|
|  | 
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR enero de 2001 Vol. 25 No. 01
Editorial Pathfinder
La ruptura con la Comintern
Sexto capítulo de 'La historia del trotskismo estadounidense' de Cannon
Por James P. Cannon
[A continuación publicamos el sexto capítulo de La historia del trotskismo estadounidense, 1928-38: informe de un partícipe, la traducción de The History of American Trotskyism, 1928-38: Report of a Participant, por James P. Cannon. El libro comprende una serie de 12 conferencias públicas que Cannon dio en 1942 en Nueva York. Uno de los dirigentes fundadores del Partido Comunista de Estados Unidos tras la revolución rusa de octubre de 1917, Cannon fue uno de los principales dirigentes fundadores del Partido Socialista de los Trabajadores en 1938.
[Perspectiva Mundial está publicando este libro por entregas, capítulo por capítulo. El sexto capítulo se titula "La ruptura con la Comintern".
[Los subtítulos son de Perspectiva Mundial. Publicado con autorización; derechos reservados © 1944, 2000 Pathfinder Press.]
Ya hemos realizado cinco presentaciones en este ciclo. Como recordarán, la semana pasada cubrimos, con la quinta, los primeros cuatro años de la Oposición de Izquierda, la Liga Comunista de Estados Unidos, desde 1928 hasta 1932. Como recalqué la semana pasada, para el nuevo movimiento esa fue la época del aislamiento más severo y de las dificultades más serias.
La semana pasada hice hincapié, quizás demasiado, en los aspectos negativos del movimiento en ese periodo: el estancamiento, la pobreza de fuerzas y de medios materiales, las inevitables dificultades internas que se acumulaban a partir de esas circunstancias y los lunáticos marginales que nos plagaban de la misma forma que plagan a todo movimiento radical nuevo. Este aislamiento, junto con sus males concomitantes, nos lo imponían factores objetivos fuera de nuestro control. No podíamos evitarlo ni con los mejores esfuerzos ni con la mejor voluntad. Esa era la situación en esos momentos. De los factores que hacían que nuestro aislamiento fuese casi absoluto, el más importante fue el auge del movimiento estalinista como resultado de la crisis que ocurría en todos los países burgueses al mismo tiempo que la Unión Soviética avanzaba bajo el primer Plan Quinquenal de Industrialización. El realce del prestigio de la URSS y del estalinismo, que parecía ser su representante legítimo a ojo de gente no juiciosa --y las grandes masas no son juiciosas--, hizo que nuestro movimiento oposicionista pareciera algo extravagante, irrealista. Aparte de esto, en el movimiento obrero ocurría un gran estancamiento. No había huelgas. Entre los trabajadores había aquiescencia. En aquel momento no les interesaban acciones de ningún tipo. Todo eso iba en detrimento de nuestro pequeño grupo, confinándolo a un rincón.
Nuestra tarea en esa difícil época era mantenernos firmes, aclarar las cuestiones fundamentales, educar a nuestros cuadros con miras a un futuro en que las condiciones objetivas ofrecieran posibilidades para la expansión del movimiento. Nuestra tarea también consistía en poner a prueba de forma exhaustiva las posibilidades de reformar los Partidos Comunistas y la Internacional Comunista, que hasta ese momento abarcaban prácticamente a la totalidad de la vanguardia de los trabajadores en este país y el resto del mundo. Los sucesos que por el mundo empezaron a acontecer a comienzos de 1933 demostraron que habíamos cumplido nuestra tarea principal de forma magnífica. Cuando las cosas comenzaron a andar, cuando se nos presentó la oportunidad de romper nuestro aislamiento, estábamos listos. No desperdiciamos ni un minuto en aprovechar las oportunidades que se nos presentaron, comenzando en 1933, y en especial en 1934.
Nuestro movimiento se había educado en una escuela formidable bajo la dirección e inspiración del camarada Trotsky, la escuela del internacionalismo. Nuestros cuadros se habían forjado al calor del estudio y del debate de los problemas mundiales más importantes.
