
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR diciembre de 2000 Vol. 24 No. 11
Yugoslavia
Hablan los mineros de Kolubara Explican la rebelión contra Milosevic, debaten retos bajo nuevo régimen
Por Catharina Tirsén y Argiris Malapanis

Marcha de 20 mil personas el 4 de octubre de 2000 en la región minera de Kolubara, Yugoslavia.
BEROSEVAC, Yugoslavia -- El Campo D es la mina a cielo abierto más grande de esta región y probablemente en toda Serbia. Ubicada en las afueras de este pueblo, 40 millas al suroeste de Belgrado, tiene una veta de carbón de 30 metros de profundidad. Los mineros, que trabajan cuatro turnos desfasados, mantienen las minas en funcionamiento las 24 horas del día.
En el Campo D y en otras minas de esta región, unos 7 500 mineros producen 26 millones de toneladas de lignito cada año, lo cual genera la mitad de la electricidad de Serbia.
La región toma su nombre del río Kolubara. Viajando hacia el sur por el valle hacia las enormes minas, pudimos ver una planta termoeléctrica y una enorme fábrica de acero. Estas fábricas, minas y otras instalaciones industriales del complejo Kolubara emplean a 17 500 trabajadores.
El 29 de septiembre, los mineros aquí pararon labores, ocuparon las minas y declararon una huelga que duró nueve días. Su reclamo principal: que el presidente de Yugoslavia Slobodan Milosevic respetara la voluntad popular en los comicios del 24 de septiembre.
La huelga de los mineros inspiró acciones parecidas en otros centros industriales de toda la región. El movimiento de solidaridad con los huelguistas, que se propagó rápidamente, ayudó a los mineros a hacerles frente a la policía en sus intentos de aplastar la toma de las minas y contribuyó a la decisión de la cúpula militar del ejército yugoslavo de no intervenir.
Durante el mes después del derrocamiento del odiado régimen burocrático de Milosevic, los mineros se han mantenido a la vanguardia de las luchas del pueblo trabajador en toda Yugoslavia para ampliar el nuevo espacio político que han conquistado, luchando para sustituir en la administración a los compinches del antiguo gobierno, mejorar las condiciones de vida y proteger en la práctica las conquistas de la propiedad nacionalizada.
'Las minas no debían parar nunca'
Las minas de Kolubara son una industria enorme que se suponía nunca debían parar", dijo Ruza Todorovic. "Por eso nuestra huelga fue fundamental en la caída de Milosevic". Todorovic, expedidor en el Campo D, habló con reporteros de Perspectiva Mundial el 26 de octubre. Sumadja, la región amplia que incluye Kolubara, tiene una fuerte presencia de obreros industriales y agricultores. Hasta entonces se la había considerado un baluarte de apoyo al régimen en Belgrado.
Todorovic y la mayoría de las dos decenas de mineros entrevistados aquí parecían comprender su peso social y la importancia de sus acciones en los cambios que están ocurriendo en todas las esferas de la vida en este país balcano.
Al mismo tiempo, muchos de los mineros y otros trabajadores entrevistados aquí entendían con toda seriedad los desafíos que tienen por delante. Algunos expresaron su creciente convicción de que el nuevo régimen puede resultar no ser muy diferente de su predecesor y que la lucha por mejores condiciones de trabajo y de vida será prolongada.
Huelga política
En una situación de deterioro de las condiciones de trabajo y la situación represiva en el país, las elecciones presidenciales, en que Milosevic rehusó reconocer el triunfo de su contrincante, Vojislav Kostunica, fueron la chispa de la rebelión.
"A las 6:30 de la tarde del 29 de septiembre, se hizo una convocatoria por teléfono desde la sede sindical y se apagaron todas las máquinas", dijo Miodrag Rankovic, presidente del comité de huelga de los mineros. Rankovic, también presidente local del sindicato minero en Kolubara, habló con reporteros de Perspectiva Mundial el 26 de octubre en la sede sindical de Berosevac.
Rankovic y varios de los trabajadores relataron que los mineros ocuparon las minas y demás instalaciones desde el primer momento del paro. El primer día de la huelga, entre 50 y 100 personas que no eran mineros llegaron a la puerta de la mina para manifestar su apoyo, según nos dijeron.
