
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR septiembre de 2001 Vol. 25 No. 08
Editorial
Criminales como jueces
La extradición del ex presidente yugoslavo Slobodan Milosevic a fines de junio y el juicio que le prepara el tribunal de "crímenes de guerra" de Naciones Unidas en La Haya no tienen nada que ver con justicia. Sólo sirven de justificación para los objetivos bélicos de Washington, Londres y demás potencias imperialistas que buscan reforzar su influencia en los Balcanes.
Muchos trabajadores en Yugoslavia sospechan de las pretensiones "humanitarias" de Washington, que en 1999 desató una campaña bestial de bombardeos contra Serbia. En nombre de atacar al régimen chovinista de Milosevic por su represión contra la población albanesa en Kosova, los aviones norteamericanos y británicos bombardearon las industrias y la infraestructura de Serbia, causando estragos entre el pueblo trabajador.
Washington usa el chantaje -- sanciones junto con mil millones de dólares en "ayuda"-- para que el régimen yugoslavo se someta a sus órdenes: entregar a Milosevic para un juicio político en La Haya y aceptar más y más dependencia en el mercado capitalista. Los afectados por el descalabro económico que conllevan estas "reformas" serán el pueblo trabajador.
Pero las potencias imperialistas no pueden reimponer el capitalismo con reformas. Su principal obstáculo no es el régimen, que representa a una capa de aspirantes a capitalistas, sino el pueblo trabajador de Yugoslavia, que resistirá la arremetida contra sus derechos sociales y políticos. El objetivo a largo plazo de Washington es de derrocar al estado obrero en Yugoslavia, que sólo se puede lograr por la fuerza militar directa.
Durante los años 90, Washington y demás potencias imperialistas aprovecharon el conflicto sangriento entre las pandillas burocráticas rivales en Yugoslavia para intervenir militarmente en Bosnia y en Kosova, donde el régimen chovinista de Belgrado desató un ataque brutal contra la población albanesa y sus aspiraciones justas a la autodeterminación nacional. El gobierno norteamericano, presentándose como defensores de los albaneses, usó la fuerza militar en Kosova y Serbia para afirmar su preeminencia sobre sus rivales imperialistas europeos y arremeter contra los trabajadores yugoslavos. Hoy día las tropas de ocupación estadounidenses en la región están aprovechando el conflicto en Macedonia para hacer sentir su peso contra todo el que se interponga en su camino.
El hecho que Washington recurre cada vez más a la fuerza militar, a la brutalidad y al ultraje de la soberanía nacional no es una aberración. Así es el imperialismo: es lo que los gobernantes imperialistas le depara al pueblo trabajador de todo el mundo.
Milosevic merece ser juzgado por sus crímenes contra el pueblo trabajador. Pero sólo por los trabajadores y agricultores de Yugoslavia, no por las potencias imperialistas, principales criminales de guerra en el mundo. Washington --culpable de masacrar a 150 mil iraquíes en 1991-- no tiene derecho de juzgar a nadie.
Son los trabajadores y campesinos en Serbia --y no Washington y sus socios-- los que tumbaron a Milosevic el año pasado con sus masivas huelgas y protestas. Fueron los trabajadores y campesinos de Yugoslavia los que realizaron una profunda revolución socialista en los años 40. Y son los trabajadores y campesinos de Yugoslavia los únicos que pueden resolver los problemas que enfrentan hoy día.
La tarea de los trabajadores en Estados Unidos es de exponer las mentiras de Washington y explicar sus objetivos guerreristas en los Balcanes y otras partes del mundo.
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