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abril de 2001 Vol. 25 No. 04

Medio Oriente

Washington agrede al pueblo iraquí con bombas de racimo

Por Brian Williams

Aviones de guerra norteamericanos dejaron caer 28 bombas de racimo --cada una de las cuales está equipada con 145 minibombas incendiarias de tipo antipersonal y contra equipo blindado-- como parte del ataque de Washington contra Iraq el 16 de febrero. La gran mayoría de las bombas, lanzadas en las afueras de Bagdad, la capital, no dio en sus supuestos objetivos, aunque el Pentágono insistió en un principio que los proyectiles dirigidos por satélite acertaban con una precisión total.

Estos hechos sólo salieron a la luz el 26 de febrero en la edición electrónica del Washington Post, en un artículo por William Arkin, un ex analista y asesor de espionaje militar. La edición impresa del periódico no incluyó el artículo, a la vez que otros medios de difusión capitalistas han ocultado que Washington usa tales bombas.

El gobierno de Bush también envió al secretario de estado Colin Powell al Medio Oriente, con el propósito de explicar a los regímenes de la región las decisiones del gobierno estadounidense de ajustar las sanciones contra Iraq: modificaciones hechas con el objetivo de cerrar las fronteras y controlar la salida y entrada al país tanto de mercaderías como de personas.

Sin 'objetivo real'

Aarkin explicó que las bombas de racimo son armas antipersonal y no tienen "un objetivo real" propiamente dicho. Al igual que las bombas utilizadas por Washington en su ataque contra el pueblo de Iraq hace una década, las que cayeron el 16 de febrero "matarán y lesionarán a civiles inocentes por años", escribió.

La selección de bombas de racimos por parte de Washington recalca el carácter de la agresión como un ataque brutal contra el pueblo de Iraq. Por distintas vías --desde las sanciones impuestas en 1990, hasta el bombardeo y la invasión de seis semanas, hasta la masacre de trabajadores y agricultores que se retiraban de Kuwait en el camino a Basora, hasta el entierro en las trincheras de las tropas iraquíes que se rendían--, el imperialismo estadounidense ha buscado doblegar al pueblo iraquí y arrebatarles su soberanía nacional.

Arkin explicó que el armamento usado en el bombardeo, "del que hasta el momento los medios de prensa estadounidense han hecho caso omiso, es muy probable que resulte ser algo controvertido". El arma, que por sus iniciales en inglés se denomina JSOW, "fue usada en combate por primera vez en Iraq el 25 de enero de 1999, cuando aviones Hornets F-18 del Cuerpo de Infantes de Marina dejaron caer tres bombas sobre un puesto de defensa aérea", reportó Arkin. El arma de mil libras y 14 pies de largo --cada una con un costo de por lo menos 250 mil dólares-- dispersa las bombas más pequeñas sobre un área de aproximadamente 200 pies de largo y 100 pies de ancho. En el ataque del 16 de febrero, los aviones estadounidenses dejaron caer 28 JSWO, así como bombas guiadas por láser. El Pentágono ha informado que 26 de las 28 JSWO no dieron en su "objetivo".

Estas bombas, que portavoces del Pentágono describen como "armamentos guiados a precisión", pueden ser lanzados desde una distancia de 40 millas náuticas y desde 20 mil pies de altura. Después, a 400 pies de la superficie, las bombas más pequeñas se esparcen. Seis de esas bombas caen en cada área de mil pies cuadrados.

El artículo del Post añade, al desgajarse de la bomba principal, las bombas internas, "cada una del tamaño de una lata de refresco, sencillamente cae a merced del viento. Casi siempre, unas cuantas caen fuera del punto central de la principal área de concentración que es del tamaño de un campo de fútbol. En promedio, un 5 por ciento no explota. Esas bombas sin explotar son altamente volátiles en tierra".

Seguirán matando por años

Washington uso un tipo similar de bombas de racimo durante su ataque contra Iraq durante la Guerra del Golfo en 1990-91. Hasta la fecha civiles iraquíes continuan muriendo y resultan seriamente heridos por estas bombas que no explotan pero que después son detonadas al contacto. Un informe de la agencia francesa de prensa (AFP) describió el 20 de febrero que una de estas bombas lesionó a un pastor cerca de Nasiriyah en el sur de Iraq. Cinco días antes, Reuters informó que dos niños en el oeste de Iraq, que también atendían un rebaño de ovejas resultaron lesionados al explotar otra de estas bombas. La AFP tambien reportó el 9 de febrero que un niño fue muerto y otros seis fueron heridos por similares submuniciones cerca de Basora.

"Recientemente, ingenieros de la Fuerza Aérea estadounidense en Kuwait encontraron una bomba CBU87 (de racimo) completa sin explotar en una base aérea que había sido atacada durante la Guerra del Golfo", escribe Arkins. "El arma aparentemente no funcionó bien y se abrió al hacer contacto, enterrando las submuniciones hasta seis pies de profundidad en el área. Para destruirlas en el sitio, se tuvo que construir una serie de barreras de diez pies de altura dentro de un cordón de seguridad de 700 pies de ancho".

