determinante", indicaba Barnes, "Giuliani apostó demasiado tarde, unos días después de que el ambiente de crisis ya había pasado su momento culminante y empezaba a decaer en Nueva York, al igual que su propio lugar en la palestra política. Más decisivo aún fue el hecho que el alcalde había se equivocado en cuanto a la etapa de la crisis social más amplia, que aún no estaba madura para un intento abierto de echar a un lado las formas parlamentarias".

Sin embargo, dijo Barnes, Giuliani estuvo muy acertado en su intuición de clase de que las tropas de asalto del bonapartismo en Estados Unidos surgirán de los "servicios uniformados", como también lo harán los movimientos fascistas. Los departamentos de policía, las oficinas de alguaciles y otras agencias de "seguridad pública" ya están llenos de individuos con simpatías ultraderechistas. Y ésta será más y más la realidad en la medida que se profundice la crisis capitalista y la clase patronal empiece a desatar pandillas armadas contra líneas de huelga y organizaciones de los trabajadores y los oprimidos.

En la reunión del Comité Nacional celebrada dos días después del foro público, Barnes respondió a varias preguntas de si los policías y los bomberos responden a los mismos intereses de clase en la sociedad capitalista. No, contestó Barnes. La policía es la defensora armada del orden y la propiedad capitalista. El que se hace policía, independientemente de su origen de clase, se coloca fuera de la clase trabajadora, así como del lado de los grandes propietarios, en la lucha de clase. Es una separación de clases, dijo Barnes.

Los bomberos no son una fuerza armada que defienda la propiedad y el dominio burgués. Muchos bomberos se consideran empleados públicos y son capaces de solidarizarse con sindicatos y trabajadores en lucha. Pero la clase dominante organiza a los departamentos de bomberos de forma jerárquica y militar, con una cadena de mando partiendo de tenientes y capitanes hacia abajo. Los oficiales de los departamentos de policía y bomberos colaboran día tras día a muchos niveles, con el resultado de que los cuadros en las estaciones de bomberos son vulnerables a todas las presiones reaccionarias que emanan desde las filas de la policía y las corrientes derechistas que son un polo de atracción para ellos.

Aliados de trabajadores en EE.UU.

Los gobernantes de Estados Unidos afrontan obstáculos formidables al llevar a cabo su guerra contra Afganistán y más allá: desde Filipinas e Indonesia hacia el Este, hasta Iraq y Siria hacia el Oeste.

"Más de medio siglo después del apogeo del dominio mundial de Washington en los años tras su victoria en la Segunda Guerra Mundial", dijo Barnes, "las acciones del imperialismo estadounidense --el último imperio-- parten hoy de su relativa debilidad y no de una posición fuerte".

Con sólo Londres fielmente a su lado, Washington no ha logrado ni logrará juntar el tipo de coalición amplia que, aún con su inestabilidad y sus conflictos internos, pudo organizar hace 10 años para desatar la guerra contra Iraq. Otras potencias europeas han sido más cautelosas en su apoyo y tienen poco que ofrecer militarmente en el sentido estratégico. Putin busca ansiosamente fortalecer lo más posible la influencia de Rusia en Europa, y al mismo tiempo asestar golpes contra los pueblos musulmanes oprimidos y descontentos, desde Chechenia hacia el este, pasando por todos sus territorios actuales y los antiguos territorios soviéticos que todavía domina. Sin embargo, las autoridades en Moscú todavía consideran la escalada militar de Washington en el costado sur de Asia Central como una bendición a medias.

Hoy día, el mayor obstáculo para la campaña de guerra, dijo Barnes, es el pueblo trabajador de Paquistán, que se ha movilizado con protestas de decenas de miles de personas contra los preparativos de guerra de Washington y para condenar el apoyo del gobierno de Islamabad a dicha agresión.

Por esta razón, dijo, representan objetivamente el aliado internacional más importante del pueblo trabajador en Estados Unidos, como también lo son los trabajadores, los campesinos y los jóvenes en Egipto, Palestina, Indonesia, Filipinas y otros países, quienes ya están entrando en acción en respuesta a las maniobras de guerra de Washington.

Festival Mundial de la Juventud

Barnes señaló a aquellos que estaban sentados en la tarima que habían participado en el 15 Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, celebrado en agosto en Argelia, y al cual asistieron unos seis mil delegados de todo el mundo, sobre todo del Medio Oriente, Africa, América Latina y Asia.

Estos jóvenes --que estaban entre los 25 Jóvenes Socialistas de siete países que asistieron al festival-- "tuvieron un impacto en un suceso histórico", dijo Barnes. "Creo que es difícil que ellos u otros comprendan plenamente lo que se logró en ese encuentro".

