
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR septiembre de 2001 Vol. 25 No. 08
America Latina
Cuba hace campaña contra ALCA
Reinvindica plebiscitos contra pacto comercial dominado por Washington
Por Maurice Williams
El gobierno cubano está librando una campaña para ampliar la oposición al Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y explicar cómo Washington usará el pacto comercial para reforzar su explotación en América Latina y el Caribe.
Bajo la consigna del "libre comercio", el capital financiero estadounidense busca usar el ALCA como instrumento para ahondar el saqueo del pueblo trabajador en la región y socavar la soberanía de estas naciones. Su propósito es crear un bloque comercial que reforzaría la posición del imperialismo estadounidense frente a sus rivales en Europa y Japón ante la creciente competencia en el sistema capitalista mundial.
Acceder a las exigencias de Washington mediante el ALCA significaría "menos protección a la industria y a los intereses nacionales, más desempleo y problemas sociales" para los países en América Latina y el Caribe, dijo el presidente cubano Fidel Castro en un discurso el Primero de Mayo. Fustigó a los regímenes burgueses de la región por el hecho que "este monstruoso paso se pretenda llevar a cabo sin consultar al pueblo. Esa es toda la democracia que pueden concebir el imperio y sus lacayos". El dirigente cubano llamó a los movimientos obreros en toda la región a hacer campaña por un plebiscito o referéndum nacional en sus países respectivos para rechazar el ALCA. Hay que evitar "que ningún gobierno pueda vender una nación a espaldas del pueblo", dijo.
La propuesta del ALCA se planteó en 1994 en la primera Cumbre de las Américas, celebrada en Miami, donde el entonces presidente William Clinton llamó a crear lo que sería una zona de libre comercio dominada por Washington desde Alaska hasta Argentina. En la conferencia, que excluyó a Cuba, participaron 34 jefes de estado, quienes acordaron redactar el ALCA y completar las negociaciones sobre el acuerdo para el 2005. En aquel entonces, varios altos funcionarios de gobierno de países semicoloniales se quejaron a los medios noticiosos acerca de las injustas restricciones impuestas por Washington a sus productos de exportación. Varios dijeron que, de no contar con medidas protectoras para algunos de sus productos nacionales, sus economías quedarían arruinadas por sus competidores más fuertes.
En la tercera Cumbre de las Américas, celebrada en abril en Ciudad de Quebec, los jefes de estado reafirmaron su compromiso con el ALCA, que supuestamente eliminará aranceles y las subvenciones a la producción nacional en todos los países de la región salvo Cuba. Sin embargo, con todo el alboroto acerca del "libre" comercio, aún queda mucho por resolver en los conflictos.
El gobierno brasileño fue uno de los que, en la cumbre de Ciudad de Quebec, criticó el ALCA, insistiendo en que Washington redujera sus subvenciones agropecuarias y reglas contra el dumping (la venta de productos en el mercado mundial a un precio inferior al costo de producción). Esas medidas proteccionistas norteamericanas excluyen productos brasileños tales como acero, azúcar y jugo de naranja.
"Insistiremos en que los beneficios del libre comercio se compartan por igual entre todos los participante, que las oportunidades comerciales sean recíprocas, y que debe llevar a la atenuación, y no el recrudecimiento, de las desigualdades que existen en nuestra región", dijo el presidente brasileño Fernando Cardoso. "De lo contrario, no sería vigente ni deseable".
Medidas proteccionistas
Washington ha impuesto aranceles del 45 por ciento a 15 de los principales productos de exportación de Brasil, incluidos el azúcar, el jugo de naranja y los zapatos. El gobierno brasileño también está enfrascado en un conflicto con el imperialismo canadiense, el cual afirma que las subvenciones al fabricante brasileño de aviones Embroer le ha robado ventas de aviones regionales a la empresa Bombardier, con sede en Montreal.
A comienzos de este año, el gobierno canadiense le impuso a Brasil 2.3 mil millones de dólares canadiense en sanciones y prohibió la importación de carne de res brasileña, alegando que ésta podría estar infectada por la enfermedad de "vacas locas".
