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UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
noviembre de 2000 Vol. 24 No. 10

Especial

La guerra fría de Washington hacia Cuba: una perspectiva histórica
Discurso de apertura en foro comunitario regional en universidad Yale

Por Mary-Alice Waters

[A continuación reproducimos la presentación de apertura a un foro comunitario regional sobre "Acabar con la guerra fría con Cuba" celebrada el 23 de septiembre en la universidad Yale en New Haven, Connecticut (ver artículo sobre el evento en este número). El tema de la sesión de apertura era "La perspectiva histórica: la guerra fría norteamericana contra Cuba".

[Mary-Alice Waters es presidenta de la editorial Pathfinder y directora de la revista New International. Ha escrito introducciones y estado a cargo de la edición de numerosos libros sobre la revolución cubana. Entre éstos están Che Guevara habla a la juventud; In Defense of Socialism (En defensa del socialismo) por Fidel Castro; To Speak the Truth: Why Washington's 'Cold War' against Cuba Doesn't End por Fidel Castro y Che Guevara; y Haciendo historia: entrevistas con cuatro generales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba. Waters también contribuyó a El rostro cambiante de la política en Estados Unidos: la política obrera y los sindicatos, y es autora de la introducción a El desorden mundial del capitalismo: política obrera al milenio.

[Publicado con autorización; derechos reservados © 2000 Pathfinder Press.]

***

En un mitin hace dos semanas en la iglesia Riverside en Nueva York, a la que asistieron más de 2 500 personas que se oponen a la política de Washington contra Cuba, el presidente cubano Fidel Castro señaló que no compartía el criterio de muchos "expertos" que "aparentan optimismo" sobre el futuro y que simplemente cierran los ojos ante la realidad de lo que pasa en el mundo de hoy. "La humanidad está a punto de iniciar el siglo XXI en condiciones sumamente duras y sumamente inquietantes", dijo.

Detalló la devastación económica y social que enfrenta la mayoría de la población del mundo y la creciente brecha entre ellos y un minúsculo puñado de familias que se encuentran encima del montón capitalista.

Como si fuese necesario destacar este punto, la revista Forbes publicó esta semana su lista de los 400 hombres y mujeres más ricos de Estados Unidos. La riqueza combinada de sólo los dos primeros de la lista, Bill Gates de Microsoft y Larry Ellison de Oracle, fue evaluada en 121 mil millones de dólares. Es más que la suma del producto interior bruto de 31 países africanos del sub-Sahara con una población total de 380 millones de personas.

La realidad de esta brecha tan devastadora --una brecha que sólo puede continuar aumentando mientras el capitalismo domine el planeta-- es el único punto de partida para poder enmarcar la guerra fría del gobierno norteamericano contra Cuba en una perspectiva histórica. Tenemos que comenzar con una visión de la época en la que vivimos, la época de las guerras imperialistas y de la revolución socialista que se inició al principio del siglo XX.

Tenemos que poder vivir no de momento a momento, sino ver y vivir el presente como historia. Y tenemos encontrar la valentía y la imaginación para incidir en esa historia.

La revolución socialista cubana, y los más de 40 años de incesantes esfuerzos bipartidistas del gobierno norteamericano para destruirla, no son una historia del pasado, por más rica en lecciones históricas que sea.

Se trata del presente y del futuro, de las luchas sociales que se van desenvolviendo y agudizando, y que señaló Fidel Castro, y del ejemplo de la revolución cubana, de su dirección comunista. Se trata de la capacidad del pueblo trabajador cubano de enfrentarse a Washington año tras año por más de cuatro décadas.

Cómo ha sido posible? Esa es la pregunta más importante que se nos plantea esta mañana al enmarcar a Cuba en una perspectiva histórica. Cómo y por qué puede el pueblo cubano hacer esto --contrarrestar un ataque tras otro, una provocación tras otra-- y no sólo sobrevivir sino salir victoriosa, a pesar de obstáculos aparentemente insuperables.

Gobierno popular revolucionario

El 1 de enero de 1959, con el comienzo del año nuevo, se desmoronó una de las dictaduras más sangrientas de Latinoamérica ante los golpes combinados del avance del Ejército Rebelde comandado por Fidel Castro desde la Sierra Maestra oriental, y una creciente insurrección popular en las ciudades y el campo. Batista, el odiado dictador, huyó de Cuba.

