
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR octubre de 2001 Vol. 25 No. 09
Estados Unidos
Washington prepara agresión
Por Greg McCartan
En respuesta a los ataques aéreos que el 11 de
septiembre destrozaron el World Trade Center (Centro Mundial de
Comercio) de Nueva York y parte del Pentágono, matando e
hiriendo a miles de personas, Washington está preparando
una agresión militar en el exterior y nuevos ataques a
nuestros derechos democráticos dentro de Estados
Unidos.
El presidente norteamericano George Bush, en una conferencia
de prensa el 12 de septiembre, calificó los ataques como
"más que actos de terror, actos de guerra". El mismo
día, el secretario de defensa Donald Rumsfeld grabó
un mensaje dirigido a las tropas estadounidenses diciendo, "Se
esperará más --mucho más-- de ustedes en las
próximas semanas y meses, sobre todo de aquellos de
ustedes que están en el campo de batalla. Nos enfrentamos
a enemigos poderosos y terribles, enemigos que nos proponemos
vencer".
Por primera vez en sus 52 años de existencia, la OTAN,
alianza militar dominada por Washington, invocó el
Artículo 5 de sus estatutos, que afirma que si uno de sus
miembros es atacado, todos los demás se sumarán a
su defensa. Esto abre el camino para que los gobiernos
imperialistas europeos brinden acceso a su espacio aéreo y
pistas de aterrizaje, tropas, equipo, y cualquier otro apoyo a
los asaltos militares de Washington contra Irak,
Afganistán, o cualquier otro país del Medio Oriente
y del Cercano Oriente.
Diversos gobiernos, desde el de Anthony Blair en el Reino
Unido hasta los de Ariel Sharon en Israel y de Vladímir
Putin en Rusia, enviaron mensajes de apoyo a una respuesta
agresiva por parte del gobierno estadounidense. "Fue un ataque no
sólo contra unos cuantos edificios en Estados Unidos de
América sino contra el concepto mismo de democracia",
declaró Blair.
Las medidas bélicas de la administración Bush
han recibido un enérgico apoyo bipartidista del Congreso,
que muy rápidamente aprobó una resolución
que declara que el gobierno de Estados Unidos "tiene el derecho a
responder bajo el derecho internacional".
"Que los bombardeen hasta la muerte", dijo Zell Miller,
senador demócrata de Georgia, sin molestarse a decir
siquiera quiénes son "ellos". "Si se producen daños
colaterales" --el eufemismo que usa el gobierno estadounidense
para referirse a la matanza de hombres, mujeres y niños--
"que así sea. A ellos sí les pareció que
nuestros civiles eran prescindibles". John Breaux, senador
demócrata de Luisiana, dijo que la "guerra contra el
terrorismo" será la primera, segunda y tercera prioridad
del Congreso por el resto del año". Otros, desde el
republicano John McCain de Arizona hasta la demócrata
Hillary Clinton de Nueva York coincidieron en ofrecer apoyo total
a la administración Bush.
La Casa Blanca está combinando sus preparativos para la
acción militar en el exterior con medidas para implementar
el plan de "defensa de la patria" que se venía preparando
bajo las administraciones de Clinton y Bush. Por primera vez en
la historia de Estados Unidos , la "defensa de la patria"
establece una estructura de mando nacional para desplegar fuerzas
militares --fuerzas regulares, la Guardia Nacional y el aparato
de la policía secreta-- dentro de Estados Unidos,
dirigidas contra los derechos de la clase trabajadora.
Ataque a los derechos políticos
Bajo el pretexto de "combatir el terrorismo", la clase
dominante de Estados Unidos está aprovechando los ataques
del 11 de septiembre para justificar una extensión de las
medidas que ha tomado en la última década para
ampliar los poderes de la policía, socavar las
garantías de la Cuarta Enmienda de la Constitución
contra los registros e incautaciones arbitrarios, aumentar el uso
de soplones y de "juegos sucios" contra opositores a la
política del gobierno, y restringir los derechos de los
acusados y convictos. Frank Gaffney, antiguo alto oficial del
Pentágono, dijo, "Después de estos ataques
relámpago estilo Pearl Harbor que se desataron, es posible
que jamás vuelvan a ser las mismas nuestras libertades
democráticas, que por tanto tiempo hemos dado por
sentadas, y que han hecho de Estados Unidos la nación tan
única y grande que es".
Explotando la reacción ante la destrucción y el
saldo de muertes que ascenderá a los miles, el gobierno
federal lanzó rápidamente, el 12 de septiembre, la
primera de una serie de redadas y detenciones efectuadas por
agentes del FBI y escuadrones policiacos especiales "SWAT" a
través del país, e impuso nuevos chequeos rigurosos
a los pasajeros y otras restricciones de viajes en los
aeropuertos.
