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junio de 2001 Vol. 25 No. 06

Cuba

Recuerdan victoria de Girón
Cómo los 'niños héroes' artilleros contribuyeron a derrota de mercenarios

Por Martín Koppel y Mary-Alice Waters

LA HABANA-- "Casi todos los artilleros antiaéreos que combatieron en Playa Girón tenían 15, 16, 17 años. Yo tenía 22 años, era uno de los mayores, y me pusieron a cargo de una de las unidades que se fueron al frente de la Granma", dijo Enrique Dorta.

Dorta, hoy coronel en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, fue uno de los combatientes cubanos que participaron en una conferencia celebrada aquí del 22 al 24 de marzo sobre "Girón: 40 años después". Los participantes en el encuentro Cuba-Estados Unidos se enfocaron en la victoria cubana frente a la invasión contrarrevolucionaria organizada por Washington en Bahía de Cochinos. La principal fuerza de los soldados mercenarios se rindió en Playa Girón, nombre con que se conoce en Cuba la batalla.

'Los niños héroes' de Playa Girón'

Dorta, ahora retirado del servicio activo, habló con reporteros de Perspectiva Mundial acerca de los jóvenes artilleros antiaéreos que pelearon en Playa Girón. El presidente cubano Fidel Castro, en un discurso previo que rindió homenaje a la temeridad y valentía de estos combatientes adolescentes, los llamó "los niños héroes de Playa Girón", y aún se los conoce así.

Hay un libro con ese título, integrado mayormente por entrevistas con soldados de las unidades antiaéreas que participaron en la batalla. El autor, José Mayo, fue uno de estos combatientes.

Uno de los entrevistados en Los niños héroes de Playa Girón es Manuel Alfredo Abad, que hoy día trabaja como camarero en un hotel en esta ciudad. "Yo tenía 17 años en esa época", dijo Abad, quien había estado siguiendo con atención las noticias sobre la conferencia acerca de Playa Girón. "Era una tarea muy pesada, y se buscaba a jóvenes para hacerlo. Me entrené con el cuatro bocas", agregó. "Cuatro bocas" es el término usado en Cuba para las ametralladoras pesadas de cuatro cañones, de fabricación checa.

Los relatos de Dorta y Abad, al igual que las entrevistas que contiene el libro, muestran vivamente por qué Cuba, en menos de 72 horas, logró aplastar una invasión mercenaria financiada y organizada por la mayor potencia imperialista del mundo. Ofrecen un retrato de los trabajadores y campesinos que hicieron la revolución socialista en esta nación caribeña, y ayudan a explicar por qué, cuatro décadas más tarde, Cuba sigue siendo un ejemplo vivo para el pueblo trabajador en todo el mundo.

Abad tenía 14 años cuando los trabajadores y campesinos en Cuba --dirigidos por el Ejército Rebelde y el Movimiento 26 de Julio encabezados por Fidel Castro-- derrocaron a la dictadura de Batista en enero de 1959 e iniciaron la construcción del primer territorio libre de América. El liderazgo revolucionario organizó al pueblo trabajador para empezar a llevar a cabo una reforma agraria, una masiva campaña para erradicar el analfabetismo, construir viviendas y escuelas, eliminar el racismo institucionalizado y otras medidas de gran alcance.

Estos sucesos revolucionarios impactaron profundamente al joven Manuel, al igual que impactaron a millones de cubanos que participaban en ellos. También le influyó el ejemplo de su madre, quien había colaborado con el Movimiento 26 de Julio durante la guerra revolucionaria a fines de los años 50.

En respuesta a una escalada de actos de sabotaje y terror contrarrevolucionario en Cuba apoyados por Washington, se constituyeron las Milicias Nacionales Revolucionarias en octubre de 1959, y Manuel Abad ingresó a sus filas.

Se integra a movimiento revolucionario

A fines de 1960, cuando ya empezaban a llegar a Cuba armas adquiridas de los países del bloque soviético, ingresó a un curso de ametralladoras múltiples 12.7 mm. Concluyó su entrenamiento unos días antes de la invasión a Bahía de Cochinos.

