Perspectiva Mundial
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UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
marzo de 2001 Vol. 25 No. 03

Francia

Francia: acciones defienden edad de retiro
Trabajadores responden a ataque patronal con movilizaciones de masas

Trabajadores de Val-de-Marne el 25 de enero
(Nat London/Perspectiva Mundial)
Trabajadores de Val-de-Marne el 25 de enero. Exigen que se mantenga edad de retiro en 60 años, y pensión total después de cotizar por 37 años y medio.

Por Nat London y Derek Jeffers

PARIS--Cientos de miles de trabajadores se movilizaron por todo el país para enviar un sólido mensaje en defensa de la edad de jubilación vigente a la principal confederación patronal. Los paros y mítines tenían en su mira los intentos del Movimiento de las Empresas de Francia (MEDEF) de suspender los pagos al fondo suplementario de jubilación, que cubre las pensiones de trabajadores entre los 60 y 65 años de edad, poniendo a millones de trabajadores jubilados en posición de rehenes.

La confederación patronal exige que los sindicatos acepten que se aumente de 40 a 45 el número de años que un trabajador en el sector privado debe haber cumplido en un trabajo para poder jubilarse. Para la mayoría de los trabajadores eso elevaría la edad de jubilación de 60 a 65 años.

La respuesta a los patrones la dieron el 25 de enero unos 300 mil trabajadores, quienes salieron a las calles de París, Marsella, Toulouse y otras 75 ciudades. Los paros suspendieron el transporte público en Lille, Lyon, Nantes, Rennes, Estrasburgo y Toulouse. La Air France se vio obligada a cancelar todos sus vuelos cortos e intermedios la mayor parte del día. La producción se suspendió completamente en varias de las plantas automotrices de la Renault.

Trabajadores públicos y privados

Notablemente, las acciones unificaron a trabajadores del sector privado con trabajadores del sector público. Un gran número de trabajadores de oficinas se manifestaron por primera vez, haciendo que la prensa capitalista comentara sobre el parecido con las etapas iniciales de las huelgas que estremecieron al país a finales de 1995. En aquel conflicto se derrotaron los esfuerzos de los patrones de aumentar la edad de jubilación de los trabajadores del sector público y de minar seriamente el sistema de salud pública.

En la víspera de las acciones del 25 de enero, Ernest-Antoine Seillière, presidente de MEDEF, a quien el pueblo trabajador le guarda un odio particular y llaman "el patrón de los patrones", instó sarcásticamente a "aquellos manifestantes que sean jóvenes y estén empleados en el sector privado a llevar una bandera en sus manos", implicando que su número sería fácilmente superado por el de trabajadores jubilados y de empleados estatales quienes se preocupan sin la debida causa.

Sin embargo, después de las acciones, la MEDEF se halló a la defensiva, viéndose obligada a retraerse un poco. Seillière dijo en una entrevista de radio que en particular le pareció "impresionante el carácter de los contingentes, su seriedad, su calma y su dignidad". Se retractó de la demanda de los patrones de que sólo se otorgue pensión completa después de 45 años de trabajo. "Quizás fue un error anunciar el programa en su totalidad", dijo, y declaró que estaba preparado a aceptar inicialmente una cifra menor. Sostuvo que estaba "realmente escandalizado de que actualmente haya cientos de miles de franceses que ya han trabajado 40 años y que aún no cumplen los 60 años, y que no tienen derecho a jubilarse". Seillière declaró que estaba dispuesto a reunirse de nuevo con los sindicatos, con tal de que presenten nuevas propuestas.

El jefe de MEDEF se vio obligado a reconocer el hecho que el 78 por ciento de la población apoyó las manifestaciones, según encuestas realizadas el 25 y 26 de enero, y de que hubo dudas entre los propios patrones. Otras dos confederaciones patronales que representan a compañías pequeñas y empresarios independientes, cuestionaron abiertamente la sensatez de la estrategia de confrontación de Seillière, aunque reafirmaron que comparten la meta de aumentar la edad de jubilación.