Después de inicialmente haber presentado una evaluación radiante de su ataque bombardero del 16 de febrero contra Iraq, oficiales del Pentágono admitieron días después que la mayoría de las bombas lanzadas por los aviones de guerra estadounidenses habían caído en promedio a unas 100 yardas de sus objetivos. El Pentágono sostuvo que su objetivo eran 25 componentes de estaciones de radar iraquíes, pero confirmó daños en sólo ocho de tales objetivos.

"Aunque la mision buscaba 'degradar', no destruir las defensas aéreas iraquíes, lo único que se degradó fue la reputación de precisión de la tecnología de nuestra fuerza aérea", se quejó el columnista del New York Times William Safire en un comentario publicado el 26 de febrero.

Los aviones de guerra estadounidenses continúan bombardeando puestos en Iraq. Seis días después del bombardeo cerca de Baghdad, lanzaron misiles contra objetivos en la "zona de exclusión aérea" en el norte de Iraq.

Reforzando las sanciones

El secretario de estado estadounidense Colin Powell insistió en una entrevista para la CNN el 12 de febrero que la política de una decada de Washington, que consiste en sanciones económicas y ataques militares constantes por aviones de guerra estadounidenses que patrullan la zona de exclusión aérea sobre el espacio aéreo iraquí, es realmente de carácter humanitario. "Lo que tenemos que hacer es asegurarnos que le sigamos diciendo al mundo que no estamos contra el pueblo iraquí", aseguró cínicamente.

Powell condujo una gira por seis naciones del Medio Oriente entre el 24 y el 27 de febrero, con escalas en Egipto, Israel, los territorios ocupados, Kuwait, Arabia Saudita, Jordania y Siria. Discutió con líderes de los régimenes árabes propuestas para renovar y revigorizar la política de sanciones de Washington contra Iraq. En un títular del Financial Times se leía, "EE. UU. endurece línea sobre violaciones de sanciones petroleras contra Iraq".

Un artículo del 25 de febrero del New York Times se refirió a las recientes señales de desgaste de las sanciones, señalando que por lo menos "una docena de países ha roto el embargo aéreo al volar aviones pertenecientes a sus aerolíneas nacionales hacia Baghad, y tres, Egipto, Jordania y Siria han comenzado vuelos programados". Varios días antes de la visita de Powell a Egipto, las autoridades de Cairo y Baghdad firmaron un acuerdo para reforzar sus vínculos de transporte.

Washington intenta minar las críticas que surgen del impacto desvastador que tienen las sanciones sobre el pueblo iraquí, a la vez que toma medidas para afirmar su control sobre el petróleo y el resto de las principales importaciones y exportaciones iraquíes. El Washington Post informó de la opinión de Powell, de que las nuevas propuestas norteamericanas "fortalecen las principales sanciones al plantear la idea de que los países que las violen enfrentaran verdaderos castigos".

"Por ahora las consecuencias tienen menos credibilidad porque las cosas están, debo decirlo, en un estado de desorden", dijo el secretario de estado.

A cambio de un acuerdo sobre sanciones más eficaces, Washigton dijo que estaría dispuesto a discutir renovar la lista de productos que Naciones Unidas prohibe o restringe su venta a Iraq. Actualmente cerca de 1600 contratos con un valor estimado a 3 mil millones han sido suspendidos por objeciones, muchas de parte de Washington.

Powell recibió apoyo para el plan de varios gobiernos. El presidente sirio Bashir Assad aceptó depositar fondos iraquíes, generados de la venta de petróleo que envía a través del recientemente reabierto oleoducto en Siria bajo control de la ONU, negando a Baghdad cualquier beneficio de las exportaciones petroleras.

En Ciudad de Kuwait se unieron a Powell el expresidente George Bush y Norman Schwartzkopf, el comandante norteamericano en la Guerra del Golfo, y la ex primera ministra británica Margaret Thatcher, para una ceremonia oficial que marcó el final de la brutal ofensiva hace diez años.

En Cairo, Powell también habló con el canciller ruso Igor Ivanov. A Moscú le preocupan las recientes declaraciones de altos oficiales de la administración de Bush que representan un aumento de las amenazas contra Rusia. A mediados de febrero, el secretario de defensa estadounidense Donald Rumsfeld dijo de que Rusia era "parte del problema". Recientemente Condoleezza Rice, la asesora de seguridad nacional de Bush, dijo que Rusia era "una amenaza para Occidente en general y para nuestros aliados europeos en particular".

Entre tanto, el servicio de inteligencia federal de Alemania emitió un informe a fines de febrero, alegando que el régimen iraquí podía tener la capacidad de lanzar armas nucleares en la región del Medio Oriente en cuestión de tres años. La agencia de la policía secreta alegó también que Baghdad podría tener la capacidad de alcanzar a Europa con misiles en un plazo de cinco años.

El Wall Street Journal informó el 26 de febrero que "expertos israelíes en armamentos respondieron con cierto escepticismo a dicho informe. "Tiene mucho que ver con la política interna norteamericana", dijo Yiftah Shapir, un experto en armamentos del Centro de Estudios Estratégicos Jaffee de la Universidad de Tel Aviv. Arguyó en cambio que Iraq necesitaría otra década para producir armas nucleares.


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