Los hombres y mujeres de Cuba, millones de personas, dejaron de ser simplemente objetos de la historia, convirtiéndose también en protagonistas de la misma. Eran del pueblo trabajador: obreros de fábricas y trabajadores del campo, pequeños agricultores y campesinos sin tierra, estudiantes y pequeños comerciantes. La mayoría eran jóvenes adolescentes o menores de 30 años.

Para Washington y los ricos de Cuba, éstos eran los hombres y mujeres que habían salido de la nada. Gentuza barbuda; turba de la cual sería fácil deshacerse, dejarla de lado, o de ser necesario comprarse, como habían podido hacer los gobernantes adinerados muchas veces antes cuando los intereses y las prerrogativas del capital se hallaban amenazados en Cuba y otras partes de las Américas.

Como lo explicó unos años más tarde el dirigente revolucionario cubano de origen argentino, Ernesto Che Guevara, "Nunca les entró en la cabeza que lo que Fidel Castro y nuestro Movimiento estaban diciendo cándida y claramente era lo que intentábamos hacer. Para ellos éramos el gran fraude del siglo, dijimos la verdad con el propósito de engañar".

El puñado de revolucionarios incorruptibles no habían comenzado con la idea de cambiar al mundo. "Sólo" querían tumbar a la odiada dictadura apoyada por la fuerza militar de Washington, e introducir más elementos de justicia social en Cuba. Pero en ese proceso ellos mismos se transformaron. Al luchar junto a los pobres del campo para transformar las condiciones intolerables en las que vivían, estos luchadores se convirtieron en seres humanos diferentes.

Cambiaron el curso de la historia en nuestro hemisferio, abriendo las puertas a la primera revolución socialista en América. El primer territorio libre de América, según lo declararon con certeza y orgullo.

Sus medidas iniciales fueron modestas: aplicar una profunda reforma agraria, según lo estipulaba la constitución cubana de 1940 pero que no se había llevado a cabo; reducir las tarifas de la electricidad y el teléfono; establecer controles a las rentas; prohibir la discriminación racista en el empleo; terminar con la segregación racial en las playas y otros sitios públicos; establecer y ampliar un sistema de educación pública.

Pero con sólo llevar a cabo estas limitadas e inmediatas medidas democráticas y económicas, provocaron la rabia de Washington y los intereses adinerados que representa.

Mucho más de un cuarto de la mejor tierra de Cuba pertenecía a norteamericanos o a compañías norteamericanas, que controlaban el 40 por ciento de toda la producción de azúcar. Unos 700 mil campesinos y otros trabajadores rurales carecían de tierra, ¡700 mil! El 90 por ciento de la riqueza mineral de la isla estaba controlada por intereses norteamericanos, al igual que más del 80 por ciento de los servicios eléctricos y de teléfonos. El 100 por ciento de las reservas petroleras eran propiedad de norteamericanos y británicos. ¿Qué pasó? Fidel Castro, entonces primer ministro, lo describió elocuentemente en la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre de 1960. Los conflictos con Washington comenzaron en los primeros meses de la revolución, él dijo: "Comenzaron a llover notas del Departamento de Estado norteamericano". Fidel Castro explicó:

Nunca nos preguntaron por nuestros problemas. Nunca... nos preguntaban cuántos se morían de hambre en nuestro país, cuántos tuberculosos habían, cuántas personas sin trabajo. No.... Todas las conversaciones de los representantes del gobierno de los Estados Unidos se basaban sobre la compañía de teléfonos, sobre la compañía eléctrica, y sobre el problema de las tierras de las compañías norteamericanas. ¿Cómo íbamos a pagar.... [Exigían] tres cosas: 'pago pronto, eficiente y justo'. ¿Ustedes entienden ese idioma?... [Aplausos.] Todavía no éramos comunistas ciento cincuenta por cien. Estábamos luciendo un poco más matizados de rojo. Nosotros no confiscábamos las tierras; nosotros, simplemente, proponíamos pagarla en 20 años, y de la única manera en que podíamos pagarla: en bonos, que habrían de vencer a los veinte años; que cobraban el cuatro y medio por ciento de intereses y que se irían amortizando año por año.

Castro señaló que el gobierno norteamericano le había advertido al pueblo cubano que la reforma agraria estaba arruinando el país. "Es posible que [en Washington] se imaginaron que sin las todopoderosas compañías monopolistas, los cubanos éramos incapaces de producir azúcar", dijo.

