
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR abril de 2001 Vol. 25 No. 04
Europa
Potencias europeas se someten a programa de 'escudo antimisiles' Describen ataques por la patronal, la migra, y trazan lecciones de luchas
Por Patrick O'Neill
Tanto las potencias imperialistas europeas como el gobierno de Rusia efectúan ajustes a sus posiciones respecto al programa Nacional de Defensa contra Misiles (NMD) de Estados Unidos tras afirmar Washington que seguirá dando pasos para desarrollarlo. Uno de los cambios más significativos lo ha dado el gobierno alemán, al ir de una actitud de preocupación en torno a una nueva carrera armamentista a mediados del año pasado hasta la aceptación condicional hoy día.
Después que un mes antes había manifestado una fuerte oposición al citado programa, Moscú cambió su línea un poco, y les ofreció a los gobiernos europeos su propia variante de "escudo antimisiles", a la vez que ha entrado en conversaciones sobre el tema con la administración de Bush. Al mismo tiempo, el presidente ruso Vladimir Putin ha expresado una aguda oposición a la expansión de la OTAN hacia el este --en dirección de Rusia--, que ha venido impulsando Washington.
Washington presiona en dos frentes
La administración de Bush sigue ejerciendo presión en dos frentes. El primero consiste en ampliar el programa NMD que inició la administración de Clinton, y con el que se justificó el sistema antimisiles como una medida necesaria ante supuestos ataques por parte de "naciones bribonas", entre las que ubican a Iraq y a Corea del norte. La nueva administración también recurre a esa cantaleta.
Los gobernantes estadounidenses esperan poder desarrollar la tecnología --destinada a destruir misiles nucleares cuando aún estén en el espacio--, de manera que les brinde la capacidad de lanzar un primer ataque sobre otros países, especialmente los estados obreros de China y Rusia.
El segundo frente lo presentó Bush al proponer "recortes profundos y quizás unilaterales de armas nucleares de largo alcance", según el New York Times, reduciendo un arsenal actual de 7 mil cabezas nucleares a 2 mil.
A excepción de París, y a pesar de sus continuas reservas, los aliados europeos de Washington se han comenzado a someter a los planes del gobierno norteamericano. "Aunque en Europa son pocos a quienes les encanta la idea [del NMD]", opinó el Wall Street Journal el 22 de febrero, "la mayoría de socios de Estados Unidos --si se deja de lado a Francia-- parece haberse resignado a [la idea de] la defensa antimisil. Alemania, reacia al comienzo, ha dejado patente que no pondrá obstáculos a los planes de Washington".
En una cumbre franco-germana en junio del año pasado, el canciller alemán Gerhard Schröder advirtió que Washington arriesgaba desatar una carrera armamentista acelerada con su programa de escudo de misiles. El presidente francés Jacques Chirac dijo que "compartía esa opinión". Desde entonces han surgido diferencias entre Berlín y París sobre ese y otros temas.
El primer ministro británico Anthony Blair viajó a Washington a fines de febrero para sostener su primera reunión con Bush. Blair estuvo a punto de ofrecer un apoyo público claro del programa de misiles. Sin embargo, según informó el londinense Financial Times el 24 de febrero, Blair "expresó optimismo... de que Estados Unidos y Rusia podrían llegar a un arreglo antes de que Washington proceda con los controvertidos planes para un sistema de defensa antimisiles". Se da por sentado que independientemente del sistema que se emplace, los sitios de radares británicos van a formar parte de él.
Tras las conversaciones, Bush afirmó que Blair le había dicho que la fuerza europea de reacción rápida que se proyectaba estaría subordinada a la OTAN, la alianza dominada por Washington. "Me aseguró que la OTAN va a servir de vía principal para mantener la paz en Europa", dijo el presidente estadounidense el 23 de febrero.
La fuerza europea planeada, iniciada por París y Londres, estará integrada por 60 mil efectivos. El propio Blair al declararse "complacido" de las palabras de Bush, dijo que dicha fuerza sólo se utilizará en "circunstancias en que la OTAN en su conjunto decida no intervenir".
A los pocos días, el secretario de defensa de Blair, Geoffrey Hoon, sostuvo que "hay operaciones de bajo nivel donde [la fuerza] podría actuar de forma autónoma", según infomó el Financial Times. Iain Duncan Smith, vocero de la defensa y miembro del opositor Partido Consevador, aprovechó la declaración para decir, "Tony Blair le ha asegurado cosas al presidente Bush que sencillamente no son ciertas".
