
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR febrero de 2001 Vol. 25 No. 02
Editorial Pathfinder
'Un terreno fértil: Che y Bolivia' Introducción a nuevo libro, un relato testimonial de Rodolfo Saldaña
Por Mary-Alice Waters
[A continuación reproducimos la introducción de Mary-Alice Waters a Un terreno fértil: Che Guevara y Bolivia, Un relato testimonial por Rodolfo Saldaña. Después de la introducción reproducimos extractos del libro, el cual consiste de una entrevista con el revolucionario boliviano Rodolfo Saldaña (ver páginas 21-25).
[Saldaña se unió a Ernesto Che Guevara, uno de los principales dirigentes de la revolución cubana, en el frente revolucionario que Guevara dirigió en Bolivia en 1966-67. Mary-Alice Waters, presidenta de la editorial Pathfinder, y Michael Taber, uno de los redactores de Pathfinder, realizaron la entrevista en La Habana en abril de 1997.
[La edición en inglés de Pathfinder se publicará al mismo tiempo que una edición en español de Editora Política, y se lanzarán en un evento especial en la Feria Internacional del Libro de La Habana en febrero.
[Reproducido con autorización; derechos reservados © 1999, 2001 Pathfinder Press.]
Porque esta gran humanidad ha dicho
"¡Basta!" y ha echado a andar.
4 de febrero de 1962
Segunda declaración de La Habana
El triunfo de la Revolución Cubana no fue un suceso aislado. Fue parte de una ola creciente de luchas antiimperialistas por toda América, luchas que a su vez sacaron nuevas fuerzas del ejemplo de los trabajadores y campesinos de Cuba. Las convulsiones que marcaron la lucha de clases en Bolivia desde la década del cincuenta hasta los años setenta ofrecen una notable confirmación de esta realidad.
El primero de enero de 1959, el dictador Fulgencio Batista, quien contaba con el respaldo de Washington, huyó de Cuba ante el avance del Ejército Rebelde y la propagación de una insurrección popular. La guerra revolucionaria librada por el Ejército Rebelde por dos años, y comandada por Fidel Castro desde su base en la Sierra Maestra, llegó a su fin. Los millones de trabajadores y campesinos de Cuba asumieron control de su futuro. Nació el Primer Territorio Libre de América.
La victoria popular sobre la dictadura y la acelerada transformación revolucionaria de la sociedad cubana fueron como un toque de clarín que resonó desde Tierra del Fuego hasta el Río Bravo y aún más lejos.
Los hombres y mujeres comunes y corrientes de Cuba resistieron tenaz y exitosamente la furia de la reacción del imperialismo norteamericano, y demostraron en la práctica, según lo proclamó la Segunda declaración de La Habana, "que la revolución es posible".
Con sus acciones captaron a nuevas generaciones de jóvenes, decididos a emular lo que el pueblo cubano había hecho, y dieron ímpetu a las batallas por la tierra, por la soberanía nacional y contra la brutalización del trabajo, que ya se iban profundizando a lo largo y ancho de Sudamérica.
Como dijo Fidel Castro ante una concentración celebrada en la cuna de la revolución en la sierra de Cuba oriental el 26 de julio de 1960, la revolución estaba tornando a ese país en "el ejemplo que convierta a la cordillera de los Andes en la Sierra Maestra del continente americano".
La Revolución Cubana, su capacidad de resistencia y su peso en la política mundial pueden comprenderse únicamente en el marco amplio de los siglos XX y XXI, en los cuales Cuba ocupa la posición más avanzada que se ha establecido y mantenido en las crecientes luchas de liberación nacional que se aceleraron tras la Segunda Guerra Mundial.
