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UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
septiembre de 2001 Vol. 25 No. 08

ESTADOS UNIDOS

La siguiente declaración de Martín Koppel, candidato a alcalde de Nueva York, fue emitida el 11 de septiembre por el Partido Socialista de los Trabajadores.

Enarbolando la bandera de que "Estados Unidos se ve atacado", de que ha sufrido "un segundo Pearl Harbor" con el ataque realizado hoy al World Trade Center de Nueva York y al Pentágono, el gobierno norteamericano buscará imponer su "derecho" de lanzar ataques militares contra otros países, como lo ha hecho en los últimos años contra los pueblos de Yugoslavia, Irak, Sudán y Afganistán. Los gobernantes de Estados Unidos se volverán aún más descarados en su apoyo a la campaña guerrerista del régimen israelí contra los palestinos.

Los diarios, las agencias noticiosas y las cadenas de televisión y radio de los capitalistas no dejan de destacar los llamamientos de políticos y apologistas capitalistas a favor de medidas más severas para prevenir futuras "fallas de inteligencia" de esta clase. Están atizando los prejuicios contra los árabes y los musulmanes para reforzar esta arremetida.

El Partido Socialista de los Trabajadores llama a los trabajadores, a los agricultores y a todos los defensores de los derechos democráticos a que se pronuncien en contra de los esfuerzos demagógicos de los gobernantes norteamericanos, en nombre de prevenir el "terrorismo", por justificar las restricciones a los derechos políticos. Debemos oponernos a la campaña del gobierno estadounidense --tanto demócratas como republicanos-- que pretende restringir el espacio, garantizado por la Constitución, para la organización y la actividad política y legitimar el uso de las fuerzas armadas norteamericanas dentro de Estados Unidos y en otros países.

Durante los últimos meses de su mandato, tras varios años de preparativos, la administración Clinton estableció, por primera vez en la historia de Estados Unidos, un comando norteamericano: es decir, una estructura de mando para desplegar fuerzas armadas dentro de Estados Unidos, dirigidas ante todo contra el pueblo trabajador en este país. La Casa Blanca nombró a un comandante en jefe para este nuevo comando nacional, que lleva el nombre eufemístico Comando de Fuerzas Conjuntas. Como parte de sus preparativos, el gobierno norteamericano ha efectuado simulacros de operaciones militares "antiterroristas" --junto con fuerzas policíacas a nivel municipal, estatal y federal-- en Nueva Jersey, el norte de California, la ciudad de Nueva York y otras partes del país.

La administración Bush ahora está desplegando estas fuerzas en su primera operación militar en territorio norteamericano. El 11 de septiembre el gobierno norteamericano puso sus fuerzas armadas a nivel mundial en estado de alerta bélica, lista para una respuesta inmediata. Desplegó un regimiento de infantería ligera en las calles de Washington; movilizó a la Guardia Nacional de Nueva York; y desplegó "escuadrones contraterroristas" fuertemente armados del FBI y otras unidades especiales de la policía federal en Los ˇngeles, en las fronteras con México y Canadá, y en otras partes del país.

En los próximos días, a medida que la administración lleve a cabo la promesa de Bush de "cazar y castigar a los responsables", el movimiento obrero y todos los individuos y organizaciones de disposición democrática deben estar en pie de alerta para protestar contra juicios amañados por el gobierno y oponerse a sus intentos de pisotear la presunción de inocencia; el derecho a un debido proceso jurídico; las garantías de la Cuarta Enmienda de la Constitución contra interceptaciones telefónicas e incautaciones y registros arbitrarios; y la libertad de asociación sin espionaje y acoso por soplones y agentes provocadores del gobierno. Los últimos cuatro años de la administración Clinton y los primeros meses de la Casa Blanca de Bush se han visto caracterizados por crecientes esfuerzos bipartidistas destinados a reforzar la pena de muerte federal, socavar los derechos de las personas acusadas y condenadas, y ampliar el margen de acción de los operativos estilo "comando" de la Patrulla Fronteriza y otros policías del Servicio de Inmigración y Naturalización, el FBI y demás agencias federales de asalto.

Quienquiera que haya realizado los operativos del 11 de septiembre, la destrucción de las dos torres del World Trade Center y el ataque aéreo al Pentágono --con el saldo consiguiente de miles de hombres, mujeres y niños muertos y heridos--, estas acciones no tienen nada que ver con la lucha contra la explotación capitalista y la opresión imperialista. Los revolucionarios y otros trabajadores, agricultores y jóvenes con conciencia de clase en todo el mundo rechazan el empleo de dichos métodos.

El gobierno norteamericano y sus aliados, por más de un siglo, han desatado un terror sistemático para defender sus privilegios e intereses de clase a nivel nacional e internacional: desde la incineración atómica de cientos de miles de personas en Hiroshima y Nagasaki, hasta la matanza librada por 10 años en Indochina, la guerra contra el pueblo de Irak en 1990-91, la calcinación fatal de 80 personas en su propio territorio en Waco, Texas, y otros ejemplos demasiado numerosos para mencionar. En las últimas semanas, la Casa Blanca y el Congreso han respaldado a Tel Aviv y a la escalada de su campaña de asesinatos, unos al azar y otros planeados, en su intento --que está fracasando históricamente-- de suprimir al desposeído pueblo palestino que lucha por el retorno de su patria.

Hace medio siglo, el movimiento obrero revolucionario y otros opositores de toda expresión de indignidades coloniales, del racismo y del antisemitismo advirtieron que, al librar una guerra de terror para expulsar a los palestinos de sus fincas, aldeas y ciudades, los fundadores del estado israelí y sus partidarios imperialistas en Norteamérica y Europa estaban oponiendo al pueblo judío contra aquellos que luchaban por la liberación nacional en el Medio Oriente y a nivel mundial; estaban creando una trampa mortal para los judíos, que Israel sigue siendo hasta el día de hoy. Por su superexplotación sistemática de los pueblos de Asia, ˇfrica y América Latina; por sus agravios incesantes a su dignidad nacional y cultural; por sus múltiples formas de constante violencia asesina, el imperialismo estadounidense está convirtiendo a Norteamérica en una trampa mortal para el pueblo trabajador y todos los que aquí residen.

Los gobernantes norteamericanos saben que, al impulsar su ofensiva contra las condiciones de vida y de trabajo de los trabajadores y agricultores en Estados Unidos, se toparán con más y más resistencia, conforme el pueblo trabajador se organice para defender su sustento y sus derechos. Por eso Washington está reforzando sistemáticamente su posición frente a las batallas que sabe que vendrán.

El Partido Socialista de los Trabajadores llama a los trabajadores y agricultores en Estados Unidos y a nivel mundial a que se pronuncien en defensa de la lucha de los pueblos de Palestina, de Sahara Occidental, de Puerto Rico, de los derechos del pueblo de Cuba y de otros pueblos en el mundo que luchan por sus derechos nacionales y contra todas las formas en que el orden capitalista mundial empuja a la humanidad hacia el fascismo y la guerra. Debemos oponernos a la intervención militar norteamericana en cualquier parte del mundo. Debemos oponernos a los intentos de Washington de incrementar su ataque a los derechos políticos del pueblo trabajador y de las organizaciones de nuestra clase y de sus aliados oprimidos y explotados.


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