
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR abril de 2001 Vol. 25 No. 04
Estados Unidos
Obreros de la carne narran batalla Describen ataques por la patronal, la migra, y trazan lecciones de luchas
Por Rose Ana Berbeo
FORT MORGAN, Colorado--Tras una huelga de tres días contra el matadero Excel aquí, en la que participó la mayoría de los 1600 trabajadores de producción, varios de los sindicalistas hablaron de su acción y de la lucha que continúa con el objetivo de cambiar las condiciones intolerables que les impulsaron a irse a la huelga. La mayoría de estos obreros de la carne son oriundos de México o Centroamérica.
"La gente está más unida y más despierta", dijo Ricardo Rodríguez, un obrero del departamento de destace. "No va a ser igual que antes".
La lucha contra la compañía la precipitó un contrato de seis años propuestó por la Excel y el comité de negociaciones del Local 961 del sindicato de los Teamsters. El contrato previo, un convenio por tres años que abarcó a 1650 miembros del sindicato en la planta, venció el 25 de febrero.
Adán Morales, un trabajador que lleva casi siete años en la planta, explicó que la oferta de contrato incluía un aumento de $2.00 en seis años, la duplicación de la cantidad deducible del pago de seguro para una familia a $600 por año, la eliminación del pago de horas extras en días feriados a menos que se trabajaran 40 horas en la planta, y tres semanas de vacación después de ocho años de empleo. Los trabajadores rechazaron esa propuesta con un voto de 917 a 59 el 25 de febrero.
Voto a favor de huelga
"Después del voto, la gente dijo, '¡No trabajen! Si estamos unidos, vamos a ganar algo'", dijo Morales.
"Le pedimos al presidente de la unión que llamara al presidente de la compañía para que negociara, si no nos íbamos a la huelga", dijo Enrique Soto, quien ha laborado en la planta desde 1992. Se tomó un voto de mano alzada y la mayoría decidió irse a la huelga, a pesar de la oposición expresada por el presidente del Local 961 Douglas Whetstine, dijo Soto.
Los trabajadores dijeron que la protesta en el trabajo en realidad empezó el día anterior, cuando el segundo turno de los obreros de destace y del matadero no fueron a trabajar el sábado, 24 de febrero. Estaban enojados por la oferta de contrato de seis años y estaban seguros de que la compañía no pagaría el tiempo extra por el sábado, ya que los patrones habían mandado a los trabajadores a sus casas después de un apagón de varias horas esa semana. Según los trabajadores, ya la compañía había utilizado la misma jugarreta de no pagar las horas extras del sábado.
Después de la reunión en la que los trabajadores decidieron salir en huelga, los alguaciles arrestaron a Morales y a Soto en sus casas sin orden judicial, deteniéndolos toda la noche hasta el mediodía el día siguiente, dijo Morales. Añadió que a Soto ni siquiera le informaron de sus derechos, y no dejaron que ninguno de los dos hiciera una llamada telefónica. Según Morales, el sheriff del condado de Morgan les dijo que Whetstine había presentado contra ellos cargos de delitos menores de hostigamiento y de incitar a disturbios.
"Pensaron que iban a asustar a la gente y que no iban a salir en huelga, pero fue lo opuesto", dijo Soto. "La gente estaba enfurecida, porque Adán y yo no éramos culpables de nada, no más éramos trabajadores que defendían sus derechos".
"Dijeron que yo los estaba incitando, pero yo sólo era un vocero que repetía lo que la gente estaba diciendo", agregó Morales.
A las 4:00 de la madrugada del día siguiente, unos 600 trabajadores se reunieron en medio de un frío penetrante frente a la entrada de la planta. Al coro de "¡Sólo tres años!" llevaban carteles en inglés y español en que se leía, "Alto a la injusticia en la planta" y "¡Fuera Abel Carrerra y Billy Martínez!", dos de los gerentes más odiados en la planta. En menos de media hora los huelguistas donaron 2 mil dólares para pagar las fianzas de Morales y Soto.
Los dos turnos, unos 1200 trabajadores de producción, más los trabajadores de mantenimiento, se mantuvieron en huelga por dos días; en total casi 400 cruzaron las líneas de piquete, según los trabajadores. Dijeron que la planta estaba tan desolada que los supervisores incluso fueron a conseguir los autos de sus familiares y amigos para tratar de hacer que el estacionamiento se viera lleno.