"Y claro, si la revolución hubiese arruinado al país, los Estados Unidos no habrían tenido necesidad de agredirnos", señaló. "Nos habrían dejado solos, habría quedado el gobierno de los Estados Unidos como un gobierno muy noble y muy bueno, y nosotros como unos señores que arruinábamos a la nación y como un gran ejemplo de que no se puede hacer revoluciones, porque las revoluciones arruinan a los países".

Pero la historia, y la política seguida por el gobierno norteamericano, demostraron lo contrario.

"Cuba no se había arruinado; había que arruinarla, explicó Fidel Castro.

Ese fue el origen de la política que Washington ha seguido por más de 40 años.

De guerra caliente a 'guerra fría'

La guerra bipartidista de Washington contra el pueblo cubano, para castigarlos por la audacia de rehusar arrodillarse ante los ultimátums e intereses yanquis, no comenzó como guerra fría. Comenzó como guerra caliente. Muy caliente.

Apenas unos meses después del triunfo revolucionario de 1959, aviones basados en Florida bombardearon ingenios azucareros. Incendiaron cañaverales. El buque belga La Coubre, que llevaba armas pequeñas compradas por el pueblo cubano, estalló "misteriosamente" en el puerto de La Habana, y más de 80 personas perecieron. Bandas terroristas fueron infiltradas a las ciudades y al campo. Sabotearon fábricas. Asesinaron a estudiantes que trabajaban como voluntarios alfabetizando en la Sierra. Se llevaron a cabo múltiples intentos de asesinar a dirigentes.

En abril de 1961, en la Bahía de Cochinos, una fuerza invasora de 1 500 mercenarios contrarrevolucionarios cubanos organizados y financiados por Washington fueron derrotados en 72 horas por la acción coordinada de las milicias populares y las jóvenes Fuerzas Armadas Revolucionarias. El ejército era tan nuevo que su lema era, "Lo que se aprende por la mañana se enseña por la tarde".

La derrota humillante de las fuerzas respaldadas por Washington en que los cubanos llaman la batalla de Playa Girón, condujo a la administración Kennedy a iniciar preparativos militares y de espionaje para una invasión directa por fuerzas estadounidenses. Ese plan estaba muy avanzando cuando se detectaron en octubre de 1962 los misiles soviéticos que Cuba había acordado instalar en la isla para defenderse contra la invasión que se avecinaba. Washington llevó al mundo al borde de una guerra nuclear.

Lo que detuvo a Kennedy y lo forzó en aquel momento a abandonar sus planes de invasión --acción militar que casi de seguro hubiera culminado con el uso de las armas nucleares-- no fueron unos supuestos individuos serenos en Washington y Moscú, según alegan muchos. Fue la preparación del pueblo cubano y su voluntad de defender la revolución costara lo que costara. Kennedy, con sus instintos de político, sabía que el pueblo estadounidense no estaba dispuesto a aceptar el número pasmoso de bajas que, según los cálculos del Pentágono, resultaría de cualquier intento de invadir a Cuba.

El Pentágono le aseguró a Kennedy, sorprendiéndolo, que sólo en los primeros 10 días habrían 18 mil bajas. ¡En sólo los primeros 10 días! Eran más que las bajas que más tarde sufriría Washington durante los primeros años de la guerra de Vietnam.

Fue el valor abnegado del pueblo cubano y sus fuerzas armadas lo que salvó al mundo de la aniquilación nuclear.

El origen de la guerra fría norteamericana contra Cuba se basa en esa historia. Se basa en el fiasco de Washington a manos del pueblo cubano en la Bahía de Cochinos y los cálculos sobrios de Kennedy --resultado de la preparación cubana-- que llevaron a la resolución de la crisis de octubre, negociada entre Moscú y Washington a espaldas de la dirigencia cubana.

Los gobernantes norteamericanos rechazaron por ser demasiado alto el precio que tendrían que pagar por una invasión. A partir de ese momento Washington se dedicó a tratar de derrocar la revolución cubana por una guerra económica, diplomática y política. Recurrieron a las acciones violentas de cobardes --acciones terroristas, intentos de asesinato, agentes biológicas-- según se les presentaba la oportunidad. Eran elementos integrados a su política.

El origen es importante. Muy importantes. Porque la guerra fría contra Cuba no es ni jamás fue una extensión de la guerra fría contra la URSS.

