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UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
septiembre de 2000 Vol. 24 No. 8

México

Derrota del PRI anuncia más conflictos de clases por venir

Protesta en Ciudad de México en 1996
Protesta en Ciudad de México en 1996 contra propuesta de privatizar empresa del petróleo, que el pueblo trabajador considera su patrimonio.

POR PATRICK O'NEILL

Las elecciones del 2 de julio en México, al poner fin al control de la presidencia por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) después de 71 años, marcan un hito.

Los gobernantes norteamericanos y sectores importantes de la burguesía mexicana quedaron satisfechos con los resultados de las elecciones, en las que salió electo Vicente Fox Quesada del Partido Acción Nacional (PAN), derrotando al candidato del PRI, Francisco Labastida. Washington y otras potencias cuentan con un gobierno dirigido por el PAN para tumbar más obstáculos a la mayor penetración del capital imperialista en México, mientras los capitalistas nacionales esperan sacar jugosas ganancias como socios menores.

Muchos trabajadores, abrigando la esperanza de que sus condiciones de vida mejorarán, votaron por el PAN como un mal menor que el PRI, detestado por la profunda crisis social y los ataques al nivel de vida y a los derechos de millones de trabajadores que han caracterizado las últimas dos décadas de sus gobiernos.

Hubo una concurrencia a las urnas sin precedentes entre los 59 millones de electores, sobre todo en las ciudades. El PAN recibió su mayor apoyo en las zonas urbanas, especialmente entre las clases medias, que se han visto sacudidas por la crisis económica y buscaban un cambio. El PRI obtuvo mejores resultados en el campo, donde muchos campesinos y trabajadores, manteniendo una existencia precaria, dependen de los subsidios del gobierno para subsistir. Pero aún ahí, los votos a favor del PRI no tuvieron comparación alguna con su virtual monopolio electoral de antaño.

Fox y su PAN, un partido conservador, ganaron el 43 por ciento de los votos contra el 36 por ciento de Labastida. Cuauhtémoc Cárdenas del Partido de la Revolución Democrática, de corte liberal, apenas logró un 17 por ciento.

El PAN obtuvo 224 escaños en el congreso pero no una mayoría absoluta; el PRI obtuvo 209. El PRD perdió escaños: de 125 a 67. El PAN ganó además dos gobernaturas, alcanzando un total de siete. El PRI había gobernado todos los estados hasta 1989.

Al desalojar al PRI, muchos trabajadores, campesinos y sectores de la clase media buscaban una salida de la ruina económica. "Hay unos millonarios, y los demás habitantes de un pueblo viven en condiciones de miseria", expresó María Aurelia Trejo Cazabes, quien votó por Fox. "Sólo queremos un cambio, nada más", dijo un estudiante. "Esperamos que haya un cambio después de 70 años de opresión, miseria y corrupción", dijo Luz María Padilla, de 28 años, vendedora en la empresa Chevrolet en Ciudad de México.

Sin embargo, muchos expresaron desconfianza hacia todos los partidos y políticos, incluido Fox. "Estoy segura que va a ser un ratero. Todos son rateros", dijo Ursula Ruiz, una estudiante que votó por Fox.

Fox anunció un "equipo de transición" multipartidista, entre ellos Porfirio Muñoz Ledo, ex dirigente del PRI y del PRD, y el profesor liberal Jorge Castañeda como asesor político para asuntos exteriores. Afirma que piensa escoger un gabinete entre miembros de los tres principales partidos.

El presidente saliente Ernesto Zedillo ha llamado a sus partidarios a que apoyen a Fox. La colaboración de los dirigentes del PRI es una precondición para mantener un régimen estable. El PRI aún controla un poderoso aparato político nacional y una red de organizaciones obreras y campesinas estrechamente ligadas al partido.

A pesar de su mucha palabrería sobre la democracia, los capitalistas en Washington esperan que el nuevo presidente imponga un poder ejecutivo fuerte y centralizado para mantener la estabilidad política burguesa en el país, como lo hizo el PRI por siete décadas. Minutos después de su triunfo electoral, Fox anunció que crearía un departamento de "seguridad pública" nacional --equivalente al FBI-- para consolidar una agencia policial nacional poderosa, todo en nombre de combatir el narcotráfico.

Hubo pocas diferencias entre las plataformas electorales del PRI y del PAN. En cuanto a política económica, Fox ha propuesto reforzar el Tratado del Libre Comercio (TLC), al que México ingresó durante los gobiernos anteriores del PRI.

