
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR junio de 2001 Vol. 25 No. 06
Editoriales
íNo a la pena de muerte!
La ejecución de Timothy McVeigh --la primera ejecución por el gobierno federal desde 1963-- es parte de la ofensiva bipartidista de los gobernantes multimillonarios de este país contra los derechos del pueblo trabajador.
Al transmitir la ejecución por televisión para cientos de espectadores, el gobierno pretende acostumbrarnos a los asesinatos organizados por el estado. La decisión de posponer temporalmente la ejecución porque el FBI no había entregado algunos documentos a la defensa no tiene nada que ver con garantizar "la integridad del sistema jurídico" como alegan hipócritamente los funcionarios del gobierno y la prensa patronal. Tiene que ver con legitimar la pena de muerte. Ejecutan a una figura detestada --un derechista declarado culpable por el ataque dinamitero al edificio federal de Oklahoma City-- para poder aplicar la pena de muerte contra trabajadores y agricultores.
Bush está aprovechando las medidas que impulsó la administración de Clinton al ampliar el número de delitos que conllevan la pena de muerte. El mayor uso de la pena de muerte va acompañado de la expansión de la fuerza policiaca a nivel nacional, el mayor número de trabajadores que están presos o bajo libertad condicional, y otras medidas antidemocráticas. Al mismo tiempo, el gobierno está orquestando juicios contra "espías" y "terroristas" con los cuales esperan allanar el camino para socavar más los derechos democráticos.
La clase patronal enfrenta un obstáculo: la resistencia y creciente solidaridad del pueblo trabajador en Estados Unidos: desde huelgas y campañas de sindicalización hasta las protestas contra la violencia policiaca, como el caso de Timothy Thomas, un joven negro muerto por la policía en Cincinnati. Estas experiencias --que están concientizando a más trabajadores sobre el carácter antiobrero de la policía y todo el aparato represivo del gobierno capitalista-- han aumentado la oposición a la pena de muerte entre el pueblo trabajador.
El movimiento obrero debe oponerse a esta y a todas las ejecuciones por parte del gobierno en Estados Unidos, para el cual la pena capital es un arma de terror contra nuestra clase.
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