Hasta hace poco el gobierno ruso había rechazado tanto el programa de misiles de Washington como las justificaciones políticas ofrecidas para encubrir su verdadero fin, señalando que viola los terminos del Tratado de Misiles Anti-Balísticos (ABM), firmado en 1972 entre Washington y Moscú. En un cambio divulgado de forma ruidosa, el canciller ruso Igor Ivanov dijo el 20 de febrero en una conferencia de prensa en el Kremlin, "estamos listos e interesados en comezar un dialogo directo con la administración estadounidense".
Representantes del gobierno ruso, que se reunieron con el secretario general de la OTAN Lord Robertson a fines de febrero, describieron un escudo antimisiles que los militares rusos tienen bajo consideración, y ofrecieron su protección a las potencias europeas. El Wall Street Journal opinó que el cambio de la política del Kremlin parecía basarse en "la presunción . . . de que la administración de Bush apuesta a un programa de defensa antimisiles eficaz y que está totalmente preparada para retirarse del tratado de ABM", y en "la falsa esperanza . . . [de que] Rusia puede agravar las fisuras que existen dentro de la alianza atlántica sobre la defensa antimisiles".
Putin y el tratado de ABM
El portavoz de la Casa Blanca Ari Fleischer comentó el 22 de febrero que "al presidente le agradó saber que los rusos dieron muestras de apoyo al concepto de defensa nacional antimisiles".
A pesar de ese cambio, el presidente ruso Putin no ha abandonado su defensa del tratado de ABM y ganó apoyo a su postura en una reciente visita a Corea del sur. En una declaración conjunta publicada el 27 de febrero, Putin y el presidente surcoreano Kim Dae Jung "estuvieron de acuerdo de que el Tratado [ABM] de 1972 es la piedra angular para la estabilidad estratégica y una base fundamental de los esfuerzos internacionales para el desarme nuclear y la no proliferación".
Al gobierno en Corea del sur le preocupa en particular la posición beligerante del gobierno de Bush hacia el gobierno en el norte, posición que incluye su apoyo al programa de misiles. Por su parte, el New York Times especuló que "también es posible que la crítica del señor Kim refleje una inquietud generalizada en Asia de que los planes norteamericanos de defensa antimisiles van a aislar a China al tornar inútil su diminuto arsenal nuclear".
'Una amenaza contra Rusia'
Las pláticas entre Robertson y Putin en Moscú también incluyeron los planes patrocinados por Washington para ampliar más aún a la OTAN e incluir a las antiguas repúblicas soviéticas de Lituania, Estonia y Letonia las cuales comparten fronteras con Rusia.
En la década de 1990, Moscú también se había opuesto a una expansión previa hacia el este cuando Hungría, la República Checa y Polonia fueron aceptadas como miembros. Los gobiernos de Dinamarca y Polonia se han unido a Washington al patrocinar la solicitud presentada por los tres estados bálticos.
El ingreso de estos tres países, comentó el Wall Street Journal el 22 de febrero, "permitiría que los aviones de la OTAN lleguen a sitios vitales del oeste de Rusia en cuestión de minutos". Putin dijo a Robertson que la "expansión de la unión defensiva hasta las fronteras de Rusia no se puede explicar de ninguna otra forma sino como una amenaza a Rusia".
Una semana antes, el ejército de Rusia había lanzado una serie de pruebas abiertas con bombarderos y misiles balísticos de largo alcance. Estas maniobras demostraron que "las fuerzas estratégicas rusas son capaces de superar cualquier defensa antimisil, ya sea una que exista ahora o en potencia", dijo el coronel general Valery Manilov en una ceremonia en el Kremlin. El gobierno de Japón protestó que las maniobras militares de Rusia habían violado su espacio aéreo.
Poco antes de las pruebas, el encargado de relaciones exteriores del ministerio de defensa en Moscú denunció "las insinuaciones antirusas" en "la retórica de los funcionarios de la nueva administración". El oficial ruso aludía a los comentarios del secretario de defensa norteamericano Donald Rumsfeld, quien había acusado a Moscú de contribuir a la proliferación de la tecnología de armas nucleares.
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