Tal como he mencionado en conferencias previas, la debilidad más grande del movimiento comunista en Estados Unidos en el pasado fue su disposición nacionalista, no en la teoría sino en la práctica, su ignorancia de los acontecimientos internacionales y su falta de interés por los mismos, la falta de una verdadera instrucción y de un interés serio por la teoría. Esas fallas se corrigieron en nuestro joven movimiento. Educamos a un grupo de gente que abordaba todos los problemas a partir de consideraciones teóricas fundamentales, de la experiencia internacional, y que aprendió a analizar los acontecimientos internacionales. Nuestro movimiento desentrañó los misterios del problema ruso. En un artículo tras otro, en un folleto tras otro, en un libro tras otro, el camarada Trotsky nos revelaba una óptica mundial de todas las cuestiones. Nos brindó un entendimiento claro de la complejidad que supone un estado obrero en medio de un cerco capitalista, un estado obrero que se degenera y que conforma una burocracia retrograda, pero que aún retiene sus cimientos fundamentales.
Alemania pasaba a ser entonces el centro del problema mundial. Ya en 1931 Trotsky había escrito un folleto que llamó Alemania, la clave de la situación internacional. Percibió antes que los demás la creciente amenaza del fascismo y la inevitabilidad de un enfrentamiento fundamental entre el fascismo y el comunismo. Antes que cualquier otra persona, y con claridad sin par, analizó lo que iba a suceder en Alemania. Nos educó para que lo entendiéramos e intentó preparar al Partido Comunista de Alemania y a los trabajadores alemanes para esa prueba fatal.
Gracias, ante todo, a la ayuda de los escritos e interpretaciones teóricos del camarada Trotsky, nuestro joven movimiento también estudió y comprendió la revolución española, que estalló en diciembre de 1930.
Durante esos días de aislamiento tomamos tiempo para estudiar la cuestión china. La semana pasada mencioné que durante este periodo tan difícil, a pesar de la pobreza y las debilidades de nuestro movimiento, fuimos capaces de publicar todo un libro, Problems of the Chinese Revolution [Problemas de la revolución china]. Ese libro contenía tesis, artículos y ponencias de la Oposición rusa que habían sido suprimidos, escritos durante los días decisivos de la revolución china: 1925, 1926 y 1927. Se podría decir que esa gran batalla histórica mundial fue librada a espaldas de los miembros de la Comintern, quienes tenían los ojos vendados, y a quienes nunca se les permitió conocer lo que los grandes maestros del marxismo en la Oposición de Izquierda rusa tenían que decir sobre esos acontecimientos. Nosotros publicamos esos documentos suprimidos. Nuestros camaradas se educaron respecto a los problemas de la revolución china. Esa es una de las razones importantes --en verdad, es la razón importante-- por las que hoy nuestro partido tiene una posición tan clara y firme sobre la cuestión colonial, por lo que no perdemos la cabeza en torno a la defensa de China y la lucha de la India por la independencia. Nuestro partido entiende claramente la importancia que este enorme levantamiento de los pueblos asiáticos puede tener para la revolución proletaria internacional. Eso es parte de lo que esos días de aislamiento y estudio nos legaron.
Viraje hacia el trabajo de masas
A comienzos de 1933 empezamos a intervenir en el movimiento obrero en general de forma más activa. Tras una larga preparación propagandística, empezamos nuestro viraje hacia el trabajo de masas. Ya les hablé de la lucha que sostuvimos en nuestra organización con cierta gente impaciente que quería empezar por el trabajo de masas, saltar, por así decirlo, sobre nuestras propias cabezas, y dejar para el futuro tanto la educación de nuestros cuadros como la definición de nuestro programa y nuestra labor de propaganda. Eso era poner las cosas patas arriba. Nosotros primero elaboramos nuestro programa, formamos nuestros cuadros y realizamos nuestra labor preliminar de propaganda. Luego, cuando surgieron oportunidades de participar en el movimiento obrero, estábamos listos para ejercer nuestra actividad en función de un fin determinado. No nos involucrábamos en actividades sólo porque sí, eso que algún ingenioso describió como mucho movimiento pero ningún avance. Estábamos preparados para entrar al movimiento de masas con un programa claramente definido y con métodos calculados a fin de producirle los máximos resultados al movimiento revolucionario con un mínimo necesario de actividad.