Si bien el ALCA tiene el apoyo de la mayor parte de los capitalistas norteamericanos, existen conflictos en torno al acuerdo entre aquellos que compiten en América Latina y que quieren más medidas proteccionistas de las que estipula el ALCA. Por ejemplo, la industria azucarera en Estados Unidos goza de una situación sumamente protegida: aranceles del 244 por ciento a la importación de azúcar. Según el New York Times, la empresa Flo-Sun y otras grandes compañías de azúcar quieren una política comercial más restrictiva. El diario informa que "los programas azucareros que protegen a los productores de la competencia extranjero" tienen un costo de 2 mil millones de dólares al año.
Recientemente se ha intensificado un conflicto, que lleva ya 10 años, entre compañías madereras de Estados Unidos y de Canadá. Los magnates norteamericanos de la madera exigen restricciones a la importación de la madera blanda de Canadá. El 10 de agosto el gobierno norteamericano impuso un arancel del 19.3 por ciento a la madera blanda canadiense.
Washington también ha impuesto una prohibición a las papas de la Isla Príncipe Eduardo de Canadá, supuestamente por inquietudes sobre un virus.
Mientras tanto, la Cámara de Representantes de Estados Unidos votó en junio a favor de prohibir que los camiones procedentes de México usen las carreteras norteamericanas más de 20 millas de la frontera. Ante la oposición del presidente Bush, el Senado votó el mes siguiente a favor de aumentar los requisitos de inspección a los camiones mexicanos. Los congresistas justificaron la votación bipartidista sobre estas medidas con la afirmación de que los camiones mexicanos están en condiciones inseguras y que presentarían peligros en las carreteras. El acceso de los camiones es parte de el Acuerdo Norteamericano de Libre Comercio (TLC, o NAFTA por sus siglas en inglés) suscrito en 1993, el cual autoriza que los camiones mexicanos transporten mercancías a cualquier destino en Estados unidos a partir del 1 de enero de 2002.
El TLC es un percusor del ALCA. El tratado, firmado por los gobiernos de Estados Unidos, Canadá y México, representa un bloque comercial formado dirigido principalmente contra los rivales de Washington en Europa y Japón.
El TLC y semejantes acuerdos comerciales están diseñados para reforzar el dominio del puñado de familias ricas gobernantes de Estados Unidos y Canadá sobre los trabajadores superexplotados y las naciones oprimidas tales como México. A pesar de las declaraciones de Bush y Clinton de que el ALCA garantizaría "una cancha pareja para todos", no existe ninguna clase de igualdad en las relaciones económicas y sociales entre las potencias imperialistas y los países semicoloniales.
"Al tiempo que reivindican las virtudes del libre comercio, tanto Estados Unidos como Japón, miembros de la Unión Europea y otros países ricos siguen empleando diversos medios --incluyendo elevados aranceles, subsidios a las exportaciones y restricciones por razones de higiene-- para cobijar sus propias industrias, impidiendo que los países en vías de desarrollo realmente logren una mayor parte de los mercados", comentó el corresponsal William Drozdiak del Washington Post.
Para mejorar su posición competitiva a nivel regional e internacional, muchos gobiernos en América Latina y el Caribe han buscado formar alianzas económicas. Con el ALCA, Washington podría socavar o desbaratar pactos comerciales tales como la unión aduanera del Mercosur (Mercado Común del Sur) y el Caricom (Mercado Común Caribeño). El Mercosur se estableció en 1991 para desarrollar un mercado común y eliminar barreras arancelarias entre Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.
Los miembros del Mercosur también han intentado crear un grado de preferencia para sus productos nacionales sobre los productos extranjeros. Varios otros países han suscrito acuerdos con el Mercosur como miembros asociados, incluido Chile en 1996 y Bolivia en 1997. También se han dado negociaciones entre el Mercosur y países del Pacto Andino --Colombia, Perú, Ecuador, Venezuela y Bolivia-- con miras a establecer un mercado común sudamericano para el comercio y la inversión.