Dorta ya había militado en actividades políticas antes del triunfo revolucionario. De una familia agrícola pobre en la provincia de Las Villas en el centro de la isla, participó en actividades de apoyo a una huelga tabaquera en 1952 a los 14 años, y en una huelga de trabajadores azucareros tres años más tarde. El ejército y la policía atacaron salvajemente ambos paros.

En 1957 se integró al Movimiento 26 de Julio y ayudó a organizar el trabajo clandestino en su pueblo natal, antes de sumarse a las fuerzas revolucionarias que combatían en la sierra del Escambray. Formó parte de las fuerzas, bajo el mando de Ernesto Che Guevara, que tomaron a Santa Clara, la tercera ciudad cubana, unas horas antes del Año Nuevo de 1959, al tiempo que el dictador Fulgencio Batista huía del país. En ese entonces tenía el cargo de coronel del Ejército Rebelde.

Tras la victoria revolucionaria, Dorta fue escogido para el primer curso de oficiales, bajo el comandante del Ejército Rebelde Camilo Cienfuegos. Al completar el curso, fue designado profesor, primero en la base militar de Managua y luego en la base Granma, al este de La Habana. La base Granma fue el principal centro de entrenamiento de la artillería antiaérea.

Dorta explicó que meses antes del final de 1960, era evidente que Washington, cada vez más hostil hacia las medidas revolucionarias que los trabajadores y campesinos cubanos estaban tomando, preparaba un asalto militar a la isla. La única interrogante era cuándo y dónde se daría la invasión.

"El entrenamiento de las baterías antiaéreas normalmente tardaría seis meses", señaló. "Pero comenzamos el entrenamiento en octubre y lo completamos en enero". Nuestros entrenadores checos se asombraron. Ellos no pensaban que se pudiera hacer. Pero nosotros sabíamos que no teníamos seis meses".

'Si Fidel era socialista, nosotros también'

"El 15 de abril, hubo tres ataques aéreos simultáneos", dijo Dorta. "Las baterías antiaéreas en [la base militar habanera] Ciudad Libertad, donde se dio un bombardeo, entraron en acción inmediatamente. Derribaron un B-26 que se cayó al mar cerca del hotel Comodoro. Cayeron siete combatientes cubanos".

Los aviones iban piloteados por contrarrevolucionarios cubanos organizados por la CIA. El ataque, ordenado por el presidente norteamericano John F. Kennedy, fue un intento infructuoso de destruir el puñado de aviones de combate cubanos sobre la tierra, como preparativo para la invasión inminente.

Al día siguiente, las milicias, la policía revolucionaria y las fuerzas armadas se prepararon para el combate, y Fidel Castro se dirigió a una enorme concentración en La Habana.

Sentados alrededor de sus radios portátiles, relata Abad, los jóvenes artilleros escucharon las noticias sobre el bombardeo. "También escuchamos el discurso de Fidel en el acto de despedida de duelo de los caídos por el ataque de los aviones mercenarios", dijo. "Todos estuvimos de acuerdo con Fidel al decir que nuestra revolución era socialista, pues, aunque no conocíamos bien qué era el socialismo, para nosotros lo que planteara Fidel lo apoyábamos. Alguien afirmó que si Fidel era socialista, nosotros éramos socialistas también, y todos estuvieron de acuerdo con esto".

En las horas tempranas del 17 de abril, la fuerza invasora apoyada por Washington, la Brigada 2506, desembarcó en Bahía de Cochinos. Las milicias, el ejército, la fuerza aérea y la policía revolucionaria se desplegaron inmediatamente.

"Primero se mandaron dos baterías antiaérea que salieron rápidamente para proteger la pequeña pista aérea cerca del central Australia, donde se estableció el puesto de mando de avanzada", explicó Dorta. "Después, salí con seis baterías de cuatro bocas y una batería de cañones de 37 mm, y fuimos hacia el puesto de mando".