El gobierno federal puso sus fuerzas militares en estado
máximo de alerta. Dos portaaviones y cinco destructores y
cruceros fueron desplegados a las costas de Nueva York y
Washington. Tropas de la Guardia Nacional fueron despachadas a
ambas ciudades, y aviones a reacción de la Fuerza
Aérea y la Guardia Nacional Aérea patrullaron sus
cielos. Policías con escopetas patrullaron el aeropuerto
de Newark, entre otras ciudades.
Altos dirigentes congresionales de los partidos
Demócrata y Republicano prometieron mantenerse "hombro con
hombro" y propusieron aumentar las operaciones de
"recolección de inteligencia", léase: espionaje e
intromisión de la policía secreta en las
actividades de los sindicatos, las organizaciones pro derechos
civiles, partidos políticos obreros y otros grupos que
entran en conflicto con los patrones multimillonarios, su
gobierno y su sistema bipartidista.
El 12 de septiembre, agentes del FBI fuertemente armados
irrumpieron en un hotel de Boston, forzando a todo el mundo a
salir de este edificio de 36 pisos, que estaba rodeado de
escuadrones policiacos SWAT con ametralladoras. No hubo arrestos
en relación a los ataques en ese momento. Funcionarios del
gobierno detuvieron un tren Amtrak en Rhode Island y obligaron a
todos a bajarse. El jefe de la policía local dijo que la
policía de Boston lo había contactado diciendo que
a bordo del tren había gente considerada sospechosa. La
prensa informa que la policía se llevó esposado a
un hombre con barba larga y un turbante verde, quien más
tarde fue dejado en libertad cuando las autoridades dijeron que
no tenía relación alguna con los ataques. Agentes
del FBI y policías acordonaron calles y un edificio de
apartamentos en Coral Springs y Vero Beach, Florida.
A pedido de Washington, la policía de Hamburgo,
Alemania, registró un apartamento, la primera
operación de este tipo que se reporta en otro
país.
El FBI también pidió a la policía de
Alemania que revisara una segunda dirección que
supuestamente era la dirección de un conocido de "una
persona de ascendencia árabe que había sido un
pasajero de uno de los aviones que chocó contra el World
Trade Center. La policía alemana informó haber
detenido a dos personas y estar buscando una tercera.
Asimismo, el FBI ha ejecutado permisos de registro contra
varios servicios de Internet. El 12 de septiembre la agencia
noticiosa AP informó que "la policía federal
está aumentando su vigilancia de la Internet". El FBI ha
comenzado a visitar compañías de servicios de
correo electrónico y a proveedores de servicios de
Internet para instalar el llamado sistema "Carnívoro" que
vigila las comunicaciones electrónicas en la Internet. "Un
administrador de uno de los principales proveedores de servicios
de Internet dijo que agentes del FBI se presentaron en su trabajo
el martes "con un par de Carnívoros, pidiendo permiso para
ponerlos en nuestro sistema junto con ofertas de pagar por los
circuitos y costos". Dijo que "mucha gente" de otras empresas
estaban accediendo a las demandas del FBI.
Daniel Pipes, director del Foro del Medio Oriente y ex
funcionario de la administración Reagan, escribió
en la edición web de la revista conservadora National
Review que los sucesos del 11 de septiembre iban a "provocar
un cambio urgente y rotundo en la dirección de la
política de Estados Unidos" para poner al gobierno
más firmemente en pie de guerra, tanto a nivel nacional
como internacional. Washington debe empezar a tratar el
"terrorismo como una forma de guerra", dijo Pipes, "y atacar no
sólo a los soldados rasos que llevan a cabo la violencia
sino a los gobiernos que los apoyan".
En vez de "depender demasiado de la inteligencia
electrónica", dijo Pipes, la CIA y otras agencias de la
policía secreta necesitan "situar a sus agentes en los
círculos internos de los grupos terroristas", no
sólo en otros países sino en contra de lo que
denominó la "gran red de terror islámico en Estados
Unidos, una red que es visible para todo el que quiera ver. Ha
llegado el momento de destruir, y con fuerza, a todos aquellos
que están relacionados con esta infraestructura de
terror".
Declaración del gobierno de Cuba
Uno de los pocos jefes de estado que disintieron del coro
guerrerista orquestado por Washington es el presidente cubano
Fidel Castro. En un discurso pronunciado el 11 de septiembre,
señaló que "esta tragedia es consecuencia de la
aplicación de métodos terroristas contra Cuba y
otros países" durante muchos años, incluida la
guerra en Vietnam. Expresó su oposición a todo
bombardeo u otra acción militar por parte de Washington en
respuesta a los ataques.
