
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR abril de 2001 Vol. 25 No. 04
Discuten nuevo 'programa bracero' Capitalistas de México y EE. UU. en pos de ejército industrial de reserva
Por Maggie Trowe
La inmigración de trabajadores de México a Estados Unidos fue uno de los temas discutidos por los presidentes George Bush y Vicente Fox durante su reunión del 16 de febrero. Las pláticas pusieron de relieve el deseo tanto de los imperialistas estadounidenses como de la clase capitalista mexicana de organizar mejor a los trabajadores y agricultores como un ejército industrial de reserva.
El presidente mexicano insistió en que se inicie un programa de "trabajadores huéspedes" a gran escala, similar al "programa bracero" que existió de 1942 a 1964. Bush dijo estar dispuesto a considerar tal propuesta. Fox también puso sobre el tapete la idea de que el gobierno estadounidense otorgue amnistía y residencia legal a los mexicanos que trabajan en Estados Unidos y quienes actualmente carecen de permisos para trabajar.
A raíz de las discusiones, los dos gobiernos establecieron un "grupo de trabajo sobre inmigración" de alto nivel para que dé seguimiento a las cuestiones antes mencionadas. El lado estadounidense estará encabezado por Colin Powell, secretario de estado, y John Ashcroft, procurador general. El ministro del exterior Jorge Castañeda, y el de interior, Santiago Creel, encabezarán la contraparte mexicana.
Fox incluyó su postura respecto al tema de los inmigrantes mexicanos como parte de su campaña electoral el año pasado. Sus propuestas reflejan por un lado los intereses de los gobernantes acaudalados y, por el otro, la indignación del pueblo trabajador mexicano, que en números sustanciales en Estados Unidos ha experimentado condiciones laborales de miseria, la fuerza represiva del servicio de inmigración INS, la discriminación y violencia racista y travesías peligrosas al cruzar la frontera en busca de trabajo. Todo esto equivale a una afrenta contra el pueblo mexicano.
El año pasado murieron unos 400 mexicanos, en muchos casos ahogados o de deshidratación, al verse obligados a cruzar la frontera de forma ilegal. Se calcula que 300 mil cruzan cada año, y según funcionarios estadounidenses hay unos 5 millones de trabajadores --de los cuales más de la mitad son de origen mexicano--, que trabajan en Estados Unidos sin documentos de inmigración.
Fox ha descrito a estos trabajadores como héroes, y estuvo en diversos puntos de las carreteras a lo largo de la frontera durante varios días dando la bienvenida a mexicanos que retornaban de Estados Unidos para la navidad. El 22 de febrero el gobierno mexicano declaró amnistía para todos los extranjeros de todas las nacionalidades que se encontraran en el país. El programa es válido para gente que ha residido en México desde antes del primero de enero de 2000 y vence el primero de octubre de 2001.
Crisis mexicana impulsa a Fox
La demanda de Fox de un programa de "trabajadores huéspedes" surge del deseo de la clase gobernante mexicana de aliviar la presión y el descontento social entre desempleados y trabajadores con bajos salarios en México. Fox dijo que aspira conseguir "un trato digno" para los ciudadanos mexicanos, y que "México busca hombres y mujeres que se capaciten y obtengan riqueza y las traigan de regreso para construir una nueva economía".
El principal asesor de Fox sobre asuntos migratorios, Juan Hernández, dijo, "necesitamos crear 1.3 millones de empleos nuevos solamente para estar al tanto con todos los nuevos integrantes de la fuerza laboral. Vemos el programa de trabajadores huéspedes como algo beneficioso para ambos países". Las remesas a México de familiares que trabajan en Estados Unidos oscilan entre 6 mil millones y 8 mil millones de dólares cada año, la tercera fuente de ingresos del exterior después del petróleo y el turismo.
En años recientes, en los que se han visto niveles relativamente bajos de desempleo y un mercado laboral limitado, muchos patrones estadounidenses --con miras a estabilizar la fuerza laboral y reducir los costos de mano de obra--, han estado haciendo llamados por que aumente el flujo de inmigrantes para que trabajen en las fábricas y en los campos.
Con la pantalla de que se trata de un programa para "legalizar a trabajadores ilegales" de México, cinco senadores estadounidenses están promoviendo un proyecto de ley de "trabajadores huéspedes". Además de permitir el ingreso, sobre una base temporal, de unos 150 mil trabajadores al año, para asegurarse un flujo constante de trabajadores para empleos temporales en los ranchos, en las plantas procesadoras de alimentos y en hoteles, su plan también propone reforzar el patrullaje de la frontera e incrementar multas y otras medidas represivas por contratar trabajadores sin documentos.
La ley vigente de trabajadores huéspedes permite el ingreso anual a Estados Unidos de unos 40 mil, en su mayoría trabajadores agrícolas. Las condiciones de vida y de trabajo que enfrentan dan una idea del objetivo de los patrones al buscar expandir el programa. En realidad, a algunas de las principales compañías silvicultoras y azucareras les han interpuesto demandas acusándolas de que a los trabajadores huéspedes no les pagan ni siquiera el salario mínimo. Unos 15 mil trabajadores, principalmente de México, vienen a Estados Unidos cada año para sembrar árboles. Pocos ganan más de 300 dólares por una semana laboral de 70 horas. Desde hace varios años, cortadores de caña en su mayoría caribeños quienes anualmente picaban caña en Florida bajo el programa gubernamental "H-2", han entablado un pleito contra algunas de las más grandes compañías azucareras --entre ellas la Florida Crystals de la familia Fanjul-- por haberles hecho trampa con unos 51 millones dólares en salarios.