Al principio, dijo Abad, los miembros de su unidad "nos intranquilizamos pues sabíamos hacia dónde iban las demás baterías, y nosotros temíamos que nos fuéramos a quedar en la base Granma". A las 5:00 de la madrugada del 17 de abril, cuando se les dio la orden de ir hacia Bahía de Cochinos, "aquello nos produjo una gran alegría porque íbamos a combatir contra los mercenarios".

"Por el camino la gente nos decía que le diéramos duro a los invasores, y se mostraban sorprendidos por la corta edad de los artilleros antiaéreos".

No querían perderse el combate

En camino al central azucarero Australia, se le dio la orden de parada a la columna, y el camión que venía detrás de la unidad de Abad golpeó su pieza antiaérea, dañando el brazo metálico por donde se arrastraba.

"Se nos dice que tenemos que quedarnos allí, pero nosotros decidimos desarmar la pieza y subirla al camión. Le quitamos las gomas, las tamboras, y las cuatro ruedas, y entre todos subimos esa mole de hierro que pesaba un mundo. No habíamos acabado de subir la pieza a la cama del camión, y se reanuda la marcha de la caravana de baterías antiaéreas. Nuestro camión siguió andando mientras nosotros le instalamos las cuatro tamboras. Al llegar al central Australia y a estaba lista la pieza para tirarle a los aviones enemigos o si era necesario a los mercenarios.

"Tuvimos que hacer un gran esfuerzo en desarmar y subir la pieza al camión, y luego armarla, pero esto era mil veces preferible a quedarnos tirados en la carretera sin tener la posibilidad de combatir contra los mercenarios".

Dorta explicó que la columna llegó al central Australia a las 5:00 de la tarde. "Fernández inmediatamente nos ordenó a tomar dos piezas y avanzar a Pálpite", dijo. El capitán José Ramón Fernández comandaba la columna de fuerzas que llegaba del central Australia. El pueblo de Pálpite estaba en camino a Playa Larga, donde se había producido uno de los desembarcos y los mercenarios aún defendían una posición bien fortificada.

"Avanzamos de noche lo más cerca posible de Playa Larga. ¡Al amanecer nos dimos cuenta que casi estábamos metidos donde estaba el enemigo!

Cuando la unidad de Abad llegó a Pálpite la mañana del 18 de abril, "La pieza nuestra funcionó 'al kilo' desde la cama del camión", informó Abad con orgullo.

Mercenarios abandonan Playa Larga

Si bien el ataque nocturno contra las fuerzas enemigas en Playa Larga no logró desalojarlos, sí tuvo un impacto. A pesar de sus posiciones favorables, los mercenarios abandonaron Playa Larga en las horas tempranas del segundo día de la batalla y se replegaron hacia Playa Girón, y las fuerzas revolucionarias siguieron adelante.

En la carretera de Playa Larga a Girón, las tropas revolucionarias llegaron a una zona donde los aviones enemigos habían bombardeado y ametrallado varios ómnibus que trasladaban a milicianos del Batallón 123. "Sentí dolor por aquellos compañeros heridos, quemados o muertos", dijo Abad, "pero a la vez un gran odio contra los mercenarios que habían venido a asesinar a los cubanos".

Las unidades tanto de Abad como de Dorta trabaron más combates en el transcurso de la batalla de tres días, la cual terminó con la rendición del principal grupo de las tropas invasoras en Playa Girón.

"Entramos a Playa Girón el 19 de abril a eso de las 5:00 de la tarde", dijo Dorta, "y empezamos a capturar a los invasores". Mientras sus jefes máximos habían huido refugiándose en la ciénaga, donde más tarde fueron capturados, casi todas las tropas de la Brigada 2506 se rindieron.

Objetivos de los invasores

Cuando la unidad de Abad llegó a Playa Girón, dijo, algunos de los mercenarios se asombraron al ver lo joven que eran muchos de los soldados que los habían combatido y derrotado.