La crisis global de la Gran Depresión provocó profundos cambios económicos y sociales en la tierra y en el tamaño y estructura de la clase trabajadora a nivel internacional. El capital financiero internacional logró salir de esa crisis sólo gracias a la expansión de la producción alimentada por la guerra, destinada a la matanza imperialista, y a la bonanza de la reconstrucción de la posguerra. Estos cambios --causados por la depresión y la guerra-- en el campo y la ciudad en todo el mundo, dieron un ímpetu poderoso a los movimientos antiimperialistas en los países coloniales y semicoloniales desde Indonesia, Vietnam, India e Irlanda hasta el Medio Oriente, prácticamente en todo el continente africano y las Américas.
Este avance mundial de las batallas de liberación nacional también cobró expresión dentro de Estados Unidos. Un auge proletario de masas de los negros norteamericanos derribó el racismo institucional de la segregación racial conocida como "Jim Crow", la cual había dominado el Sur desde la derrota de la Reconstrucción Radical posterior a la Guerra Civil, y había reforzado la discriminación y la segregación en todo el país.
En América Latina, según explica aquí Rodolfo Saldaña, la explosión revolucionaria de 1952 en Bolivia constituyó el punto culminante de la lucha popular de los años entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y la victoria en Cuba. Con los poderosos mineros del estaño de Bolivia en las primeras filas, el pueblo trabajador conquistó concesiones de mucha envergadura, tanto de los intereses imperialistas como de las familias capitalistas gobernantes del país. El levantamiento condujo a la nacionalización de las minas más grandes, a la legalización de los sindicatos, al comienzo de una reforma agraria y a la eliminación de los requisitos de alfabetismo que en la práctica habían privado del derecho al voto a la mayoría del pueblo boliviano, la población indígena de habla aymara y quechua. No obstante, Bolivia seguía siendo uno de los países más pobres de América; sólo Paraguay y Haití tenían ingresos per cápita más bajos.
El 26 de julio de 1953, poco más de un año después del auge popular en Bolivia, se libró la primera acción en la lucha revolucionaria para derrocar a la dictadura batistiana en Cuba. Unos 160 jóvenes, bajo la dirección de Fidel Castro, asaltaron el cuartel Moncada en Santiago de Cuba y otro en la vecina ciudad de Bayamo.
Simultáneamente, el joven médico argentino Ernesto Guevara --quien más tarde sería Che--, uno de los dirigentes centrales de la Revolución Cubana y comandante del frente revolucionario de 1966-67 en Bolivia del cual se habla en esta entrevista, emprendía un viaje político por los países de América Latina. Atraído a Guatemala en 1954, cuando el imperialismo organizaba medidas para derrocar al régimen de Jacobo Arbenz, Guevara escapó a México, donde al poco tiempo conoció a los dirigentes del recién formado Movimiento 26 de Julio de Cuba, los cuales acababan de salir de las prisiones de Batista gracias a una campaña nacional por la amnistía. Guevara se alistó como el médico de tropa y se unió a la expedición del Granma que desembarcó en las playas de Cuba oriental en diciembre de 1956 para lanzar la guerra revolucionaria que culminaría dos años más tarde en el derrocamiento de la tiranía respaldada por Washington.
En Bolivia, Rodolfo Saldaña había abandonado los estudios y comenzaba a trabajar en la mina de estaño más grande de Bolivia, Siglo XX, para construir el Partido Comunista de Bolivia entre los mineros.
Estos hilos entrelazados son indispensables para comprender los sucesos que constituyen la médula de este libro. Para mediados de los años sesenta, como subraya Saldaña, la lucha de clases en Bolivia, que se había acelerado tras la Segunda Guerra Mundial, alcanzaba nuevamente dimensiones explosivas. La polarización política se acentuaba por todo el Cono Sur de América Latina. La política mundial se veía dominada más y más por la guerra del imperialismo norteamericano --que se iba escalando rápidamente-- por aplastar la lucha de liberación nacional del pueblo vietnamita, así como la creciente resistencia de masas a la guerra de Washington, tanto dentro de Estados Unidos como a nivel mundial.