La compañía llamó a los trabajadores a sus casas, diciéndoles que los iban a despedir si no regresaban a trabajar. Los trabajadores también recibieron cartas el 27 de febrero en que los amenazaba con recortarles el salario y las prestaciones de seguro, alegando que se trataba de "Una huelga salvaje ilegal".
"Escuchamos por varias fuentes que la compañía perdió 3 millones de dólares sólo el primer día", dijo Enrique Chávez, un trabajador de destace. "Oímos que los supervisores iban a perder sus bonos de producción, que llegan hasta los 10 mil dólares".
Los funcionarios del Local 961 de los Teamsters rehusaron apoyar la huelga, ya que, según le dijo Whetstine al diario Fort Morgan Times, "Esta huelga es ilegal. No está sancionada por el Local 961 y ya se les dijo a los trabajadores ayer".
Ya en la tarde del lunes, la compañía les indicó a los trabajadores que quería negociar.
En la línea de piquete los trabajadores eligieron a un comité de ocho, entre ellos Morales y Soto, que representó a todos los departamentos y ambos turnos.
Los huelguistas prepararon un pliego de 14 demandas para presentárselo a la compañía. Entre las demandas se incluía un contrato por tres años con un mejor aumento salarial; el rechazo de las horas extras obligatorias; el que la velocidad de la línea de producción dependiera del número de trabajadores en la línea cualquier día dado; que se garantizara que en todo momento hayan dos representantes del sindicato en el piso de producción; un deducible de seguro máximo de 200 dólares por año por familia; y el fin de tratos abusivos contra los trabajadores.
Cuando el 27 de febrero los funcionarios del sindicato aceptaron incluir a tres de los representantes elegidos en el comité de negociacion del sindicato que se reuniría con la compañía, los trabajadores decidieron retornar a sus labores. Morales dijo que esa noche Whetstine les ofreció disculpas a él y a Soto y les dijo que iba a retirar las acusaciones.
Aprueban contrato
En negociaciones que incluyeron a un mediador federal, la compañía presentó como oferta final un contrato de cinco años casi idéntico al que habían rechazado los trabajadores el 25 de febrero, dijo Morales. La compañía amenazó con cerrar la planta si el sindicato no aceptaba su ultimátum, añadió.
"Ignoraron nuestras demandas", dijo Morales.
"Nuestro error más grande fue regresar a trabajar", opinó Soto. "Les tuvimos confianza cuando dijeron que querían negociar. ¿Por qué diablos regresamos?"
Aunque la compañía no tomó represalias contra los trabajadores que participaron en la huelga, los supervisores intentaron intimidar a los trabajadores durante la semana para que aprobaran la nueva oferta de la compañía, según dijeron los trabajadores.
Campaña de intimidación patronal
La compañía pegó carteles por toda la planta con el logotipo del sindicato en que se leía, "¡Vota Sí!" y los supervisores dijeron a los trabajadores que si aprobaban el contrato, recibirían un aumento de 60 centavos inmediatamente.
El voto en torno a la última oferta de la compañía se celebró el 10 de marzo. El contrato fue aprobado por 300 a 216.
"La gente decía, 'si el contrato no se aprueba, ¿entonces qué?'" dijo Morales. "Todos decían, 'salgamos en huelga', pero el presidente de la unión dijo que aunque hiciéramos una huelga legal, no podríamos impedir que la compañía usara rompehuelgas".
Mucha gente se paró y dijó, 'Yo he participado en huelgas en California, y cuando la gente se une en una huelga legal, nadie puede cruzar a trabajar'", dijo Morales. A pesar de eso, mucha gente sentía que no tenía opción, y por eso aprobaron el contrato, dijo. "La gente siente como que se les impuso el contrato, a nadie le gusta", dijo Soto.
Los trabajadores observaron que la compañía había cancelado los turnos del departamento de matanza el viernes antes del voto y el de destace del lunes. Muchos trabajadores dijeron que creían que la compañía lo había hecho para no tener reses que procesar en caso de que los trabajadores decidieran salir de nuevo en huelga.