Fox propone vender las industrias petroquímicas que forman parte de la compañía estatal Pemex, y abrir la industria eléctrica a la inversión privada. Labastida del PRI había propuesto algo semejante durante su campaña. Sin embargo, el presidente electo se replegó de su sugerencia de vender Pemex en su conjunto, propuesta que provocó un fuerte rechazo.

La industria petrolera mexicana se nacionalizó en 1938 durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, quien expropió las propiedades de las corporaciones petroleras británicas y estadounidenses, basándose en masivas movilizaciones de trabajadores. Desde entonces la industria petrolera nacional ha representado para millones de trabajadores y campesinos el patrimonio nacional de México. Un ataque directo al carácter nacionalizado del petróleo o incluso de la industria eléctrica exigirá una confrontación más directa con los sindicatos.

Postura hacia Washington

Fox ha indicado que --siguiendo la pauta de las administraciones priístas-- seguirá alejándose de la anterior postura de "independencia" frente a Washington. En cambio, declaró que su gobierno mantendrá "relaciones intensas con Cuba" al tiempo que criticó al gobierno revolucionario por su supuesta falta de democracia.

Fox declaró que negociará con la guerrilla del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas y contemplará la posibilidad de retirar el ejército de ese estado sureño, demanda de los militantes campesinos e indígenas y sus partidarios en el resto del país. Entretanto, sigue agudizándose la polarización entre el pueblo trabajador rural y los grandes hacendados y sus grupos paramilitares.

El régimen prolongado del PRI se basó en una relativa estabilidad social y política, comparada con la mayoría de los países de Latinoamérica. Esta estabilidad obedeció a varios factores: la historia del PRI, un partido que se identificó como heredero de la revolución de 1910; los ingresos de la industria petrolera durante muchas décadas, y el desarrollo de una clase media relativamente grande.

El PRI se forjó en la segunda década del siglo XX, al consolidarse el dominio burgués tras el fin de la revolución mexicana. En la revolución democrática de 1910, los campesinos y trabajadores lucharon por una extensa reforma agraria, la enseñanza pública, derechos democráticos y otras conquistas. Las diversas fracciones burguesas hundieron sus diferencias en el PRI, que se presentó como árbitro entre el campesinado rebelde y una pequeña pero creciente clase obrera industrial, por un lado, y, por el otro, la clase hacendada y los capitalistas comerciales ligados directamente a los imperialismos norteamericano y británico.

El PRI se presentó como representante de "la nación mexicana" elevándose por encima los conflictos de clases. Estos métodos bonapartistas de dominación han caracterizado al PRI desde el inicio, permitiéndole sobrevivir por una combinación de factores: concesiones a las luchas sociales, la asimilación de dirigentes de protestas contra el gobierno, y represión selectiva. El PRI ha dependido de grupos campesinos progubernamentales así como de la Confederación de Trabajadores de México, que está estrechamente ligada al partido y al estado.

Con la excepción del último gobierno, cada presidente priísta nombraba al próximo candidato --el "dedazo"-- quien tenía garantizado ganar la presidencia.

Esta situación empezó a socavarse a principios de los 80 al recrudecerse la crisis mundial de la economía capitalista, que golpeó con especial fuerza al mundo semicolonial. La deuda externa de México aumentó a niveles estratosféricos y los banqueros imperialistas presionaron al gobierno para extraer concesiones.

Estas presiones variaban desde las amenazas de "descertificar" a México como gobierno que colabora con Washington en la "guerra antidrogas", hasta la exigencia de medidas de austeridad para financiar los interminables pagos a la deuda. Ante esta situación, el gobierno mexicano ha vendido una serie de empresas estatales.

Washington ha presionado intensamente a México para reducir las barreras comerciales a las inversiones y los productos norteamericanos. El TLC de 1994 codificó el éxito de estos esfuerzos, al abrir preferencialmente los mercados de México a las inversiones y a las mercancías norteamericanas y canadienses.

La crisis social y económica en México se aceleró al desplomarse el valor del peso en diciembre de 1994. A cambio de un "rescate" de 50 mil millones de dólares por los bancos norteamericanos, Washington logró socavar aún más el patrimonio mexicano, y el gobierno impuso mayores sacrificios a los trabajadores y campesinos de ese país. Por ejemplo, el gobierno mexicano acordó que todos los ingresos de Pemex por concepto de exportación sean depositados en una cuenta en el Banco Federal de Reserva de Nueva York antes de ser transferidos a México... o retenidos en caso de incumplir sus pagos por la deuda.