"Estamos a favor del diálogo, no a favor de destruirlo todo", dijo Jacques Freidel, presidente de la Confederación General de la Pequeña y Mediana Empresa (CGPME). "Queremos llegar a un acuerdo, por eso no deseamos echarle leña al fuego ni meternos a un callejón sin salida". Sin embargo, el líder de MEDEF insistió que el incremento de la edad de jubilación era inevitable.

Los obreros de la planta de partes de automóvil de la Renault en el suburbio parisino de Choisy-le-roi no esperaron a que dieran las 2:00 p.m., hora en que oficialmente comenzaba el paro convocado por tres sindicatos. A las 11:30 de la mañana los trabajadores comenzaron a dirigirse a los portones de la planta. Más del 85 por ciento del turno de la mañana abandonó el trabajo, y unos 75 trabajadores fueron a París a participar en la manifestación esa tarde.

Más de 400 trabajadores de la construcción, casi toda la fuerza de trabajo de la compañía constructora Sicra, participaron en la acción. Los trabajadores, en su mayoría inmigrantes de Africa y en particular del Maghreb, decidieron hacer un paro de 24 horas "al oír que querían sabotearnos la jubilación", dijo uno de ellos. Hubo delegaciones de la planta de ensamblaje de autos de la Peugeot en Poissy, la de la Citroën en Aulnay-sous-bois, y la de la Renault en Flins. Los trabajadores de equipo eléctrico pesado de la compañía Alstom también estuvieron presentes, lo mismo que hubo contingentes de trabajadores ferroviarios, de la Air France y maestros.

Marc Kinzel, un trabajador marítimo del puerto de Marsella dijo durante una entrevista telefónica que la protesta en esa ciudad había sido la más grande desde 1995. Según los diarios locales, participaron unos 50 mil trabajadores. Kinzel formó parte de un grupo de unos 1500 estibadores y trabajadores de astilleros, quienes protestaron al lado de fuertes contingentes de trabajadores del transporte público y obreros de SOLLAC, una de las plantas siderúrgicas más grandes de Francia.

"Me parece", dijo Bernard, trabajador automotriz de la planta de la Peugeot en Poissy, "que MEDEF atacó solamente la edad de jubilación de los trabajadores en el sector privado esperando que los trabajadores del sector público no acudirían en su ayuda. Es lo que hicieron en 1993, y entonces les funcionó". Al ver los distintos contingentes en la acción, Bernard --a quien le queda un año para jubilarse--, dijo, "Parece que esta vez no van a tener éxito. Hoy se siente más la unidad entre los trabajadores de los sectores público y privado".

"La participación sorprendentemente fuerte de trabajadores del sector privado", declaró el diario Le Monde en un artículo de primera plana, "ha minado el principal argumento de MEDEF, que se basaba en los intereses opuestos de los trabajadores de los sectores público y privado".

Los patrones y el gobierno han aprovechado una y otra vez las diferencias entre los trabajadores de ambos sectores para dar impulso a sus ataques contra el salario social, los derechos democráticos y las condiciones de trabajo. A los trabajadores del sector privado los hicieron retroceder en los años ochenta los recios ataques por parte de los patrones. Estos cerraron minas de carbón y astilleros, dejaron cesantes a muchos trabajadores portuarios, y reestructuraron plantas automotrices y siderúrgicas.

Los grupos fascistas comenzaron a actuar públicamente, fomentando divisiones entre trabajadores nacidos aquí e inmigrantes. En 1995, el plan Vigipirate, instituido por el gobierno para combatir el supuesto "terrorismo islámico", ahondó esas divisiones. Policías y soldados portando ametralladoras detenían y cacheaban regularmente a los trabajadores inmigrantes en las calles.

En 1993, el entonces recién electo gobierno conservador intentó utilizar el repliegue de los trabajadores del sector privado como punto de apoyo para desatar ataques que iban más allá de la simple "reestructuración". Comenzaron a atacar el salario social y los derechos de los 5.5 millones de trabajadores del sector público que trabajan en importantes sectores, como los ferrocarriles, los servicios de gas, electricidad, teléfonos y correos, armamentos y astilleros navales militares, lo mismo que los maestros, y los trabajadores de hospitales y aeropuertos.