Al leer los tomos del Militant --que contienen un registro cronológico de nuestras actividades, planes y aspiraciones--, vemos que el 22 de enero de 1933 en Nueva York se iba realizar una conferencia sobre el desempleo. Se había convocado, claro está, a iniciativa de la organización estalinista, pero era un tanto distinta de algunas de sus conferencias previas, de las cuales se nos había excluido. En esa ocasión, al vacilar y divagar entre la derecha y la izquierda, empezaron a tener escarceos con el frente único, tratando de interesar a algunas organizaciones no estalinistas a que participaran en un movimiento general contra el desempleo. Con ese fin, hicieron un llamado invitando a dicha conferencia a todas las organizaciones. En nuestro periódico comentamos que ese era un viraje en la dirección correcta, hacia el frente único, o al menos un viraje a medias. Yo escribí un artículo en que señalaba que al invitar a "todas las organizaciones" finalmente habían abierto una pequeña hendidura por la cual la Oposición de Izquierda podría entrar a ese movimiento; nosotros penetraríamos por esa hendidura y la abriríamos más. Atendimos la conferencia --Shachtman y Cannon, de tamaño natural-- preparados para decirle a todo el proletariado cómo se debía librar la lucha contra el desempleo. Y no era una broma. Nuestro programa era el correcto, y lo explicamos a fondo. El Militant publicó un informe completo de nuestros discursos abogando por un frente único de los partidos políticos y los sindicatos a favor de asistencia para los desempleados.
El 29 de enero de 1933, en Gillespie, Illinois, se celebró una conferencia del Sindicato de Mineros Progresistas y otras organizaciones obreras independientes, para considerar el asunto de una nueva federación obrera. Asistí a la conferencia invitado por un grupo de Mineros Progresistas, y allí hablé. Esa era la primera vez que lograba salir de Nueva York en casi cinco años. Era también la primera vez que un representante de la Oposición de Izquierda estadounidense tenía la oportunidad de dirigirse a trabajadores como tales, fuera del pequeño círculo de izquierdistas intelectuales. No dejamos escapar la oportunidad. Hasta allá me envió nuestra Liga, pasé unos días con los mineros, y establecí varios contactos importantes. Me dio una muy buena sensación el estar de nuevo en contacto con el movimiento vivo de los trabajadores, con el movimiento de masas.
En el autobús de regreso de Gillespie a Chicago --lo recuerdo muy claramente-- leí informes de prensa sobre el nombramiento de Hitler como canciller hecho por el presidente Hindenburg. Tuve entonces, en ese momento, el presentimiento de que las cosas comenzaban a mejorar. El estancamiento, el punto muerto del movimiento obrero mundial estaba cediendo totalmente. Las cosas se encaminaban a un enfrentamiento. Nosotros estábamos completamente listos para asumir nuestro papel en la nueva situación. Cuando consultaba informes el otro día, al preparar mis notas para esta conferencia, me pareció que esta acción de nuestra Liga, nuestro primer esfuerzo por participar en una concentración de trabajadores en Gillespie, Illinois, simbolizaba nuestra armonización con el nuevo periodo. Nuestra acción estuvo inconscientemente sincronizada con el rompimiento del estancamiento en Alemania. Reaccionamos de manera muy enérgica ante este nuevo acontecimiento, ante el comienzo de una nueva activación del movimiento laboral aquí, y especialmente a la situación en Alemania. Eramos como atletas, entrenados y listos para la acción, pero restringidos por las dificultades externas y sin poder ir hacia adelante. Entonces, de repente se nos presentó una nueva situación y no la dejamos escapar.
Nuestra primera reacción frente a los sucesos alemanes fue convocar a una reunión masiva en Nueva York. Hacía mucho tiempo que habíamos abandonado la idea de reuniones de masas porque las masas no asistirían. A lo sumo podíamos sostener pequeños foros abiertos, conferencias, reuniones de círculos, etcétera. Esta vez ensayamos una reunión pública: Casino Stuyvesant, 5 de febrero de 1933. "El significado de los sucesos en Alemania" con Shachtman y Cannon como oradores. El informe del Militant dice que a nuestra reunión de masas asistieron 500 personas.