Más de 100 horas semanales
Para los trabajadores indocumentados la situación es aun peor. En un caso reciente, un grupo de trabajadores chinos de la industria de la costura en Brooklyn, Nueva York, interpusieron una demanda contra los dueños de dos talleres de explotación por falta de pago de salarios, no paga del tiempo extra y por presionarlos en muchas ocasiones para que trabajaran más de 100 horas por semana.
El grupo bipartidista de legisladores que patrocina el proyecto de ley incluye a los senadores republicanos Philipp Gramm de Texas, Pete Domenici de Nuevo México, James Bunning de Kentucky, Michael Crapo de Idaho, y el demócrata Zell Miller de Georgia. Ellos viajaron a México a comienzos de enero para reunirse con Fox.
El plan de Gramm va a permitir que los participantes se queden un máximo de un año, y plantea que los trabajadores busquen empleo "principalmente, aunque no de forma exclusiva en las áreas de servicios y agrícolas". Remplazaría los impuestos que se sustraen de la paga con una cuenta de tipo "IRA" o de jubilación individual, supuestamente para financiar la atención médica. Estas cuentas serían consideradas propiedad de los "trabajadores huéspedes". Los fondos restantes al final de cada convenio anual de trabajo estarían a disposición directa de los trabajadores tras su retorno a México.
El 'programa bracero'
Las propuestas en torno a los trabajadores huéspedes han dado pie a un debate intenso, y a una reevaluación del viejo programa "bracero". El programa ayudó a las entidades agrícolas capitalistas al emplear a 5 millones de mexicanos como mano de obra temporal y barata en los campos del sudoeste y en las fábricas del sudeste durante un periodo de 22 años.
Durante la década de 1940, a los trabajadores les descontaban el 10 por ciento de sus salarios, suma que supuestamente se depositaba en cuentas de ahorros en bancos mexicanos. Sin embargo, esos fondos "desaparecieron misteriosamente", según un artículo del Dallas Morning News. Fueron pocos los trabajadores que pudieron recuperar el dinero que les correspondía. No obstante, abogados que representaron a estos trabajadores planean interponer una demanda con miras a recuperar el dinero, que se estima entre 300 millones y mil millones de dólares al agregársele los intereses.
El programa bracero terminó en 1964, luego que surgieran informes de abusos contra los trabajadores y ocurriera una serie de accidentes fatales en las granjas. Al igual que con la nueva propuesta, ese programa se prestaba para que los patrones intimidaran a los trabajadores que intentaban sindicalizarse y luchar por sus derechos. Permitió que los trabajadores mexicanos se convirtieran en presa fácil de racistas y matones derechistas, que eran parte del sistema patronal para mantener a la fuerza laboral inmigrante a raya.
Los granjeros que emplean a cantidades sustanciales de trabajadores, como los agricultores de lechuga y espárrago en el Valle Imperial de California, claman por más trabajadores agrícolas como los que un programa de trabajadores huéspedes podría brindar. Aunque a diario, unos 18 mil trabajadores mexicanos cruzan la frontera desde Mexicali, una ciudad de más de un millón de habitantes, para trabajar en el valle en la cosecha de la lechuga, que llega a su punto máximo en marzo, los dueños de las fincas más grandes dicen que necesitan más.
John Welty, vicepresidente ejecutivo de la asociación de tomateros de California, dijo, "La fuerza laboral inmigrante se ha convertido en una parte crítica de nuestro éxito en medio de la economía del boom".
Algunas organizaciones pro derechos de inmigrantes, como el Centro para los Trabajadores Agrícolas de la Frontera, con sede en El Paso, y el Proyecto Observador de la Aplicación de las Leyes sobre Inmigración, apoyan la amnistía y se oponen a la ley de trabajadores huéspedes sobre la base de que no ofrece a los trabajadores la opción de solicitar la residencia permanente. El Concilio Nacional de la Raza, grupo que aboga por los derechos de los latinos, apoya la amnistía.
Acciones contra el plan
En febrero de 2000 el Consejo Ejecutivo de la federación laboral AFL-CIO abandonó su política anterior y se pronunció a favor de la amnistía y de la abrogación de la ley que impone sanciones a los patrones que emplean a trabajadores indocumentados. Algunos grupos empresariales, como la Asociación Americana de Hoteles y Moteles, apoyan la amnistía.
En los últimos años decenas de miles de partidarios de los derechos de los inmigrantes han organizado marchas, mítines y vigilias para exigir la amnistía y plantear otras reivindicaciones. Estas acciones incluyen el foro auspiciado por la AFL-CIO en Los Angeles en junio pasado, al que asistieron unas 20 mil personas; las marchas del Primero de Mayo el año pasado, incluida la de Nueva York, que contó con la participación de varios miles; una acción de centenares realizada el 19 de mayo en Miami; otra de mil en Washington en julio; y una acción de 3 mil personas en Oakland, California, en enero último. La mayoría de estas acciones contó con la participación de contingentes sindicales.
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