"No me faltaron deseos de liquidar a los mercenarios cuando los veía en Playa Girón", expresó Abad. "Por culpa de ellos habían muerto muchos compañeros revolucionarios, y hasta mujeres y niños. Y todo esto lo hicieron para recuperar sus privilegios y riquezas. Y como decían mentirosamente, para salvar al pueblo cubano del comunismo, como si ellos alguna vez se hubieran preocupado por el bienestar del pueblo, y realmente lo único que les interesaba era explotarlo y oprimirlo para vivir bien ellos y sus amos yanquis".

Conversando después del encuentro Cuba-Estados Unidos acerca de Playa Girón, Dorta comentó, "Yo he visto algunos de los reportajes extranjeros sobre la conferencia, y algunos de los cables decían que Fidel dirigía las operaciones desde el puesto de mando en el central Australia. Pero no es cierto. Estuvo dirigiendo el combate ahí mismo en el frente de batalla".

Vencedores asombran a mercenarios

En Playa Girón, cuando Castro estaba inspeccionando algunas ametralladoras calibre 50 y cohetes que les habían ocupado a los mercenarios, se volvió al capitán José "Pepín" Alvarez Bravo, jefe de la artillería antiaérea, y le preguntó, "Pepín, ¿éstas son las armas que traían los aviones tumbados por los muchachos de las antiaéreas?"

"Sí, comandante, son los que tumbamos", contestó Alvarez Bravo.

"¡No, tú no los tumbaste, sino ellos, los muchachos con sus antiaéreas!" respondió Castro, provocando sonrisas y risa entre todos.

"Era la primera vez que veía tan de cerca a Fidel", apuntó Abad. "Los mercenarios quedaban sorprendidos cuando veían a Fidel, porque mientras los jefes de ellos huyeron cobardemente, nuestro máximo jefe estuvo en todo momento en el escenario de los combates, al lado de los milicianos, soldados y policías que combatieron en la batalla de Girón".

Destacando la valentía de los artilleros, Dorta dijo con orgullo, "No hubo ni un solo desertor entre los jóvenes soldados de nuestras unidades antiaéreas".

Después de la victoria, la unidad de Abad regresó a la base Granma, y de ahí fue destinada a emplazamientos en las bases del Ejército Rebelde en las fortalezas de La Cabaña y El Morro.

En octubre de 1961, Manuel Abad se integró a la campaña de alfabetización. Fue designado como responsable de una brigada de alfabetizadores en la zona de Calabazar de Sagua en la provincia de Las Villas. Al finalizar exitosamente la labor de alfabetización, comenzó a estudiar la carrera de contador agrícola, en el curso de la cual siguió recibiendo entrenamiento militar.

Dorta permaneció en el Ejército Rebelde, el cual llegó a ser las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba. Durante la crisis "de los misiles" en octubre de 1962, cuando Washington, en su empeño de atacar la Revolución Cubana, llevó al mundo al borde de una guerra nuclear, él formó parte de la defensa del aeropuerto militar de Santa Clara.

En 1973 Dorta participó en una misión a Vietnam para estudiar las experiencias de las unidades antiaéreas vietnamitas, cuya eficacia y valentía durante la guerra norteamericana eran legendarias. En 1983-84, se sumó a otros combatientes voluntarios cubanos en Angola para ayudar a defender la nación africana contra los ataques --apoyados por el imperialismo-- del régimen del apartheid en Sudáfrica.

Asociación de Combatientes

Hoy día, tanto Enrique Dorta como Manuel Abad están entre los muchos ex combatientes de Girón que militan en la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana. "Les hablamos a los jóvenes sobre nuestras experiencias en la revolución. Tratamos de explicarles la importancia de conocer nuestra historia. Eso hoy es muy importante", nos dijo Abad.

Tanto Dorta como Abad se alegraron al ver el nuevo libro de Pathfinder, Playa Girón/Bahía de Cochinos: Primera derrota del imperialismo en América. "Voy a comenzar a leerlo en cuanto llegue a casa después del trabajo", dijo Abad con una sonrisa.


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