'Dimos el alerta sobre el fascismo'
Dimos la voz de alerta sobre el inminente duelo entre el fascismo y el comunismo en Alemania. Luego, en tanto las cosas fueran así de graves --a diario se presenciaban nuevos hechos en Alemania-- hicimos algo sin precedentes para un grupo tan pequeño como el nuestro. Transformamos nuestro semanario, el Militant --que para entonces había pasado a ser un semanario-- y lo tiramos tres veces por semana, desplegando con vigor el mensaje del trotskismo sobre los sucesos de Alemania en cada número. Si me preguntan cómo lo logramos no sería capaz de explicarlo. Pero lo hicimos. No era posible, pero hay un dicho entre los trotskistas que dice que en tiempos de crisis uno no hace lo que sea posible, sino lo que sea necesario. Y nosotros creímos necesario romper con nuestra rutina de discusiones y críticas sobre los estalinistas, y hacer algo que conmocionara a todo el movimiento obrero a fin de que comprendiera lo fatídicos que eran los acontecimientos de Alemania para el mundo entero. Deseábamos llamar la atención de todos los trabajadores, en especial los trabajadores comunistas. Apretamos el paso. Comenzamos a alzar la voz, hicimos sonar la alarma. Nuestros camaradas corrían a toda reunión que pudieran hallar, a la reunión más pequeña de trabajadores, y con bultos de ejemplares del Militant bajo del brazo gritaban a todo pulmón: "¡Lea el Militant!" "¡Lea la verdad sobre Alemania!" "¡Lea lo que dice Trotsky!"
Durante los sucesos alemanes nuestra consigna era: ¡El frente único de las organizaciones obreras, combatir hasta la muerte! ¡El frente único y combativo de todas las organizaciones obreras contra el fascismo! Los estalinistas y los social demócratas rechazaron el frente único en Alemania. Después de los acontecimientos, ambos fingen lo contrario, y pretenden culparse mutuamente, pero los dos mienten, ambos son culpables de traición. Dividieron a los trabajadores y ninguno de ellos tenía el menor deseo de luchar. Esa división permitió que la monstruosa plaga del fascismo tomara el poder en Alemania, y proyectara su sombra tenebrosa sobre el mundo entero.
Durante esas semanas fatídicas, hicimos todo lo posible por despertar, incitar a la acción y educar a los trabajadores comunistas estadounidenses. Organizamos una serie de reuniones de masas, no sólo la que mencioné. Sostuvimos una serie en Manhattan y, por primera vez, nos extendimos hacia los diversos barrios. Nos tenían tan rodeados y tan aislados que en los primeros días nunca habíamos logrado salir de la Calle 14. Teníamos sólo una rama porque no teníamos gente suficiente para dividirnos; todo se concentraba en torno a esa área pequeña de la Calle 14 y la plaza Union Square, donde se congregaban los trabajadores radicales.
Sin embargo, con la crisis de Alemania nos extendimos y celebramos reuniones en Brooklyn y en el Bronx. En el Militant se informa que por todo el país se celebraban reuniones de masas convocadas por las ramas locales de la Liga Comunista de Estados Unidos. A Hugo Oehler --en ese entonces miembro de nuestra organización-- se le envió de gira para que hablara sobre Alemania. Fuimos en extremo dinámicos en lo que respecta a los estalinistas. Estábamos decididos a que nuestro mensaje llegara a toda costa a quien quisiera escucharlo. Incluso invadimos una reunión de masas de los estalinistas en el Bronx, volviéndoles las tornas. Shachtman y yo, flanqueados por varios de nuestros camaradas, simplemente entramos a la reunión de masas estalinista y pedimos el uso de la palabra. La audacia de la demanda pareció dejar perplejos a los farsantes que estaban a cargo del evento y entre la audiencia hubo quienes exigieron, "¡déjenlos hablar!" En esa reunión estalinista hablamos y dimos nuestro mensaje.