El tercer día de la huelga, el jefe del estado mayor del ejército yugoslavo, el general Nebojsa Pavkovic, se presentó para dar un ultimátum a los mineros para reintegrarse a sus trabajos.
Pronto el general vio a 7 mil mineros y partidarios que llenaban una cancha de fútbol al pie de la colina donde el general y el comité de huelga se reunían. "Nuestra posición no era nada ambigua. No íbamos a retroceder, fuera como fuera", dijo Minela Stanjevic, una empleada del centro de telecomunicaciones del Campo D.
Stanjevic, Radisav Jovanovic, quien supervisa el segundo turno en la sala de controles, y otros mineros dijeron que el hecho que el general presenció la actitud resuelta de los trabajadores al insistir en la destitución de Milosevic figuró en la decisión de los jefes militares de no mandar los tanques a Kolubara o más adelante a Belgrado. Otros informaron sobre la resistencia entre las filas del ejército --compuesta mayormente de jóvenes reclutados, en su mayoría de familias obreras-- a obedecer cualquier orden de avanzar contra los manifestantes.
Los próximos días, miles de trabajadores llegaron a engrosar las filas de los partidarios de los mineros. El último intento de romper la huelga tuvo lugar el 4 de octubre, cuando un destacamento de 800 agentes de la policía especial llegó para ocupar las minas. Los policías con su equipo antimotines golpeaban sus escudos protectores con sus porras pero sólo hicieron un masivo acto de presencia "sin ningún enfrentamiento sangriento, sólo la presión sicológica", dijo Rankovic.
Como medida táctica para disipar la tensión y ganar tiempo, los huelguistas decidieron permitir que la policía entrara a una de las cuatro minas. "Pero arreglamos las máquinas", dijo Radivoji Urosevic, quien trabajó 10 años como operario de rozadora en el Campo D y ahora, con licencia por incapacidad, trabaja a tiempo completo para el sindicato. "Los mineros desenchufaron el sistema eléctrico de manera que le hubiera sido imposible a gente de afuera saber cómo encender las máquinas".
Entretanto, comenzaron a llegar miles de personas, echando a un lado las barricadas policiales, cantando y gritando "¡Se fue!" refiriéndose a Milosevic. Antes del mediodía del 4 de octubre, ya habían llegado entre 20 mil y 50 mil trabajadores, agricultores y otros, muchos de ellos en grandes columnas de auto. "Ese fue el viraje decisivo", dijo Rado Jovanovic. "Al 'hombre' le había llegado el fin".
La policía se dio por vencida. Las unidades policiacas se quedaron en el pueblo un día más pero se vieron obligadas a marcharse al difundirse las noticias de la tremenda movilización en Belgrado.
Al mantener las minas cerradas y bajo control estricto, fue posible despachar varios grupos de mineros en autobús a la manifestación de medio millón de personas el 5 de octubre. Viajaron junto con un contingente grande de Cacak, dijeron varios trabajadores, y fueron de los primeros en ingresar al edificio de la Radio y Televisión de Serbia (RTS). Uno de los mineros que estuvieron al frente de los manifestantes que ocuparon el parlamento nacional, Branko Ilic, dijo, "Lo que iniciamos en Kolubara, el pueblo lo terminó aquí en Belgrado".
Al día siguiente renunció Milosevic y reconoció la victoria electoral de Kostunica.
'El poder está aquí'
Durante un recorrido de una de las minas del Campo D, el minero que manejaba el jeep señaló la cima de la máquina rozadora de 43 metros de altura. "¿Ve esa bandera allá arriba?" preguntó. "Nosotros la tomamos del parlamento en Belgrado. Esto muestra que el poder está aquí. Siempre ha estado aquí, pero ahora es más obvio". Los demás mineros se rieron.
Un trabajador después de otro describió su empeño en proteger y aumentar el grado de control que ya han empezado a lograr en los centros de trabajo desde el 5 de octubre.
Inmediatamente después del derrocamiento de Milosevic, el comité de huelga se reunió y elaboró una nueva serie de demandas de los mineros, quienes mantuvieron las minas cerradas por unos días más. La primera era la destitución de toda la junta administrativa del complejo Kolubara y de los funcionarios del Ministerio de Energía que intentaron orquestar el ataque contra la huelga. Los mineros reanudaron la producción el 8 de octubre, una vez que se cumplió esa demanda.