Aunque ningún trabajador había sido despedido o suspendido por participar en la huelga, los trabajadores esperaban represalias de la compañía.
"No tomaron medidas, porque estaban esperando que el contrato pasara", dijo Soto. "Si corren a uno, nos vamos todos", añadió. "La compañía aprendió que para hacer una injusticia ahora va a tener que pensarlo dos veces. Que la gente puede juntarse otra vez".
Los trabajadores describieron condiciones insoportables en la planta, donde sacrifican y procesan 2300 reces cada turno. La velocidad de la línea es uno de los principales problemas, que ha ido desde 250 vacas por hora un año atrás, hasta 310 por hora. A los trabajadores les exigen que hagan la misma cantidad de trabajo, no importa si todas las plazas están ocupadas cada día.
"Hacen el mismo trabajo con tres trabajadores que con siete", dijo Chávez. "Si uno se queja, le dicen, ahí está la puerta".
Los trabajadores describieron discriminación por parte de la compañía, ya que los patrones tienen preferencias con los blancos nacidos en Estados Unidos, aunque la mayoría de los supervisores son latinos.
A muchos trabajadores los obligan a trabajar lesionados. Si a alguien lo asignan a "trabajo ligero", la empresa "le hace la vida imposible", haciéndoles trampa con las horas y hostigándolos por la planta para que hagan tareas sucias y pesadas que no deberían de estar haciendo, dijo Orlin Acosta, de 24 años de edad y que ha trabajado en el destace por seis años.
Acosta tuvo tres intervenciones quirúrgicas en su muñeca izquierda al haberle caído encima la pata de una res y al negarse la compañía a enviarlo a un médico por dos semanas. A Morales lo operaron dos veces en la muñeca, y ha perdido el movimiento en ambas manos.
Paro laboral en 1998
Soto, Morales y otros trabajadores dijeron que no habían tenido experiencia anterior con huelgas ni con sindicatos. Sin embargo, los trabajadores de la planta habían realizado un plantón por dos días en mayo de 1998, para protestar el hecho que la compañía no quiso pagar las horas perdidas durante una fuga de amoníaco en la planta, tras la cual decenas de trabajadores fueron hospitalizados.
En esa ocasión, tras demorarse varias horas en evacuar a la gente, la empresa ordenó a los trabajadores del turno del día que esperaran por horas mientras los jefes arreglaban la fuga de amoníaco, y a los trabajadores del segundo turno no los llamaron para avisarles que la producción estaba suspendida. Muchos de los trabajadores tienen que viajar hasta una hora de los pueblos vecinos de Greeley y Sterling para llegar al trabajo.
Cuando los trabajadores del segundo turno recibieron sus cheques la semana siguiente y vieron que la compañía no les había pagado las horas perdidas, realizaron un plantón en el comedor y rehusaron trabajar hasta que les pagaran. Después de una hora, la empresa dijo a los trabajadores que estaban ahí ilegalmente y llamó a la policía, la cual llevó perros e incluso roció a varios trabajadores con líquido de pimienta. No obstante, los trabajadores ocuparon el comedor hasta el fin del turno.
Al día siguiente, los trabajadores del turno de la mañana ocuparon el comedor a la hora del almuerzo y rehusaron retornar al trabajo porque la empresa no les había entregado los cheques a tiempo. El gerente les dijo a todos que estaban despedidos, e hizo como si retiraba los expedientes de los trabajadores de la oficina de personal, pero nadie se movió.
Finalmente, la empresa aceptó negociar con cuatro representantes elegidos por los trabajadores y terminó pagando a ambos turnos las cuatro horas perdidas por la fuga de amoníaco. No obstante, la empresa rehusó pagar los costos de hospitalización de los trabajadores lesionados debido a la fuga, entre ellos una mujer que sufrió un aborto.
Los trabajadores también describieron una redada que la migra había realizado dos años atrás, donde la empresa incluyó una nota con el cheque de unos 50 trabajadores, pidiéndoles que asistieran a una reunión sin especificar el motivo. Una vez que los trabadores estuvieron en la sala, les cerraron la puerta y los policías de inmigración se presentaron y deportaron a esos trabajadores.
Rose Ana Berbeo es una trabajadora de la industria de la carne en St. Paul, Minnesota.
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