La guerra fría que aquí estamos debatiendo hoy ha sido siempre una respuesta a la fuerza y la voluntad del pueblo cubano, las cualidades de su dirigencia, su carácter revolucionario e incorruptible, y su curso abiertamente internacionalista y proletario. Ni más ni menos.

Hasta el senador estadounidense Jesse Helms --patrocinador de la brutal ley que el presidente Clinton firmó en 1996 para castigar la audacia del pueblo cubano-- le rindió honor indirectamente a la revolución cubana hace tres meses, en un artículo de opinión publicado por el New York Times. En respuesta a los que plantean que "si el comercio con China puede promover el cambio democrático ¿porqué no adoptar la misma política hacia Cuba?" Helms responde simplemente que "Cuba no es China".

Usando las únicas medidas económicas que les interesan a los gobernantes imperialistas, Helms se quejó de que "los inversionistas extranjeros en Cuba no pueden comerciar con ciudadanos privados.... Los inversionistas no pueden contratar ni pagar a los trabajadores directamente".

En resumidas cuentas, a diferencia de China, Cuba no va a exponer a su pueblo, sus tierras, o su recursos a la explotación por el capital. Y, lo que es más importante, no tomará decisiones de política exterior para buscar ventajas diplomáticas u económicas de Washington, la Unión Europea, o cualquier otra potencia, si al hacerlo daña la soberanía o la defensa del pueblo de Cuba o de otros pueblos o naciones oprimidas.

Sin embargo, éstas son las "concesiones" mínimas que exige Washington para cambiar su política de más de 40 años, política que los gobernantes norteamericanos necesitan para manchar la imagen del ejemplo revolucionario cubano y advertirles a los pueblos de América Latina, especialmente, de lo que les espera si intentan seguir este ejemplo.

En breve, la revolución socialista cubana no se ha negociado ni se negociará.

El imperialismo estadounidense ha perdido la guerra fría

Vale la pena recordar que la guerra fría de Washington contra la Unión Soviética no fue tampoco la política preferida por los gobernantes de Estados Unidos. Se adoptó sólo porque la Segunda Guerra Mundial terminó sin que los trabajadores y campesinos de la Unión Soviética quedaran derrotados, a pesar de 20 millones de muertos y la destrucción física causada por el imperialismo alemán.

Lo que impidió que Washington usara su poderío militar en esos momentos fue el auge sindical de la posguerra inmediata en Europa y Estados Unidos, junto con las masivas protestas y el movimiento por el "regreso a casa" de los soldados estadounidenses en el Pacífico y Europa, así como las demandas crecientes por los derechos civiles de los negros norteamericanos. Washington no pudo tomar medidas contra los cimientos socialistas y contra el pueblo trabajador de la debilitada Unión Soviética, ni impedir el triunfo de la revolución china, ni frenar los avances amplios de la revolución colonial desde Indonesia hasta Vietnam, India y finalmente Africa.

Así fue como los gobernantes norteamericanos "perdieron China". Y así comenzó la guerra fría.

El imperialismo estadounidense tuvo que intentar de lograr por otros medios --medios "fríos"-- lo que Washington y sus aliados eran demasiado débiles como para realizar por medios militares al final de la Segunda Guerra Mundial.

El régimen brutal que había dominado toda la vida y la política soviéticas desde fines de los años 20 y que se desmoronó por sus propias contradicciones internas unos 60 años después --a pesar de las etiquetas que había usurpado-- no era socialista sino la negación del socialismo.

Los gobernantes estadounidenses decidieron intensificar su presión económica, militar, diplomática y política sobre este régimen para que actuara como correa de transmisión para los intereses imperialistas contra los trabajadores y campesinos de la URSS y el mundo, y así impedir que éstos actuaran en defensa de sus propios intereses de clase. La esperanza de los gobernantes de Estados Unidos era que esta política contrarrevolucionaria desmoralizaría tanto a los trabajadores soviéticos que entregaría el país nuevamente al sistema capitalista mundial sin tener que derrotar a la clase trabajadora en el campo de batalla.

Esta política fracasó. Washington perdió la guerra fría. Lo que se quebró fue la correa de transmisión y no el pueblo trabajador. Su resistencia a las formas capitalistas de explotación y a sus relaciones sociales siguen siendo un tremendo obstáculo a su reintegración al mundo capitalista. Ahora las potencias imperialistas tendrán que enfrentarse directamente a los trabajadores y campesinos de toda Europa oriental y la antigua Unión Soviética --y tarde o temprano por la vía militar-- para tratar de imponerles el orden capitalista.