El éxito del festival en Argelia, dijo Barnes, marcó otro paso en la construcción de un nuevo movimiento juvenil antiimperialista a nivel mundial.

Esto representa un notable cambio en la política obrera internacional, dijo Barnes. Durante los primeros 13 Festivales Mundiales de la Juventud entre 1946 y 1989, el movimiento estalinista que tenía acceso a los inmensos recursos del régimen en Moscú había mantenido un control férreo de los festivales. Ellos pretendían usar estos encuentros para impulsar la meta diplomática de Moscú --una meta colaboracionista de clase-- de lograr un acomodamiento a largo plazo con el imperialismo, un objetivo en última instancia tan utópico como contrarrevolucionario.

Con el derrumbe de los regímenes estalinistas en toda Europa Oriental y la propia Unión Soviética entre 1989 y 1991, dijo, pareció por un tiempo que nunca habría otro festival mundial de la juventud. Pero en 1997 el gobierno cubano se ofreció como anfitrión para un festival en La Habana, atrayendo a unos 12 mil jóvenes. Dio la bienvenida a una amplia variedad de fuerzas revolucionarias y antiimperialistas de todo el mundo, sin excluir a nadie y sin prohibir las conversaciones o las mesas de libros.

El festival de Argelia, el primero en llevarse a cabo en territorio africano, fue un segundo avance para esa nueva tradición antiimperialista, dijo Barnes.

Barnes observó que en 1965 también se había proyectado en Argelia un Festival Mundial de la Juventud. Ofrecía la posibilidad de ser más abierto que los festivales anteriores para los intercambios entre jóvenes revolucionarios, ante el impacto de los avances en la lucha antiimperialista: la ola de exitosas luchas independentistas en toda Africa y el Medio Oriente, la revolución cubana y la lucha victoriosa contra el dominio colonial francés en Argelia, que había culminado con el establecimiento de un gobierno de trabajadores y campesinos con estrechos vínculos a Cuba revolucionaria.

Barnes dijo que él mismo había estado planeando participar en el festival de Argelia en 1965 como miembro de una delegación de la Alianza de la Juventud Socialista. Pocos meses antes, dijo, él y otro dirigente de la AJS habían llevado a cabo una entrevista con Malcolm X para la revista Young Socialist (Juventud Socialista); la entrevista aún está disponible en un folleto y libro publicado por Pathfinder, ambos bajo el título, Malcolm X Talks to Young People (Malcolm X habla a la juventud).

Cuando Barnes le llevó a Malcolm la entrevista completa para que la revisara, a Malcolm le dio gusto conocer los planes de la AJS para ir al festival en Argelia. Dijo que había conocido a unos cuantos jóvenes revolucionarios durante sus visitas a Africa el año anterior --incluyendo a Argelia-- y Europa. Dijo que prepararía una lista de contactos para que la AJS les enviara copias de la entrevista del Young Socialist y se reuniera con ellos para sostener conversaciones durante el festival juvenil en Argelia.

Así, añadió Malcolm, "ambos lados pueden ampliar su visión".

"Le dije a Malcolm que esperábamos con entusiasmo la oportunidad de hacerlo", dijo Barnes.

Hubo dos sucesos que cambiaron estos planes.

Primero, en febrero de 1965 Malcolm X fue asesinado, antes que se imprimiera la entrevista en el Young Socialist y antes que los dirigentes de la AJS hubieran recibido de Malcolm la lista de los jóvenes revolucionarios. "Sin embargo, no desistíamos de nuestra intención de cumplir nuestra promesa a Malcolm", dijo Barnes. "Estábamos seguros que si íbamos al festival en Argelia, íbamos a conocer a los jóvenes revolucionarios de los cuales hablaba Malcolm, y conocer a muchos más".

En segundo lugar, en la primavera de ese año, unos días antes de la inauguración del festival, el gobierno de trabajadores y agricultores en Argelia fue derrocado en un golpe de estado contrarrevolucionario y se canceló el festival. Barnes se encontraba en un tren que bajaba por la península italiana rumbo a Argelia, cuando se enteró de la noticia.

"Así que nunca pensé que se había cancelado: entre los revolucionarios las promesas nunca se cancelan. Siempre me había parecido que el cumplimiento de esa meta sería aplazado, pero, por supuesto, no había forma de saber por cuánto tiempo o bajo qué circunstancias se lograría.

"Ahora sabemos", dijo Barnes. "La cumplió el mes pasado la delegación de la Juventud Socialista en el 15 Festival Mundial de la Juventud en Argelia".

