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UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR octubre de 2001 Vol. 25 No. 09
Declaración del gobierno de Cuba del 17 de octubre sobre el anuncio del
gobierno ruso de que cerrará su base radioelectrónica en Lourdes, Cuba.
Estados Unidos
No a la agresión militar EE.UU. y a los ataques a los
derechos
Declaración de Martín Koppel
La siguiente declaración de Martín Koppel,
candidato a alcalde de Nueva York, fue emitida el 11 de
septiembre por el Partido Socialista de los Trabajadores.
Enarbolando la bandera de que "Estados Unidos se ve atacado",
de que ha sufrido "un segundo Pearl Harbor" con el ataque
realizado hoy al World Trade Center de Nueva York y al
Pentágono, el gobierno norteamericano buscará
imponer su "derecho" de lanzar ataques militares contra otros
países, como lo ha hecho en los últimos años
contra los pueblos de Yugoslavia, Irak, Sudán y
Afganistán. Los gobernantes de Estados Unidos se
volverán aún más descarados en su apoyo a la
campaña guerrerista del régimen israelí
contra los palestinos.
Los diarios, las agencias noticiosas y las cadenas de
televisión y radio de los capitalistas no dejan de
destacar los llamamientos de políticos y apologistas
capitalistas a favor de medidas más severas para prevenir
futuras "fallas de inteligencia" de esta clase. Están
atizando los prejuicios contra los árabes y los musulmanes
para reforzar esta arremetida.
El Partido Socialista de los Trabajadores llama a los
trabajadores, a los agricultores y a todos los defensores de los
derechos democráticos a que se pronuncien en contra de los
esfuerzos demagógicos del gobierno norteamericano, en
nombre de prevenir el "terrorismo", para justificar las
restricciones a los derechos políticos. Debemos oponernos
a la campaña del gobierno estadounidense --tanto
demócratas como republicanos-- que pretende restringir el
espacio, garantizado por la Constitución, para la
organización y la actividad políticas y legitimar
el uso de las fuerzas armadas norteamericanas dentro de Estados
Unidos y en otros países.
Durante los últimos meses de su mandato, tras varios
años de preparativos, la administración Clinton
estableció, por primera vez en la historia de Estados
Unidos, un comando norteamericano: es decir, la estructura de
mando para desplegar fuerzas armadas dentro de Estados Unidos,
dirigidas ante todo contra el pueblo trabajador en este
país. La Casa Blanca nombró a un comandante en jefe
para este nuevo comando nacional, que lleva el nombre
eufemístico Comando de Fuerzas Conjuntas. Como parte de
sus preparativos, el gobierno norteamericano ha efectuado
simulacros de operaciones militares "antiterroristas" --junto
con fuerzas policiacas a nivel municipal, estatal y federal-- en
Nueva Jersey, el norte de California, la ciudad de Nueva York y
otras partes del país.
La administración Bush ahora está desplegando
estas fuerzas en su primera operación militar en
territorio norteamericano. El 11 de septiembre el gobierno
norteamericano puso sus fuerzas armadas a nivel mundial en estado
de alerta bélica, lista para una respuesta inmediata.
Desplegó un regimiento de infantería ligera en las
calles de Washington; movilizó a la Guardia Nacional de
Nueva York; y desplegó "escuadrones contraterroristas"
fuertemente armados del FBI y otras unidades especiales de la
policía federal en Los Angeles, en las fronteras con
México y Canadá, y en otras partes del
país.