De esto se trata la creciente guerra en los Balcanes, el ataque de la OTAN contra Yugoslavia, por más disfrazado sea actualmente su carácter. Por eso Washington está tan determinado a establecer el escudo de misiles de la Guerra de las Galaxias. Las guerras del siglo XXI han comenzado.

No una variante tropical del estalinismo

La guerra fría contra Cuba es distinta.

Cuando la burocracia soviética y sus homólogos sufrieron una implosión a principios de los años 90, y de repente se rompieron las principales relaciones comerciales cubanas, el gobierno de Estados Unidos esperaba que la revolución sería una presa fácil. Unos cuantos en Washington realmente creyeron que el descenso súbito y brutal del nivel de vida en Cuba llevaría al descontento popular y al colapso del apoyo de la clase trabajadora a su gobierno revolucionario. Muchos pensaron que el gobierno cubano y sus dirigentes eran, en el fondo, otra correa de transmisión con acento español. Pero estaban equivocados.

Los gobernantes estadounidenses no podían entender, como ha sucedido desde un principio, que la dirección de la revolución cubana no es una variante tropical de tipo estalinista sino su antítesis: una dirección verdaderamente popular, internacionalista y comunista de trabajadores y agricultores. Lejos de desplomarse, la revolución ha surgido hoy día más fuerte, con más confianza propia, a pesar de los enormes problemas que los cubanos enfrentan y las concesiones que se han visto obligados a hacer para sobrevivir, y los peligros que dichas concesiones conllevan.

La pregunta que más frecuentemente se plantean en las reuniones y discusiones sobre Cuba en las que yo he participado es simplemente: ¿Cómo ha sobrevivido la revolución cubana, durante más de 40 años, ante el empeño incesante del imperio más poderoso del mundo en destruirla? Y especialmente: ¿cómo lo ha logrado en los últimos 10 años?

De repente, a principios de los años 90, Cuba se vio privada del 75 por ciento de su comercio exterior. Los trastornos económicos se agravaron con la intensificación de la guerra económica de Washington. De la noche a la mañana, un país subdesarrollado fue echado brutalmente al mercado mundial, con todas las devastadoras consecuencia que esto acarrea.

Como ha destacado la dirección cubana en más de una ocasión, ningún otro gobierno del mundo podría haber sobrevivido semejante prueba de apoyo popular.

¿Acaso se trata de una exageración por parte de la dirección de la revolución? Creo que no. No es jactancia. Es la afirmación de una realidad.

Indica el profundo carácter del apoyo popular entre el pueblo cubano a su revolución socialista. A la transformación de las relaciones sociales que ha logrado cuando la solidaridad social reemplaza la realidad de "sálvese quien pueda" en la vida bajo el capitalismo. A su compromiso con la solidaridad internacional desde América Latina hasta Africa y el pueblo de Estados Unidos.

Sistemas de clases irreconciliables

Hace varios meses un grupo de agricultores de Estados Unidos visitó Cuba. Tenían curiosidad de ver con sus propios ojos un país donde hombres y mujeres como ellos tienen escaños en los consejos más altos del gobierno, un país donde ningún banco o recaudador de deudas puede quitarle la tierra a un agricultor. Querían averiguar cómo fue establecida esta sociedad y por qué el gobierno de Estados Unidos es tan hostil hacia ella.

Cuando regresaron, uno de los participantes de ese viaje, un granjero lechero de Wisconsin, describió una experiencia que le impactó enormemente.

Entre las muchas granjas que visitó la delegación norteamericana había una cooperativa urbana que cultiva hortalizas para abastecer a los habaneros. Estas cooperativas, algunas de las cuales son bastante grandes, han surgido en terrenos baldíos en todas partes de la ciudad en años recientes, y han logrado un mejoramiento cualitativo en la disponibilidad de hortalizas frescas allí. Los miembros de la cooperativa que trabajan la tierra comparten la producción y las ganancias de las ventas. En esta cooperativa los ingresos eran más altos que los gastos y todos estaban muy orgullosos y felices de su trabajo.

El granjero de Estados Unidos sabía por su experiencia lo que pasa con las cooperativas rentables bajo el capitalismo, cuando agricultores más adinerados compran la parte de sus hermanos y hermanas que luchan por sobrevivir y toda la operación queda reemplazada progresivamente por monopolios cada vez más grandes, quedándose sólo con el nombre de cooperativa. Le preguntó a la mujer que era responsable de la cooperativa en La Habana, "¿Cómo evitan que alguien venga y se apodere de esto?"