Esa delegación, dijo, tuvo conversaciones y estableció relaciones con jóvenes revolucionarios y militantes antiimperialistas del Medio Oriente, Africa, Asia y América Latina, y puso en sus manos cientos de ejemplares de libros y folletos comunistas y revolucionarios.

En contraste, este año un buen número de los Partidos Comunistas oficiales y sus organizaciones juveniles con vínculos históricos al régimen estalinista en Moscú boicotearon el festival de Argelia (incluidos los PC de Francia, Italia, Canadá y Japón) o enviaron sólo una delegación simbólica (por ejemplo, dos dirigentes de la Liga Juvenil Comunista de Estados Unidos, YCLUSA).

El pretexto de lo que era en efecto un boicot era que el gobierno argelino había reprimido las protestas de los oprimidos beréberes contra los ataques a sus derechos nacionales y al uso de su idioma, y que las condiciones políticas eran muy explosivas y peligrosas en esos momentos. En realidad, tras bastidores, el gobierno imperialista de Francia y la social democracia internacional --que había proyectado un festival juvenil en Panamá unas semanas antes para competir con el evento de Argel-- lanzaron el llamamiento a no ir al festival.

En la reunión del Comité Nacional del PST después del evento público del 30 de septiembre, Barnes apuntó que el artículo que apareció en la edición del 8 de septiembre del People's Weekly World, periódico del Partido Comunista de Estados Unidos, falsificó tanto el carácter político del festival de Argelia como su composición. El autor fue Noel Rabinowitz, uno de los dos dirigentes de la YCL que asistieron al festival.

"Aunque no éramos una delegación numerosa", escribió Rabinowitz, "la participación de jóvenes antiimperialistas de Estados Unidos fue una victoria política para el festival. La Liga Juvenil Comunista de Estados Unidos (YCLUSA) tomó en serio nuestra responsabilidad internacionalista y desempeñamos un papel directivo en el esfuerzo. La YCLUSA convocó al Comité Preparatorio Nacional de Estados Unidos (USNPC) asegurando la representación de una amplia gama de grupos nacionales juveniles y estudiantiles como la Asociación de Estudiantes de Estados Unidos y Estudiantes Unidos contra los Talleres de Explotación. La YCLUSA representó al USNPC en el Comité Organizador Internacional, dirigió la delegación de Estados Unidos y participó en las plenarias de varias sesiones claves".

El artículo encubre completamente la verdad: que en fin de cuentas la YCL intentó disuadir a los jóvenes de participar en el encuentro y sólo organizó la participación de dos de sus propios miembros.

Desde los años 30, dijo Barnes, el movimiento estalinista mundial se había acostumbrado no sólo a poder difundir mentiras sino a "hacerlas verdad", valiéndose sencillamente de la corrupción, la matonería y asesinatos por su máquina asesina mundial.

"Los vestigios muy debilitados de este antiguo movimiento internacional ya no pueden hacer esto", dijo Barnes. "Eso representa un gran adelanto para la clase obrera internacional.

"No obstante, según lo demuestra el artículo del People's Weekly World", agregó Barnes, "no quiere decir que aún no lo vayan a intentar".

El dirigente del PST señaló durante la reunión del Comité Nacional que desde el 11 de septiembre tanto la YCL como el Partido Comunista de Estados Unidos se encontraban entre aquellos en el movimiento obrero que más habían aceptado el marco patriótico de los gobernantes estadounidenses: el de "nosotros" y la lucha de "nuestro país" contra el "terrorismo".

En el sitio web de la YCL figura un emblema que dice, "I love New York, Honor their memory... Unite in Peace" (Amo a Nueva York, honremos su memoria.... Unidos en la paz). La YCL instó a sus capítulos a "apoyar las vigilias y los mítines por la paz que están ocurriendo espontáneamente por todo el país", siguiendo como eje político central el lema: "¡No más víctimas! Alto al ciclo de violencia".

En un comunicado fechado el 21 de septiembre, el presidente nacional del PC en Estados Unidos, Sam Webb, afirmó lo siguiente: "La muerte de más de 5 mil personas es una tragedia americana. Otros países han experimentado tragedias iguales o peores, pero ésta tuvo lugar en nuestro territorio nacional y fue muy cruel e inesperada....

"De hecho, la gente está cuestionando ciertas presuposiciones, existentes por mucho tiempo, que influyen en cómo pensamos acerca de nuestras vidas, nuestras familias y el futuro de nuestra nación. Todos nos preguntamos, '¿Cómo pudo suceder aquí y qué se puede hacer para impedir que vuelva a suceder?"