Llamando a la cooperación internacional contra el
terrorismo, "que no podrá resolverse por la fuerza",
Castro leyó la declaración del gobierno cubano
sobre los ataques en Nueva York y Washington. "Es conocida la
posición de Cuba contra toda acción terrorista",
explica la declaración. "No es posible olvidar que nuestro
pueblo ha sido víctima durante más de 40
años de tales acciones promovidas desde el propio
territorio de Estados Unidos".
El gobierno de Cuba ofreció sus pésames a las
familias de los muertos y heridos en los ataques y ofreció
cooperar con las instituciones de salud de Estados Unidos para
brindar atención médica y de
rehabilitación.
'Blancos oportunos'
Los redactores de editoriales y comentaristas de la prensa
burguesa están trabajando a todo vapor para atizar
sentimientos nacionalistas y así justificar actos
imperialistas de guerra en otros países y restringir los
derechos democráticos dentro de Estados Unidos.
"Cada uno de nosotros como americanos está en esta
guerra ahora", afirmó un editorial en el Daily News
de Nueva York. El New York Post comentó, "Es hora
de aplicar fuerza americana al azar: ataques tangibles
contra blancos oportunos". El New York Times
declaró, "Un ataque no convencional y aterrador contra la
patria americana ha comenzado. El pueblo americano y sus
dirigentes deben movilizar sus recursos para enfrentarlo". Y
USA Today dijo en un titular, "Necesidad de defensa de la
patria ahora es 'realidad sombría' ".
Andrew Sullivan, uno de los principales directores de la
revista New Republic fue uno de los tantos que
expresó temas similares. "Los bárbaros han
llegado", dijo en una de sus columnas editoriales, y la
"respuesta debe ser desproporcionada al crimen y debemos
responsabilizar a aquellos estados y gobiernos que han tolerado
esta perversidad"
Sin mencionar las guerras libradas por Washington contra los
pueblos de Corea, Cuba, Vietnam, Panamá, Nicaragua,
Granada, Irak y otros países durante la última
mitad del siglo pasado --en las cuales por lo menos 5 millones de
personas fueron muertas, sin contar a los soldados
estadounidenses-- Sullivan afirmó que los ataques del 11
de septiembre habían sido "el acto de guerra más
devastador desde Nagasaki". (Nagasaki fue la segunda ciudad de
Japón, después de Hiroshima, que fue aniquilada en
agosto de 1945 por bombas atómicas --la única vez
que se han usado estas armas de destrucción masiva--
lanzadas por orden del presidente Harry Truman. Unas 300 mil
personas en estas ciudades japonesas fueron masacradas en esos
dos días o murieron poco después por los efectos de
la radiactividad.)
"Y esto es una advertencia", agrega Sullivan, "que las fuerzas
del resentimiento y del mal --que hace poco cobraron tanta
prominencia en la conferencia de Durban-- ya no pueden ser
aplacadas. Deben ser destruidas: sistemáticamente, de
forma perdurable, irrevocablemente. A lo mejor ahora tendremos la
voluntad para hacerlo".
Escribiendo en el diario londinense Daily Telegraph,
John Keegan detalló una lista posible de asaltos militares
y ataques a los derechos democráticos que la clase
dominante desearía implementar. "El resultado más
probable es la imposición de medidas para restringir la
libertad de movimiento y residencia" y la introducción de
"tarjetas de identidad obligatorias a ser llevadas en todo
momento.... El registro de la residencia es otra medida", dijo, y
"surgirán redes de vigilancia para imponer controles
residenciales a nivel local".
"Estados Unidos no va a empezar a encarcelar a musulmanes
mañana: aún queda por demostrarse que los culpables
eran musulmanes", escribió Keegan, "pero si se identifica
como responsable a una organización islámica, la
vida para los musulmanes en este país se les hará
socialmente difícil muy rápidamente y podría
ser restringida jurídicamente poco después.
Añadió, "La vida universitaria cómoda para
la gente del Medio Oriente podrá llegar a ser muy pronto
una cosa del pasado".
Washington también usará estos sucesos, dijo,
para restringir los derechos de los inmigrantes y los refugiados
políticos, reduciendo aún más las limitadas
garantías logradas en años recientes.
Sumándose a los esfuerzos de Washington y Tel Aviv por
acelerar la campaña guerrerista israelí contra el
pueblo palestino, Keegan implicó a los palestinos en el
ataque. "Si Israel, sin ser promovido o estimulado por
Washington, decidiera terminar con la existencia de la Autoridad
Palestina, destruir sus estructuras y volver a ocupar por
completo la Margen Occidental", dijo, "esas medidas
gozarían de amplio apoyo en Estados Unidos". "Uno de los
indudables efectos del desastre del World Trade Center es la
creciente probabilidad de guerra en el Medio Oriente", dijo. En
Israel, tropas del gobierno ocuparon el campamento de refugiados
palestinos de Jenin e iniciaron un tiroteo con varios residentes.