La directora, según dijo, sólo se le quedó mirando con absoluta perplejidad y le respondió, "Pero ¿por qué alguien querría hacer eso?"

Nada podría captar mejor la diferencia en las actitudes sociales entre dos sistemas de clase. En ese intercambio se puede ver cristalizado el cambio en las relaciones sociales que se arraiga cuando se elimina la propiedad privada de los medios de producción, junto con la conexión monetaria a todas las interacciones humanas bajo el capitalismo.

Profundas raíces históricas

Para comprender la fuerza duradera de la revolución cubana hoy en día, hay que apreciar también el alcance de sus raíces. La lucha que culminó con la victoria del 1 de enero de 1959, y la trayectoria que aceleró, es producto de una larga lucha histórica cuya continuidad ha sido a veces debilitada pero nunca quebrada.

El año pasado, cuando cientos de miles de cubanos salieron a las calles, semana tras semana, exigiendo que el gobierno norteamericano regresara a Elián González a su patria, esas movilizaciones fueron la expresión de un profundo sentimiento y determinación populares. Sí fueron organizadas y dirigidas. Eso es los cubanos esperan de su dirección. Pero esas movilizaciones masivas no fueron artificiales. Cualquiera que visitó a Cuba durante esos meses puede atestiguar sobre este hecho.

El lunes se realizará otra movilización en La Habana para exigir que el gobierno de Estados Unidos entregue al piloto que hace unos días secuestró una avioneta de fumigación de cultivos. Denunciarán a la infame Ley de Ajuste Cubano de 1966, que ha tentado a cientos, y probablemente a miles de cubanos a arriesgar la muerte durante los últimos 35 años, incluyendo al que murió cuando esa avioneta hizo un aterrizaje forzoso en el Golfo de México.

En cada oportunidad, la revolución se esfuerza por conseguir el más alto nivel moral, rehusando conformarse, rehusando la resignación.

La olas sucesivas de resistencia masiva, por más de 40 años, es incomprensible si uno no se remonta al origen de la lucha en el siglo pasado. Hay que contemplar los 400 años de dominio colonial español. Cómo se han entrelazado la lucha por abolir la esclavitud y el sistema de plantaciones con la lucha para lograr la independencia de la monarquía española. Una guerra por la independencia que tardó décadas en triunfar y que le costó la vida a un tercio de la población cubana. Una lucha que logró la victoria en 1898, pero cuya victoria fue arrebatada cuando la adolescente potencia imperialista al norte intervino para reclamar el botín de la guerra hispano-cubano-americana estableciendo un protectorado yanqui en La Habana.

Imponiendo una ocupación militar norteamericana en la isla.

Forzando al nuevo gobierno "cubano" en 1901 a incorporar a su constitución la infame Enmienda Platt, que le concedió a Washington el derecho de intervenir militarmente en los asuntos cubanos cuando lo juzgase necesario "para la preservación de la independencia cubana", es decir, para la preservación de los intereses norteamericanos, una cláusula que fue eliminada de la constitución sólo unos 30 años después, tras el auge revolucionario de 1933-34.

Exigiendo tributo por medio de un contrato de arrendamiento perpetuo que le otorgó a Washington la base naval de la Bahía de Guantánamo.

Apoyando por varias décadas la propagación de la corrupción, la delincuencia, la degradación de mujeres y niños, y dictaduras brutales.

Y durante todo ese tiempo, comprándose las tierras, los minerales, los ferrocarriles y las fábricas de Cuba como feudo yanqui y convirtiendo el país en un degradante paraíso, plagado de mafias, para los ricos y prepotentes de Norteamérica.

Este siglo de lucha bajo la dirección de gigantes políticos y morales como José Martí, Antonio Maceo, Máximo Gómez y Manuel de Céspedes, es lo que formó y nutrió a los dirigentes de la lucha para derrocar a la dictadura de Batista. La voluntad de los combatientes en la Sierra Maestra de luchar por una independencia genuina de Washington, su conocimiento de lo que estaba en juego y las dificultades que representaba, y su comprensión de las consecuencias de una rendición, se basaban en las sangrientas lecciones de toda esta historia.

Como dijo Ernesto Che Guevara en el primer Congreso Latinoamericano de Juventudes en julio de 1960 en La Habana, "Esta revolución, en caso de ser marxista, sería porque descubrió también, por sus métodos, los caminos que señalara Marx".

