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abril de 2001 Vol. 25 No. 04

Corea

Inquieta a Seúl política norteamericana
Existe presión sobre capitalistas del sur por la reunificación de la península

Por Patrick O'Neill

Al tiempo que el presidente de Corea del sur, Kim Dae Jung, preparaba su visita a Washington a comienzos de marzo, se venían "multiplicando aquí indicios de intranquilidad acerca de un posible cambio de dirección de la política estadounidense hacia la dividida península coreana", reportó desde Seúl, la capital, el International Herald Tribune el 20 de febrero. En el curso del último mes, la Casa Blanca asumió una posición abiertamente hostil hacia el gobierno de Corea del norte, restringiendo los contactos diplomáticos, mostrando poco entusiasmo por acuerdos recientes, y arreciando su ofensiva propagandística.

"En privado", seguía el periódico, "los funcionarios de Seúl están alarmados de que la administración esté planeando de forma apresurada construir un escudo antimisiles antes de poner a prueba seriamente la voluntad de Pyongyang [capital de Corea del norte] de abandonar sus programas de misiles de largo y mediano alcance".

Temores de clase dominante en el sur
El portavoz de Kim, Park Joon Young, dio a conocer esta preocupación en una conferencia de prensa a mediados de febrero. "El elemento más importante de las relaciones intercoreanas es que no hay más guerra", dijo. "Y esto tiene precedencia sobre consideraciones de si cedemos más o tomamos más. La paz es lo más importante".

Esta afirmación refleja el hecho que la acaudalada clase capitalista en el sur, que sólo se ha formado en las últimas cuatro décadas, sabe que sería seriamente dañada, e incluso derrocada, en una guerra con el norte. Por eso la "política radiante" del presidente encaminada a sostener conversaciones y aumentar los intercambios con Corea del norte, goza de apoyo generalizado entre los gobernantes sudcoreanos.

Yang Sung-chul, el enviado sudcoreano a Washington, instó a la administración de Bush a no "empezar desde cero". El embajador se refería a las reuniones y acuerdos del último lustro que abrieron intercambios comerciales y vínculos diplomáticos limitados entre Washington y Seúl, por un lado, y Pyongyang por el otro.

Estas advertencias y llamados que hace la clase capitalista sudcoreana a la administración de Bush se producen en medio de una creciente crisis económica en el país y resistencia de sindicalistas ante los ataques de la patronal, como las protestas de miles de obreros del auto en la fábrica de la Daewoo, al oponerse a los despidos de 6500 trabajadores y otros ataques.

Parte del nerviosismo entre los gobernantes sudcoreanos resulta de la determinación del gobierno y el pueblo del estado obrero en Corea del norte de presionar por la reunificación del país y la puesta en vigor de los acuerdos con Washington de los últimos años.

Fallida agresión imperialista
Corea ha estado dividida desde 1953, al final del asalto militar imperialista que pretendía echar atrás la revolución socialista que se venía desarrollando en el país. En las décadas posteriores a la derrota de dicho asalto y a la creación de dos estados independientes --un estado obrero en el norte y un régimen capitalista neocolonial en el sur-- Washington y Seúl mantuvieron una postura invariablemente hostil hacia el gobierno del norte, marcada por la presencia de 37 mil soldados estadounidenses, que cuentan con armas nucleares, junto con el ejército de Seúl de medio millón de efectivos, así como una amplia gama de sanciones económicas y una lluvia incesante de propaganda anticomunista.

Desde 1994, las pláticas en que participaron Washington, Seúl y Pyongyang derivaron en una serie de acuerdos. Dichas negociaciones ocurrieron a la vez que tomaban impulso las pláticas entre los gobiernos del norte y el sur respecto a la reunificación. Washington y Seúl acordaron proporcionar al norte comida, combustible, plantas nucleares y otros recursos a cambio de que Pyongyang acceda suspender diversos programas con los que, según el gobierno estadounidense, intentaba emplazar misiles nucleares de largo alcance.

En una visita sin precedentes a Pyongyang, en octubre la secretaria de estado norteamericana Madeleine Albright se reunió con el presidente norcoreano Kim Jong Il. Al mismo tiempo, Washington y Seúl anunciaron que las tropas estadounidenses permanecerían en el sur, independientemente del progreso que se lograra a fin de establecer vínculos más estrechos.

A Seúl le interesa que el proceso de negociaciones no se interrumpa. Por su parte, el gobierno del norte ha reaccionado de forma aguda contra las maniobras de la política antagonista del gobierno de Bush.

"Si tal política [hostil] es la posición oficial del nuevo gobierno estadounidense, entonces el problema es extremadamente serio", acotó el ministerio de relaciones exteriores norcoreano el 22 de febrero. "El nuevo gobierno estadounidense ni siguiera está tratando de informarse de los detalles" de acuerdos anteriores, dijo.

Pyongyang ha amenazado con suspender la moratoria de las pruebas de misiles y el desarrollo de su programa nuclear. Ha acusado al "nuevo equipo de relaciones exteriores y seguridad [de adoptar] una postura de línea dura hacia nosotros". La declaración afirmó, "Si Estados Unidos no cambia su posición, no vamos a permitir que nos traten de atascar en viejas propuestas hechas a la anterior administración estadounidense". Y agregó, "los líderes de Estados Unidos son unos necios sin remedio si creen que vamos a aceptar" tal enfoque.

La asesora de seguridad nacional de Bush, Condoleezza Rice, respondió, "Hemos dicho que nos preocupa la proliferación de tecnología de misiles que está saliendo de Corea del Norte... Si esa es una posición de línea dura, que así sea".


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