Sin embargo, los trabajadores entrevistados dijeron que no sabían quienes eran los nuevos administradores o cómo habían sido nombrados. Según funcionarios del sindicato y la prensa local, la nueva junta administrativa está integrada por dirigentes de la Oposición Democrática de Serbia (DOS).
Entre las otras demandas importantes, los mineros exigieron un nuevo contrato que codificara mejoras en los salarios y las condiciones de trabajo, y el pago inmediato de varias semanas de salarios atrasados. Rado Jovanovic dijo que los mineros no han tenido un contrato en tres años y que habían estado negociando infructuosamente por dos años un acuerdo colectivo con los funcionarios ligados al régimen de Milosevic.
Algunos trabajadores describieron las condiciones difíciles que enfrentan en el trabajo. Zoran Bantelic, un electricista que trabaja el turno de la noche, explicó que sólo el 10 por ciento de las luces funcionan y que la mina a cielo abierto está casi a oscuras. Faltan linternas, uniformes y repuestos para la maquinaria, que ya está en condiciones peligrosas.
Según los mineros entrevistados, funcionarios sindicales la prensa local, los salarios fluctúan entre 150 y 250 marcos alemanes mensuales (US$1= DM2.29), inferior al salario promedio de 500 marcos hace cinco años. Los gastos mínimos para alimentos y servicios como electricidad y teléfono para una familia de tres llegaba a 200 marcos alemanes por mes el año pasado. El transporte, la ropa y otras necesidades puede subir la cuenta hasta 1 500 marcos.
¿Cómo subsiste la gente? "Cultivando una huerta, recibiendo ayuda de familiares que tienen una parcela de tierra o vendiendo artículos por cuenta propia", dijo Radivoji Urosevic. "Además no pagamos renta y tenemos seguro médico". La mayoría de los trabajadores en Yugoslavia son dueños de sus apartamentos o casas y no pagan alquiler, una de las conquistas de la revolución yugoslava de 1945.
La crisis económica, que afecta no sólo a los mineros sino a todo el pueblo trabajador, es el resultado de la crisis capitalista mundial combinadacon los métodos antiobreros de planificación y administración de los regímenes burocráticos anteriores. La crisis también se ha agudizado a niveles intolerables debido a los ataques militares y la guerra económica de las potencias imperialistas.
"En los últimos 10 años Milosevic nos hizo retroceder varias décadas", dijo el minero Tejic Zivota. "Dejó al pueblo sin dinero y destruyó nuestras fábricas e industrias; sí, toda la economía.
Oposición a ataques de la OTAN
Zivota operó las máquinas rozadoras por más de una década. Ya no puede hacer ese trabajo porque sufrió una lesión grave en la guerra de Belgrado contra Croacia a comienzos de los 90.
"Nos obligaron a ir a pelear", dijo Zivota. "Me escapé de la conscripción dos veces, pero al final nos agarraron. Fue Milosevic y otros como él en el gobierno que destruyeron a Yugoslavia. El fue quien introdujo el nacionalismo, lo cual nos hizo retroceder 50 años. El nos impuso su nacionalismo".
La opinión de Zivota sobre esta cuestión, y su fuerte oposición a los bombardeos de la OTAN, la compartían la mayoría de los trabajadores entrevistados.
En sus comentarios, Zivota se refería a la revolución de 1945, que triunfó con los partisanos y fue encabezada por el Partido Comunista, cuyo líder central fue Josip Broz (Tito). Los partisanos unificaron a los trabajadores y campesinos de todas las nacionalidades en la lucha contra la ocupación imperialista de Yugoslavia durante la Segunda Guerra Mundial. La aplicación de un programa que abogaba por la igualdad y el respeto a todas las nacionalidades y creencias religiosas, y que se oponía al chovinismo y al dominio de una nación por otra, fue un factor decisivo en la victoria del movimiento antifascista.
El pueblo trabajador convirtió la victoria contra los nazis en una revolución socialista, aboliendo las relaciones de propiedad capitalistas e implantando un estado obrero. El estado obrero estuvo deformado desde su nacimiento debido a la maldirigencia estalinista de Tito.