Cuando Che Guevara, apoyado por la dirección cubana, llegó a la conclusión de que las condiciones eran favorables para lanzar un frente revolucionario en Bolivia, la decisión no se tomó a la ligera o sin fundamentos. La perspectiva de Guevara era de establecer un frente guerrillero de voluntarios internacionalistas que pudiese reagrupar a fuerzas revolucionarias por toda la región. Su meta era el forjar un combativo movimiento antiimperialista de trabajadores, campesinos y jóvenes para derrocar a la dictadura militar en Bolivia, la cual defendía los intereses latifundistas, mineros y de otros sectores capitalistas en ese país. Aspiraban así abrir paso a la revolución socialista en el continente sudamericano.
Para octubre de 1967, mediante los esfuerzos combinados de unidades especiales del ejército boliviano entrenadas por Washington y operativos de inteligencia dirigidos desde Estados Unidos, la tropa mermada de Che había sido acorralada. La derrota del frente revolucionario quedó sellada el 8 de octubre con la aniquilación de todos salvo un puñado de los efectivos que quedaban, así como la lesión, captura y ejecución del propio Guevara.
En los meses y años posteriores, se dio un enconado debate político entre las fuerzas de disposición revolucionaria no sólo en Bolivia y América Latina sino por todo el mundo, en el que se evaluaban las razones de la derrota. Muchas fuerzas políticas que se habían opuesto a la trayectoria revolucionaria de la dirección cubana desde los días del Moncada argumentaban que la derrota de la guerrilla de Che se debía a una apreciación política errónea por parte de Guevara y la dirección cubana. Según esas voces, los trabajadores y campesinos de Bolivia se habían mostrado indiferentes --en el mejor de los casos-- a la iniciativa guerrillera; en Bolivia no existían las condiciones para seguir un curso revolucionario de lucha. Otros alegaban, de forma aún más provocadora, que la dirección revolucionaria de Cuba había abandonado a Che y a sus fuerzas y no había tomado medidas que pudieran haber restablecido el contacto con la unidad guerrillera para rescatar a los combatientes del cerco militar.
El relato de Rodolfo Saldaña, hasta ahora inédito, hace una contribución única. Proviene de un revolucionario boliviano que se unió a Che Guevara en la campaña de 1966-68, y que durante toda una vida de trabajo político se mantuvo fiel a la misma trayectoria. Sólo Mi campaña con el Che, por el dirigente central boliviano, Inti Peredo, ofrece un relato testimonial similar de la lucha, desde la óptica de los revolucionarios bolivianos que participaron en ella. El libro de Peredo, escrito poco antes de que fuese asesinado en 1969 en La Paz por la dictadura militar, se diseminó en los años setenta por varios países de América Latina. La editorial Pathfinder lo tradujo y editó por primera vez en inglés en 1994 junto a una nueva traducción de El diario del Che en Bolivia de Che Guevara.
Rodolfo Saldaña fue uno de los miembros fundadores del ELN (Ejército de Liberación Nacional) de Bolivia, nombre que adoptaron las fuerzas comandadas por Che Guevara tras su primer enfrentamiento militar con las fuerzas armadas de la dictadura boliviana en marzo de 1967. Miembro del Comité Central del Partido Comunista de Bolivia, Saldaña rompió con el partido en 1966, ante la negativa de la dirección del PCB, encabezada por el secretario general Mario Monje, a colaborar con el esfuerzo de Che.
Saldaña debía unirse a la guerrilla de Che como combatiente, pero sus responsabilidades y el curso que tomó la propia lucha guerrillera, lo mantuvieron a la cabeza de la red clandestina del ELN en las ciudades y en las regiones mineras de estaño. Llevó a cabo las difíciles y peligrosas tareas de reclutar a combatientes entre el pueblo trabajador y la juventud, especialmente entre los mineros, y de brindar apoyo logístico al frente guerrillero. En su diario boliviano, Guevara comentó que Saldaña "me hizo muy buena impresión", cuando éste lo visitó en el campamento guerrillero al comienzo de la campaña.