El salario social es particularmente importante en Francia. Un trabajador de la Renault, por ejemplo, recibe como paga neta sólo el 40 por ciento del total de costos de mano de obra con que contribuye su patrón. El resto se paga a fondos nacionales que cubren la atención médica, los costos de desempleo y jubilación, la ayuda familiar y la construcción de viviendas públicas.

Ataques de patrones y gobierno

En 1993 el gobierno y los patrones lograron incrementar el número de años de trabajo necesarios para obtener jubilación completa en el sector privado sin que hubiera respuesta de los trabajadores o sus sindicatos. Sin embargo, los esfuerzos subsecuentes del gobierno conservador para privatizar la Air France, crear un salario submínimo para jóvenes, congelar los salarios, elevar la edad de jubilación de los trabajadores del sector público, y desmantelar el sistema de salud pública, han sido derrotados por la decidida resistencia obrera. El punto culminante de estas luchas lo constituyeron las huelgas encabezadas por los trabajadores ferrocarrileros, en diciembre de 1995, contra la campaña del gobierno de Alain Juppé, dirigente del partido conservador Adhesión por la República (RPR), diseñada a elevar la edad de jubilación. El movimiento de masas de 1995 involucró a pocos trabajadores del sector privado de la industria y a pocos inmigrantes.

Los patrones siguieron asestándoles golpes a los 14.5 millones de trabajadores del sector privado durante la década de 1990, ayudados por las presiones generadas por los altos niveles de desempleo. Los trabajadores del sector público, quienes no pueden ser despedidos salvo en casos excepcionales de violaciones de disciplina, fueron menos vulnerables a estas presiones.

Entre 1996 y 1999, el número de trabajadores en empleos temporales se multiplicó en más del doble, alcanzando el medio millón. Además, entre 1982 y 1999 se triplicó el número de trabajadores con contratos limitados --con plazos que iban desde unas cuantas semanas hasta 18 meses--, alcanzando la cifra de 892 mil.

El peso de los trabajadores con contratos temporales es particularmente fuerte en el área industrial, donde su porcentaje es el doble del de la fuerza laboral en general. En la industria automotriz, por ejemplo, representan el 8.7 por ciento del total de empleados y a menudo la mitad de los obreros en las líneas de ensamblaje.

Los trabajadores en la industria privada recibieron otro duro golpe al aprobarse nuevas leyes que supuestamente reducen la semana laboral a 35 horas. Esto no se ha aplicado aún a trabajadores en el sector público.

La puesta en vigor de estas leyes se ha negociado de compañía en compañía, dejando a los trabajadores en muchas empresas con una débil correlación de fuerzas, haciéndoles más vulnerables que otros. Aunque las leyes han resultado en una leve reducción de la semana laboral, su principal objetivo es dar a los patrones la capacidad de imponer "flexibilidad de labores" en cuanto a turnos y horas de trabajo.

Competencia interimperialista

A pesar de haber logrado asestarles duros golpes a los trabajadores, la organización patronal juzga que "por 10 años, Francia ha perdido terreno con relación a sus competidores europeos", dijo Seillière el 24 de enero. Para tratar de recuperar parte del terreno perdido, MEDEF ha tomado la ofensiva política para demandar concesiones de los sindicatos. El gobierno de Juppé perdió las elecciones legislativas de 1997 frente a una coalición encabezada por el Partido Socialista, que incluía al Partido Comunista Francés y a los Verdes. El partido Adhesión por la República aún no se ha recuperado de su derrota y los partidos de derechas también son toda una confusión.

Hace un año, MEDEF lanzó una campaña de "refundación social", que buscaba reducir el salario social e incluía el aumento de la edad de jubilación. "En pocas palabras, estamos estancados", dijo Seillière a una comisión del Senado en la víspera de las acciones obreras. "Nuestras debilidades estructurales nos están aplastando. La habilidad de competir de Francia exige que se logren avances sólidos".

El 25 de enero, la policía anunció que iba a reactivar el plan Vigipirate después de la explosión de una bomba que se le atribuyó a un grupo nacionalista corso.

Nat London es miembro de la Central General de Trabajadores en la planta automotriz de la Renault en Choisy-le-roi. Derek Jeffers trabaja en una línea de ensamblaje de autos y es miembro de la CGT en la planta automotriz de la Peugeot en Poissy.


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