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Karl Butts hace una buena observación sobre el último párrafo de un artículo en el Militant del 2 de julio. Al parafrasear una entrevista con el director de una cooperativa urbana de hortalizas en La Habana, el corresponsal Joel Britton escribrió que "el director explicó que, al igual que en otras grandes huertas urbanas, durante el Periodo Especial empezaron a utilizar sustitutos de pesticidas y fertilizantes químicos por necesidad, pero que ahora lo hacen por preferencia".
Butts tiene razón al decir que "con este párrafo en particular" al final del artículo, la prensa socialista parece darle "cierto peso político al concepto de que la producción orgánica es preferible a la producción en que se utilizan 'químicos' ", opinión que ni es la posición editorial del Militant ni tampoco, creo, la del autor del artículo. Más aún, Butts señala que los lectores "pueden sacar la conclusión de que Cuba por lo general prefiere no utilizar químicos en la producción agropecuaria".
Britton visitó Cuba a mediados de mayo como corresponsal del Militant para informar sobre las actividades por el 40 aniversario de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP). Junto con Randy Jasper, un productor lechero de Wisconsin, y Carolyn Lane de Minnesota, miembro del grupo Food First (Alimentos Primero), Britton también participó en el Cuarto Encuentro Internacional de Agricultura Orgánica, celebrado del 17 al 19 de mayo y auspiciado por la Asociación Cubana de Técnicos Agrícolas y Forestales.
Logros de Cuba
Como explicó Britton en el artículo del 2 de julio, "muchas de las presentaciones en la conferencia se enfocaron en cómo los agricultores cubanos, apoyados por la dirección revolucionaria del país, respondieron a comienzos de los años 90 ante la abrupta falta de fertilizantes químicos, herbicidas y pesticidas, así como combustible y repuestos para mantener el funcionamiento de la maquinaria. Los trabajadores y agricultores se dedicaron resueltamente a utilizar sustitutos de fertilizantes y pesticidas. Por ejemplo, empezaron a usar como fertilizante el bagazo, un derivado de la producción azucarera".
Antes de 1990, el comercio con la Unión Soviética y otros países del Consejo de Asistencia Mutua Económica representaba el 85 por ciento del comercio exterior de Cuba, una gran parte bajo condiciones favorables. Con la caída de los regímenes estalinistas en Europa central y occidental y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Cuba ya no contaba con un amortiguador de choques del mercado capitalista mundial. Durante esos mismos años, administraciones tanto demócratas como republicanas intensificaron su guerra económica contra Cuba.
En los años más difíciles de esa crisis, en la primera mitad de los 90, por ejemplo, se redujo a la mitad el consumo para las fincas de combustible diesel y otros energéticos derivados del petróleo, lo cual obligó a los agricultores a dejar sus tractores y otras máquinas, y dedicarse a incrementar el número de bueyes en la nación. La aplicación de fertilizantes, herbicidas y pesticidas químicos decayó en un 80 por ciento. Las importaciones de trigo y otros granos bajó en un 50 por ciento y la caída de otros productos alimenticios fue aún más abrupta.
Como explicó Britton, una forma importante en que el gobierno revolucionario respondió a las escaseces de alimentos fue de organizar al pueblo trabajador para que estableciera huertas urbanas --a menudo se crearon como cooperativas-- a fin de cultivar hortalizas y frutas para una red creciente de mercados agropecuarios en La Habana y otras ciudades. Durante el recorrido, Britton y otros conferencistas visitaron tres de estas huertas en la zona de La Habana, organizadas como Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC).
Más del 50 por ciento de las hortalizas y frutas frescas se producen ahora en estas huertas urbanas, las que también da trabajo a unos 60 mil cubanos. Debido a la gran concentración de personas que viven cerca de estas huertas, el gobierno cubano, como señala Butts en su carta, prohibe el uso de ciertos fertilizantes o pesticidas químicos dentro de los límites de la ciudad.