Además, tanques israelíes entraron a la ciudad de
Jenin y rodearon otras dos ciudades y el pueblo de Tabus. Las
fuerzas militares israelíes mataron a nueve palestinos e
hirieron a 20.
Ataques contra musulmanes y árabes
Organizaciones musulmanas y árabes a través de
Estados Unidos dijeron haber recibido amenazas y llamadas
telefónicas hostiles.
"Musulmanes en toda la nación cerraron sus mezquitas y
escuelas mientras los estadounidenses esperaban enterarse de
quién había sido responsable de la
destrucción", informó Rachell Zoll de la AP. En
Nueva York la prensa describió agresiones verbales y la
intimidación de árabes y musulmanes, incluyendo a
dos mujeres que fueron rodeadas por una pandilla de
jóvenes y un hombre de negocios que escapó de sus
tres atacantes corriendo por la puerta de un subterráneo
que estaba cerrándose.
"Condenamos rotundamente" los ataques del 11 de septiembre,
dijo Omar Ricci de la rama de Los Angeles del Consejo de Asuntos
Públicos Musulmanes. Pero "en la mente de cada
musulmán estadounidense en estos momentos están los
campamentos en los cuales los japoneses-americanos fueron
detenidos después del bombardeo de Pearl Harbor".
Residentes árabes y musulmanes de Estados Unidos han
sido víctimas especiales de las disposiciones de la Ley
Antiterrorista y de Pena de Muerte Eficaz, aprobada en 1996, que
permite el uso de "pruebas secretas" para encarcelar a
individuos, como también de la Reforma de la
Inmigración Ilegal y de Responsabilidad del Inmigrante,
que autoriza las deportaciones sin derecho a la revisión
judicial o la apelación.
El gobierno de Estados Unidos reconoce haber usado "pruebas
secretas" en unos 50 casos judiciales en años recientes,
casi todos contra musulmanes o árabes. Las disposiciones
de estas dos leyes, ambas firmadas por Clinton, le autorizan al
gobierno deportar a inmigrantes, negarles asilo y negarles fianza
a los inmigrantes tildados de "terroristas". Desde 1999 el
gobierno se ha visto forzado a liberar a tres personas de
ascendencia árabe que habían sido encarcelados bajo
"pruebas secretas".
'Defensa de la patria'
Al sentar las bases propagandísticas para la estructura
del mando militar nacional que la administración Clinton
estableció y que ahora Bush está desplegando, altos
funcionarios estadounidenses han hablado francamente en los
últimos años acerca de la necesidad de desplegar
tropas en Estados Unidos e incrementar las actividades de
espionaje contra organizaciones e individuos en este
país.
El octubre pasado, el entonces secretario de defensa
norteamericano William Cohen dio un discurso sobre el cual se
informa en el Servicio de Prensa de las Fuerzas Americanas.
"Cohen dijo que cuando él propuso por primera vez la
formación de un 'comandante en jefe para la defensa de la
patria', la idea fue controvertida. 'Inmediatamente surgieron
preguntas de si esto violaría la prohibición
constitucional de no involucrar al ejército en asuntos
nacionales", dijo.
El informe agregó, "Cohen dijo que Estados Unidos debe
abordar este asunto ahora mismo. "Creo que nosotros, como
sociedad democrática, aún no hemos aceptado la
tensión que existe entre nuestra protección
constitucional del derecho a la vida privada y la demanda que
planteamos sobre la necesidad de que se nos proteja".
El New York Times del 13 de julio informó que en
un nuevo documento del Pentágono publicado este verano,
"Por primera vez, la defensa de la patria americana se ve
incorporada a las pautas de la estrategia militar americana".
Poco antes del fin de su mandato, Clinton también
anunció la creación del puesto de "zar de la
contrainteligencia", un puesto al cual Bush luego hizo un
nombramiento. En el momento de los ataques en Nueva York y
Washington, el Congreso estaba debatiendo la apropiación
de 800 millones de fondos adicionales para dicha actividad,
descrita como "esfuerzos contraterroristas" por USA
Today.
El secretario de defensa Rumsfeld dijo, en la audiencia para
ratificar su confirmación, que Washington necesita
enfocarse en "mejorar la capacidad de los servicios de
inteligencia para que sepamos más sobre cómo piensa
la gente, cómo se comporta, cómo se puede cambiar
su conducta, y cuales son las posibilidades en este mundo".
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