Así funciona el capitalismo
Desde que surgió el capital financiero al principio del siglo XIX, todas las acciones de Washington y de otras potencias imperialistas en el mundo semicolonial --sea un préstamo bancario, un acuerdo comercial, o un plan para sustituir la moneda nacional con el dólar estadounidense-- han deformado las economías de las nacionesde América Latina, Africa y Asia.
Este proceso es un aspecto del funcionamiento normal del capitalismo en la época imperialista. Las potencias imperialistas han usado su dominio de la manufactura, el transporte, el acceso al capital y, cuando le resulte necesario, la fuerza militar, para mantener a los países semicoloniales como fuentes de materias primas baratas y mercados para sus mercancías.
Entretanto, al tiempo que el capital financiero internacional ha ido exprimiendo más y más riqueza de los trabajadores del mundo semicolonial para apuntalar sus márgenes de ganancias, la deuda externa del Tercer Mundo ha subido vertiginosamente a 2 billones de dólares, muchísimo más que durante el momento más crítico de la crisis de la deuda de los años 80 (un billón es un millón de millones).
Desde 1980 han empeorado las condiciones de vida de millones de trabajadores y campesinos en América Latina y el Caribe. El número de personas que viven por debajo del nivel oficial de pobreza ha crecido del 39 al 44 por ciento durante las últimas dos décadas. La deuda latinoamericana a los bancos imperialistas subió de 300 mil millones de dólares en 1985 a 750 mil millones en la actualidad. Y durante ese mismo periodo, estos países han pagado cientos de miles de millones por concepto de intereses. Hoy día, el 56 por ciento de los ingresos que se obtienen de las exportaciones se dedica al pago de esta deuda creciente. Entre 1992 y 1999, los países latinoamericanos pagaron 913 mil millones e dólares en intereses a los inversionistas imperialistas.
El tiburón y las sardinas
El ALCA no es "ni más ni menos que el proyecto de integración entre el tiburón y las sardinas", dijo Osvaldo Martínez, presidente de la Comisión de Asuntos Económicos de la Asamblea Nacional de Cuba. "Las razones para el ALCA no son las opciones latinoamericanas, o caribeñas, ni las supuestas ventajas de la integración económica para ella", dijo Martínez, "sino realmente los apetitos estratégicos de dominio norteamericano sobre la región ante la competencia con otros rivales en el mundo desarrollado actual", comentó.
Martínez habló en el Encuentro Internacional de Solidaridad con Cuba y Contra la Globalización Neoliberal, celebrado en La Habana el 2 de mayo. La conferencia, auspiciada por la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), incluyó a representantes de más de 200 sindicatos de 58 países. Los conferencistas aprobaron un plan para llamar al movimiento sindical en América Latina y el Caribe a que movilice sus filas en contra del acuerdo comercial imperialista.
Ante la competencia de sus rivales en Europa y Japón, el capital financiero estadounidense pretende "afianzar este dominio en el contexto de la pugna entre los grandes centros de poder mundial", señaló Martínez. Los gobernantes norteamericanos buscan afirmar su dominio sobre una región que consideran su patio trasero, y ampliar su control sobre toda una gama de mercados y materias primas, así como usar una fuente barata de mano de obra a fin de obtener enormes ganancias.
El presidente cubano Fidel Castro, quien también participó en la conferencia, encabezó la marcha del Primero de Mayo y el acto en la Plaza de la Revolución, los cuales calificó como "la primera protesta" contra el ALCA. Tanto Castro como Martínez destacaron las restricciones no arancelarias: desde supuestas medidas de protección ambiental hasta subvenciones que excluyen a los productos latinoamericanos del mercado y refuerzan la dependencia del capital norteamericano.
Fidel Castro señaló, "La agricultura norteamericana recibe subsidios que alcanzan 80 mil millones de dólares, y seguirá recibiéndolos en el futuro de una u otra engañosa forma".
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