Ante la severa reducción de productos importados y reglamentos nacionales de salud, el gobierno cubano en la última década ha organizado a los agricultores y trabajadores para que usen insumos sustitutos en gran parte de la producción agropecuaria. Se han establecido centros en toda la isla que producen abono enriquecido y roca fosfatada para reemplazar los fertilizantes manufacturados. Para controlar las plagas, se utilizan depredadores naturales, junto con pesticidas y herbicidas producidos con bacteria y hongos.
Algunos de estos métodos, se supone, no afectan negativamente o afectan muy poco el rendimiento de las cosechas, y benefician a largo plazo la tierra, el agua y la salud de los seres humanos y otros seres vivientes. De hecho, Cuba ha empezado a vender una serie de pesticidas y herbicidas biológicos propios en el mercado mundial, bajo la marca Biasav.
No hay 'Edad de Oro'
Sin embargo, como señala Butts, es sencillamente incorrecto decir que "Cuba por lo general prefiere no utilizar químicos en la producción agropecuaria". En Cuba se utilizan fertilizantes, pesticidas y herbicidas sintéticos para cultivar el principal producto de exportación --la caña de azúcar-- así como en la producción de arroz, café, papas y muchas otras mercancías.
Es más, en la medida que lo permita el mejoramiento de las condiciones económicas, el gobierno y el pueblo de Cuba indudablemente preferirán volver al uso de insumos y tecnologías agrícolas que sean seguros, que aumenten la producción del trabajo agrícola y reduzcan su carácter agobiante, y que provean de alimentos y ropa a un mayor número de gente a un costo más bajo.
En nombre de proteger el medio ambiente y a veces también en nombre de defender la Revolución Cubana, algunas organizaciones e individuos en círculos políticos burgueses y pequeñoburgueses convierten las medidas de crisis que los cubanos se han visto obligados a tomar en una forma de regreso a una idílica Edad de Oro.
Ejemplo de este fenómeno es un artículo en febrero del 2001 del principal ejecutivo de una compañía de suministros para huertas basada en Vermont, la Gardener's Supply Company. "Cuba encabeza al mundo en vías de desarrollo", escribe el autor, "en el uso de abono en pequeña escala, la recuperación de la tierra orgánica, investigaciones sobre el riego y la rotación de cosechas, tracción animal (bueyes) y otras prácticas novedosas".
En efecto, los logros de los trabajadores y agricultores cubanos durante y después del Periodo Especial ofrecen una notable confirmación de su compromiso con la revolución socialista. Lo que lograron frente a condiciones económicas y sociales agobiantes no se puede concebir en ningún otro país del mundo actual.
Pero si bien el uso de los bueyes para arar la tierra fue una "práctica novedosa" en la Epoca Neolítica de la humanidad hace seis mil años, no hay muchos trabajadores cubanos que hoy lo calificarían como algo más que una necesidad crítica, que ellos se proponen dejar atrás tan pronto las condiciones lo permitan.
¿Qué significa 'orgánico'?
Empero, las cuestiones que plantea Butts van más allá de la política agropecuaria de la Revolución Cubana en la última década. Plantean uno de los problemas más fundamentales de la teoría y la práctica comunistas: la transformación de la naturaleza mediante el trabajo social, sin el cual la lucha de la clase trabajadora para acabar con todas las formas de explotación y opresión no es más que una ilusión utópica.
Carlos Marx, el dirigente y fundador central del movimiento obrero moderno revolucionario, escribió en El Capital:
El trabajo es, en primer lugar, un proceso entre el hombre y la naturaleza, un proceso en que el hombre media, regula y controla su metabolismo con la naturaleza. El hombre se enfrenta a la materia natural misma como un poder natural. Pone en movimiento las fuerzas naturales que pertenecen a su corporeidad, brazos y piernas, cabeza y manos, a fin de apoderarse de los materiales de la naturaleza bajo una forma útil para su propia vida. Al operar por medio de ese movimiento sobre la naturaleza exterior a él y transformarla, transforma a la vez su propia naturaleza. Desarrolla las potencias que dormitaban en ella y sujeta a su señorío el juego de fuerzas de la misma. (El Capital, tomo 1, libro primero, Siglo XXI Editores, págs. 215-16.)