A principios de los años 90, al desintegrarse la Liga de los Comunistas Yugoslavos, Milosevic, el entonces presidente croata Franjo Tudjman, y otros políticos en los altos cargos de la casta burocrática tras la muerte de Tito empezaron a utilizar el nacionalismo para justificar sus ataques contra los mineros y otros trabajadores. Desataron guerras que condujeron al desmembramiento de la federación yugoslava a fin de apoderarse de la tierra y los recursos económicos para mantener su existencia parásita y estilo de vida burguesa. Así le entregaron a Washington y a otras potencias imperialistas una excelente oportunidad para intervenir militarmente.
Zivota, Stojan Aksentijvic y otros mineros estaban en contra de las guerras lanzadas por Milosevic y los ataques militares de la OTAN.
"Las bombas no le cayeron encima a Milosevic, sino a nosotros", dijo Zivota. "De hecho, los bombardeos lo reforzaron por un tiempo". El gobierno utilizó esos bombardeos para atacar aún más los derechos democráticos, agregó.
Zivota y los otros mineros se refirieron a los bombardeos de la OTAN contra la central termoeléctrica de Kolubara y otra central en Obrenovac, 20 millas al norte de aquí. "Eso fue un crimen contra nosotros, los trabajadores", dijo Zivota.
Para abordar los problemas de los mineros en Kolubara, la dirección de DOS propone inversiones extranjeras en las minas, incluyendo la posibilidad de venderlas a capitalistas del extranjero. Esto se enmarca en su programa de aplicar "reformas de mercado" y tomar pasos para integrar a Yugoslavia más al mercado capitalista mundial.
'Reformas de mercado'
Altos funcionarios del Sindicato de Trabajadores de la Electricidad de Serbia respaldan esta perspectiva. Entrevistado el 24 de octubre en las oficinas del sindicato en Belgrado, Dragan Veric, uno de sus funcionarios nacionales, dijo que estaba preocupado porque, según expresó, los trabajadores podrían sacar la conclusión equivocada de sus acciones recientes, sobre todo la sustitución rápida de los administradores, de que se puede avanzar hacia "una nueva clase de socialismo". Eso no es posible, insistió. "Necesitamos una transición a una democracia 'al estilo occidental' con un capitalismo no explotador".
La mayoría de los mineros entrevistados apoyaban la idea de inversiones capitalistas para mejorar las condiciones y la productividad, pero se oponían a la privatización. "El estado debe mantener por lo menos la mayoría del control, si llegan inversionistas", dijo Aksentijvic.
Asimismo, los mineros albaneses y serbios en Kosova se oponen no sólo a la ocupación de las minas de Trepca por tropas de la OTAN sino a los intentos de privatizar esas minas.
Sin embargo, entre estos trabajadores había una diversidad de opiniones sobre el programa político de DOS y cómo luchar para mejorar las condiciones de trabajo y de vida.
"Tengo fe en ellos", dijo Aksentijvic, refiriéndose al régimen de Kostunica.
"A pesar de que todo el mundo apoya a Kostunica, no vemos mejoría ahora o en un futuro próximo", dijo Milina Pantelic, quien trabaja en la tienda de la mina. "Tal vez tengamos que salir de nuevo a la huelga si no conseguimos un contrato pronto".
Gordana Jvremovic dijo que ella era una de los pocos mineros que había votado por Milosevic en los comicios --y sus compañeros de trabajo le toman el pelo amigablemente por eso-- pero ella fue una de los militantes en la huelga. "Yo he sido socialista pero siempre he estado con los trabajadores, a diferencia de Milosevic, según me doy cuenta ahora", dijo Jevremovic.
Independientemente de sus criterios sobre otros asuntos, estos trabajadores compartían una opinión sobre un aspecto. Están resueltos a ir nuevamente a la huelga por sus reivindicaciones y para buscar más control sobre las condiciones en el trabajo.
El minero Jubislav Perisic señaló una consigna que se utilizó en la rebelión de octubre y ahora se ve escrita en algunas de las máquinas en la mina: "Estamos observándolos". Esto ahora va dirigido al nuevo régimen, comentó.
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