Conforme el movimiento obrero en general cobraba nuevos bríos, no dejábamos escapar una sola oportunidad de participar en las nuevas actividades. En marzo de 1933, los estalinistas patrocinaron en Albany, Nueva York, una conferencia estatal sobre el desempleo a la que asistieron unos 500 delegados. Las mismas reglas que nos permitieron presentarnos en la conferencia local en Nueva York, también nos permitieron enviar delegados a Albany. Yo me presenté en la conferencia, tomé la palabra y di un discurso ante los 500 delegados sobre la concepción marxista del frente único en el movimiento de los desempleados. Ese discurso aparece en el Militant del 10 de marzo de 1933. Se coordinaban temas nacionales e internacionales. A la vez que gritábamos a todo pulmón sobre la situación en Alemania, hacíamos tiempo para participar en una conferencia sobre el desempleo en el estado de Nueva York.
Ustedes saben que el consejo, las explicaciones, las advertencias de Trotsky fueron desatendidas. El Partido Comunista Alemán, bajo el liderazgo y control directos de Stalin y su camarilla de Moscú, capituló en Alemania sin combatir. El fascismo triunfó sin nada que semejara una guerra civil, sin siquiera una riña en las calles. Y esa --tal como muchas veces lo ha explicado Trotsky, y Engels antes que él--, es la más desmoralizadora de todas las derrotas, la derrota sin batalla, porque a quienes se les derrota de esa manera pierden la seguridad en sí mismos por mucho tiempo. Puede que a un partido que luche lo venzan fuerzas superiores. Sin embargo, deja tras de sí una tradición, una inspiración moral, que puede llegar a ser un tremendo factor que galvanice al proletariado para que más adelante se alce de nuevo en una coyuntura más favorable. Ese es el papel que ha jugado la Comuna de París en la historia. El movimiento socialista internacional se erigió sobre su gloriosa memoria.
La revolución de 1905 en Rusia se inspiró en la heroica lucha de los comuneros de París de 1871. De forma similar, la revolución de 1905 en Rusia, que fue derrotada después de una batalla, pasó a ser el gran capital moral del proletariado ruso y tuvo una influencia tremenda en desatar la revolución proletaria que triunfó en 1917. Los bolcheviques siempre hablaban de 1905 como un ensayo de la vestimenta para 1917.
¿Pero qué papel puede desempeñar en la historia la miserable capitulación de los social demócratas y estalinistas en Alemania? Allí estaba el proletariado más poderoso de Europa occidental. En la última elección, los social demócratas combinados con los estalinistas habían obtenido más de 12 millones de votos. Si se hubiesen unido a los trabajadores alemanes en la acción, con un golpe sólido habrían podido hacer volar por los cuatro vientos a la canalla fascista. A este proletariado poderoso, desunido y traicionado por el liderazgo, se le conquistó sin luchar. Los fascistas le impusieron el régimen más horrible y bárbaro. Antes de que esto sucediera, Trotsky había dicho que negarse a luchar constituiría la peor traición de la historia. Y lo fue. El fracaso de diez insurrecciones, dijo Trotsky, no podría desmoralizar al proletariado ni una centésima de lo que lo haría una capitulación sin lucha que les prive de su seguridad en sí mismos. Después de esta capitulación, de esta trágica culminación de la situación alemana, mucha gente comenzó a dilucidar todo lo que Trotsky había dicho y hecho en aras de ayudar a que los trabajadores evitaran la catástrofe. Lo que terminó sucediendo comenzó a parecerle a muchos una verificación total, si bien en un sentido negativo, de todo lo que había dicho y explicado. El prestigio y la autoridad de Trotsky y del movimiento trotskista empezaron a crecer enormemente, aun entre aquellos círculos que habían tendido a catalogarnos como sectarios y dados a las nimiedades.
Sin embargo, ni en el Partido Comunista --tanto aquí como en otros países-- ni en la Comintern en su conjunto se produjo ninguna reacción profunda. Quedó claro entonces que estos partidos se habían burocratizado tanto, se habían corrompido tanto desde adentro, estaban tan desmoralizados, que ni siquiera la traición más cruel de la historia fue capaz de producir una verdadera sublevación en las filas. Quedó claro que la Internacional Comunista había muerto para la revolución, la había destrozado el estalinismo.