Según dice Butts, el concepto de la agricultura orgánica como algo intrínsecamene superior al uso de insumos sintéticos en la agricultura es científicamente erróneo, y por tanto es contrario a los intereses de la gran mayoría trabajadora de la humanidad. El insta a a no "dar crédito en la prensa socialista a esta treta mercantil".
Cuando un par de participantes en una reunión de la dirección nacional del Partido Socialista de los Trabajadores, a fines de mayo, hicieron aseveraciones en este sentido que se prestaban a malinterpretaciones, el secretario nacional del PST, Jack Barnes, se refirió a éstas en su informe sumario a los presentes.
"¿Qué significado ha llegado a tener la palabra 'orgánico' al referirse a alimentos?" dijo Barnes. "Significa 'más caro': es lo que significa. Todos los productos del trabajo humano bajo el capitalismo se vuelven mercancías. Por eso, cuando vemos en la tienda de víveres algo que se ha calificado como 'orgánico', significa simplemente que el Departamento de Agricultura de Estados Unidos ha dado la autorización para pegarle una etiqueta que también les permite a los monopolios comercializadores subirle el precio".
Hace una década los alimentos llamados orgánicos se podían encontrar únicamente en tiendas especializadas de "alimentos naturales" que servían a un pequeño mercado mayormente de clase media (los precios en ese entonces eran aún relativamente más altos). Hoy, sin embargo, prácticamente todos los principales monopolios de alimentos se han comprado empresas pequeñas y han iniciado su propia categoría de productos. General Mills, Gerber's, Dole, Heinz, ConAgra, Archer Daniels Midland: todos tienen sus propias marcas "orgánicas", que venden a precios más altos para un creciente mercado especializado en las principales cadenas de supermercados.
(Cuba revolucionaria ha podido aprovechar este mercado especializado para compensar por lo menos una minúscula parte de sus pérdidas económicas por el descenso de los precios del azúcar en el mercado capitalista mundial. Cuba recientemente ha empezado a cultivar una pequeña cantidad de azúcar usando sólo insumos biológicos que vende --bien por encima de los precios normales-- a empresas de chocolates costosos y surtidores de azúcar morena en paquetes en Europa.)
Desde sus orígenes a mediados del siglo XIX, la agricultura orgánica como "causa" --es decir, no simplemente como uno u otro método determinado de cultivo-- se ha asociado con una actitud de sospecha hacia la ciencia y la tecnología entre sectores de clase media y círculos burgueses bohemios. Muchos de sus defensores en las primeras cinco o seis décadas del siglo XX estaban también afiliados a la ultraderecha. Eran afines a los derechistas promotores de teorías de conspiración en los años 50 y 60 que hicieron campaña para detener la fluoración del agua y de la pasta dental, esfuerzo que se ha resucitado en años recientes con el respaldo de Ralph Nader y otras figuras burguesas que se hacen pasar de "ambientalistas".
Cómo funciona el capitalismo
"Cuando los trabajadores y agricultores con conciencia de clase hablan de agricultura 'sostenible' ", dijo Barnes en la reunión de la dirección del PST en mayo, "lo que aspiramos a sostener es la transformación de la naturaleza con el trabajo humano para satisfacer necesidades sociales".
Dada la competencia de capitales, así como los dictados de la investigación y el desarrollo para fines bélicos en el sistema imperialista, dijo Barnes, nada va a detener la aplicación de la ciencia y de nuevas technologías a la producción industrial y agrícola.
Al mismo tiempo, nada va a detener la asignación de capitales para llevar al máximo la extracción a corto plazo de plusvalía para los gobernantes capitalistas, y no para mejorar la salud humana, el bienestar social, o ninguna meta social a largo plazo de ninguna clase.
Ya que bajo el capitalismo todas las mercancías se producen y se comercializan con el propósito de ganancias --no por su valor para los seres humanos-- todos ellas, "ya sean 'naturales' o 'sintéticas', están sujetas a venenos, contaminación, o trabajo mal hecho", apuntó Barnes.