Tras la muerte de Che Guevara y de la mayoría de los combatientes, Saldaña ayudó a organizar el rescate y la fuga de los cinco sobrevivientes, tres de ellos cubanos y dos bolivianos. Al calor de las batallas políticas que se desarrollaron, trabajó por consolidar nuevas fuerzas en Bolivia y lanzar de nuevo la lucha revolucionaria.
Un aspecto del relato que aquí brinda Saldaña que se destaca por su valor especial es la perspectiva histórica y concreta que ofrece sobre el carácter de la lucha de clases en Bolivia y las realidades sociales, políticas y económicas que hacía mucho se venían gestando y que habían creado el "terreno fértil" para la lucha revolucionaria en las décadas de 1960 y 1970. Al hacerlo, desmiente a quienes han argumentado que la guerrilla de Che fracasó por ser fue una aventura política, que desconoció y fue ajena a las condiciones de Bolivia y que no suscitó más que una respuesta indiferente u hostil de los trabajadores, campesinos y jóvenes del país.
También es valioso el cuadro que pinta de la trayectoria política y de clase de cuadros del Partido Comunista de Bolivia como él mismo y Rosendo García Maismán, dirigente de la federación de mineros en la Siglo XX. No sorprende que ellos hayan estado entre el puñado de militantes que rompieron con el partido para trazar un camino, junto a Che, hacia la lucha revolucionaria por el poder.
De paso, Saldaña rebate también a aquellos que intentaron usar la derrota del frente boliviano para calumniar a la dirección cubana por supuestamente no haber dado el apoyo logístico necesario a Che y a sus compañeros. Rechaza como simplemente malinformados --o infames-- a quienes han intentado crear una brecha entre Che y la revolución que él ayudó a dirigir en Cuba, la revolución que lo convirtió en la persona que llegó a ser.
En los años posteriores, Saldaña habló poco de sus experiencias políticas como parte de la vanguardia boliviana que peleó junto a Che. De porte modesto, casi no concedía entrevistas. En el 30 aniversario de la muerte de Che, en La Habana, donde vivía y trabajaba, brindó una ayuda inapreciable en la preparación --primero en español y luego en inglés-- de Pombo: Un hombre de la guerrilla del Che. Ese relato testimonial de Harry Villegas (Pombo), miembro del estado mayor de Che en Bolivia, fue publicado por Editora Política en 1996 y Pathfinder en 1997. En el transcurso de esa labor, Saldaña aceptó hablar sobre Bolivia y la campaña revolucionaria dirigida por Guevara con Mary-Alice Waters y Michael Taber, redactores de Pathfinder. La entrevista se realizó en La Habana el 26 de abril de 1997.
Originalmente se proyectaba publicarlo en el otoño de 1997, como parte de las conmemoraciones del trigésimo aniversario de la caída en combate de Che Guevara. Sin embargo, debido a su estado de salud Saldaña no pudo revisar la entrevista a tiempo. Completó su trabajo editorial poco antes de su muerte en junio de 2000.
Un terreno fértil está siendo publicado simultáneamente en español por Editora Política y en inglés por Pathfinder. Iraida Aguirrechu, jefa de redacción del departamento de política actual de Editora Política, la casa editorial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, merece un agradecimiento especial. Sin su esfuerzo tesonero, la preparación de la entrevista para ser publicada quizás nunca se hubiese finalizado. También fue decisivo el apoyo y aliento del general de brigada Harry Villegas.
Mirta Vidal transcribió la extensa entrevista, y Michael Taber la tradujo.
Varias fotos de los sucesos en Bolivia y del propio Saldaña se publican por cortesía de Gladys Brizuela, compañera de Saldaña por muchos años. Pedro Glasinovic, jefe de redacción del diario Presencia en Bolivia, y Delfín Xiqués de Granma en Cuba brindaron también una ayuda inapreciable al buscar y proveer fotos de la lucha de clases en Bolivia.
Mary-Alice Waters
Diciembre de 2000
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