Soldados, no guerreros

Al concluir su presentación en el mitin del 30 de septiembre, Barnes dijo que, si bien los sucesos de las dos semanas anteriores no habían "rehecho al mundo" --según lo había proclamado ese día un titular en el Resumen Semanal del New York Times-- las fuerzas políticas que ya estaban en marcha habían empezado a acelerarse.

Este hecho, dijo, le presenta responsabilidades especiales al movimiento comunista, así como más oportunidades, para profundizar su trayectoria de seguir las líneas de resistencia en la clase obrera y entre los agricultores, de reforzar sus fracciones industriales en los sindicatos, y de captar fuerzas jóvenes para la Juventud Socialista y el Partido Socialista de los Trabajadores.

"Estamos construyendo un movimiento de soldados disciplinados, no de guerreros individuales", dijo.

"Los guerreros tienen muchas cualidades dignas de ser emuladas", dijo Barnes, "ante todo su valentía".

Ninguna organización revolucionaria puede hacer mucho sin tener cuadros que demuestren valentía, tanto política como física, apuntó Barnes. "Pero valentía y disciplina no son la misma cosa. Y valentía sin disciplina se convierte en otra forma de individualismo pequeñoburgués. Puede conducir a un daño innecesario; a trabajadores individuales, al movimiento comunista y a espectadores inocentes.

"Hemos dicho a menudo que la disciplina no se puede imponer", dijo el dirigente del PST. "Es algo que los miembros de un partido proletario interiorizan a lo largo del tiempo, mediante la experiencia colectiva en la lucha de clases y la formación política marxista. Cuando más necesitemos la disciplina de partido, en muchos casos no habrá tiempo para consultar con un organismo superior; simplemente actuaremos a partir de lo que hemos llegado a ser gracias a ese proceso de preparación política".

Al mismo tiempo, dijo Barnes, el 11 de septiembre fue el momento, más que nunca, cuando todas las unidades del movimiento comunista --las ramas y los comités organizadores del partido, las fracciones sindicales, los capítulos de la Juventud Socialista-- necesitaban reunirse, discutir la situación política y decidir qué iban a hacer.

"La estructura, las normas y las instituciones organizativas del movimiento comunista se hacen más importantes en momentos como éstos", dijo. "Es cuando todo se somete a la prueba, en el crisol de la guerra imperialista y campaña de militarización".

Estas cuestiones fueron temas centrales de los dos días de discusiones y decisiones por la dirección del Partido Socialista de los Trabajadores después del mitin público del 30 de septiembre, y también de la reunión directiva internacional que culminó los cinco días de deliberaciones.

Volviendo a los temas que Mary-Alice Waters había planteado al inicio del mitin público en Nueva York, Jack Barnes destacó en sus palabras finales que durante una guerra imperialista, las huelgas obreras y otras acciones en la que el pueblo trabajador resiste la opresión y a las brutalidades del capitalismo son los núcleos de la oposición más fundamental a la trayectoria patriótica de los gobernantes.

"Los comunistas no estamos organizando una campaña antiguerra", dijo Barnes. "Según lo expresaron los bolcheviques durante la Primera Guerra Mundial, no tenemos una política revolucionaria en tiempos de paz y una política de paz en tiempos de guerra.

"Más bien, en medio de la guerra de Washington, organizamos una campaña incrementada contra el imperialismo, contra lo que, según nos enseñó Lenin, es la última fase del capitalismo, la fase en la que aún nos encontramos. Mantenemos la vista enfocada en la lucha de clases".

En el transcurso de las batallas de clases, dijo Barnes, es la propia experiencia de números crecientes de personas lo que impugna la ilusión de que "nosotros" --la clase gobernante y los trabajadores juntos-- necesitamos sacrificarnos "por igual" para la guerra. Los trabajadores que hoy salen en huelga o se mantienen firmes en alguna lucha social o política, a pesar de las presiones de la guerra imperialista, están rehusando sacrificar sus derechos, salarios, sindicatos, vidas y bienestar físico a las exigencias de los explotadores capitalistas, dijo Barnes.

Para los trabajadores comunistas, concluyó Barnes, es posible y necesario orientarse más profundamente a la resistencia del pueblo trabajador en Estados Unidos en respuesta a la guerra imperialista contra Afganistán. Al mismo tiempo, es posible ganar a una nueva generación a la Juventud Socialista y al movimiento comunista si los trabajadores revolucionarios colaboran con los miembros de la Juventud Socialista para ir a las universidades y a otros lugares para conocer a jóvenes que sienten repugnancia por la trayectoria de los imperialistas y que podrán verse atraídos a la clase obrera y a la lucha revolucionaria. n


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