Barnes había abordado estas cuestiones políticas en una sección de su libro publicado en 1999, El desorden mundial del capitalismo: política obrera al milenio. "Daños ambientales verdaderamente horrorosos se están acelerando bajo el capitalismo hoy día (y los regímenes estalinistas de Europa oriental y la URSS también son responsables de estragos inimaginables)", escribió Barnes. "Los gobiernos revolucionarios de trabajadores y agricultores pueden y deberán detener y dar marcha atrás a este curso mortal". (El desorden mundial del capitalismo, editorial Pathfinder, pág. 334).
Tanto en ese libro como en su informe de mayo de 2001 al Comité Nacional del PST, Barnes señaló que "Marx y Engels escribieron sólida y convincentemente sobre cómo el capital destruye los suelos, el agua, el aire y las bases de la vida humana y la civilización". Aún antes de que hubieran desarrollado plenamente su perspectiva proletaria mundial, dijo Barnes, ambos, como jóvenes de disposición revolucionaria, ya se habían visto profundamente impactados por todo lo que veían a su alrededor --tanto en la Renania alemana donde se criaron, que recién se iba industrializando, o durante sus viajes a Gran Bretaña, donde el sistema fabril era el más avanzado del mundo-- respecto al saldo que estaba cobrando el capitalismo en cuanto a la nutrición y las condiciones sanitarias de la clase obrera y la contaminación del medio ambiente natural.
Por eso ya en 1845, cuando Marx y Engels tenían veintitantos años y faltaban tres años para que se integraran a una organización obrera y ayudaran a redactar su programa, El manifiesto comunista, observaron que en el proceso de desarrollo del capitalismo, "se llega a una fase en la que surgen fuerzas productivas...que, bajo las relaciones existentes, sólo pueden ser fuente de males, que no son ya tales fuerzas productivas sino más bien fuerzas destructivas". (La ideología alemana, en Marx y Engels, Obras escogidas, tomo. 1, pág. 37, Editorial Progreso.)
(Continuará en el próximo número)
Carta de un lector
Leí el artículo de Joel Britton en el número del 2 de julio [del semanario socialista The Militant] titulado, "Cubanos celebran 40 aniversario de organización de agricultores". Siendo un pequeño agricultor que participó recientemente en una gira de "agricultor-a-agricultor" Cuba-Estados Unidos, como invitados de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), el artículo me pareció un buen resumen de lo que agricultores cubanos han logrado en las últimas cuatro décadas gracias a su revolución socialista y reforma agraria. También fue útil la descripción de cómo la revolución tomó medidas para superar las escaseces de alimentos durante los peores años de la crisis económica a principios de los años 90, lo que los cubanos llaman el Periodo Especial.
Me preocupó, sin embargo, el último párrafo del artículo, donde Britton cita al director de una de las huertas urbanas de La Habana. El artículo dice que el director explicó que, "al igual que en otras grandes huertas urbanas, durante el Periodo Especial empezaron a utilizar sustitutos de pesticidas y fertilizantes químicos por necesidad, pero que ahora lo hacen por preferencia".
A mi entender, el programa de huertas urbanas se instituyó en 1994 como una de las medidas destinadas a hacer más accesibles los alimentos a los trabajadores en las zonas urbanas. La ley que estableció el programa estipuló que ciertos químicos y fertilizantes serían prohibidos debido a la preocupación por las personas que viven y trabajan en las cercanías de las fincas. Entonces nunca existió una preferencia, si esto es cierto.
Esto no sería más que un detalle, si no fuera por la impresión que los lectores del Militant pudieran tener al leer este párrafo de que la prensa socialista, con este párrafo en particular, le ha dado cierto peso político al concepto de que producción orgánica es preferible a la producción en que se utilizan "químicos". Por lo menos ésa fue mi impresión.
Los lectores pueden también sacar la conclusión de que Cuba por lo general prefiere no utilizar químicos en la producción agropecuaria.
La agricultura orgánica es un concepto burgués, y no tiene nada que ver con la lucha por alimentar al mundo. No creo que a los trabajadores y agricultores les beneficie dar crédito en la prensa socialista a esta treta mercantil. Los comunistas en los países imperialistas deben ser particularmente sensibles para evitar la impresión de que son defensores de soluciones idealistas en un mundo con 800 millones de personas que padecen crónicamente de hambre.
Karl Butts
Tampa, Florida