Y luego, en el devenir dialéctico de la historia, comenzó a manifestarse un desarrollo peculiar y contradictorio. En 1914-1918, la social democracia internacional, traicionó al proletariado en apoyo de la guerra imperialista. Los partidos social demócratas renunciaron al internacionalismo y se pusieron al servicio de sus propias burguesías. Fue esta traición lo que incitó a los revolucionarios marxistas a formar una nueva internacional, la Internacional Comunista, en 1919. La Internacional Comunista surgió de la lucha contra los traidores, con el programa del marxismo regenerado como estandarte y con Lenin y Trotsky como sus líderes. Sin embargo, en el curso de los acontecimientos de 1919 hasta 1933 --apenas 14 años-- esa misma internacional se había convertido en su polo opuesto; se había transformado en el obstáculo más grande y el principal factor de retraso del movimiento obrero internacional. La Internacional Comunista de Stalin, traicionó al proletariado más vergonzosamente aún, más ignominiosamente, que lo que había hecho la Segunda Internacional de los social demócratas en 1914.
A los trabajadores revolucionarios de la nueva generación les repugnaba el estalinismo. Con el decursar de los acontecimientos, bajo la presión terrible de los sucesos internacionales y particularmente debido al auge del fascismo en Alemania, los partidos social demócratas comenzaron a manifestar tendencias izquierdistas y centristas de todo tipo. Habían muchas razones para explicar este fenómeno. A los partidos comunistas la burocracia los tenía tan amurallados contra cualquier pensamiento independiente o vida revolucionaria, que los trabajadores radicales los rechazaban. Buscando una expresión revolucionaria, muchos de ellos fueron a dar a los partidos construidos de forma más suelta de la socialdemocracia. A la vez, la generación más joven de socialdemócratas, que no cargaban con la culpa de las traiciones de 14 años atrás, y que no eran parte de esa tradición o mentalidad, se estaban impacientando ante la terrible presión de los sucesos y buscaban una solución radical. De forma similar, empezaron a desarrollarse grupos de izquierda entre los socialdemócratas, en particular dentro de las organizaciones juveniles. Y esa tendencia mundial se reflejó también en Estados Unidos con un auge del Partido Socialista. La escisión de 1919 y una escisión secundaria ocurrida en 1921 habían dejado al Partido Socialista de Estados Unidos hecho un desastre. No quedaba nada más que un armatoste hueco. La juventud rebelde --todo lo que era vital y vivaz-- se volcó hacia la organización comunista juvenil. El Partido Socialista languideció por años con unos cuantos miles de miembros, apoyado principalmente por la pandilla de traidores del diario judío Forward [Adelante] y de los despreciables burócratas de los sindicatos de la costura en Nueva York, los cuales necesitaban al Partido Socialista para que les diera un cariz y protección seudo radical ante sus trabajadores izquierdistas. Por años el Partido Socialista fue sólo una horrible caricatura de un partido. Sin embargo, a medida que el Partido Comunista se tornó más y más burocrático, conforme expulsó a más y más obreros honestos y les cerró las puertas a otros, el Partido Socialista comenzó a experimentar una revitalización. Su estructura suelta y democrática atrajo a todo un nuevo estrato de trabajadores que nunca antes habían estado en un movimiento político. Miles de ellos, que por la crisis económica adquirieron conciencia del radicalismo, ingresaron al Partido Socialista. Este experimentó una revitalización y un crecimiento de su militancia; para 1933 se habían integrado a sus filas no menos de 25 mil. Además, como resultado de esta sangre nueva y del desarrollo de la generación joven, el partido empezó a demostrar un poco de vigor, surgió de sus filas una tendencia centrista, izquierdista.
Nuevos grupos obreros independientes
De forma similar, tanto aquí como en otros países, fuera del Partido Comunista se desarrollaban grupos independientes de trabajadores que hasta ese momento no habían tenido vínculos con partidos radicales, pero que debido a sus propias experiencias tomaron conciencia del radicalismo. Un movimiento único de esa índole en este país fue la Conferencia por Acción Obrera Progresista [CPLA]. Lo dirigía A.J. Muste. La CPLA comenzó como un movimiento progresista en los sindicatos. Ante el impacto de la crisis adquirió una dirección cada vez más radical. Para fines de 1933, el movimiento de Muste estaba bien atareado discutiendo la cuestión de dejar de ser una agrupación suelta de activistas en los sindicatos, para transformarse en un partido político.