En los próximos días, a medida que la
administración lleve a cabo la promesa de Bush de "cazar y
castigar a los responsables", el movimiento obrero y todos los
individuos y organizaciones de disposición
democrática deben estar en pie de alerta para protestar
contra juicios amañados por el gobierno y oponerse a sus
intentos de pisotear la presunción de inocencia; el
derecho a un debido proceso jurídico; las garantías
de la Cuarta Enmienda de la Constitución contra
interceptaciones telefónicas y pesquisas y registros
arbitrarios; y la libertad de asociación sin espionaje y
acoso por soplones y agentes provocadores del gobierno. Los
últimos cuatro años de la administración
Clinton y los primeros meses de la Casa Blanca de Bush se han
visto caracterizados por crecientes esfuerzos bipartidistas
destinados a reforzar la pena de muerte federal, socavar los
derechos de las personas acusadas y condenadas, y ampliar el
margen de acción de los operativos estilo "comando" de la
Patrulla Fronteriza y otros policías del Servicio de
Inmigración y Naturalización, el FBI y demás
agencias federales de asalto.
Quienquiera que haya realizado los operativos del 11 de
septiembre, la destrucción de las dos torres del World
Trade Center y el ataque aéreo al Pentágono --con
el saldo consiguiente de miles de hombres, mujeres y niños
muertos y heridos--, estas acciones no tienen nada que ver con la
lucha contra la explotación capitalista y la
opresión imperialista. Los revolucionarios y otros
trabajadores, agricultores y jóvenes con conciencia de
clase en todo el mundo rechazan el empleo de dichos
métodos.
El gobierno norteamericano y sus aliados, por más de un
siglo, han desatado un terror sistemático para defender
sus privilegios e intereses de clase a nivel nacional e
internacional: desde la incineración atómica de
cientos de miles de personas en Hiroshima y Nagasaki, hasta la
matanza librada por 10 años en Indochina, la guerra contra
el pueblo de Irak en 1990-91, la calcinación fatal de 80
personas en su propio territorio en Waco, Texas, y otros ejemplos
demasiado numerosos para mencionar. En las últimas
semanas, la Casa Blanca y el Congreso han respaldado a Tel Aviv y
a la escalada de su campaña de asesinatos al azar y
atentados premeditados, en su intento --que está
fracasando históricamente-- de suprimir al
desposeído pueblo palestino que lucha por el retorno de su
patria.
Hace medio siglo, el movimiento obrero revolucionario y otros
opositores de toda expresión de indignidades coloniales,
del racismo y del antisemitismo advirtieron que, al librar una
guerra de terror para expulsar a los palestinos de sus fincas,
aldeas y ciudades, los fundadores del estado israelí y sus
partidarios imperialistas en Norteamérica y Europa estaban
oponiendo al pueblo judío contra aquellos que luchaban por
la liberación nacional en el Medio Oriente y a nivel
mundial; estaban creando una trampa mortal para los
judíos, que Israel sigue siendo hasta el día de
hoy. Por su superexplotación sistemática de los
pueblos de Asia, Africa y América Latina; por sus agravios
incesantes a su dignidad nacional y cultural; por sus
múltiples formas de constante violencia asesina, el
imperialismo estadounidense está convirtiendo a
Norteamérica en una trampa mortal para el pueblo
trabajador y todos los que aquí residen.
Los gobernantes norteamericanos saben que, al impulsar su
ofensiva contra las condiciones de vida y de trabajo de los
trabajadores y agricultores en Estados Unidos, se toparán
con más y más resistencia, conforme el pueblo
trabajador se organice para defender su sustento y sus derechos.
Por eso Washington está reforzando sistemáticamente
su posición frente a las batallas que sabe que
vendrán.
El Partido Socialista de los Trabajadores llama a los
trabajadores y agricultores en Estados Unidos y a nivel mundial a
que se pronuncien en defensa de la lucha de los pueblos de
Palestina, de Sahara Occidental, de Puerto Rico, de los derechos
del pueblo de Cuba y de otros pueblos en el mundo que luchan por
sus derechos nacionales y contra todas las formas con las que el
orden capitalista mundial empuja a la humanidad hacia el fascismo
y la guerra. Debemos oponernos a la intervención militar
norteamericana en cualquier parte del mundo. Debemos oponernos a
los intentos de Washington de incrementar su ataque a los
derechos políticos del pueblo trabajador y de las
organizaciones de nuestra clase y de sus aliados oprimidos y
explotados.
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