Por qué ha fracasado la guerra fría

La guerra fría de Washington a Cuba continúa porque, según lo expuso Fidel en una entrevista reciente con Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la UNESCO, "Cuba no negocia ni vende su revolución, que ha costado la sangre y el sacrificio de muchos de sus hijos".

La guerra fría contra Cuba es una política que ha fracasado en sus objetivos finales. En absoluto. Y por eso muchos se pregunten hoy por qué Washington no la abandona. Pero sigue siendo el fundamento de la política norteamericana porque Washington no dispone de una política más eficaz, o más "inteligente" desde el punto de vista del capital financiero, para sustituirla.

El problema que enfrentan los gobernantes bipartidistas sigue siendo el hecho que el pueblo cubano se niega a someterse, a rendirse. La dirección sigue unida al pueblo trabajador cubano, a la fuerza que transforma la naturaleza en la riqueza y la cultura que apuntala un futuro verdaderamente humano. El gobierno revolucionario se ha negado a cambiar la soberanía y dignidad humana de Cuba por un plato de lentejas. El problema no es la "inteligencia" o falta de "inteligencia" de los gobernantes norteamericanos. Su problema es el antagonismo irreconciliable entre la revolución cubana y las necesidades y prerrogativas del capital. El problema de Cuba --y el nuestro-- es el capitalismo norteamericano.

Según lo explicó Fidel Castro en Naciones Unidas hace dos semanas, el pueblo cubano en su mayoría cree que el capitalismo realmente no tiene nada que ofrecer para el futuro de la humanidad. "Nada de lo que existe en el orden económico y político sirve a los intereses de la humanidad", dijo Castro a los jefes de estado congregados allí. Nada.

Por eso la revolución cubana sigue siendo un ejemplo para los oprimidos y explotados de todo el mundo, incluyendo aquí mismo, demostrando que sí es posible hacerle frente a la potencia más poderosa del mundo y ganar.

Sí se puede.

El mundo del siglo 21

Para terminar, tenemos que volver al mundo que describió Fidel Castro en Naciones Unidas y la iglesia Riverside en su última visita, que muchos de ustedes aquí reunidos hoy vieron o del cual escucharon o leyeron. Es el mundo del creciente desorden capitalista, de la intensificación de la competencia y los conflictos entre los imperialistas, de la devastación del Tercer Mundo.

Las condiciones que describió Castro, sin embargo, están creando no solamente a millones de víctimas que sufren --realmente la matanza de los inocentes-- sino a millones que se convierten en combatientes y que dicen en voz más y más alta "Basta!" y han empezado a marchar.

Entre sus filas se encuentran aquellos aquí en Estados Unidos que forman parte de la creciente resistencia en las minas, las empacadoras de carne, los talleres de la costura y fábricas textiles, y los campos. Junto a los descendientes de esclavos, a los indígenas y a generaciones anteriores de inmigrantes, hoy la mayor ola de inmigración hispana en la historia van engrosando las filas de la clase obrera en Estados Unidos, infundiendo nueva confianza y tradiciones de lucha a las batallas que se van gestando por todo el país. La arrogancia de los patrones, su mentalidad colonial y brutalidad se convierten en la chispa que enciende la resistencia.

Con el inicio del siglo XXI, la revolución cubana seguirá con su fuerza internacionalista, luchando junto a nosotros como lo ha hecho con otros estos últimos 40 años.

El tema de este foro --meta que todos compartimos-- es "Acabar con la guerra fría norteamericana con Cuba". Hablaremos durante el día no solamente de los orígenes, la historia y el carácter de esa guerra, sino cómo sumarse a los que quieren dedicarse a forzar cambios en esa política, a hacer que los que la aplican aquí paguen un precio más y más alto.

Nuestro objetivo no es encontrar alguna forma más eficaz de tratar de destruir la revolución cubana, sino de defender el derecho del pueblo cubano de decidir ellos mismos su trayectoria histórica y sus valores sociales, y de vivir en un mundo donde se respete su dignidad y soberanía al igual que la de todos los otros pueblos.

La gran mayoría del pueblo trabajador en Estados Unidos no tiene motivo alguno para imponerle al pueblo de Cuba algo más que una mano solidaria, en tanto luchamos juntos para cambiar la política del gobierno de este país que dice hablar en nuestro nombre.


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