Tras la capitulación de la Comintern en Alemania, Trotsky dio la señal a los marxistas revolucionarios del mundo. "La Comintern está en quiebra. Debemos formar nuevos partidos y una nueva internacional". El prolongado experimento, los largos años de esfuerzos como una fracción con el fin de influenciar al Partido Comunista, aun después de que fuimos expulsados del mismo, habían llegado al final de su ruta. No fue ningún decreto nuestro lo que hizo que el Partido Comunista se tornara irreformable. La historia misma lo había demostrado. Simplemente reconocimos la realidad. Sobre esa base cambiamos completamente nuestra estrategia y nuestras tácticas.
De fracción de la Internacional Comunista, nos declaramos precursores de un nuevo partido y de una nueva internacional. Empezamos a apelar directamente a los trabajadores que adquirían conciencia del radicalismo y que carecían de afiliación o experiencia políticas. A través de muchos años de esfuerzo --al mantener nuestra posición como fracción de la Comintern-- a los preciados cuadros del nuevo movimiento los habíamos reclutado de las filas de la vanguardia comunista. Ahora, empezábamos a dirigir nuestra atención hacia los Partidos Socialistas y grupos independientes y hacia los grupos izquierdistas y centristas dentro de ellos. En ese periodo el Militant imprimió numerosos informes y análisis del desarrollo del Ala Izquierda en el Partido Socialista. Hubo artículos sobre la Conferencia por una Acción Obrera Progresista y de su plan para transformarse en un partido político. Hubo acercamientos favorables con la Liga Socialista de los Jóvenes (Young Peoples Socialist League). Y, siguiendo la línea de Trotsky, lo que hicimos aquí se hizo también a nivel internacional. Por todas partes, los grupos de trotskistas comenzaron a establecer contacto con la recién desarrollada y aparentemente viable Ala Izquierda de la socialdemocracia.
Había llegado la hora de transformar toda nuestra actividad y hacer un viraje hacia el trabajo de masas. De igual forma que en los primeros días habíamos rechazado la demanda prematura de que --con nuestro puñadito de gente-- dejáramos todo de un lado y nos zambulléramos en el movimiento de masas, también ahora, hacia fines de 1933, habiendo completado nuestra labor preliminar y habiéndonos preparado, adoptamos la consigna: "De un círculo de propaganda viremos hacia el trabajo de masas".
Esa propuesta precipitó una nueva crisis interna. El "viraje" sacó a la luz el problema del sectarismo. Se tendría que combatir hasta el final. La política es el arte de hacer el movimiento preciso en el momento preciso. En los primeros días de nuestra organización, la impaciencia de cierta gente por escapar del aislamiento impuesto por las circunstancias objetivas había provocado una crisis y un conflicto interno. Ahora la situación se daba a la inversa. Las condiciones objetivas habían cambiado de forma radical. Se presentó la oportunidad de que entráramos en el movimiento de masas, estableciéramos contacto con trabajadores, penetráramos de forma profunda en los movimientos de los socialistas de izquierdas y de grupos independientes que fermentaban. Era necesario aprovechar la oportunidad sin demora alguna. Nuestra decisión de hacerlo enfrentó la resistencia decidida de camaradas que se habían adaptado al aislamiento y que se habían acomodado a él. En esa atmósfera, algunos habían desarrollado una mentalidad sectaria. El intento de dar impulso al movimiento trotskista para sacarlo de su aislamiento y meterlo en las aguas frías y turbulentas del movimiento de masas, les provocó escalofríos por toda la espina dorsal. Estos escalofríos los llegaron a justificar como "principios". Eso marcó el comienzo de la lucha contra el sectarismo en nuestra organización, lucha que se libró hasta el final en una forma clásica.
Comenzamos a reclutar más rápido. Llamamos mucho más la atención a partir de nuestra labor de propaganda sobre los acontecimientos en Alemania. De forma inesperada la gente se nos empezó a acercar, gente desconocida, para obtener nuestra literatura. "¿Qué dice Trotsky?" "¿Qué escribió sobre Alemania?"
continuado
|