Durante los años 80 y 90, los partidos capitalistas opositores lograron avances respecto al PRI. La proporción de votos del PRI en las elecciones presidenciales --más del 90 por ciento en 1976-- había bajado hasta el 35 por ciento en los comicios de 2000.

El PAN se fundó a fines de los 30 como reacción contrarrevolucionaria a las medidas progresistas tomadas por el gobierno de Cárdenas, sobre todo la reforma agraria y la limitación de los privilegios de la jerarquía católica adinerada. En los últimos años, para poder disputarle el poder al PRI, se distanció de sus orígenes derechistas y hoy es un partido conservador.

Fox, hacendado y ex director de la Coca-Cola en México, fue anteriormente gobernador panista de Guanajuato.

El PRD surgió de una escisión del PRI; gran parte de la izquierda se disolvió al seno del PRD. Cuauhtémoc Cárdenas, "reformista" del PRI y ex gobernador de Michoacán, abandonó ese partido y casi ganó la presidencia en los comicios de 1988. Muchos creen que el PRI se robó las elecciones.

En 1997 Cárdenas fue electo alcalde de Ciudad México, un golpe más contra el PRI. Desde entonces, Cárdenas ha gobernado la ciudad a nombre de la clase capitalista, con políticas casi idénticas al PRI.

Wall Street aprueba al nuevo régimen

En esta ocasión, Cárdenas llegó apenas al tercer lugar. Muchos partidarios del PRD entre los círculos liberales y de izquierda lo abandonaron para respaldar a uno u otro de los principales contrincantes. "Algunos miembros del partido del señor Cárdenas, y hasta un puñado de ex comunistas, apoyaron al Sr. Fox, afirmando que desde la caída del muro de Berlín su deseo de desplazar al partido gobernante había superado los motivos ideológicos", escribió Sam Dillon en el New York Times.

Wall Street ha dado su visto bueno al nuevo régimen, tanto en las páginas editoriales como en los mercados bursátiles. Los capitalistas norteamericanos esperan que la política del gobierno les permita exprimir aún más ganancias gracias a su dominio de los mercados de México y la superexplotación de su mano de obra. Los capitalistas mexicanos, muchos de los cuales sacaron jugosas ganancias con la privatización de las compañías estatales, esperan ansiosos sus oportunidades de lucro.

Para el pueblo trabajador en México la historia es distinta. Desde la crisis del peso de 1994, millones de trabajadores y campesinos han sido azotados por la ruina y aún no se han recuperado. La polarización de clases se ha profundizado ante el aumento del desempleo y la caída constante del salario real. El salario mínimo oficial, en términos reales, bajó en un 33 por ciento entre 1990 y 1998; ahora equivale a 3 dólares diarios. Más y más campesinos han sido desplazados de sus tierras y forzados a emigrar a las ciudades en busca de trabajo, fenómeno que ha atizado constantes luchas por la tierra en el campo.

De los 94 millones de habitantes del país, unos 27 millones están clasificados oficialmente como "pobres" según un informe del Banco Mundial. "Gran parte de los avances en la reducción de pobreza desde mediados de los 80 se borró con la crisis de la devaluación de la moneda en 1994-95", señala el informe.

Estas condiciones, engendradas por el dominio imperialista, hacen que millones de trabajadores mexicanos sigan emigrando a Estados Unidos, ligando cada vez más los destinos de los trabajadores en ambos países. En el último año, Washington otorgó 75 mil visas de inmigrantes a ciudadanos de México, más que cualquier otro país. Al mismo tiempo, se calcula que 300 mil trabajadores ingresan a Estados Unidos cada año sin documentos, en busca de trabajo.

Para lograr apoyo popular en México como paladín de los inmigrantes, Fox ha pedido a Washington que aumente su límite anual de inmigrantes legales a 250 mil.

La revista Economist de Londres señala "tres desafíos" que dice que la economía de México enfrenta: "una probable recesión en Estados Unidos, su mercado principal de exportación; una probable caída del precio del petróleo, su mayor producto de exportación; y un aumento de los pagos de la deuda". La deuda externa de México asciende a 160 millones de dólares, casi igual que en 1995 y equivalente al valor del petróleo exportado en un año.

Lo que se puede anticipar en México es que la polarización de clases se agudice, en tanto las exigencias del capital financiero y de la burguesía nacional choquen con las expectativas y la resistencia de los trabajadores y campesinos.


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